Pruebas del alma







PRUEBAS DEL ALMA

(De “El libro de los Espíritus” de Allan Kardec)




Los espíritus no pertenecen perpetuamente al mismo orden, sino que todos se perfeccionan pasando por los diferentes grados de la jerarquía espiritista. Este perfeccionamiento se realiza por medio de la encarnación, impuesta como expiación a unos, y como misión a otros. La vida material es una prueba que deben sufrir repetidas veces, hasta que alcanzan la pureza; una especie de tamiz o depuratorio del que salen más o menos purificados.

Las relaciones de los espíritus con los hombres son constantes. Los espíritus buenos nos excitan al bien, nos fortalecen en las pruebas de la vida y nos ayudan a sobrellevarlas con valor y resignación. Los espíritus malos nos excitan al mal, y les es placentero vernos sucumbir y equipararnos a ellos.


115. Los Espíritus, ¿han sido creados unos buenos y otros malos?
“Dios creó a todos los Espíritus simples e ignorantes, es decir, desprovistos de ciencia. A cada uno le dio una misión con el objetivo de instruirlos y de hacerlos llegar progresivamente a la perfección mediante el conocimiento de la verdad, y para aproximarlos a Él. Para ellos la dicha eterna e imperturbable reside en esa perfección. Los Espíritus adquieren esos conocimientos al pasar por las pruebas que Dios les impone. Algunos aceptan esas pruebas con sumisión y llegan más pronto al objetivo que se les asignó. Otros sólo las sufren con quejas, y así, por su culpa, quedan alejados de la perfección y de la felicidad prometida.”

[115a] - Según esto, en su origen los Espíritus parecen ser como los niños: ignorantes y sin experiencia, aunque poco a poco adquieren los conocimientos que les faltan a medida que recorren las diferentes fases de la vida.
“Sí, la comparación es exacta. El niño rebelde permanece ignorante e imperfecto. Aprende más o menos según su docilidad. Sin embargo, la vida del hombre tiene un término, mientras que la de los Espíritus se extiende hasta lo infinito.”


119. ¿No podría Dios eximir a los Espíritus de las pruebas que deben sufrir para llegar a la primera categoría?
“Si hubiesen sido creados perfectos no tendrían el mérito para gozar de los beneficios de esa perfección. ¿Cuál sería el mérito si no hubiera lucha? Por otra parte, la desigualdad que existe entre ellos es necesaria para su personalidad. Además, la misión que cumplen en los diferentes grados está dentro de los designios de la Providencia en relación con la armonía del universo.”

Puesto que en la vida social todos los hombres pueden llegar a los primeros puestos, valdría preguntarse por qué el soberano de un país no asciende a general a cada uno de sus soldados, por qué todos los empleados subalternos no llegan a ser funcionarios superiores, o por qué todos los escolares no se convierten en maestros. Ahora bien, hay una diferencia entre la vida social y la vida espiritual: la primera es limitada y no siempre permite ascender todos los grados, mientras que la segunda es ilimitada y deja a cada uno la posibilidad de elevarse al grado supremo.


125. Los Espíritus que han seguido el camino del mal, ¿podrán llegar al mismo grado de superioridad que los otros?
“Sí, pero las eternidades serán más largas para ellos.” 

Por la expresión las eternidades debemos entender la idea que tienen los Espíritus inferiores acerca de la perpetuidad de sus padecimientos, porque no les es dado ver el término de los mismos. Esa idea se renueva con cada una de las pruebas ante las que sucumben.


168. El número de existencias corporales, ¿es limitado, o el Espíritu reencarna perpetuamente?
“Con cada nueva existencia, el Espíritu da un paso en la senda del progreso. Cuando se ha despojado de todas sus impurezas, ya no tiene necesidad de las pruebas de la vida corporal.” 


199. ¿Por qué la vida suele interrumpirse en la infancia?
“La duración de la vida del niño puede ser, para el Espíritu que está encarnado en él, el complemento de una existencia interrumpida antes del término debido, y su muerte suele ser una prueba o una expiación para los padres.”

[199a] - ¿En qué se convierte el Espíritu de un niño que muere a temprana edad?
“Recomienza una nueva existencia.”

Si el hombre tuviese una sola existencia, y si después de ella su suerte futura estuviera fijada definitivamente, ¿cuál sería el mérito de la mitad de la especie humana que muere a temprana edad, para disfrutar sin esfuerzo de la dicha eterna? ¿Con qué derecho sería eximida de las condiciones, a menudo tan duras, impuestas a la otra mitad? Semejante orden de cosas no podría estar de acuerdo con la justicia de Dios. Mediante la reencarnación, la igualdad es para todos. El porvenir pertenece a todos sin excepción y sin favorecer a nadie. Los que llegan últimos sólo pueden quejarse de sí mismos. El hombre debe tener el mérito de sus actos, así como tiene la responsabilidad de ellos.
Por otra parte, no es racional considerar a la infancia como un estado normal de inocencia. ¿No vemos niños dotados de los peores instintos a una edad en que la educación aún no ha ejercido su influencia? ¿No vemos que al nacer parecen traer consigo la astucia, la falsedad, la perfidia y hasta el instinto del robo y del homicidio, pese a los buenos ejemplos que los rodean? La ley civil absuelve sus malas acciones porque, según establece, obraron sin discernimiento. Tiene razón, porque, en efecto, obran más por instinto que con un propósito deliberado. Sin embargo, ¿de dónde provienen esos instintos tan diferentes en niños de la misma edad, educados en las mismas condiciones y sometidos a las mismas influencias? ¿De dónde viene esa perversidad precoz, si no es de la inferioridad del Espíritu, puesto que la educación no influyó en eso para nada? Los viciosos, lo son porque sus Espíritus han progresado menos. Entonces sufren las consecuencias, no por sus actos de la infancia, sino por los de sus existencias anteriores. Así pues, la ley es la misma para todos y la justicia de Dios alcanza a todo el mundo.


210. ¿Pueden los padres, con sus pensamientos y plegarias, atraer hacia el cuerpo de su hijo a un Espíritu bueno antes que a un Espíritu inferior?
“No, pero pueden mejorar al Espíritu del hijo que han procreado y que les ha sido confiado: ese es su deber. Los hijos malos son una prueba para los padres.”


258. En el estado errante, antes de comenzar una nueva existencia corporal, ¿tiene el Espíritu conciencia y previsión de lo que habrá de sucederle durante la vida?
“Él mismo escoge la clase de pruebas que quiere sufrir. En eso consiste su libre albedrío.”

[258a] - Entonces, ¿no es Dios quien le impone las tribulaciones de la vida como castigo?
“Nada sucede sin el permiso de Dios, pues es Él quien ha establecido las leyes que rigen el universo. ¡Preguntad, pues, por qué ha hecho tal ley en vez de otra! Al dar al Espíritu la libertad de elegir, Dios le deja la responsabilidad completa de sus actos y de las consecuencias de estos. Nada obstaculiza su porvenir. Puede optar por seguir el camino del bien o el del mal. Pero si sucumbe, le queda un consuelo: no todo terminó para él, pues Dios, en su bondad, le deja la libertad para que recomience lo que hizo mal. Por otra parte, es necesario distinguir lo que es obra de la voluntad de Dios, de lo que es obra de la voluntad del hombre. Si un peligro os amenaza, no habréis sido vosotros quienes lo crearon, sino Dios. No obstante, vuestra fue la voluntad de exponeros a ese peligro, porque habéis visto en él un medio para vuestro progreso, y Dios lo ha permitido.”


259. Si el Espíritu elige la clase de pruebas que deberá sufrir, ¿se sigue de ahí que todas las tribulaciones que experimentamos en la vida fueron previstas y elegidas por nosotros?
“Todas no es la palabra, porque no se puede decir que vosotros habéis elegido y previsto todo lo que os sucede en el mundo, hasta las más mínimas cosas. Elegisteis la clase de pruebas; los detalles son consecuencia de la posición en que os encontráis y, a menudo, de vuestras propias acciones. Si el Espíritu, por ejemplo, quiso nacer entre malhechores, sabía a qué tentaciones se exponía, pero ignoraba cada uno de los actos que llevaría a cabo. Esos actos son el efecto de su voluntad y de su libre albedrío. El Espíritu sabe que al elegir un camino tendrá que sufrir determinado tipo de lucha. Conoce, pues, la naturaleza de las vicisitudes con las que se encontrará, pero ignora si un acontecimiento se producirá antes que otro. Los pormenores nacen de las circunstancias y de la fuerza de las cosas. Sólo se pueden prever los acontecimientos importantes, aquellos que influyen en el destino. Si sigues un camino escarpado, sabes que habrás de tomar grandes precauciones, porque tienes posibilidades de caer. No obstante, no sabes en qué punto caerás, y existe la posibilidad de que no caigas si eres suficientemente prudente. Si al pasar por la calle te cae una teja en la cabeza, no creas que estaba escrito, como vulgarmente se dice.”


261. El Espíritu, en las pruebas que debe sufrir para alcanzar la perfección, ¿debe experimentar las diversas clases de tentaciones; debe pasar por todas las circunstancias que pueden excitar en él el orgullo, la envidia, los celos, la avaricia, la sensualidad, etc.?
 “Por cierto que no, pues sabéis que hay Espíritus que siguen, desde el comienzo, un camino que los exime de muchas pruebas. Con todo, el que se deja llevar por el camino del mal corre todos los peligros que hay en él. Si un Espíritu, por ejemplo, pide riqueza, se le podrá conceder. Entonces, conforme a su carácter, podrá volverse avaro o pródigo, egoísta o generoso, o bien se entregará a todos los goces de la sensualidad. Sin embargo, eso no quiere decir que deba pasar forzosamente por toda esa serie de inclinaciones.”


262. ¿De qué modo el Espíritu, que en su origen es simple, ignorante y carece de experiencia, puede elegir una existencia con conocimiento de causa, y ser responsable de esa elección?
“Dios suple su inexperiencia al señalarle el camino que debe seguir, como haces tú con un niño desde la cuna. No obstante, poco a poco lo deja ser dueño de elegir, a medida que su libre albedrío se desarrolla. En ese caso, si no escucha los consejos de los Espíritus buenos, suele extraviarse y seguir el camino del mal. A esto se lo puede llamar la caída del hombre.”

[262a] - Cuando el Espíritu goza de su libre albedrío, la elección de la existencia corporal, ¿depende siempre, en forma exclusiva, de su voluntad, o bien la voluntad de Dios puede imponerle esa existencia como expiación?
“Dios sabe esperar; no apresura la expiación. Sin embargo, Él puede imponerle una existencia a un Espíritu cuando este, por su inferioridad o su mala voluntad, no es apto para comprender lo que sería más saludable para sí mismo, y cuando ve que esa existencia puede servir para que el Espíritu se purifique y progrese, al mismo tiempo que encuentra en ella una expiación.”


264. ¿Qué es lo que dirige al Espíritu en la elección de las pruebas que desea sufrir?
“El Espíritu elige las pruebas que pueden ser para él una expiación -por la naturaleza de sus faltas- y que lo hacen adelantar más deprisa. Así pues, algunos se imponen una vida de miseria y privaciones para tratar de soportarla con valor. Otros quieren probarse mediante las tentaciones de la fortuna y el poder, mucho más peligrosas, por el abuso y el mal uso que se puede hacer de ellos, así como por las pasiones malas que fomentan. Otros, por último, quieren probarse mediante las luchas que habrán de sostener en contacto con el vicio.”

Hay algunos que eligen una vida fácil; pero cuando la terminan, se aperciben que no les ha servido para progresar, y entonces, como el perezoso, sienten el tiempo que han perdido.


266. ¿No parece natural que se elijan las pruebas menos penosas? 
“A vosotros sí os parece natural; al Espíritu, no. Cuando está desprendido de la materia, cesa la ilusión y piensa de otro modo.”

El hombre, en la Tierra y bajo la influencia de las ideas carnales, sólo ve el lado penoso de esas pruebas. Por eso le parece natural elegir las que desde su punto de vista pueden combinarse con los goces materiales. En cambio, en la vida espiritual compara esos goces fugaces y groseros con la felicidad inalterable que entrevé y, a partir de ese momento, ¿qué le hacen algunos dolores pasajeros? De ese modo, el Espíritu puede elegir la más ruda de las pruebas y, por consiguiente, la existencia más penosa, con la esperanza de llegar más rápido a un estado mejor, así como el enfermo suele elegir el remedio más desagradable para curarse lo antes posible. Quien pretende vincular su nombre al descubrimiento de un país desconocido, no elige un camino lleno de flores. Conoce los peligros que corre, pero también sabe que lo aguarda la gloria en caso de que tenga éxito.
La doctrina de la libertad en la elección de nuestras existencias y de las pruebas que debemos sufrir deja de parecer extraordinaria si consideramos que los Espíritus, desprendidos de la materia, evalúan las cosas de una manera diferente a como nosotros lo hacemos. Divisan el objetivo, que para ellos es mucho más serio que los goces fugaces del mundo. Después de cada existencia, al ver el paso que han dado, comprenden cuánto les falta purificarse aún para alcanzar dicho objetivo. Por ese motivo, se someten de manera voluntaria a las vicisitudes de la vida corporal, y piden por sí mismos las que puedan hacerlos llegar más rápidamente. Así pues, no hay razón para el asombro cuando se ve que el Espíritu no prefiere la existencia más placentera. En su estado de imperfección, no podría disfrutar esa vida exenta de amarguras. Como la entrevé, procura mejorar para alcanzarla.
Por otra parte, ¿no tenemos a diario, ante nuestros ojos, ejemplos de elecciones semejantes? El hombre que trabaja durante parte de su vida, sin tregua ni descanso, para reunir aquello que le proporcione bienestar, ¿qué hace sino imponerse una tarea con miras a un porvenir mejor? El militar que se ofrece para una misión peligrosa, el viajero que enfrenta desafíos no menos difíciles en interés de la ciencia o de su propia fortuna, ¿qué hacen sino someterse a pruebas voluntarias que deben proporcionarles honor y ganancias si logran superarlas? ¿A cuántas cosas no se somete o se expone el hombre con miras a su interés o su gloria? Los concursos, ¿no son también pruebas voluntarias a las que se somete para avanzar en la carrera que eligió? No se alcanza una posición social importante en las ciencias, las artes o la industria, si no se pasa por la serie de posiciones inferiores que son otras tantas pruebas. En ese sentido, la vida humana es el calco de la vida espiritual, pues en esta vida encontramos, en pequeño, las mismas peripecias que en la otra. Así pues, si en la vida solemos elegir las más rudas pruebas con miras a un objetivo más elevado, ¿por qué el Espíritu, que ve más lejos que el cuerpo y para el cual la vida corporal no es más que un incidente fugaz, no habría de elegir una existencia penosa y difícil si ella lo conducirá a la felicidad eterna? Los que dicen que -si el hombre pudiera elegir su existencia- pedirían ser príncipes o millonarios, son como los miopes que sólo ven lo que tocan, o como esos niños golosos que, cuando se les pregunta qué profesión les gusta más, responden: pastelero o confitero.
El viajero que se encuentra en medio del valle oscurecido por la niebla no ve la extensión ni los extremos del sendero. En cambio, cuando llega a la cima de la montaña, abarca el camino recorrido y el que le queda por recorrer. Divisa su objetivo, los obstáculos que aún no superó, y planea con mayor seguridad los medios necesarios para llegar a la meta. El Espíritu encarnado es como el viajero al pie de la montaña. Pero una vez liberado de los lazos terrenales, domina el paisaje como quien se encuentra en la cúspide. Para el viajero, el objetivo es el reposo después del cansancio. Para el Espíritu, es la dicha suprema después de las tribulaciones y las pruebas. 
Los Espíritus manifiestan que en el estado errante buscan, estudian, observan para hacer su elección. ¿Acaso no tenemos un ejemplo de ese hecho en la vida corporal? ¿No solemos buscar durante años la carrera que luego elegimos libremente, porque consideramos que es la más adecuada para hacernos avanzar en nuestro camino? Si fracasamos en una, buscamos otra. Cada carrera que emprendemos constituye una etapa, un período de la vida. ¿No empleamos cada día para planear lo que haremos al día siguiente? Ahora bien, ¿qué son para el Espíritu las diversas existencias corporales, sino etapas, períodos, días de su vida espírita que, como sabemos, es su vida normal, puesto que la vida corporal sólo es transitoria y pasajera?


268. Hasta que llega al estado de pureza perfecta, ¿debe el Espíritu sufrir pruebas de modo constante?
“Sí, pero no son pruebas tal como vosotros las entendéis. Vosotros llamáis pruebas a las tribulaciones materiales. Ahora bien, cuando el Espíritu llega a cierto grado -aunque todavía no sea perfecto- ya no tiene que sufrir esas pruebas. No obstante, siempre tiene deberes que lo ayudan a perfeccionarse y no le resultan penosos en modo alguno, aunque más no sea el de ayudar a otros a perfeccionarse.” 


269. El Espíritu, ¿puede equivocarse respecto a la eficacia de la prueba que ha elegido?
“Puede elegir una que sea superior a sus fuerzas, en cuyo caso sucumbe. También puede elegir una que no le aproveche en absoluto, como, por ejemplo, si busca un género de vida ociosa e inútil. Sin embargo, en ese caso, cuando vuelve al mundo de los Espíritus, se percata de que no ganó nada y pide recuperar el tiempo perdido.”


335. El Espíritu, ¿elige el cuerpo en el que habrá de entrar, o sólo el género de vida que debe servirle de prueba?
“También puede elegir el cuerpo, pues las imperfecciones de ese cuerpo son para el Espíritu pruebas que lo ayudarán a su adelanto en caso de que supere los obstáculos que en él encontrará. No obstante, si bien el Espíritu puede pedirlo, la elección del cuerpo no siempre depende de él.”

[335a] - El Espíritu, ¿podría a último momento negarse a entrar en el cuerpo que eligió?
“Si se negara, sufriría mucho más que aquel que no hubiese intentado ninguna prueba.”


663. Las oraciones que hacemos por nosotros mismos, ¿pueden cambiar la naturaleza de nuestras pruebas y desviar su curso?
“Vuestras pruebas están en manos de Dios, y las hay que debéis sufrirlas hasta el final. Sin embargo, en ese caso, Dios siempre toma en cuenta la resignación. La oración atrae hacia vosotros a los Espíritus buenos, quienes os dan fuerza para soportar esas pruebas con valor, y así os parecen menos duras. Ya lo hemos dicho: la oración nunca es inútil cuando está bien hecha, porque da fuerza, lo cual es de por sí un gran resultado. Ya lo sabes: ayúdate, que el Cielo te ayudará. Por otra parte, Dios no puede cambiar el orden de la naturaleza conforme al capricho de cada uno, porque lo que es un gran mal desde vuestro mezquino punto de vista y desde el de vuestra vida efímera, suele ser un gran bien en el orden general del universo. Además, ¡cuántos males hay cuyo autor es el propio hombre, a causa de su imprevisión o de sus faltas! El hombre es castigado por donde pecó. No obstante, los pedidos justos son satisfechos con más frecuencia de lo que pensáis. Creéis que Dios no os ha escuchado porque no ha hecho un milagro para vosotros, mientras que Él os asiste por medios tan naturales que os parecen un efecto del acaso o de la fuerza de las circunstancias. Muchas veces, también, incluso la mayoría de las veces, Dios os sugiere la idea necesaria para que vosotros mismos superéis la dificultad.”


998. La expiación, ¿se lleva a cabo en el estado corporal o en el estado de Espíritu?
“La expiación se lleva a cabo, durante la existencia corporal, mediante las pruebas a que el Espíritu se encuentra sometido; y en la vida espiritual, mediante los padecimientos morales inherentes al estado de inferioridad del Espíritu.”


REFLEXIÓN:
Aunque nos equivoquemos al elegir la prueba por la que hemos de pasar porque sea superior a nuestras fuerzas, al volver al mundo de los espíritus lo reconoceremos y solicitaremos enmendar el tiempo perdido.

Una de las claves para ayudarnos y ayudar en las tribulaciones y pruebas, es la oración sincera hecha con sentimiento y amor desde el corazón. Oración no para pedir que nos aparten los sinsabores y las lecciones provechosas de la amargura, si no, para cultivarla en lo íntimo, como la luz que se enciende para el camino tenebroso y a fin de solicitar la ayuda necesaria para sobrellevarlas.

Antes, nuestro corazón ha de estar limpio de todo posible rencor y odio hacia cualquier hermano por mucho que nos haya herido, mediante el amor y el perdón. Sentimientos  que hemos de irradiar a la otra parte a fin de que no guarden amargura, ira ni malos recuerdos y que puedan olvidar, perdonar y amar igualmente a pesar del sufrimiento.

Como quiera que en los momentos de prueba nuestra alma se pueda debilitar, es importante que tengamos el hábito de la lectura del Evangelio según el Espiritismo,  ya que su lectura nos va a reconfortar y va a ser el alimento indispensable de nuestro espíritu, lo que nos dará la fuerza necesaria para afrontar las pruebas más escabrosas y más rudas. 

El conocimiento del Espiritismo nos da el consuelo y la esperanza de saber que por muy duras que sean las pruebas siempre seguiremos adelante, pero dependiendo de cómo usemos nuestro libre albedrío, estas pruebas se acortarán o se prolongarán.

Y por último recordar lo que nuestros hermanos de la espiritualidad nos repiten sin cesar:
"Estudiad antes de practicar, porque ese es el único medio para que no adquiráis la experiencia a costa de vosotros mismos". 

AMOR, CARIDAD y TRABAJO






1 comentario :

  1. Como siempre tan productivo para nuestro aprendizaje en el tránsito por éste planeta, para la evolución de nuestro espíritu, pero sobre todo como ayer se comentó, para interiorizarlo y llevarlo a la práctica, porque si no siempre quedaremos estancados. Gracias Antonio por tus aportaciones.

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