Lazos de familia







LAZOS de FAMILIA










Existe en el hombre algo más que las necesidades físicas: la necesidad de progresar. Los vínculos sociales son necesarios para el progreso, y los lazos de familia tornan más estrechos esos vínculos. Es por eso por lo que los lazos de familia constituyen una ley de la Naturaleza. Quiso Dios que de esa forma los hombres aprendieran a amarse como hermanos. La familia es pues, una institución divina cuya finalidad esencial consiste en estrechar los vínculos sociales que nos brindan el mejor modo de aprender a amarnos como hermanos. 

Es importante tener en cuenta, que no son los lazos de la consanguineidad los verdaderos lazos de familia, sino los de la simpatía y los de la comunión de ideas, los cuales unen a los Espíritus antes, durante y después de sus encarnaciones. De esto se desprende, que dos seres nacidos de padres diferentes puedan ser más hermanos por el Espíritu que si lo fueran por la sangre. Podrán atraerse, buscarse, sentir placer cuando están juntos, mientras que dos hermanos consanguíneos tal vez se rechacen, según se observa todos los días: es un problema moral que sólo el Espiritismo puede explicar a través de la pluralidad de existencias. Las familias originadas por lazos espirituales son duraderas y se fortalecen mediante la purificación, perpetuándose en el mundo de los Espíritus a través de las diversas migraciones del alma; mientras que las familias creadas por lazos corporales son frágiles como la materia, se extinguen con el tiempo, y muchas veces, se disuelven moralmente ya en la existencia actual. 

Los Espíritus a los que la analogía de los gustos, la identidad del progreso moral y el afecto los inducen a reunirse, forman familias. Esos mismos Espíritus, en sus migraciones terrenas, se buscan para agruparse, como lo hacen en el espacio. Así se originan las familias unidas y homogéneas. Si sucede que en sus peregrinaciones quedan temporariamente separados, más tarde vuelven a encontrarse felices por los nuevos progresos que lograron. Pero, como no les compete trabajar solamente para sí mismos, Dios permite que encarnen entre ellos Espíritus poco adelantados para recibir consejos y buenos ejemplos que les permitan progresar. Algunas veces, esos Espíritus perturban a quienes los acogieron, pero eso constituye para estos últimos, la prueba y la tarea que deben realizar.

Los lazos de familia no son destruidos en modo alguno por la reencarnación, a diferencia de lo que piensan ciertas personas. Por el contrario, se fortalecen y se estrechan. El principio opuesto es el que los destruye.

En el espacio, los Espíritus forman grupos o familias unidos por el afecto, la simpatía y la semejanza de inclinaciones. Esos Espíritus, felices de estar juntos, se buscan unos a otros. La encarnación sólo los separa momentáneamente, porque, cuando vuelven a la erraticidad, se reencuentran como lo hacen los amigos al regresar de un viaje. Muchas veces, incluso, se siguen unos a otros en la encarnación, donde se los reúne en una misma familia, o en un mismo ámbito, a fin de que trabajen juntos para su mutuo adelanto. Si unos encarnan y otros no, no por eso dejan de estar unidos mediante el pensamiento. Los que están libres velan por los que se encuentran en cautiverio. Los más adelantados se esfuerzan por hacer que progresen los rezagados. Después de cada existencia, han dado un paso en el camino de la perfección. Cada vez menos apegados a la materia, su afecto es más vivo, precisamente porque es más puro, y ya no lo perturban el egoísmo ni la sombra de las pasiones. Por consiguiente, los Espíritus pueden, de ese modo, recorrer un número ilimitado de existencias corporales, sin que ningún golpe perjudique el mutuo afecto que los une.

Quede bien claro que aquí se trata del afecto real, de alma a alma, el único que sobrevive a la destrucción del cuerpo, porque los seres que en la Tierra se unen solamente por los sentidos, no tienen ningún motivo para buscarse en el mundo de los Espíritus. Sólo son duraderos los afectos espirituales. Los de índole carnal se extinguen junto con la causa que les dio origen. Ahora bien, esa causa no existe en el mundo de los Espíritus. El alma, en cambio, existe siempre. En cuanto a las personas unidas tan sólo por un motivo de interés, no son realmente nada la una para la otra; la muerte las separa en la Tierra y también en el Cielo(1).

(1) ¿Es el Cielo un lugar? ¿En dónde se encuentra?
En esa inmensidad sin límites, ¿dónde está el Cielo? Por todas partes: nada lo circunda ni le marca límites. Los mundos felices son las últimas paradas del camino que conduce hasta él, cuyo acceso es franqueado por las virtudes y obstruido por los vicios.
No lo podemos ubicar ni arriba ni abajo, ni delante ni detrás, pues el Cielo no es un lugar, sino un estado en el cual los hombres encontraremos la felicidad buscada y la conservaremos por toda la eternidad.

La unión y el afecto que existen entre los parientes son un indicio de la simpatía anterior que los aproximó. Por eso se suele decir, cuando se habla de una persona cuyo carácter, gustos e inclinaciones no tienen ninguna semejanza con los de sus allegados, que esa persona no es de la familia. Al decir eso, se enuncia una verdad más grande de lo que se supone. Dios permite, en las familias, esas encarnaciones de Espíritus antipáticos o extraños, con el doble objetivo de servir de prueba para unos y de medio de progreso para otros. Además, los malos mejoran poco a poco al establecer contacto con los buenos y por efecto de los cuidados que de ellos reciben. Su carácter se suaviza, sus costumbres se depuran, las antipatías se disipan. Así se establece la fusión entre las diferentes categorías de Espíritus, del mismo modo que se da en la Tierra entre las razas y los pueblos.

El temor al aumento ilimitado de la parentela como consecuencia de la reencarnación es un temor egoísta, que demuestra en quien lo experimenta una falta de amor suficientemente amplio para abarcar a un gran número de personas. Un padre que tiene muchos hijos, ¿los ama menos de lo que amaría a uno de ellos, si fuese único? No obstante, tranquilícense los egoístas, pues ese temor no tiene sustento. El hecho de que un hombre haya tenido diez encarnaciones no significa que en el mundo de los Espíritus habrá de encontrar diez padres, diez madres, diez esposas y un número proporcional de hijos y de nuevos parientes. Allá encontrará siempre a los que han sido objeto de su afecto y que estuvieron ligados a él en la Tierra, con grados de parentesco diferentes, o tal vez con el mismo.

Veamos ahora las consecuencias de la doctrina de la no-reencarnación. Esta doctrina anula necesariamente la preexistencia del alma. Al ser creadas al mismo tiempo que los cuerpos, no existe entre las almas ningún lazo anterior; son completamente extrañas unas a otras. El padre es extraño a su hijo. Así, la filiación de las familias se encuentra reducida exclusivamente a la filiación corporal, sin ningún lazo espiritual. Por consiguiente, no hay motivo alguno para vanagloriarse de haber tenido por antepasados a tales o cuales personajes ilustres. Con la reencarnación, en cambio, antepasados y descendientes pueden haberse conocido, haber vivido juntos, haberse amado y, más tarde, reunirse a fin de estrechar sus lazos de simpatía.

Eso en cuanto al pasado. En cuanto al porvenir, según uno de los dogmas fundamentales que se deducen de la no-reencarnación, el destino de las almas queda irremediablemente determinado después de una sola existencia. La fijación definitiva del destino implica la cesación de todo tipo de progreso, porque si existe algún progreso, ya no hay destino definitivo. Conforme hayan vivido bien o mal, las almas van de inmediato a la morada de los bienaventurados o al infierno(2) eterno. De ese modo, quedan inmediatamente separadas, para siempre, sin la esperanza de volver a unirse nunca más. Padres, madres e hijos, maridos y esposas, hermanos, hermanas y amigos, ya no pueden tener la certeza de volverse a ver. Eso constituye la ruptura inexorable de los lazos de familia.

(2) Para el espiritismo el Infierno pasa a ser llamado Umbral, un estado de conciencia en el que el espíritu, a partir de actitudes contrarias a las leyes morales o divinas, sufre por las malas actitudes provocadas por el mismo. El Umbral es como un “estado o lugar transitorio por donde pasan las personas que no supieron aprovechar la vida en la Tierra.” Y, diferentemente del Infierno, que trae la idea del sufrimiento eterno, esta dimensión o estado llamado Umbral es pasajero, pudiendo ser un tiempo corto o largo, periodo condicionado apenas al espíritu en cuestión. 

Con la reencarnación, en cambio, y con el progreso que es su consecuencia, los que se han amado vuelven a reunirse en la Tierra y en el espacio, y marchan juntos para llegar a Dios. Si algunos desfallecen en el camino, retrasan su adelanto y su felicidad, pero la esperanza no está perdida. Mediante el auxilio, el estímulo y el amparo de los que los aman, habrán de salir un día del cenagal en que se sumergieron. Con la reencarnación, por último, existe solidaridad perpetua entre los encarnados y los desencarnados y, por consiguiente, los lazos de afecto se estrechan.

En resumen, cuatro alternativas se presentan al hombre en relación con su porvenir de ultratumba: 1.ª) la nada, según la doctrina materialista; 2.ª) la absorción en el todo universal, según la doctrina panteísta; 3.ª) la individualidad con fijación definitiva del destino, según la doctrina de la Iglesia; y 4.ª) la individualidad con progreso ilimitado, según la doctrina espírita. Conforme a las dos primeras, los lazos de familia se rompen al producirse la muerte, sin que haya esperanza alguna de que las almas se vuelvan a encontrar en el porvenir. Con la tercera, pueden volverse a ver, siempre que estén en la misma región, que tanto puede ser el Infierno como el Paraíso. Finalmente, con la pluralidad de las existencias, que es inseparable del progreso gradual, existe la certeza de la continuidad de las relaciones entre los que se han amado, y eso es lo que constituye la verdadera familia.


Bibliografía:
El Evangelio según el Espiritismo de Allan Kardec
Estudio sistematizado de la Doctrina Espírita

AMOR, CARIDAD y TRABAJO







Ley de reproducción





LIBRO TERCERO 
LEYES MORALES

CAPÍTULO IV – LEY DE REPRODUCCIÓN





Población del globo

686. La reproducción de los seres vivos, ¿es una ley de la naturaleza?
“Eso es evidente. Sin la reproducción el mundo corporal perecería.”


687. Si la población de la Tierra sigue siempre la progresión creciente que observamos, ¿llegará un momento en que será excesiva?
“No. Dios provee a ello y mantiene siempre el equilibrio. Él no hace nada inútil. El hombre, que sólo ve un ángulo del cuadro de la naturaleza, no puede juzgar la armonía del conjunto.” (1)

(1) La población del mundo continúa en constante crecimiento, pero los mecanismos equilibra-dotes de la misma Naturaleza se tornan visibles para los observadores del movimiento demográfico. Por otra parte, en la proporción en que la población crece, la ciencia y la técnica incrementan las posibilidades de producción y de aprovechamiento de regiones del mundo aún inhabitadas. Las aprensiones y el pesimismo de MALTHUS y sus discípulos ofrecen un buen ejemplo de lo que es “no ver más que un aspecto del cuadro de la Naturaleza”. [N. de J. H. Pires. 1981]



Sucesión y perfeccionamiento de las razas

688. En la actualidad hay razas humanas cuya disminución es evidente. ¿Llegará el momento en que hayan desaparecido de la Tierra?
“Es verdad. Es que otras han tomado su lugar, así como otras tomarán el lugar de la vuestra, algún día.”


689. Los hombres actuales, ¿constituyen una nueva creación o son los descendientes perfeccionados de los seres primitivos?
“Son los mismos Espíritus que han regresado para perfeccionarse en nuevos cuerpos, aunque todavía están lejos de la perfección. Así, la raza humana actual, que con su aumento tiende a invadir toda la Tierra y a sustituir a las razas que se extinguen, tendrá su período de decrecimiento y de desaparición. La sustituirán otras razas más perfeccionadas, que descenderán de la raza actual, así como los hombres civilizados de hoy descienden de los seres brutos y salvajes de los tiempos primitivos.”


690. Desde el punto de vista puramente físico, ¿son los cuerpos de la raza actual una creación especial o proceden de los cuerpos primitivos mediante la reproducción?
“El origen de las razas se pierde en la noche de los tiempos. Sin embargo, como todas pertenecen a la gran familia humana, sea cual fuere el tronco primitivo de cada una de ellas, pudieron unirse y producir nuevos tipos.”


691. ¿Cuál es, desde el punto de vista físico, el carácter distintivo y dominante de las razas primitivas?
“Desarrollo de la fuerza bruta a expensas de la fuerza intelectual. Ahora sucede lo contrario: el hombre hace más con la inteligencia que con la fuerza del cuerpo. Con todo, hace cien veces más, porque supo aprovechar las fuerzas de la naturaleza, lo que no hacen los animales.”


692. El perfeccionamiento de las razas animales y vegetales a través de la ciencia, ¿es contrario a la ley natural? ¿Sería más conforme a esa ley dejar que las cosas sigan su curso normal?
“Debe hacerse todo para alcanzar la perfección, y el propio hombre es un instrumento del que Dios se sirve para alcanzar sus fines. Dado que la perfección es el objetivo al que tiende la naturaleza, favorecer esa perfección es corresponder a los designios de Dios.”


[692a] - No obstante, en sus esfuerzos para mejorar las razas, en general el hombre sólo es impulsado por un interés personal, y su único objetivo es aumentar sus goces. ¿No disminuye eso su mérito?
“¿Qué importa que su mérito sea nulo, con tal de que el progreso se cumpla? A él le corresponde hacer que su trabajo sea meritorio por la intención. Por otra parte, mediante ese trabajo ejerce y desarrolla su inteligencia, y es en ese aspecto que saca mayor provecho.”



Obstáculos para la reproducción

693. Las leyes y las costumbres humanas que tienen por objetivo, o por efecto, poner obstáculos para la reproducción, ¿son contrarias a la ley natural?
“Todo lo que obstaculiza la marcha de la naturaleza es contrario a la ley general.”


[693a] - Sin embargo, hay especies de seres vivos -animales y plantas- cuya reproducción ilimitada sería perjudicial para otras especies, y de las cuales pronto sería víctima el propio hombre. ¿Comete él un acto reprensible al impedir esa reproducción?
“Dios ha dado al hombre un poder sobre todos los seres vivos, que debe usar para el bien, sin abusar de él. Puede regular la reproducción conforme a las necesidades, pero no debe obstaculizarla sin necesidad. La acción inteligente del hombre es un contrapeso establecido por Dios para mantener el equilibrio entre las fuerzas de la naturaleza. Esa acción es incluso lo que distingue al hombre de los animales, porque la lleva a cabo con conocimiento de causa. No obstante, los propios animales cooperan también en ese equilibrio, pues el instinto de destrucción que se les ha dado hace que, mientras proveen a su propia conservación, impidan el desarrollo excesivo, y tal vez peligroso, de las especies animales y vegetales con que se alimentan.”


694. ¿Qué hay que pensar de los procedimientos que tienen por efecto impedir la reproducción humana con miras a satisfacer la sensualidad?
“Eso demuestra el predominio del cuerpo sobre el alma y cuán inmerso en la materia está el hombre.”


Matrimonio y celibato

695. El matrimonio, es decir, la unión permanente de dos seres, ¿es contrario a la ley natural?
“Es un progreso en la marcha de la humanidad.”


696. ¿Qué efecto tendría en la sociedad humana la abolición del matrimonio?
“El regreso a la vida de los animales.”

La unión libre y fortuita de los sexos forma parte del estado de naturaleza. El matrimonio constituye uno de los primeros actos de progreso en las sociedades humanas, porque establece la solidaridad fraternal y se lo encuentra en todos los pueblos, aunque en condiciones diversas. La abolición del matrimonio sería, pues, el regreso a la infancia de la humanidad, y colocaría al hombre por debajo incluso de algunos animales que le dan el ejemplo de uniones constantes.


697. La indisolubilidad absoluta del matrimonio, ¿está en la ley natural o sólo en la ley humana?
“Es una ley humana muy contraria a la ley natural. Con todo, los hombres pueden cambiar sus leyes. Sólo las de la naturaleza son inmutables.”


698. El celibato voluntario, ¿es un estado de perfección meritorio ante Dios?
“No, y los que viven así por egoísmo desagradan a Dios y engañan a todo el mundo.”


699. El celibato, por parte de algunas personas, ¿no es un sacrificio que realizan con el objetivo de consagrarse por completo al servicio de la humanidad?
“Eso es muy diferente. He dicho: ‘por egoísmo’. Todo sacrificio personal es meritorio cuando se lo hace para el bien. Cuanto mayor sea el sacrificio, mayor será el mérito.”

Dios no puede contradecirse ni encontrar malo lo que Él mismo ha hecho. Por consiguiente, no es posible que vea un mérito en la violación de su ley. No obstante, si el celibato no es de por sí un estado meritorio, no sucede lo mismo cuando constituye, mediante el renunciamiento a las alegrías de la familia, un sacrificio que se cumple en provecho de la humanidad. Todo sacrificio personal con miras al bien, sin una segunda intención egoísta, eleva al hombre por encima de su condición material.



Poligamia

700. La igualdad numérica que existe aproximadamente entre los sexos, ¿es un indicio de la proporción en que deben unirse?
“Sí, porque todo tiene un objetivo en la naturaleza.” (2)

(2) El Espiritismo es teleológico, así desde el punto de vista físico como de la moral. Las cosas materiales y los hechos morales, el mundo y el hombre, todo tiene una finalidad, pero no de orden antropológico. Muchas veces ella contraría o se sustrae al pensamiento del hombre. Ella ha motivado la reacción anti teleológica de la filosofía moderna. La ciencia, por su parte, al ocuparse tan sólo del plano objetivo, no ha visto más que “un aspecto del cuadro de la Naturaleza” y se limitó a las “condiciones determinantes”. Su naturaleza analítica no le permite abarcar el sentido de las cosas y de los hechos. HENRI BERGSON, en L´evolution créatice, desarrolló la teoría del impulso vital, según la cual todo el curso de la evolución, a partir de la materia más densa, se dirige a la liberación de la conciencia en el hombre, apareciendo éste como el fin último de la vida en la Tierra. Esa es la tesis espírita de la evolución, hasta los límites de la vida terrenal. Pero el Espiritismo va más allá al admitir la “escala de los mundos”, a través de la cual la evolución se opera en lo infinito, siempre con el objetivo de la perfección. [N. de J. H. Pires. 1981] 


701. Entre la poligamia y la monogamia, ¿cuál de las dos está más de acuerdo con la ley natural?
“La poligamia es una ley humana cuya abolición señala un progreso social. El matrimonio, según los designios de Dios, debe basarse en el afecto de los seres que se unen. Con la poligamia no hay afecto real, sino apenas sensualidad.”

Si la poligamia estuviera de acuerdo con la ley natural debería ser universal, lo que sería materialmente imposible, en vista de la igualdad numérica de los sexos.

La poligamia debe ser considerada como un uso o una legislación particular adecuada a ciertas costumbres, a la cual el perfeccionamiento social hace desaparecer poco a poco.(3)

 (3) El impulso polígamo del hombre no es un instinto biológico, sino un mero resabio de las fases anteriores de su evolución. Puesto que no es irracional y no está controlado por las leyes naturales que rigen a las especies animales, tiene el hombre el deber moral de refrenar ese impulso y sublimar su afectividad mediante el amor conyugal y familiar. Se controla por medio de la razón y del libre albedrío, elevándose conscientemente por encima de las exigencias biológicas y de las ilusiones sensoriales. Si ese control se le hace difícil, mayor es entonces su obligación de realizarlo, pues más grande también es su necesidad de evolución en ese terreno, y asimismo porque “el mérito del bien reside en la dificultad”, conforme se ha leído en el parágrafo 646 de este m ismo libro. [N. de J. H. Pires. 1981]



AMOR, CARIDAD y TRABAJO







Ley del trabajo





LIBRO TERCERO 
LEYES MORALES

CAPÍTULO III – LEY DEL TRABAJO

Necesidad del trabajo 

674. La necesidad del trabajo ¿es una ley de la Naturaleza? 
- El trabajo constituye una ley de la Naturaleza, por lo mismo que es una necesidad, y la civilización obliga al hombre a más trabajo, por cuanto aumenta sus necesidades y sus goces. 


675. ¿Sólo debemos entender por trabajo las ocupaciones materiales? 
- No: el Espíritu trabaja, como el cuerpo. Toda ocupación útil es un trabajo. 


676. ¿Por qué el trabajo es impuesto al hombre? 
- Es una consecuencia de su naturaleza corporal. Constituye una expiación y al mismo tiempo un medio para perfeccionar su intelecto. A no ser por el trabajo, el hombre permanecería en la infancia de la inteligencia. Por eso sólo debe su alimento, seguridad y bienestar a su trabajo y actividad. Al que es demasiado frágil de cuerpo Dios le ha concedido la inteligencia para que supla con ella su debilidad. Pero se trata siempre de un trabajo. 


677. ¿Por qué la Naturaleza provee por sí misma a todas las necesidades de los animales? 
- Todo trabaja en la Naturaleza. Los animales lo hacen como tú, pero su tarea, del mismo modo que su inteligencia, se limita al cuidado de su propia conservación. He aquí por qué a ellos el trabajo no les reporta progreso, mientras que en el hombre tiene una doble finalidad: la conservación del cuerpo y el desarrollo del pensamiento, que es también una necesidad y que lo eleva por encima de sí mismo. Cuando digo que la labor de los animales se limita al cuidado de su propia conservación, entiendo con ello el fin que se proponen al trabajar. Pero son ellos sin saberlo, y aun proveyendo a sus necesidades materiales, agentes que secundan los designios del Creador, y su tarea no deja por eso de cooperar al objetivo último de la Naturaleza, aunque con harta frecuencia no descubráis vosotros su resultado inmediato.


678. En los mundos más perfeccionados ¿está también sometido el hombre a la misma necesidad del trabajo? 
- La índole del trabajo es relativa a la naturaleza de las necesidades. Cuantos menos materiales son éstas, tanto menos material es el trabajo. Pero no creas por eso que el hombre permanezca allí inactivo e inútil. La ociosidad sería un tormento en vez de representar un beneficio. 


679. El hombre que posee bienes suficientes para asegurar su subsistencia ¿queda libre de la ley del trabajo? 
- Del trabajo material, quizá sí, pero no de la obligación de hacerse útil según sus posibilidades, de perfeccionar su inteligencia o la de los demás, lo cual constituye asimismo un trabajo. Si el hombre a quien Dios ha deparado bienes suficientes para asegurar su subsistencia no está obligado a ganarse el pan con el sudor de su frente, la obligación de ser útil al prójimo es tanto mayor para él cuanto que la parte que le ha sido asignada de antemano le concede más tiempo libre para hacer el bien. 


680. ¿No hay hombres que están impedidos de trabajar en cualquier actividad y cuya existencia es inútil? 
- Dios es justo. Sólo condena a aquel cuya vida es voluntariamente inútil, porque ése vive a expensas del esfuerzo ajeno. Él quiere que cada cual se torne útil con arreglo a sus facultades.


681. La ley natural ¿impone a los hijos la obligación de trabajar para sus padres? 
- Ciertamente, del mismo modo que los padres deben trabajar para sus hijos. Por eso Dios ha hecho del amor filial y del amor paterno un sentimiento natural, a fin de que, mediante este mutuo afecto, los miembros de una misma familia sean inducidos a ayudarse recíprocamente. Es lo que con sobrada frecuencia se olvida en vuestra sociedad actual. 



Límite del trabajo, descanso 

682. Siendo una necesidad el descanso después del trabajo, ¿no es una ley natural? 
- Sin lugar a duda, el reposo sirve para reparar las energías del cuerpo, y es asimismo necesario para conceder un poco más de libertad a la inteligencia, a fin de que ésta se eleve por encima de la materia. 


683. ¿Cuál es el límite del trabajo? 
- El límite de las fuerzas. Por lo demás, Dios deja libre al hombre. 


684. ¿Qué pensar de aquellos que abusan de su autoridad para imponer a sus subordinados un exceso de trabajo? 
- Es ésa una de las peores acciones. Todo hombre que tenga el poder de impartir órdenes es responsable del exceso de tarea que imponga a sus subordinados, porque está transgrediendo la ley de Dios. 


685. ¿Le asiste al hombre el derecho al descanso en su vejez? 
- Sí, sólo está obligado según sus fuerzas. 


685 a. Pero ¿qué recurso queda al anciano que, teniendo necesidad de trabajar para vivir, no puede hacerlo? 
- El fuerte debe trabajar para el débil. Si éste no posee familia, la sociedad debe hacerse cargo de él. Es la ley de caridad. 

No basta decir al hombre que tiene que trabajar, precisa además que aquel que debe ganarse el sustento con su labor encuentre ocupación, y es esto lo que no siempre sucede. Cuando la falta de trabajo se generaliza, toma las proporciones de una plaga, como la miseria. La ciencia económica busca remedio a esto en el equilibrio entre producción y consumo, pero dicho equilibrio, aun suponiendo que sea posible, tendrá siempre intermitencias, y durante tales intervalos el trabajador debe seguir viviendo. Un elemento hay que no se ha puesto suficientemente en la balanza, y sin el cual la ciencia económica no pasa de ser una teoría: ese elemento es la educación. No la educación intelectual, sino la educación moral. Ni tampoco aquella educación moral que se obtiene por medio de los libros, sino la que consiste en el arte de modelar caracteres, la que forma hábitos. Porque la educación es el conjunto de los hábitos adquiridos. Si se piensa en la masa de individuos que son arrojados a diario en el torrente de la población, sin principios, sin frenos y librados a sus propios instintos, ¿debemos asombrarnos de las desastrosas consecuencias que de ello resultan? Cuando el arte de la educación sea conocido, comprendido y llevado a la práctica, el hombre incorporará al mundo hábitos de orden y de previsión, para él mismo y para con los suyos, de respeto hacia lo respetable; hábitos que le permitirán pasar con menos pena los malos días inevitables. Desorden e imprevisión constituyen dos plagas que sólo una educación bien entendida puede remediar. Tal es el punto de partida, el elemento real del bienestar, la garantía de la seguridad de todos.(1)

(1) En el Ítem 676 hemos visto ya que “a no ser por el trabajo, el hombre permanecería en la infancia de la inteligencia”. El Espiritismo no encara, pues, el trabajo como “una condena”, sino como una necesidad de la evolución humana y de la evolución terrenal. Trabajar no es sufrir, sino progresar, desarrollarse, conquistar la felicidad. 
Para los espíritas, además de los lucros inmediatos de este mundo, el trabajo proporciona también los provechos de la evolución espiritual. Por eso, no basta con proporcionar trabajo al hombre: es preciso asimismo impartirle una educación moral, vale decir, una orientación espiritual, para que pueda extraer de su tarea todos los beneficios que ésta puede otorgarle. 
Un mundo de trabajo y abundancia para todos, pero sin perspectivas espirituales, sería tan vacío y tedioso como un mundo espiritual de ociosidad.
[N. de J. H. Pires. 1981]


AMOR, TRABAJO y CARIDAD









Ley de adoración





LIBRO TERCERO
LEYES MORALES

CAPÍTULO II - LEY DE ADORACIÓN

Objetivo de la adoración

649. ¿En qué consiste la adoración?
“Es la elevación del pensamiento hacia Dios. Mediante la adoración el hombre acerca su alma a Él.” 


650. La adoración, ¿es el resultado de un sentimiento innato o el producto de una enseñanza?
“Sentimiento innato, como el de la Divinidad. La conciencia de su debilidad hace que el hombre se incline ante aquel que puede protegerlo.”


651. ¿Ha habido pueblos desprovistos del sentimiento de adoración?
“No, porque nunca hubo pueblos de ateos. Todos comprenden que por encima de ellos hay un Ser Supremo.”


652. ¿Se puede considerar que la adoración tiene origen en la ley natural?
“Está en la ley natural, puesto que es el resultado de un sentimiento innato en el hombre. Por eso se la encuentra en todos los pueblos, aunque en formas diferentes.”



Adoración externa

653. La adoración, ¿tiene necesidad de manifestaciones externas?
“La verdadera adoración está en el corazón. En todas vuestras acciones, pensad siempre que el Señor os observa.”


[653a] - La adoración externa, ¿es útil?
“Sí, en caso de que no sea un vano simulacro. Siempre es útil dar un buen ejemplo. No obstante, aquellos que sólo lo hacen por afectación y amor propio, y cuya conducta desmiente su piedad aparente, dan un ejemplo más malo que bueno y hacen más mal del que creen.”


654 ¿Concede Dios alguna preferencia a los que lo adoran de tal o cual modo?
“Dios prefiere a los que lo adoran desde el fondo del corazón, con sinceridad, haciendo el bien y evitando el mal, y no a los que creen honrarlo con ceremonias que no los hacen mejores para con sus semejantes. 

Todos los hombres son hermanos entre sí e hijos de Dios. Él llama hacia sí a los que observan sus leyes, sea cual fuere la forma con que las expresen.

El que sólo tiene la apariencia de la piedad es un hipócrita. Aquel cuya adoración es  aparente y se contradice con su conducta, da un mal ejemplo. 

En relación con aquel que se jacta de adorar a Cristo y es orgulloso, envidioso y celoso, duro e implacable con los demás o ambicioso de los bienes de la Tierra, yo os digo que la religión está en sus labios y no en su corazón. Dios, que todo lo ve, dirá: el que conoce la verdad es cien veces más culpable del mal que hace que el ignorante salvaje del desierto, y en el día de la justicia será tratado en consecuencia. Si un ciego os atropella a su paso, lo disculpáis; pero si es un hombre que ve bien, os quejaréis, y con razón.

No preguntéis, pues, si hay alguna forma de adoración más conveniente que otra, porque sería como preguntar si a Dios le es más grato que se lo adore en un idioma antes que en otro. Una vez más os digo: los cánticos sólo llegan a Dios por la puerta del corazón.”



655. ¿Es censurable practicar una religión en la que no se cree desde el fondo del alma, aunque se lo haga por respeto humano y para no escandalizar a los que piensan de otro modo? 
“La intención es la regla, en esta como en muchas otras cosas. El que sólo tiene en vista respetar las creencias ajenas no hace mal. Incluso obra mejor que el que las pone en ridículo, porque en ese caso no tendría caridad. Con todo, el que practica una religión por interés y por ambición es despreciable a la vista de Dios y de los hombres. No pueden ser gratos a Dios los que fingen humillarse ante Él sólo para granjearse la aprobación de los hombres.”


656. La adoración en común, ¿es preferible a la individual?
“Los hombres reunidos por una comunión de pensamientos y de sentimientos tienen más fuerza para llamar hacia sí a los Espíritus buenos. Lo mismo sucede cuando se reúnen para adorar a Dios. Sin embargo, no creáis por eso que la adoración particular sea menos valiosa, porque cada uno puede adorar a Dios pensando en Él.”



Vida contemplativa

657. Los hombres que se dedican a la vida contemplativa, sin hacer mal alguno y pensando nada más que en Dios, ¿tienen algún mérito ante Él?
“No, porque a pesar de que no hacen el mal, tampoco hacen el bien y son inútiles. Por otra parte, no hacer el bien ya es un mal. Dios quiere que se piense en Él, pero no quiere que sólo en Él se piense, puesto que ha dado al hombre deberes que cumplir en la Tierra. El que se consume en la meditación y en la contemplación no hace nada meritorio ante Dios, porque su vida es por completo personal e inútil para la humanidad. Además, Dios le pedirá cuenta del bien que no haya hecho.”



Acerca de la oración

658. La oración, ¿es grata a Dios?
“La oración siempre es grata a Dios cuando ha sido dictada por el corazón, pues la intención lo es todo para Él. La oración del corazón es preferible a la que puedes leer, por bella que esta sea, si lo haces más con los labios que con el pensamiento. La oración es grata a Dios cuando se dice con fe, fervor y sinceridad. Con todo, no creas que Él se conmueve con la oración del hombre vano, orgulloso y egoísta, a menos que se trate de un acto de sincero arrepentimiento y de verdadera humildad.”


659. ¿Cuál es el carácter general de la oración?
“La oración es un acto de adoración. Orar a Dios es pensar en Él, acercarse a Él, ponerse en comunicación con Él. Mediante la oración se pueden hacer tres cosas: alabar, pedir y agradecer.”


660. La oración, ¿hace mejor al hombre?
“Sí, porque el que ora con fervor y confianza es más fuerte contra las tentaciones del mal, y Dios le envía Espíritus buenos para que lo asistan. Esa es una ayuda que nunca se niega cuando es pedida con sinceridad.”


[660a] - ¿Cómo se explica que algunas personas que oran mucho tengan, a pesar de eso, muy mal carácter; sean celosas, envidiosas, poco afables; carezcan de benevolencia e indulgencia; y que a veces incluso sean viciosas?
“Lo esencial no es orar mucho, sino hacerlo bien. Esas personas creen que todo el mérito radica en la extensión de la plegaria, y cierran los ojos ante sus propios defectos. La oración es para ellas una ocupación, una manera de pasar el tiempo, pero no un estudio de sí mismas. Lo ineficaz no es el remedio, sino el modo como se lo administra.” 


661. ¿Podemos rogar a Dios el perdón de nuestras faltas y que nos lo conceda?
“Dios sabe discernir el bien del mal. La oración no oculta las faltas. El que pide a Dios el perdón de sus faltas sólo lo obtiene si cambia de conducta. Las buenas acciones son la mejor de las plegarias, porque los hechos valen más que las palabras.”


662. ¿Se puede orar por otros y obtener buenos resultados?
“El Espíritu del que ora actúa mediante su voluntad de hacer el bien. Con la plegaria atrae hacia sí a los Espíritus buenos, quienes se asocian al bien que quiere hacer.”

Poseemos en nosotros mismos, mediante el pensamiento y la voluntad, un poder de acción que se extiende mucho más allá de los límites de nuestra esfera corporal. La oración por los otros es un acto de esa voluntad. Si es fervorosa y sincera, puede llamar a los Espíritus buenos para que acudan en ayuda de aquel por quien oramos, a fin de que le sugieran buenos pensamientos y le den la fuerza que necesita para su cuerpo y su alma. No obstante, también en este caso la plegaria del corazón lo es todo, pues la de los labios no vale nada. 


663. Las oraciones que hacemos por nosotros mismos, ¿pueden cambiar la naturaleza de nuestras pruebas y desviar su curso?
“Vuestras pruebas están en manos de Dios, y las hay que debéis sufrirlas hasta el final. Sin embargo, en ese caso, Dios siempre toma en cuenta la resignación. La oración atrae hacia vosotros a los Espíritus buenos, quienes os dan fuerza para soportar esas pruebas con valor, y así os parecen menos duras. Ya lo hemos dicho: la oración nunca es inútil cuando está bien hecha, porque da fuerza, lo cual es de por sí un gran resultado. Ya lo sabes: ayúdate, que el Cielo(1) te ayudará. Por otra parte, Dios no puede cambiar el orden de la naturaleza conforme al capricho de cada uno, porque lo que es un gran mal desde vuestro mezquino punto de vista y desde el de vuestra vida efímera, suele ser un gran bien en el orden general del universo.(2) Además, ¡cuántos males hay cuyo autor es el propio hombre, a causa de su imprevisión o de sus faltas! El hombre es castigado por sus faltas. No obstante, los pedidos justos son satisfechos con más frecuencia de lo que pensáis. Creéis que Dios no os ha escuchado porque no ha hecho un milagro para vosotros, mientras que Él os asiste por medios tan naturales que os parecen un efecto del acaso o de la fuerza de las circunstancias. Muchas veces, también, incluso la mayoría de las veces, Dios os sugiere la idea necesaria para que vosotros mismos superéis la dificultad.”

(1) - Espacio universal. 
- Estado de espíritu que varía conforme la visión interior de cada uno. 
- Comienza en la propia conciencia de la persona. 

(2) Decía SPINOZA que “Dios obra sólo según las leyes de su naturaleza, sin ser constreñido por nadie” (Proposición XVII de la Ética), y afirmaba la imposibilidad del milagro, por constituir una violación de las leyes de Dios. Asimismo, en lo que toca a los males individuales, alegaba que éstos no existen en el orden general del Universo. [N. de J. H. Pires. 1981]


664. ¿Es útil orar por los muertos y por los Espíritus que sufren? En ese caso, ¿de qué modo nuestras oraciones pueden suministrarles alivio y abreviar sus padecimientos? ¿Tienen ellas el poder de hacer más leve el peso de la justicia de Dios?
“La oración no puede producir el efecto de cambiar los designios de Dios. No obstante, el alma por la cual se ora experimenta alivio, porque la oración es un testimonio de interés que se le brinda. El desdichado siempre siente alivio cuando encuentra almas caritativas que se compadecen de sus dolores. Por otra parte, mediante la oración se lo estimula al arrepentimiento y al deseo de hacer lo necesario para llegar a ser feliz. En ese sentido se puede abreviar su pena, si de su parte coopera con buena voluntad. Ese deseo de mejorar, estimulado por la oración, atrae junto al Espíritu que sufre a Espíritus mejores, que acuden a instruirlo, consolarlo y darle esperanzas. Jesús oraba por las ovejas descarriadas. De ese modo os muestra que seréis culpables si vosotros no oráis por aquellos que están más necesitados.”


665. ¿Qué pensar de la opinión que rechaza la oración por los muertos debido a que no está prescrita en los Evangelios?
“Cristo dijo a los hombres: Amaos los unos a los otros. Esa recomendación incluye la de emplear todos los medios posibles para testimoniarles afecto, sin que por eso se entre en detalle alguno acerca de la manera de alcanzar ese objetivo. Si bien es cierto que nada puede desviar al Creador de la aplicación de la justicia -cuyo ejemplo es Él mismo- a todas las acciones del Espíritu, no es menos cierto que la oración que dirigís hacia Él en favor de aquel que os inspira afecto, constituye para este un testimonio de recordación que sólo puede contribuir a aligerar sus padecimientos y a consolarlo. Tan pronto como dé muestras de un mínimo arrepentimiento, y solamente en ese caso, será socorrido. Con todo, nunca se le deja ignorar que un alma simpática se ocupó de él, y le queda la grata idea de que la intercesión de esa alma le ha sido útil. De ahí resulta necesariamente, de su parte, un sentimiento de gratitud y de afecto hacia aquel que le ha dado esa prueba de cariño o piedad. Por consiguiente, el amor que Cristo recomendaba a los hombres no ha hecho más que aumentar entre esos dos seres. Ambos obedecieron, pues, a la ley de amor y de unión de todos los seres, ley divina que debe conducir a la unidad: objetivo y finalidad del Espíritu.” (3)

(3) Respuesta dada por el Espíritu del señor Monod, pastor protestante de París, fallecido en abril de 1856. La respuesta precedente -parágrafo 664- es del Espíritu de san Luis. (N. de Allan Kardec.)


666. ¿Podemos orar a los Espíritus?
“Se puede orar a los buenos Espíritus porque son los mensajeros de Dios y los ejecutores de su voluntad; pero su poder está en razón de su superioridad y depende siempre del Señor de todas las cosas, sin cuyo permiso nada se hace y por esto las oraciones que se le dirigen sólo son eficaces si son agradables a Dios.”



Politeísmo

667. Dado que el politeísmo es falso, ¿a qué se debe que sea una de las creencias más antiguas y difundidas? 
“El pensamiento acerca de un Dios único sólo podía ser en el hombre el resultado del desarrollo de sus ideas. Incapaz, en su ignorancia, de concebir un ser inmaterial, sin forma determinada, pero que obra sobre la materia, el hombre le otorgó los atributos de la naturaleza corporal, es decir, una forma y un rostro. Desde entonces, todo lo que le parecía que superaba las proporciones de la inteligencia vulgar era para él una divinidad. Todo lo que no comprendía debía ser obra de un poder sobrenatural, y de ahí a creer en tantos poderes distintos como efectos observaba, no había más que un paso. Sin embargo, en todas las épocas hubo hombres instruidos que comprendieron la imposibilidad de que esa multitud de poderes gobernara al mundo sin una dirección superior, y se elevaron hacia la idea de un Dios único.”


668. Dado que los fenómenos espíritas se han producido en todas las épocas y son conocidos desde las primeras edades del mundo, ¿no han podido favorecer la creencia en la pluralidad de los dioses?
“Sin duda, pues los hombres llamaban dios a todo lo que era sobrehumano. Así, los Espíritus eran dioses para ellos. Por esa razón, cuando un hombre se distinguía entre los demás por sus acciones, por su genio o porque tenía un poder oculto que el vulgo no comprendía, lo convertían en un dios y le rendían culto después de su muerte.” 

La palabra dios tenía entre los antiguos un sentido muy amplio. No era, como en nuestros días, una personificación del Señor de la naturaleza. Se trataba de un calificativo genérico que se aplicaba a todo ser que superara las condiciones propias de la humanidad. Ahora bien, como las manifestaciones espíritas les habían revelado la existencia de seres incorporales que obran como un poder de la naturaleza, los llamaron dioses, del mismo modo que nosotros los llamamos Espíritus. Se trata de una simple cuestión de palabras, con la diferencia de que en su ignorancia -fomentada de propósito por quienes estaban interesados en mantenerla- les erigían templos y altares muy lucrativos, mientras que actualmente los consideramos simples criaturas como nosotros, más o menos perfectas y despojadas de su envoltura terrenal. Si se estudian con cuidado los diversos atributos de las divinidades paganas, en ellos se reconocerá sin esfuerzo la totalidad de los atributos de nuestros Espíritus, en todos los grados de la escala espírita, así como su estado físico en los mundos superiores, las propiedades del periespíritu y el papel que ellos desempeñan en las cosas de la Tierra.

Dado que el cristianismo vino a iluminar al mundo con su divina luz, no podía destruir algo que está en la propia naturaleza. Con todo, hizo que la adoración se dirigiera hacia Aquel a quien corresponde. En cuanto a los Espíritus, su recuerdo se ha perpetuado con diferentes nombres, según los pueblos. Además, sus manifestaciones, que nunca cesaron, han sido interpretadas de modos distintos y a menudo explotadas bajo el dominio del misterio. Mientras que la religión vio en ellas fenómenos milagrosos, los incrédulos las consideraron un engaño. En la actualidad, gracias a un estudio más serio y hecho a plena luz, el espiritismo, despojado de las ideas supersticiosas que lo han oscurecido durante siglos, nos revela uno de los más grandes y sublimes principios de la naturaleza.




Sacrificios

669. La práctica de los sacrificios humanos data de la más remota antigüedad. ¿Cómo pudo el hombre ser inducido a creer que semejantes cosas podrían agradar a Dios?
“En primer lugar, porque no comprendía a Dios como la fuente de la bondad. En los pueblos primitivos la materia prevalece sobre el espíritu. Esos pueblos se entregan a los instintos de los irracionales; razón por la cual suelen ser crueles, pues el sentido moral aún no se ha desarrollado en ellos. En segundo lugar, los hombres primitivos debían de creer, naturalmente, que una criatura animada tenía mucho más valor ante Dios que un cuerpo material. Eso los indujo, al principio, a inmolar animales y más tarde hombres, puesto que, conforme a su falsa creencia, pensaban que el valor del sacrificio estaba en relación con la importancia de la víctima. En la vida material, tal como la mayoría de vosotros la practica, si ofrecéis un regalo a alguien, siempre elegiréis uno cuyo valor sea tanto más alto cuanto más cariño y consideración queráis testimoniar a su destinatario. Lo mismo debía de ocurrirles en relación con Dios a esos hombres ignorantes.”


[669a] - ¿De modo que los sacrificios de animales habrían precedido a los sacrificios humanos?
“No cabe duda.”


[669b] - Según esa explicación, los sacrificios humanos no tendrían origen en un sentimiento de crueldad.
“No, sino en una falsa idea de lo que significa ser grato a Dios. Ved la historia de Abraham. Más tarde, los hombres han abusado de esos sacrificios al inmolar a sus enemigos, incluso a sus enemigos personales. Por lo demás, Dios nunca exigió sacrificios, ni de animales ni de hombres. No se puede honrar a Dios mediante la destrucción inútil de sus propias criaturas.”


670. Los sacrificios humanos, cuando se llevaban a cabo con una intención piadosa, ¿han podido a veces ser gratos a Dios?
“No, nunca. Con todo, Dios juzga la intención. Los hombres, en su ignorancia, podían creer que realizaban un acto loable al inmolar a uno de sus semejantes. En ese caso, Dios sólo reparaba en el pensamiento y no en el hecho. Al mejorar, los hombres debían reconocer su error y reprobar esos sacrificios, que no podían formar parte de las ideas de Espíritus esclarecidos. Digo esclarecidos, porque entonces los Espíritus estaban envueltos en el velo material. No obstante, a través del libre albedrío, podían tener una noción de su origen y de su finalidad, y muchos comprendían ya, por intuición, el mal que hacían, aunque no por eso dejaban de llevarlo a cabo para satisfacer sus pasiones.”


671. ¿Qué debemos pensar de las llamadas guerras santas? El sentimiento que con miras a ser gratos a Dios lleva a los pueblos fanáticos a exterminar a la mayor cantidad posible de los que no comparten sus creencias, parecería tener el mismo origen que el que los incitaba antaño a sacrificar a sus semejantes. 
“Son impulsados por los Espíritus malos, y al hacerles la guerra a sus semejantes van contra la voluntad de Dios, pues Este les ordena amar a sus hermanos como a sí mismos. Dado que todas las religiones, o, mejor dicho, todos los pueblos adoran a un mismo Dios, sea cual fuere el nombre que le den, ¿por qué esos pueblos fanáticos habrían de llevar a cabo una guerra de exterminio, sólo porque su religión es diferente o todavía no alcanzó el progreso de la religión de los pueblos instruidos? Los pueblos son excusables por no creer en la palabra de Aquel que estaba animado por el Espíritu de Dios y que fue enviado por Él, sobre todo los que no lo vieron ni fueron testigos de sus actos. Además, ¿cómo pretendéis que crean en esa palabra de paz cuando vosotros mismos vais a imponérselas espada en mano? Ellos deben instruirse, y nosotros debemos procurar que conozcan esa doctrina mediante la persuasión y la dulzura, y no por la fuerza y con derramamiento de sangre. La mayoría de vosotros no cree en las comunicaciones que mantenemos con algunos mortales. ¿Por qué pretenderíais, pues, que los extraños crean en vuestra palabra, cuando vuestros actos desmienten la doctrina que predicáis?”


672. La ofrenda de los frutos de la tierra, ¿tenía ante Dios más mérito que el sacrificio de animales? 
“Ya os he respondido al deciros que Dios juzgaba la intención y que el hecho en sí tenía poca importancia para Él. Es evidente que a Dios le resultaba más grato ver que le ofrendaban los frutos de la tierra antes que la sangre de las víctimas. Tal como os lo hemos dicho y lo repetimos siempre, la oración que se dice desde el fondo del corazón es cien veces más grata a Dios que todas las ofrendas que podáis hacerle. Repito que la intención lo es todo y que el hecho no vale nada.”


673. Para hacer que esas ofrendas sean más gratas a Dios, ¿no sería mejor consagrarlas al alivio de los que carecen de lo necesario? En ese caso, el sacrificio de animales, llevado a cabo con un objetivo útil, ¿no sería meritorio, mientras que era abusivo cuando no servía para nada o sólo beneficiaba a personas que lo tenían todo? ¿No sería realmente piadoso dedicar a los pobres las primicias de los bienes que Dios nos concede en la Tierra?
“Dios siempre bendice a los que hacen el bien. Aliviar a los pobres y a los afligidos es la mejor manera de honrarlo. No digo con esto que Dios desapruebe las ceremonias que lleváis a cabo para rogarle, pero en ellas hay mucho dinero que podría emplearse con más utilidad. Dios ama la sencillez en todas las cosas. El hombre que se apega a las apariencias, y no al corazón, es un Espíritu con miras estrechas. Juzgad si Dios repara más en la forma que en el fondo.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO








Ley Divina o Natural

 







LEY DIVINA o NATURAL












El Libro de los Espíritus de Allan Kardec
LIBRO TERCERO 
LAS LEYES MORALES 
CAPÍTULO I 
LA LEY DIVINA O NATURAL


CARACTERES DE LA LEY NATURAL 

614. ¿Qué debe entenderse por ley natural? 
“La ley natural es la ley de Dios. Es la única verdadera para la felicidad del hombre. Le indica lo que debe hacer o no hacer. El hombre sólo es desdichado porque de ella se aparta.”


615. La ley de Dios, ¿es eterna?
“Es eterna e inmutable, como el propio Dios.” (1)

 (1)  Debido a este principio: “la ley natural es la ley de Dios, eterna e inmutable como Él mismo”, ciertos teólogos católicos y protestantes acusan al Espiritismo de ser una doctrina panteísta. Lo propio hicieron con SPINOZA, para quien Dios, la sustancia única, es la misma Naturaleza, pero no en su aspecto material y sí en sus leyes. SPINOZA replicó: “Lo afirmo con Pablo, y quizá con todos los filósofos en Dios: me atrevo incluso a agregar que ese fue el pensamiento de todos los antiguos hebreos” (Carta LXXIII, explicando la proposición XV de la Ética: “Todo lo que existe, existe en Dios, y nada puede existir sin ser concebido por Dios”). Aun cuando haya profunda divergencia entre la concepción spinoziana y la espírita acerca de Dios, ambas concuerdan al negar el antropomorfismo católico y protestante, al reafirmar el principio de Pablo antes citado y al establecer una identidad de origen y naturaleza divina para todas las leyes del Universo. Por otra parte, así como SPINOZA no confundía la naturaleza material (natura naturata) con Dios, sino tan sólo la naturaleza inteligente (natura naturans), del mismo modo el Espiritismo no incurre en semejante confusión, estableciendo inclusive que las leyes de Dios son una cosa y Dios mismo es otra. Véase el Capítulo I del Libro Primero, sobre Dios. No existe posibilidad de confusión entre Espiritismo y panteísmo, salvo que se admita como panteísta la doctrina de la inmanencia de Dios, aun por la fuerza de su trascendencia. Y en tal caso, católicos y protestantes también serían panteístas. [N. de J. H. Pires. 1981]


616. ¿Ha podido Dios prescribir a los hombres, en una época, lo que les habría prohibido en otra?
“Dios no puede equivocarse. Los hombres son los que se ven obligados a cambiar sus leyes, porque ellas son imperfectas. En cambio, las leyes de Dios son perfectas. La armonía que rige el universo material y el universo moral se basa en las leyes que Dios estableció eternamente.”


617. ¿Cuáles son los objetos que abarcan las leyes divinas? ¿Conciernen a algo más que la conducta moral?
“Todas las leyes de la naturaleza son leyes divinas, puesto que Dios es el autor de todas las cosas. El científico estudia las leyes de la materia; el hombre de bien estudia las del alma, y las practica.” 


[617a] - ¿Es dado al hombre profundizar unas y otras?
“Sí, pero una sola existencia no es suficiente.”

En efecto, ¿qué son algunos años para adquirir todo lo que constituye el ser perfecto, incluso si sólo consideramos la distancia que separa al salvaje del hombre civilizado? La existencia más larga posible es insuficiente, y con mayor razón cuando es breve, como sucede en muchos casos.

Entre las leyes divinas, unas regulan el movimiento y las relaciones de la materia bruta: son las leyes físicas. Su estudio es del dominio de la ciencia.

Las otras conciernen especialmente al hombre, tanto en sí mismo como en sus relaciones con Dios y con sus semejantes. Comprenden las reglas de la vida del cuerpo al igual que las de la vida del alma: son las leyes morales.


618. Las leyes divinas, ¿son las mismas para todos los mundos?
“La razón dice que deben ser adecuadas a la naturaleza de cada mundo, y proporcionales al grado de adelanto de los seres que habitan en ellos.”



ORIGEN Y CONOCIMIENTO DE LA LEY NATURAL 

619. ¿Ha dado Dios a los hombres los medios de conocer su ley?
“Todos pueden conocerla, pero no todos la comprenden. Los que la comprenden mejor son los hombres de bien y los que tienen el propósito de buscarla. No obstante, todos la comprenderán algún día, porque es necesario que el progreso se cumpla.”

La justicia de las diversas encarnaciones del hombre es una consecuencia de ese principio, puesto que en cada nueva existencia su inteligencia está más desarrollada y comprende mejor lo que está bien y lo que está mal. Si todo lo relacionado con él debiera ser llevado a efecto en una sola existencia, ¿cuál sería la suerte de tantos millones de seres que mueren a diario en medio del embrutecimiento del salvajismo o en las tinieblas de la ignorancia, sin que hayan podido instruirse?


620. El alma, antes de su unión con el cuerpo, ¿comprende la ley de Dios mejor que después de su encarnación?
“La comprende según el grado de perfección al que ha llegado, y conserva el recuerdo intuitivo de ella después de su unión con el cuerpo. No obstante, los instintos malos del hombre hacen que a menudo la olvide.”


621. ¿Dónde está escrita la ley de Dios? 
“En la conciencia.” (2)

 (2) DESCARTES, en la tercera de sus Meditaciones metafísicas, declara que la idea de Dios se halla impresa en el hombre “como la marca del obrero en su obra”. Esa idea de Dios es innata en el ser humano y lo impele hacia la perfección. Aun cuando las modernas escuelas de psicología nieguen la existencia de las ideas innatas el Espiritismo la sostiene. Deriva del principio de la reencarnación, que ha sido demostrado por el Espiritismo mediante investigaciones. Por otra parte, ideas como la de Dios, la de la supervivencia y la del bien y el mal existen hoy y existirán siempre en todos los pueblos. La ley de Dios está escrita en la conciencia del hombre, como la firma del artista en su obra. [N. de J. H. Pires. 1981]


[621a] - Dado que el hombre lleva en su conciencia la ley de Dios, ¿qué necesidad había de revelársela?
“El hombre la había olvidado o ignorado. Dios quiso que le fuese recordada.”


622. ¿Ha dado Dios a determinados hombres la misión de revelar su ley?
“Sí, por cierto. En todos los tiempos hubo hombres que recibieron esa misión. Son Espíritus superiores encarnados con el objetivo de hacer adelantar a la humanidad.”


623. Los que han pretendido instruir a los hombres en la ley de Dios, ¿no se equivocaron a veces? ¿No hicieron que los hombres se extravíen a menudo con principios falsos?
“Los que no estaban inspirados por Dios, y que por ambición se atribuyeron una misión que no les correspondía, sin ninguna duda han hecho que los hombres se extravíen. No obstante, como en definitiva eran hombres de genio, incluso en medio de los errores que enseñaron suelen encontrarse grandes verdades.”


624. ¿Cuál es el carácter del auténtico profeta?
“El auténtico profeta es un hombre de bien inspirado por Dios. Se le puede reconocer en sus palabras y en sus acciones. Dios no puede servirse de los labios del mentiroso para enseñar la verdad.”


625. ¿Cuál es el ejemplo más perfecto que Dios ha ofrecido al hombre para que le sirva de guía y modelo?
“Ved a Jesús.”

Jesús es para el hombre el ejemplo de la perfección moral a la que puede aspirar la humanidad en la Tierra. Dios nos lo ofrece como el modelo más perfecto. La doctrina que Jesús enseñó es la más pura expresión de la ley de Dios, porque estaba animado del espíritu divino y es el ser más puro que ha aparecido en la Tierra. Si algunos de los que han pretendido instruir al hombre en la ley de Dios hicieron que a veces aquel se extravíe con principios falsos, ha sido porque ellos mismos se dejaron dominar por sentimientos demasiado terrenales, y porque confundieron las leyes que rigen las condiciones de la vida del alma con las que rigen la vida del cuerpo. Muchos presentaron como leyes divinas las que sólo eran leyes humanas, creadas para servir a las pasiones y dominar a los hombres.


626. Las leyes divinas o naturales, ¿sólo fueron reveladas a los hombres por Jesús? Antes de él, ¿sólo por intuición tuvieron ellos conocimiento de dichas leyes?
“¿No hemos dicho que están escritas en todas partes? Los hombres que han meditado acerca de la sabiduría pudieron, pues, comprenderlas y enseñarlas desde los siglos más remotos. Mediante sus enseñanzas, aunque incompletas, ellos prepararon el terreno para recibir la simiente. Dado que las leyes divinas se encuentran inscriptas en el libro de la naturaleza, el hombre pudo conocerlas cuando se propuso buscarlas. Por esa razón los preceptos que esas leyes consagran han sido proclamados en todos los tiempos por los hombres de bien, y también por eso encontramos sus elementos en la doctrina moral de todos los pueblos que salieron de la barbarie, aunque incompletos o alterados por la ignorancia y la superstición.”


627. Puesto que Jesús enseñó las verdaderas leyes de Dios, ¿cuál es la utilidad de la enseñanza impartida por los Espíritus? ¿Tienen estos que enseñarnos algo más?
“La palabra de Jesús solía ser alegórica y en forma de parábolas, porque hablaba conforme a los tiempos y lugares. Ahora es necesario que la verdad sea inteligible para todos. Hace falta explicar y desarrollar esas leyes, puesto que hay muy pocas personas que las comprenden, y menos aún que las practican. Nuestra misión consiste en impresionar los ojos y los oídos, para confundir a los orgullosos y desenmascarar a los hipócritas, que presentan las apariencias de la virtud y de la religión para encubrir sus bajezas. La enseñanza de los Espíritus debe ser clara e inequívoca, a fin de que nadie pueda alegar ignorancia y que cada uno la juzgue y la aprecie con su propia razón. Estamos encargados de preparar el reino del bien que Jesús anunció. Por eso es necesario que nadie pueda interpretar la ley de Dios con arreglo a sus pasiones, ni falsear el sentido de una ley que es por completo de amor y caridad.” (3)

 (3) Compárese esta respuesta con el mensaje del Espíritu de Verdad que incluyó Kardec como prefacio de El Evangelio según el Espiritismo. Según se verá, desde los primeros momentos anunciaron los Espíritus que la finalidad de la Doctrina era el restablecimiento del cristianismo. [N. de J. H. Pires. 1981]


628. ¿Por qué la verdad no siempre ha sido puesta al alcance de todos?
“Es preciso que cada cosa llegue a su tiempo. La verdad es como la luz: hay que habituarse a ella poco a poco, de lo contrario deslumbra. Nunca sucedió que Dios permitiera al hombre recibir comunicaciones tan completas e instructivas como las que le es dado recibir en la actualidad. Había en la antigüedad, como sabéis, algunos individuos que se encontraban en posesión de lo que ellos consideraban una ciencia sagrada, a la que convertían en un misterio para quienes, a su entender, eran profanos. Debéis comprender, con lo que conocéis acerca de las leyes que rigen esos fenómenos, que dichos individuos sólo recibían algunas verdades dispersas en medio de un conjunto de ideas equívocas y casi siempre emblemáticas. Con todo, para el hombre estudioso no hay ningún sistema filosófico antiguo, tradición o religión que pueda despreciarse, pues todos ellos contienen gérmenes de grandes verdades que -aunque parezcan contradecirse unas con otras, dispersas como se hallan en medio de accesorios sin fundamento- resulta muy fácil coordinar, gracias a que el espiritismo os ofrece la clave de una infinidad de cosas que, hasta ahora, han podido pareceros irracionales y cuya realidad hoy se os demuestra de una manera irrecusable. Por consiguiente, no dejéis de buscar en esos materiales temas de estudio: los hay muy valiosos y que pueden contribuir sobremanera a vuestra instrucción.” (4) 

(4) Los textos sagrados de las grandes religiones, como la Biblia y los Veda, los sistemas de filósofos antiguos, las doctrinas de viejas órdenes ocultas o esotéricas, todos ellos encierran grandes verdades en medio de sus contradicciones aparentes. Los espíritas no deben retroceder ante tales sistemas o reparar tan sólo en sus contradicciones, cuando poseen la clave del Espiritismo, la cual los hace aptos para descifrar los enigmas de aquéllos, descubriendo poderosos motivos de esclarecimiento. También en los modernos sistemas filosóficos o científicos, por muy contrarios que parezcan ser a los principios espíritas, un análisis verdaderamente espírita podrá revelar la existencia de grandes verdades. (Compárese con la Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a Timoteo, Cap. 3:16 y 17.) [N. de J. H. Pires. 1981]



EL BIEN Y EL MAL

629. ¿Qué definición se puede dar de la moral?
“La moral es la regla para conducirse bien, es decir, para distinguir el bien del mal. Se basa en la observancia de la ley de Dios. El hombre se comporta bien cuando hace todo con miras al bien y para el bien de todos, porque en ese caso observa la ley de Dios.”


630. ¿Cómo se puede distinguir el bien del mal?
“El bien es todo aquello que está de acuerdo con la ley de Dios; y el mal, todo lo que de ella se aparta. Así, hacer el bien es conformarse a la ley de Dios; hacer el mal es infringir dicha ley.”


631. El hombre, ¿tiene, de por sí, los medios para distinguir lo que está bien de lo que está mal?
“Sí, cuando cree en Dios y quiere saberlo. Dios le ha dado la inteligencia para discernir lo uno de lo otro.”


633. La regla del bien y del mal, que podríamos llamar de reciprocidad o de solidaridad, no se puede aplicar a la conducta personal del hombre para consigo mismo. ¿Encuentra él, en la ley natural, la regla de esta conducta y un guía seguro?
“Si coméis demasiado, eso os hace mal. En efecto, Dios os da la medida de lo que os hace falta. Si la rebasáis, sois castigados. Lo mismo ocurre con todo. La ley natural traza al hombre el límite de sus necesidades. Si lo rebasa, es castigado mediante el sufrimiento. Si el hombre escuchara en todas las cosas esa voz que le dice basta, se evitaría la mayor parte de los males de que acusa a la naturaleza.”


634. ¿Por qué el mal está en la naturaleza de las cosas? Me refiero al mal moral. ¿No podía Dios crear a la humanidad en mejores condiciones?
“Ya te lo hemos dicho: los Espíritus han sido creados simples e ignorantes. Dios deja que el hombre elija el camino. Tanto peor para él si toma el del mal, pues su peregrinaje será más largo. Si no hubiera montañas, el hombre no comprendería que se puede ascender y descender; si no hubiese rocas, no comprendería que existen cuerpos duros. Es preciso que el Espíritu adquiera experiencia, y para eso necesita conocer el bien y el mal. Por esa razón existe la unión del Espíritu con el cuerpo.”


635. Las diferentes posiciones sociales crean necesidades nuevas, que no son las mismas para todos los hombres. La ley natural parecería, pues, no ser una regla uniforme.
“Esas diferentes posiciones existen en la naturaleza, de acuerdo con la ley del progreso. Eso no impide la unidad de la ley natural, que se aplica a todo.”

Las condiciones de existencia del hombre cambian según los tiempos y lugares, de lo cual resultan para él necesidades diferentes y posiciones sociales apropiadas a esas necesidades. Puesto que esa diversidad se encuentra en el orden de las cosas, se halla conforme a la ley de Dios, y dicha ley no por eso deja de ser una en su principio. Cabe a la razón distinguir las necesidades reales de las que son artificiales o convencionales.


636. El bien y el mal, ¿son absolutos para todos los hombres?
“La ley de Dios es la misma para todos. No obstante, el mal depende principalmente de la voluntad que se tenga de hacerlo. El bien es siempre bien y el mal es siempre mal, sea cual fuere la posición en que el hombre se encuentre. La diferencia está en el grado de responsabilidad.” (5)

(5) Las investigaciones sociológicas han motivado, en nuestro tiempo, una revaluación del concepto tradicional de la moral. Se ha comprendido que la moral es variable, por cuanto el bien en un pueblo puede ser el mal en otro, y viceversa. No obstante, RENOUVIER, en su Science de la morale, compara la moral con la matemática: es una ciencia que debe basarse en conceptos puros. Los sociólogos han confundido moral con costumbres, pero últimamente distinguieron ya, en la confusión de las costumbres, una regla general, que es la común aspiración al bien. BERGSON, en Leux sources de la morale et la religion, establece dos tipos de moral: la cerrada, que deriva de la coacción, y la abierta, que es individual y no se sujeta a las convenciones. La moral relativa es la convencional, en tanto la moral absoluta es aquella dictada por la universal aspiración al bien, por la ley de Dios grabada en las conciencias. [N. de J. H. Pires. 1981]


637. El salvaje que cede a su instinto al nutrirse de carne humana, ¿es culpable?
“He dicho que el mal depende de la voluntad. De modo que el hombre es más culpable a medida que sabe mejor lo que hace.”

Las circunstancias dan al bien y al mal una gravedad relativa. El hombre suele cometer faltas que son el resultado de la posición en que lo colocó la sociedad, aunque no por eso son menos reprensibles. No obstante, su responsabilidad se corresponde con los medios que posee de comprender el bien y el mal. Por consiguiente, el hombre instruido que comete una simple injusticia es más culpable ante Dios que el salvaje ignorante que se entrega a sus instintos.


638. El mal parece ser, a veces, una consecuencia de la fuerza de las circunstancias. Tal es, por ejemplo, en algunos casos, la necesidad de destrucción, incluso de un semejante. En ese caso, ¿se puede decir que hay un incumplimiento de la ley de Dios?
“No deja de ser el mal, aunque sea necesario. Con todo, esa necesidad desaparece a medida que el alma se purifica al pasar de una existencia a otra. Entonces, el hombre es más culpable cuando comete el mal, porque lo comprende mejor.”


639. El mal que cometemos, ¿no suele ser el resultado de la posición en que nos han puesto los demás hombres? En ese caso, ¿cuáles son los más culpables?
“El mal recae sobre el que lo ha causado. Así, el hombre que es conducido al mal por la posición en que sus semejantes lo han puesto, es menos culpable que estos últimos, que han sido la causa de ese mal. Cada uno será penado, no sólo por el mal que haya hecho, sino por el que haya provocado.”


640. El que no hace el mal, pero que saca provecho del mal cometido por otro, ¿tiene el mismo grado de culpa?
“Es como si él mismo lo cometiera. Sacar provecho del mal es participar de él. Tal vez haya retrocedido ante la acción, pero si al encontrarla realizada la utiliza, es porque la aprueba y porque la habría realizado él mismo si hubiese podido o si se hubiera atrevido.”


641. El deseo del mal, ¿es tan reprensible como el propio mal?
“Según. Hay virtud en resistir voluntariamente al mal cuyo deseo se experimenta, sobre todo cuando se tiene la posibilidad de satisfacer ese deseo. Si lo que falta es sólo la ocasión, se es culpable.”


642 – ¿Bastará no hacer el mal para ser agradable a Dios y asegurar su posición futura? 
“No. Es necesario hacer el bien hasta el límite de las propias fuerzas, pues cada uno responderá de todo el mal que haya resultado a causa del bien que no realizó.”


643 – ¿Habrá personas que, por su posición, no tengan posibilidades de hacer el bien? 
– No hay nadie que no pueda hacer el bien. Sólo el egoísta no encuentra jamás la oportunidad. Bastará estar en relación con otros hombres para encontrar la ocasión de hacer el bien, y cada día de la vida ofrece la oportunidad a cualquiera que no esté ciego por el egoísmo, porque hacer el bien no consiste únicamente en ser caritativo, sino en ser útil en la medida en que podáis, siempre que vuestra ayuda llegue a ser necesaria. 


644. El medio en que algunos hombres se encuentran ubicados, ¿no es para ellos la causa principal de muchos vicios y crímenes?
“Sí, pero eso también es una prueba escogida por el Espíritu en el estado de libertad. Él quiso exponerse a la tentación a fin de ganarse el mérito de resistirla.”


645. Cuando el hombre está de algún modo inmerso en la atmósfera del vicio, el mal, ¿no se convierte para él en una atracción casi irresistible?
“Atracción, sí; irresistible, no. Porque en medio de esa atmósfera del vicio a veces tú encuentras grandes virtudes. Son Espíritus que tuvieron la fortaleza de resistir y que, al mismo tiempo, recibieron la misión de ejercer una influencia benéfica sobre sus semejantes.”


646. El mérito del bien que se hace, ¿está subordinado a determinadas condiciones? Dicho de otro modo, ¿hay diferentes grados en el mérito del bien?
“El mérito del bien está en la dificultad. No hay mérito si se hace el bien sin esfuerzo y cuando no cuesta nada. Dios toma más en cuenta al pobre que comparte su único pedazo de pan, que al rico que sólo da lo que le sobra. Jesús lo dijo a propósito del óbolo de la viuda.”



DIVISIÓN DE LA LEY NATURAL 

647. La ley de Dios, ¿está contenida por completo en la máxima del amor al prójimo que Jesús enseñó?
“Esa máxima contiene, sin ninguna duda, todos los deberes recíprocos de los hombres. No obstante, es necesario mostrarles su aplicación, de lo contrario la descuidarán, como lo hacen en la actualidad. Por otra parte, la ley natural comprende todas las circunstancias de la vida, y esa máxima es sólo una parte de dicha ley. Los hombres requieren reglas precisas. Los preceptos generales y demasiado vagos dejan muchas puertas abiertas a la interpretación.” 


648. ¿Qué pensáis de la división de la ley natural en diez partes, que comprenden las leyes de adoración, trabajo, reproducción, conservación, destrucción, sociedad, progreso, igualdad, libertad y, por último, la ley de justicia, amor y caridad?
“Esa división de la ley de Dios en diez partes es la de Moisés, y puede abarcar todas las circunstancias de la vida, lo que es esencial. Por consiguiente, puedes seguirla, sin que por eso tenga nada de absoluto, como tampoco lo tienen los demás sistemas de clasificación, que dependen del punto de vista desde el cual se considera una cosa. La última ley es la más importante. Por medio de ella el hombre puede adelantar más en la vida espiritual, pues las resume a todas.”


AMOR, CARIDAD y TRABAJO