Ley de libertad





 


LIBRO TERCERO
LEYES MORALES

CAPÍTULO X – LEY DE LIBERTAD










Libertad natural

825. ¿Hay en el mundo posiciones en que el hombre pueda jactarse de disfrutar de una libertad absoluta?
“No, porque todos vosotros os necesitáis mutuamente, tanto los pequeños como los grandes.”


826. ¿En qué condición el hombre podría gozar de una libertad absoluta?
“En la del ermitaño en un desierto. Desde el momento en que dos hombres están juntos, tienen derechos que respetar y, por consiguiente, ya no gozan de una libertad absoluta.”


827. La obligación de respetar los derechos del prójimo, ¿quita al hombre el derecho de ser dueño de sí mismo?
“De ningún modo, porque ese es un derecho que le concede la naturaleza.”


828. ¿Cómo se pueden conciliar las opiniones liberales de algunos hombres con el despotismo que suelen ejercer en su propio hogar y sobre sus subordinados?
“Tienen la comprensión de la ley natural, pero se halla neutralizada por el orgullo y el egoísmo. Comprenden lo que deben hacer, pero no lo hacen, salvo cuando teatralizan sus principios a fin de obtener de ello algún provecho.”


[828a] - Los principios que han profesado en la Tierra, ¿se les tomarán en cuenta en la otra vida?
“Cuanta más inteligencia tiene el hombre para comprender un principio, tanto menos excusable es de no aplicarlo a sí mismo. En verdad os digo que el hombre simple, pero sincero, está más adelantado en el camino de Dios que el que pretende aparentar lo que no es.”



Esclavitud

829. ¿Hay hombres que por naturaleza están destinados a ser propiedad de otros hombres?
“Toda sujeción absoluta de un hombre a otro es contraria a la ley de Dios. La esclavitud constituye un abuso de la fuerza. Desaparece con el progreso, así como poco a poco desaparecen todos los abusos.”

La ley humana que consagra la esclavitud(1) es una ley contraria a la naturaleza, puesto que equipara al hombre con el animal y lo degrada moral y físicamente.

(1) Los tratados internacionales contemporáneos (Convención sobre la Esclavitud, 1926) recogen la prohibición de la esclavitud, que se considera como un crimen contra la humanidad. No obstante, sigue existiendo arraigada culturalmente en determinados países (India, Sudán, Mauritania) y ha reaparecido en otros bajo ciertas condiciones excepcionales, como es el caso de la mano de obra infantil esclava en el Sudeste asiático o determinados tipos de prostitución en todo el mundo. [Wikipedia]



830. Cuando la esclavitud forma parte de las costumbres de un pueblo, los que se benefician con ella, ¿son reprensibles, toda vez que no hacen más que adaptarse a un uso que les parece natural?
“El mal siempre es el mal, y ninguno de vuestros sofismas logrará que una mala acción se torne buena. Con todo, la responsabilidad del mal depende de los medios de que se dispone para comprenderlo. El que saca provecho de la ley de esclavitud es siempre culpable de una violación a la ley natural. Pero en esto, como en todas las cosas, la culpabilidad es relativa. Dado que la esclavitud fue admitida entre las costumbres de algunos pueblos, el hombre ha podido sacar provecho de ella de buena fe, como de algo que le parecía natural. No obstante, tan pronto como su razón, más desarrollada y, sobre todo, esclarecida por las luces del cristianismo, le mostró que el esclavo era igual a él ante Dios, ya no tuvo excusa.”


831. La desigualdad natural de las aptitudes, ¿no coloca a ciertas razas humanas bajo la dependencia de otras más inteligentes?
“Sí, para elevarlas, y no para embrutecerlas aún más mediante la servidumbre. Durante mucho tiempo los hombres consideraron a los integrantes de ciertas razas humanas como animales de trabajo provistos de brazos y manos, y se creyeron con derecho a venderlos como bestias de carga. Esos hombres piensan que son de sangre más pura. ¡Insensatos! ¡Sólo ven la materia! La sangre no es más pura o menos pura, sino el Espíritu.”


832. Hay personas que tratan a sus esclavos con humanidad; no permiten que les falte nada y piensan que la libertad los expondría a mayores privaciones. ¿Qué dices acerca de ellos?
“Digo que comprenden mejor sus propios intereses. También cuidan mucho a sus bueyes y a sus caballos, a fin de sacar más provecho de ellos en el mercado. No son tan culpables como los que maltratan a sus esclavos, pero no dejan de disponer de ellos como de una mercancía, pues los privan del derecho a ser dueños de sí mismos.”



Libertad de pensamiento

833. ¿Hay en el hombre algo que escape a todo tipo de coacción y por lo cual goce de una libertad absoluta?
“Por el pensamiento el hombre goza de una libertad sin límites, pues el pensamiento no conoce obstáculos. Se puede impedir su manifestación, pero no aniquilarlo.”


834. El hombre, ¿es responsable de su pensamiento?
“Es responsable de él ante Dios. Dado que sólo Dios puede conocer ese pensamiento, lo condena o lo absuelve según su justicia.”



Libertad de conciencia

835. La libertad de conciencia, ¿es una consecuencia de la libertad de pensar?
“La conciencia es un pensamiento íntimo que pertenece al hombre, al igual que el resto de sus pensamientos.”


836. El hombre, ¿tiene derecho a poner obstáculos para la libertad de conciencia?
“No más que para la libertad de pensar, pues sólo a Dios compete el derecho de juzgar a la conciencia. Del mismo modo que el hombre regula mediante sus leyes las relaciones de los hombres entre sí, Dios, mediante las leyes de la naturaleza, regula las relaciones del hombre con Él.”


837. ¿Cuál es el resultado de los obstáculos que se ponen para la libertad de conciencia?
“Obligar a los hombres a que obren de otro modo que como piensan es convertirlos en hipócritas. La libertad de conciencia es uno de los caracteres de la verdadera civilización y del progreso.”


838. ¿Es respetable toda creencia, aunque sea notoriamente falsa?
“Toda creencia es respetable cuando es sincera y conduce a la práctica del bien. Las creencias reprobables son las que conducen al mal.”


839. ¿Somos reprensibles si agraviamos por su creencia a quien no piensa como nosotros?
“Faltáis a la caridad y atentáis contra la libertad de pensar.”


840. Poner obstáculos para las creencias que pueden llegar a perturbar a la sociedad, ¿implica atentar contra la libertad de conciencia?
“Es posible reprimir los actos, pero la creencia íntima es inaccesible.”

Reprimir los actos exteriores de una creencia, cuando esos actos ocasionan cualquier perjuicio para los demás, no implica atentar contra la libertad de conciencia, pues dicha represión deja completamente libre a la creencia.


841. Por respeto a la libertad de conciencia, ¿debemos permitir que se difundan doctrinas perniciosas, o podemos -sin atentar contra esa libertad- intentar que vuelvan al camino de la verdad aquellos que se han extraviado por seguir principios falsos?
“Sin duda podéis intentarlo, e incluso debéis hacerlo. Pero enseñad, según el ejemplo de Jesús, mediante la dulzura y la persuasión, y no por la fuerza, lo cual sería peor que la creencia de aquel a quien queréis convencer. Si hay algo que está permitido imponer, es el bien y la fraternidad. Con todo, no creemos que el medio de lograr que se los admita sea obrar con violencia, pues la convicción no se impone.”


842. Dado que todas las doctrinas abrigan la pretensión de ser la única expresión de la verdad, ¿mediante qué señales podemos reconocer a aquella que tiene derecho a presentarse como tal?
“Será la que haga más hombres de bien y menos hipócritas, es decir, hombres que lleven a la práctica la ley de amor y caridad en su mayor pureza y en su aplicación más amplia. Mediante esa señal reconoceréis que una doctrina es buena, pues toda doctrina cuya consecuencia sea sembrar la desunión y establecer una demarcación entre los hijos de Dios, sólo puede ser falsa y perniciosa.”



Libre albedrío

843. El hombre, ¿tiene el libre albedrío de sus actos?
“Dado que tiene la libertad de pensar, tiene la de obrar. Sin libre albedrío, el hombre sería una máquina.”


844. El hombre, ¿goza de libre albedrío desde el nacimiento?
“Tiene la libertad de obrar tan pronto como tiene voluntad de hacer. En las primeras etapas de la vida, la libertad es casi nula. Se desarrolla y cambia de objeto junto con las facultades. Dado que el niño tiene pensamientos acordes con las necesidades propias de su edad, aplica su libre albedrío a las cosas que necesita.”


845. Las predisposiciones instintivas que el hombre trae al nacer, ¿no son un obstáculo para el ejercicio del libre albedrío?
“Las predisposiciones instintivas son las del Espíritu antes de su encarnación. Según él sea más o menos adelantado, pueden incitarlo a cometer actos reprensibles, y en eso será secundado por los Espíritus que simpatizan con esas disposiciones. Sin embargo, no hay incitación que sea irresistible cuando se tiene la voluntad de resistir. Recordad que querer es poder.” 


846. La organización, ¿influye en los actos de la vida? Si ejerce una influencia, ¿lo hace a expensas del libre albedrío?
“No cabe duda de que la materia ejerce una influencia en el Espíritu y puede obstaculizar sus manifestaciones. Por eso, en los mundos donde los cuerpos son menos materiales que en la Tierra, las facultades se desarrollan con mayor libertad. Con todo, el instrumento no confiere la facultad. Por lo demás, aquí es preciso distinguir las facultades morales de las intelectuales. Si un hombre tiene un instinto homicida, con toda seguridad es su propio Espíritu el que lo posee y el que se lo confiere, pero no sus órganos. Aquel que anula su pensamiento para ocuparse sólo de la materia, se vuelve semejante al animal, y peor aún, porque ya no piensa en precaverse contra el mal, y en esto comete una falta, puesto que obra así por su voluntad.”


847. La perturbación de las facultades, ¿quita al hombre el libre albedrío?
“Aquel cuya inteligencia se encuentra perturbada por alguna causa, ya no es dueño de su pensamiento y, por consiguiente, no tiene libertad. Esa perturbación suele ser un castigo para el Espíritu, que en una existencia anterior ha sido vano y orgulloso, y empleó mal sus facultades. Entonces podrá renacer en el cuerpo de un idiota, así como el déspota en el de un esclavo y el mal rico en el de un mendigo. No obstante, el Espíritu sufre con esa coacción, de la que tiene perfecta conciencia. En eso radica la acción de la materia.”


848. La perturbación de las facultades intelectuales a causa de la embriaguez, ¿excusa los actos reprensibles? 
“No, porque el ebrio se ha privado voluntariamente de la razón para satisfacer pasiones brutales. En vez de una falta, comete dos.”


849. En el hombre en estado salvaje, ¿cuál es la facultad dominante: el instinto o el libre albedrío?
“El instinto, lo que no le impide que obre con completa libertad en algunas cosas. Con todo, así como el niño, aplica esa libertad a sus necesidades, y ella se desarrolla con la inteligencia. Por consiguiente, tú, que eres más instruido que un salvaje, eres también más responsable que él por lo que haces.”


850. La posición social, ¿no es a veces un obstáculo para la completa libertad de acción?
“El mundo tiene, sin duda, sus exigencias. Dios es justo: toma en cuenta todo, pero os deja la responsabilidad de los escasos esfuerzos que hacéis para superar los obstáculos.”



Fatalidad

851. ¿Existe una fatalidad en los acontecimientos de la vida, conforme al sentido que se da a esa palabra? Es decir, todos los acontecimientos, ¿están determinados con antelación? En ese caso, ¿qué sucede con el libre albedrío?
“La fatalidad sólo existe en la elección de sufrir tal o cual prueba, que el Espíritu ha hecho al encarnar. Al elegirla, el Espíritu se traza una especie de destino, que es la consecuencia misma de la situación en que se encontrará. Me refiero a las pruebas físicas, porque con respecto a las pruebas morales y a las tentaciones, dado que el Espíritu conserva su libre albedrío acerca del bien y del mal, siempre es dueño de ceder o de resistir. Un Espíritu bueno, al verlo flaquear, puede acudir en su ayuda, pero no puede influir en él hasta el punto de adueñarse de su voluntad. Un Espíritu malo, es decir, inferior, al mostrarle y exagerarle un peligro físico, puede hacerlo vacilar y atemorizarlo. No obstante, la voluntad del Espíritu encarnado no deja por ello de estar libre de todo obstáculo.”


852. Hay personas a quienes parece perseguir una fatalidad, independientemente de su manera de obrar. ¿Está la desdicha en su destino?
“Tal vez sean pruebas que deben sufrir y que han elegido. Volvéis a culpar al destino de lo que casi siempre no es más que la consecuencia de vuestras propias faltas. En los males que te afligen, trata de conservar pura la conciencia, y eso será parte de tu consuelo.”

Las ideas correctas o falsas que nos formamos acerca de las cosas son la causa de nuestros triunfos o fracasos, conforme a nuestro carácter y nuestra posición social. Consideramos más sencillo y menos humillante para nuestro amor propio atribuir nuestros fracasos a la suerte o al destino, antes que a nuestras propias faltas. Si bien la influencia de los Espíritus a veces contribuye a ello, siempre podemos sustraernos a esa influencia rechazando las ideas que nos sugieren, cuando estas son malas.


853. Algunas personas se libran de un peligro mortal para caer en otro. Parece como si no pudieran escapar de la muerte. ¿No hay en eso una fatalidad?
“Sólo es fatal, en el verdadero sentido de la palabra, el instante de la muerte. Cuando ese momento ha llegado, ya sea por un medio o por otro, no podéis sustraeros a él.”


[853a] - Así pues, sea cual fuere el peligro que nos amenace, ¿no moriremos si no nos ha llegado la hora? 
“No, no perecerás. Tienes de ello miles de ejemplos. Sin embargo, cuando haya llegado la hora de tu partida, nada podrá impedirlo. Dios sabe por anticipado el tipo de muerte con que partirás de la Tierra, y a menudo tu Espíritu también lo sabe, porque le es revelado cuando elige una existencia determinada.”


854. Dado que la hora de la muerte es indefectible, ¿se sigue de ahí que las precauciones que tomemos para evitarla sean inútiles?
“No, porque las precauciones que tomáis os son sugeridas con miras a evitar la muerte que os amenaza. Son uno de los medios para que no ocurra.”


855. ¿Cuál es el objetivo de la Providencia al hacernos correr peligros que no tendrán ninguna consecuencia? 
“Cuando tu vida está expuesta a un riesgo, se trata de una advertencia que tú mismo deseaste a fin de apartarte del mal y hacerte mejor. Cuando te libras de ese riesgo, mientras aún te encuentras bajo la influencia del peligro que has corrido, piensas con mayor o menor intensidad en ser mejor, conforme a la mayor o menor intensidad de la acción que los Espíritus buenos ejercen sobre ti. Pero cuando se acerca un Espíritu malo -se sobrentiende que digo malo en el sentido del mal que todavía hay en él-, piensas que volverás a librarte de otros peligros en el futuro, y nuevamente das rienda suelta a tus pasiones. Mediante los peligros que corréis, Dios os recuerda vuestra debilidad y la fragilidad de vuestra existencia. Si examinamos la causa y la naturaleza del peligro, veremos que casi siempre sus consecuencias habrían sido el castigo de una falta cometida o de un deber descuidado. Dios os advierte de ese modo para que reflexionéis acerca de vosotros mismos y os enmendéis.”  (2)

(2) Tenemos en esta respuesta, de una manera clara y precisa, una exposición sucinta de lo que podemos denominar la dinámica espírita del perfeccionamiento humano. Por medio de las caídas y de las advertencias, de los riesgos corridos y de la ayuda de los buenos Espíritus, el hombre de buena voluntad irá venciendo sus malas inclinaciones y preparándose, ya en esta existencia, para una vida mejor en el futuro. Muy al contrario de desalentarnos, nuestras caídas deben ser transformadas en peldaños de la escala de nuestro mejoramiento espiritual. Conforme se advertirá, la “autosalvación” de que nos acusan algunos religiosos no es más que el desarrollo de la voluntad y de la razón del Ser, bajo la dispensa de la gracia de Dios y mediante sus mensajeros, los Espíritus buenos. [N. de J. H. Pires. 1981]



856. El Espíritu, ¿sabe por anticipado el tipo de muerte con que habrá de sucumbir?
“Sabe que la clase de vida que eligió lo expone a morir de una manera más que de otra. No obstante, también conoce las luchas que habrá de sostener para evitarlo, y que, si Dios lo permite, no sucumbirá.”


857. Hay hombres que afrontan el peligro de las batallas persuadidos de que no ha llegado su hora. ¿Tiene algún fundamento esa confianza?
“Muy a menudo el hombre tiene el presentimiento de su fin, como puede tener el de que aún no morirá. Ese presentimiento procede de sus Espíritus protectores, los cuales quieren advertirle que esté listo para partir, o le infunden valor en los momentos en que más lo necesita. También puede proceder de la intuición que tiene de la existencia que eligió, o de la misión que ha aceptado y que sabe que deberá cumplir.” 


858. ¿A qué se debe que quienes presienten su muerte le temen, por lo general, menos que los otros?
“Quien teme a la muerte es el hombre y no el Espíritu. El que la presiente, piensa más como Espíritu que como hombre: comprende su liberación y la aguarda.” 


859. Si la muerte no puede evitarse cuando debe ocurrir, ¿sucede lo mismo con todos los accidentes que sufrimos en el transcurso de la vida?
“Cuando se trata de cosas bastante insignificantes, nosotros podemos preveniros de ellas, y a veces hacemos que las evitéis dirigiendo vuestro pensamiento, pues no nos agrada el sufrimiento material. No obstante, eso es poco relevante para la vida que habéis elegido. La fatalidad, en verdad, sólo consiste en la hora en que debéis aparecer en la Tierra, así como en la que habréis de desaparecer de ella.”


[859a] - ¿Hay hechos que deben suceder forzosamente y que la voluntad de los Espíritus no puede evitar?
“Sí, pero que tú, en el estado de Espíritu, has visto y presentido cuando hiciste tu elección. Sin embargo, no creas que todo lo que sucede está escrito, como dicen. Un acontecimiento suele ser la consecuencia de algo que has hecho mediante un acto de tu voluntad libre, de modo que, si no hubieras hecho eso, el acontecimiento no habría tenido lugar. Si te quemas un dedo, no es más que el resultado de tu imprudencia y el efecto de la materia. Sólo los grandes dolores, los acontecimientos importantes, que pueden influir en la moral, han sido previstos por Dios, porque son útiles para tu purificación y tu esclarecimiento.”


860. El hombre, mediante su voluntad y sus actos, ¿puede evitar que tengan lugar acontecimientos que debían ocurrir, y a la inversa?
“Sí, puede hacerlo, en caso de que esa desviación aparente se integre a la vida que ha elegido. Además, para hacer el bien -como debe ser y por tratarse del único objetivo de la vida- puede impedir el mal, sobre todo aquel que contribuiría a un mal mayor.”


861. El hombre que cometió un asesinato, ¿sabía, cuando eligió su existencia, que se convertiría en un asesino?
“No. Sabía que si optaba por una vida de lucha tendría la posibilidad de matar a uno de sus semejantes, pero ignoraba si lo haría, porque el hombre casi siempre delibera antes de cometer el crimen. Ahora bien, el que delibera acerca de algo siempre es libre de hacerlo   o no. Si el Espíritu supiera por anticipado que, como hombre, habrá de cometer un asesinato, estaría predestinado a ello. Sabed, pues, que nadie está predestinado al crimen, y que todo crimen, así como cualquier otro acto, es en todos los casos el resultado de la voluntad y del libre albedrío.
Además, vosotros siempre confundís dos cosas muy distintas: los acontecimientos materiales de la vida y los actos de la vida moral. Si a veces existe la fatalidad, es en esos acontecimientos materiales, cuya causa es ajena a vosotros, y que son independientes de vuestra voluntad. En cuanto a los actos de la vida moral, emanan siempre del propio hombre, quien, por consiguiente, siempre tiene la libertad de elección. En relación con esos actos, pues, nunca existe la fatalidad.”


862. Hay personas a las cuales nada les sale bien. Un genio malo parece perseguirlas en todas sus empresas. ¿Se puede denominar a eso fatalidad?
“Es fatalidad, si así quieres denominarla. Pero es el resultado de la elección de la clase de existencia, porque esas personas han querido ser probadas mediante una vida de decepciones, a fin de ejercitar la paciencia y la resignación. Con todo, no creas que esa fatalidad sea absoluta. Suele ser el resultado del camino equivocado que han tomado y que no está a la altura de su inteligencia y sus aptitudes. El que quiere cruzar a nado un río, sin saber nadar, tiene muchas posibilidades de ahogarse. Así sucede en la mayoría de los acontecimientos de la vida. Si el hombre sólo emprendiera obras que estuviesen a la altura de sus facultades, por lo general tendría éxito. Pero se pierde por el amor propio y la ambición, que lo desvían del camino y hacen que confunda el deseo de satisfacer ciertas pasiones con una vocación. Fracasa por su culpa. No obstante, en lugar de admitir su error, prefiere acusar de ello a su estrella. Es el caso de quien se muere de hambre porque quiso ser un mal poeta en vez de ganarse honradamente la vida como un obrero eficiente. Habría lugar para todos si cada uno supiera ocupar el lugar que le corresponde.”


863. Las costumbres sociales, ¿no suelen obligar al hombre a seguir un camino antes que otro? ¿No está él sometido al control de la opinión cuando elige sus ocupaciones? Lo que llamamos respeto humano, ¿no es un obstáculo para el ejercicio del libre albedrío?
“Los hombres crean las costumbres sociales, no Dios. Si se someten a ellas es porque les conviene, lo cual también constituye un acto de su libre albedrío, puesto que si lo quisieran podrían liberarse de esas costumbres. Entonces, ¿por qué se quejan? No deben acusar a las costumbres sociales, sino a su tonto amor propio, que hace que prefieran morirse de hambre antes que renunciar a cumplirlas. Nadie les toma en cuenta ese sacrificio hecho a favor de la opinión. En cambio, Dios sí tomaría en cuenta el sacrificio de su vanidad. Esto no quiere decir que haya que desafiar a esa opinión innecesariamente, como lo hacen algunas personas que tienen más originalidad que verdadera filosofía. Hay tanto desatino en hacer que a uno lo señalen con el dedo o lo miren cual, si fuera un bicho raro, como sabiduría en descender por propia voluntad y sin quejarse, cuando uno no puede mantenerse en lo alto de la escala.”


864. Hay personas a quienes la suerte les es contraria. En cambio, a otras parece favorecerlas, pues todo les sale bien. ¿A qué se debe esto último?
“A menudo es porque son más ingeniosas. Aunque también puede tratarse de una clase de prueba. El éxito las embriaga. Se fían de su destino y más tarde suelen pagar esos mismos éxitos con crueles reveses, que habrían podido evitar con prudencia.”


865. ¿Cómo explicar la suerte que favorece a algunas personas en circunstancias en las que no intervienen en modo alguno la voluntad ni la inteligencia, en el juego, por ejemplo?
“Algunos Espíritus han elegido por anticipado determinados tipos de placer. La suerte que los favorece es una tentación. El que gana como hombre, pierde como Espíritu. Se trata de una prueba para su orgullo y su codicia.”


866. Así pues, la fatalidad que parece presidir los destinos materiales de nuestra vida, ¿sería también un efecto de nuestro libre albedrío?
“Tú mismo has elegido tu prueba. Cuanto más ruda sea y cuanto mejor la soportes, tanto más te elevarás. Los que pasan su vida en la abundancia y la felicidad humana son Espíritus cobardes que permanecen estacionarios. Así, el número de infortunados es muy superior al de los dichosos de la Tierra, dado que la inmensa mayoría de los Espíritus buscan la prueba que les será más fructífera. Conocen demasiado bien la futilidad de vuestras grandezas y placeres. Además, hasta la vida más feliz inevitablemente es agitada y desordenada: incluso en ausencia del dolor.” 


867. ¿De dónde proviene la expresión “nacer con buena estrella”?
“Antigua superstición que relacionaba las estrellas con el destino de cada hombre. Alegoría que algunas personas toman tontamente al pie de la letra.”



Conocimiento del porvenir

868. El porvenir, ¿puede ser revelado al hombre? 
“En principio, el porvenir se le oculta, y sólo en casos raros y excepcionales Dios permite que le sea revelado.”


869. ¿Con qué objetivo se oculta al hombre el porvenir? 
“Si el hombre conociera el porvenir descuidaría el presente y no obraría con la misma libertad, porque estaría dominado por la idea de que si una cosa debe ocurrir no hay razón para ocuparse de ella, o trataría de ponerle obstáculos. Dios no quiso que fuese así, a fin de que cada uno coopere en la realización de las cosas, incluso de aquellas a las que querría oponerse. De ese modo, tú mismo sueles preparar, sin sospecharlo, los acontecimientos que sobrevendrán en el curso de tu vida.”


870. Dado que resulta útil que el porvenir permanezca oculto, ¿por qué Dios permite, a veces, que nos sea revelado?
“Dios lo permite cuando ese conocimiento previo debe facilitar la realización de algo en lugar de obstaculizarlo, comprometiendo a actuar de un modo diferente a como se habría actuado sin ese conocimiento. Por otra parte, suele ser una prueba. La perspectiva de un acontecimiento puede despertar pensamientos más o menos buenos. Si un hombre debe saber, por ejemplo, que recibirá una herencia con la que no contaba, podrá ser tentado por un sentimiento de codicia, por el júbilo de aumentar sus goces terrenales, por el deseo de poseer esa fortuna cuanto antes, anhelando tal vez la muerte de aquel que habrá de legársela. Por el contrario, esa perspectiva podrá despertar en él buenos sentimientos e ideas generosas. Si la predicción no se cumple, constituye otra prueba: la de cómo soportará la decepción. Con todo, no por eso dejará de tener el mérito o el demérito de los pensamientos buenos o malos que la creencia en el acontecimiento ha generado en él.”


871. Dado que Dios lo sabe todo, también sabe si un hombre habrá de sucumbir o no ante una determinada prueba. En ese caso, ¿cuál es la necesidad de dicha prueba, si no puede mostrarle a Dios nada que ya no sepa acerca de ese hombre?
“Tanto valdría preguntar por qué Dios no creó al hombre perfecto y acabado; o por qué el hombre pasa por la infancia antes de llegar a la edad adulta. El objetivo de la prueba no es instruir a Dios acerca del mérito de ese hombre, porque Dios sabe perfectamente lo que vale, sino dejar a ese hombre la responsabilidad completa de su acción, puesto que él es libre de realizarla o no. Dado que el hombre puede elegir entre el bien y el mal, la prueba tiene la finalidad de enfrentarlo a la tentación del mal y dejarle todo el mérito de resistirlo. Ahora bien, aunque Dios sepa perfectamente bien, por anticipado, si triunfará o no, no puede en su justicia castigarlo ni recompensarlo por un acto que no ha cometido.”

Lo mismo sucede entre los hombres. Por muy capaz que sea un estudiante, por más certeza que tengamos de que aprobará, no se le otorga ningún título sin un examen, es decir, sin una prueba. Del mismo modo, el juez sólo condena a un acusado sobre la base del acto consumado y no por la presunción de que podrá o deberá consumarlo. Cuanto más reflexionamos acerca de las consecuencias que para el hombre resultarían del conocimiento del porvenir, tanto más vemos cuán sabia ha sido la Providencia al ocultárselo. La certeza de un acontecimiento dichoso lo sumiría en la inacción. La de un acontecimiento desgraciado, en el desánimo. En ambos casos sus fuerzas se verían paralizadas. Por esa razón, el porvenir sólo se muestra al hombre como un objetivo que debe alcanzar mediante sus esfuerzos, pero sin que conozca la serie de pasos que tendrá que dar para lograrlo. El conocimiento de todos los incidentes del camino le impediría tomar la iniciativa y hacer uso de su libre albedrío. Se dejaría llevar por la pendiente fatal de los acontecimientos, sin ejercer sus facultades. Cuando el éxito de algo está asegurado, ya no nos preocupamos por ello.



Resumen teórico del móvil de las acciones del hombre

872. La cuestión del libre albedrío puede resumirse así: el hombre no es fatalmente conducido al mal; los actos que realiza no están escritos de antemano; los crímenes que comete no son el resultado de una sentencia del destino. El hombre puede, como prueba o expiación, elegir una existencia en la que sufrirá las incitaciones del crimen, ya sea por el medio en que se encuentre, o por las circunstancias que sobrevengan. No obstante, siempre es libre de obrar o de no obrar. Así pues, el libre albedrío existe, en el estado de Espíritu, en la elección de la existencia y de las pruebas; y en el estado corporal, en la facultad de ceder o resistir a las incitaciones a que nos hemos sometido voluntariamente. Compete a la educación combatir esas malas tendencias. Y lo hará con provecho cuando se base en el estudio profundo de la naturaleza moral del hombre. Mediante el conocimiento de las leyes que rigen a esa naturaleza moral se llegará a modificarla, así como se modifica la inteligencia mediante la instrucción, y el temperamento mediante la higiene. 

El Espíritu, desprendido de la materia y en el estado errante, elige sus futuras existencias corporales según el grado de perfección que ha alcanzado, y en eso sobre todo consiste -como hemos dicho- su libre albedrío. Esa libertad no queda anulada por la encarnación. Si el Espíritu cede a la influencia de la materia es porque sucumbe ante las pruebas que él mismo eligió, y para que lo ayuden a superarlas puede invocar la asistencia de Dios y de los Espíritus buenos.

Sin el libre albedrío el hombre no tiene culpa por el mal ni mérito por el bien. Esto es a tal punto admitido, que en el mundo siempre se censura o se elogia la intención, es decir, la voluntad. Ahora bien, quien dice voluntad, dice libertad. Por consiguiente, el hombre no puede valerse de su organización como excusa para justificar sus malas acciones, sin abdicar de su razón y de su condición de ser humano, para equipararse con los animales. Si es así para el mal, lo mismo será para el bien. No obstante, cuando el hombre hace el bien pone mucho cuidado en que se le reconozca el mérito a él mismo, y se abstiene de atribuírselo a sus órganos, lo cual prueba que instintivamente no renuncia, a pesar de lo que opinan algunos sistemáticos(3), al más bello privilegio de su especie: la libertad de pensar. 

(3)  [En francés, el adjetivo systématique es utilizado, en el caso que nos ocupa, en sentido despectivo.]

La fatalidad, tal como se la entiende vulgarmente, supone la decisión previa e irrevocable de todos los acontecimientos de la vida, cualquiera que sea su importancia. Si ese fuera el orden de las cosas, el hombre sería una máquina sin voluntad. Dado que se hallaría invariablemente dominado en todos sus actos por el poder del destino, ¿para qué le serviría la inteligencia? Tal doctrina, en caso de ser cierta, implicaría la destrucción de toda libertad moral. Ya no habría responsabilidad para el hombre y, por consiguiente, dejarían de existir el bien y el mal, los crímenes y las virtudes. Dios, soberanamente justo, no podría castigar a su criatura por faltas cuya realización no dependería de ella, así como tampoco podría recompensarla por virtudes cuyo mérito no tendría. Semejante ley sería, además, la negación de la ley del progreso, pues el hombre que esperase todo de la suerte no intentaría nada para mejorar su posición, puesto que esta no sería ni mejor ni peor.

La fatalidad no es, con todo, una palabra vana. Existe en la posición que el hombre ocupa en la Tierra y en las funciones que desempeña en ella, como consecuencia del tipo de existencia que su Espíritu eligió, ya sea una prueba, una expiación o una misión. El hombre sufre fatalmente todas las vicisitudes de esa existencia y todas las tendencias, buenas o malas, que le son inherentes; pero la fatalidad se detiene allí, porque depende de su voluntad que ceda o no a esas tendencias. El detalle de los acontecimientos está subordinado a las circunstancias que el propio hombre provoca con sus actos, y en los cuales pueden influir los Espíritus mediante los pensamientos que le sugieren. 

La fatalidad está, pues, en los acontecimientos que se presentan, dado que ellos son la consecuencia de la elección de la existencia que ha hecho el Espíritu. Tal vez no esté en el resultado de esos acontecimientos, pues del hombre depende modificar el curso de estos con su prudencia. Nunca hay fatalidad en los actos de la vida moral.

En la muerte el hombre sí se halla sometido de manera absoluta a la inexorable ley de la fatalidad, pues no puede librarse de la sentencia que fija el término de su existencia, ni del tipo de muerte que debe interrumpir su curso.

Según la doctrina vulgar, el hombre extrae de sí mismo todos sus instintos. Estos proceden de su organización física, de la cual él no es responsable; o de su propia naturaleza, en la que encuentra una excusa ante sus propios ojos diciendo que no es culpa suya ser como es. La doctrina espírita es, evidentemente, más moral. Admite en el hombre el libre albedrío en toda su plenitud. Al decirle que si hace el mal cede a una mala sugestión extraña, le deja la responsabilidad completa, puesto que reconoce en él el poder de resistir, lo cual es evidentemente más fácil que si tuviera que luchar contra su propia naturaleza. Así, según la doctrina espírita, no hay incitación irresistible: el hombre puede siempre cerrar los oídos a la voz oculta que lo incita al mal en su fuero interior, así como puede cerrarlos a la voz material de quien le habla. Puede hacerlo mediante su voluntad, pidiéndole a Dios la fuerza necesaria y reclamando con ese fin la asistencia de los Espíritus buenos. Eso es lo que nos enseña Jesús en la sublime plegaria de La oración dominical, cuando nos hace decir: “No nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal”

Esta teoría de la causa excitante de nuestros actos resulta evidentemente de toda la enseñanza que imparten los Espíritus. No sólo es sublime en cuanto a su moralidad, sino que -agregamos- eleva al hombre ante sí mismo. Lo muestra libre de sacudirse un yugo obsesor, así como es libre de cerrar su casa a los inoportunos. Ya no es una máquina que funciona mediante un impulso independiente de su voluntad, sino un ser de razón, que escucha, juzga y elige libremente entre dos consejos. Añadamos que, a pesar de esto, el hombre no se halla privado de su iniciativa; no deja de obrar por su propio impulso, puesto que en definitiva no es más que un Espíritu encarnado que conserva, bajo la envoltura corporal, las cualidades y los defectos que tenía como Espíritu. Por consiguiente, la causa principal de las faltas que cometemos está en nuestro propio Espíritu, que todavía no alcanzó la superioridad moral que tendrá algún día, aunque no por eso carece de libre albedrío. La vida corporal le fue otorgada para que purgue sus imperfecciones mediante las pruebas que sufre en ella, y son precisamente esas imperfecciones las que lo tornan más débil y accesible a las sugestiones de los otros Espíritus imperfectos, que se aprovechan de ellas para tratar de hacerlo sucumbir en la lucha que ha emprendido. Si sale victorioso de esa lucha, se eleva. Si fracasa, sigue siendo lo que era, ni mejor ni peor. Se trata de una prueba que deberá recomenzar, y eso puede durar mucho tiempo. Cuanto más se purifica, tanto más disminuyen sus puntos débiles y menos motivos da a los que lo incitan al mal. Su fuerza moral crece a causa de su elevación, y los Espíritus malos se alejan de él.

Todos los Espíritus, más o menos buenos, cuando están encarnados, constituyen la especie humana. Y como la Tierra es uno de los mundos menos adelantados, en ella se encuentran más Espíritus malos que buenos, por eso vemos aquí tanta perversidad. Esforcémonos, pues, para no tener que volver a este mundo después de la actual estancia, y para que merezcamos ir a descansar en un mundo mejor, en uno de esos mundos privilegiados en los que el bien reina con exclusividad y donde sólo recordaremos nuestro paso por la Tierra como un período de exilio.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO







Ley de igualdad

 





LIBRO TERCERO
LEYES MORALES

CAPÍTULO IX – LEY DE IGUALDAD











Igualdad natural

803. Los hombres, ¿son todos iguales ante Dios?
“Sí, todos tienden hacia el mismo objetivo y Dios ha creado sus leyes para todos. Con frecuencia decís: el sol sale para todos, y expresáis una verdad más importante y general de lo que pensáis.” 

Todos los hombres se hallan sometidos a las mismas leyes de la naturaleza. Todos nacen con la misma debilidad, están sujetos a los mismos dolores, y el cuerpo del rico se destruye tanto como el del pobre. Así pues, Dios no ha otorgado a ningún hombre una superioridad natural, ni por el nacimiento ni por la muerte. Todos son iguales ante Él.



Desigualdad de las aptitudes

804. ¿Por qué Dios no ha dado las mismas aptitudes a todos los hombres?
“Dios creó iguales a todos los Espíritus, pero cada uno de ellos ha vivido más o menos tiempo y, por consiguiente, tiene más o menos experiencia. La diferencia reside en su grado de experiencia y en su voluntad, que es el libre albedrío. De ahí que algunos se perfeccionen con mayor rapidez, lo cual les confiere aptitudes diversas. Esa variedad de aptitudes es necesaria, a fin de que cada uno pueda contribuir a los designios de la Providencia dentro del límite del desarrollo de sus fuerzas físicas e intelectuales. Lo que no hace uno, lo hace el otro. Así, cada cual tiene un papel útil. Además, dado que todos los mundos son solidarios entre sí, es preciso que los habitantes de los mundos superiores, mundos que en su mayoría han sido creados antes que el vuestro, vengan a habitar en la Tierra para daros el ejemplo.”


805. Al pasar de un mundo superior a uno inferior, ¿conserva el Espíritu la totalidad de las facultades adquiridas?
“Sí, ya lo hemos dicho: el Espíritu que ha progresado no vuelve a caer. Puede elegir, en el estado de Espíritu, una envoltura más torpe o una situación más precaria que la que tuvo antes, pero siempre para que le sirva de enseñanza y lo ayude a progresar.”

Así, la diversidad de las aptitudes en los hombres no depende de la naturaleza íntima de su creación, sino del grado de perfeccionamiento al que han llegado los Espíritus encarnados en ellos. Por consiguiente, Dios no creó la desigualdad de las facultades, sino que permitió que los diferentes grados de desarrollo estuvieran en contacto, a fin de que los más adelantados pudiesen cooperar en el progreso de los más atrasados, y también para que los hombres, que se necesitan mutuamente, comprendieran la ley de caridad que debe unirlos.



Desigualdades sociales

806. La desigualdad de las condiciones sociales, ¿es una ley de la naturaleza?
“No; es obra del hombre y no de Dios.”


[806a] - Esa desigualdad, ¿desaparecerá algún día?
“Sólo las leyes de Dios son eternas. ¿Acaso no ves que esa desigualdad se disipa poco a poco cada día? Desaparecerá junto con el predominio del orgullo y del egoísmo. No quedará más que la desigualdad del mérito. Día vendrá en que los miembros de la gran familia de los hijos de Dios ya no habrán de distinguirse por la mayor o menor pureza de su sangre. Sólo el Espíritu es más o menos puro, y eso no depende de la posición social.”


807. ¿Qué pensar de los que abusan de la superioridad de su posición social para oprimir al débil en su propio beneficio?
“Merecen la reprobación. ¡Desdichados! Serán oprimidos a su vez y renacerán en una existencia en la que padecerán todo lo que hayan hecho padecer.”



Desigualdad de las riquezas

808. La desigualdad de las riquezas, ¿tiene origen en la desigualdad de las facultades, que dan a algunos más medios de adquirir esas riquezas que a otros?
“Sí y no. ¿Qué me dices de la astucia y el robo?”


[808a] - Con todo, la riqueza hereditaria no es fruto de las pasiones malas.
“¿Qué sabes? Remóntate a su fuente y verás si es siempre pura. ¿Acaso sabes si en sus comienzos no fue fruto de una expoliación o de una injusticia? No obstante, sin referirnos a su origen, que puede ser malo, ¿crees que la codicia de los bienes -incluso de los adquiridos legítimamente- y los deseos secretos que se conciben de poseerlos cuanto antes son sentimientos loables? Eso es lo que Dios juzga, y te aseguro que su juicio es más severo que el de los hombres.”


809. Si una fortuna ha sido ilícita en su origen, los que la heredan más tarde, ¿son responsables de ello?
“No cabe duda de que no son responsables del mal que otros han hecho, menos aún si lo ignoran. Con todo, debes saber que a menudo, cuando un hombre recibe una fortuna, es sólo porque se le brinda la oportunidad de reparar una injusticia. ¡Dichoso de él si lo comprende! Si lo hace en nombre del que cometió la injusticia, a ambos se les tendrá en cuenta la reparación, porque a menudo es éste quien lo induce a hacerlo.”


810. Sin apartarnos de la legalidad, podemos disponer de nuestros bienes de una manera más o menos equitativa. Después de la muerte, ¿somos responsables del testamento que hemos hecho? 
“Toda acción da sus frutos. Los frutos de las buenas acciones son dulces. Los de las otras son siempre amargos. Siempre, entendedlo bien.”


811. La igualdad absoluta de las riquezas, ¿es posible? ¿Existió alguna vez?
“No, no es posible. La diversidad de las facultades y de los caracteres se opone a ella.”


[811a] - No obstante, hay hombres que creen que en esa igualdad se encuentra el remedio para los males de la sociedad. ¿Qué pensáis al respecto?
“Profesan un sistema, o son ambiciosos y envidiosos. No comprenden que la igualdad con que sueñan pronto sería destruida por la fuerza de las circunstancias. Combatid el egoísmo, que es vuestra plaga social, y no vayáis en busca de quimeras.”


812. Si la igualdad de las riquezas no es posible, ¿sucede lo mismo con el bienestar?
“No, pero el bienestar es relativo, y cada uno podría disfrutar de él si os pusierais de acuerdo... Porque el auténtico bienestar consiste en emplear el tiempo del modo que os plazca, y no en realizar trabajos por los cuales no sentís ninguna afición. Además, como cada uno posee aptitudes diferentes, ningún trabajo útil quedaría sin realizar. El equilibrio está en todo: el hombre es quien pretende alterarlo.”  (1)

(1) En el mundo actual este problema viene suscitando ya tentativas de solución. Se trata del aprovechamiento de las vocaciones, cuyo sistemático desperdicio acarrea pérdidas considerables a la economía social y un profundo desequilibrio en la estructura de las sociedades. [N. de J. H. Pires. 1981]


[812a] - ¿Es posible ponernos de acuerdo?
“Los hombres se pondrán de acuerdo cuando practiquen la ley de justicia.”


813. Hay personas que caen en la indigencia y la miseria por su propia culpa. ¿Puede la sociedad ser responsable de ello?
“Sí; ya lo hemos dicho, la sociedad suele ser la causa principal de esas penurias. Por otra parte, ¿no debe la sociedad velar por la educación moral de sus integrantes? La mala educación es la que muchas veces ha falseado el juicio de esas personas, en vez de extinguir sus tendencias perniciosas.” 



Pruebas de la riqueza y de la miseria

814. ¿Por qué Dios ha dado a algunos la riqueza y el poder, y a otros la miseria?
“Para probar a cada uno de una manera diferente. Por otra parte -ya lo sabéis-, son los propios Espíritus quienes han escogido esas pruebas, y con frecuencia sucumben ante ellas.”


815. ¿Cuál de las dos pruebas es la más temible para el hombre: la de la desgracia o la de la fortuna?
“Ambas lo son por igual. La miseria provoca quejas contra la Providencia. La riqueza incita a todos los excesos.”


816. Si bien el rico está sujeto a más tentaciones, ¿no dispone también de más medios para hacer el bien?
“Es precisamente lo que no siempre hace. Se vuelve egoísta, orgulloso e insaciable. Sus necesidades aumentan con su fortuna y nunca cree tener lo suficiente para sí.”

La superioridad en este mundo y la autoridad sobre los semejantes son pruebas tan importantes y arriesgadas como la desgracia. Porque cuanto más rico y poderoso es un hombre, más obligaciones tiene que cumplir y mayores son los medios de que dispone para hacer el bien y el mal. Dios prueba al pobre mediante la resignación; y al rico, mediante el uso que este hace de sus bienes y de su poder. 

La riqueza y el poder engendran todas las pasiones que nos apegan a la materia y nos alejan de la perfección espiritual. Por eso Jesús dijo: “En verdad os digo, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de los Cielos.



Igualdad de derechos del hombre y la mujer

817. El hombre y la mujer, ¿son iguales ante Dios y tienen los mismos derechos?
“¿Acaso Dios no otorgó a ambos la comprensión del bien y del mal, y la facultad de progresar?”


818. ¿A qué se debe la inferioridad moral(2) de la mujer en determinadas regiones?
“Al dominio injusto y cruel que el hombre ha ejercicio sobre ella. Es un resultado de las instituciones sociales y del abuso de la fuerza sobre la debilidad. En los hombres poco adelantados desde el punto de vista moral, la fuerza constituye el derecho.”

(2) Inferioridad moral, es decir, falta de autonomía y libertad individual, relevancia de la misma en dicha sociedad, así como del resto de derechos inalienables del ser humano. [N. del copista]



819. ¿Con qué objetivo la mujer es físicamente más débil que el hombre?
“Para asignarle funciones particulares. El hombre es para los trabajos rudos, porque es más fuerte. La mujer, para los trabajos delicados. Y ambos lo son para ayudarse mutuamente a superar las pruebas de una vida llena de amarguras.”


820. La debilidad física de la mujer, ¿no la pone naturalmente bajo la dependencia del hombre?
“Dios ha dado a algunos la fuerza para que protejan al débil y no para que lo esclavicen.”

Dios adecuó la organización de cada ser a las funciones que debe cumplir. Si bien ha dado a la mujer menos fuerza física, la dotó al mismo tiempo de una mayor sensibilidad, de acuerdo con la delicadeza de las funciones maternales y la debilidad de los seres que le ha confiado.


821. Las funciones para las cuales la naturaleza ha destinado a la mujer, ¿son tan importantes como las reservadas para el hombre?
“Sí, e incluso más importantes. La mujer es quien imparte al hombre las primeras nociones de la vida.”


822. Dado que los hombres son iguales ante la ley de Dios, ¿deben serlo también ante la ley de los hombres?
“Es el primer principio de la justicia: no hagáis a los otros lo que no querríais que os hicieran.”


[822a] - Según esto, para que una legislación sea perfectamente justa, ¿debe consagrar la igualdad de derechos del hombre y la mujer?
“De derechos, sí. De funciones, no. Es necesario que cada uno tenga un lugar determinado. Ocúpese el hombre de lo exterior y la mujer de lo interior, cada cual según sus aptitudes. La ley humana, para ser equitativa, debe consagrar la igualdad de derechos del hombre y la mujer. Todo privilegio concedido a uno solamente es contrario a la justicia. La emancipación de la mujer es acorde al progreso de la civilización. Su esclavitud va a la par de la barbarie. Por otra parte, los sexos sólo existen en la organización física. Dado que los Espíritus pueden adoptar uno u otro sexo, no hay diferencia entre ellos en ese aspecto y, por consiguiente, deben gozar de los mismos derechos.” (3)

(3)  Hace más de cien años ya indicaba este libro la exacta solución del problema femenino: igualdad de derechos y diversidad de funciones. Marido y mujer no son el amo y su esclava, sino compañeros que desempeñan una tarea común, con la misma responsabilidad por su realización. A la luz de este principio adquiere el feminismo un nuevo aspecto. La mujer no debe ser la imitadora y competidora del hombre, sino su compañera de vida, complementándose mutuamente ambos en el mantenimiento del hogar, que es la célula básica de la estructura social. [N. de J. H. Pires. 1981]  

* De entre las primeras feministas españolas, encontramos a Amalia Domingo Soler, nuestra querida escritora espiritista, que acudió al sepelio de J. Mª Fernández Colavida, cuando en aquel entonces no estaba permitido a las mujeres asistir a tales actos, dedicándole una emotiva poesía que leyó ante su tumba y reivindicando con ese acto los derechos sociales que injustamente todavía se les vetaban. Véase la obra “La luz que nos guía”, Introducción, “Justo tributo”. [N. del copista.]  




Igualdad ante la tumba

823. ¿De dónde procede el deseo del hombre de perpetuar su memoria con monumentos fúnebres?
“Postrer acto de orgullo.”


[823a] - No obstante, la suntuosidad de los monumentos fúnebres, ¿no suele ser obra de los parientes que quieren honrar la memoria del difunto, más que del propio difunto?
“Orgullo de los parientes, que quieren glorificarse a sí mismos. ¡Oh, sí! Todas esas demostraciones no siempre se hacen por el muerto, sino por amor propio y para el mundo, así como para hacer ostentación de riqueza. ¿Crees que el recuerdo de un ser querido sea menos duradero en el corazón del pobre, porque este sólo puede colocar una flor sobre su tumba? ¿Crees que el mármol salva del olvido al que fue inútil en la Tierra?”


824. ¿Reprobáis de una manera absoluta las pompas fúnebres?
“No. Cuando honran la memoria de un hombre de bien son justas y dan un buen ejemplo.”  (4)

(4) Hay quien se extrañe de la existencia del sepulcro de Allan Kardec en el cementerio de Père Lachaise, en París, que los espíritas visitan. Otros censuran las visitas que hacen los espiritistas a las tumbas de sus parientes y amigos. Como puede advertirse, estos son excesos de celo que la Doctrina no avala. El sepulcro de Kardec, como dijo el médium Francisco Cândido Xavier después de visitarlo, “es un mensaje permanente de luz”. En cuanto a los otros, véase el parágrafo 323. [N. de J. H. Pires. 1981]


La tumba es el lugar de reunión de todos los hombres. Allí terminan implacablemente todas las distinciones humanas. En vano quiere el rico perpetuar su memoria con fastuosos monumentos: el tiempo los destruirá, como a su cuerpo. Así lo dispone la naturaleza. El recuerdo de sus buenas y de sus malas acciones será menos perecedero que su sepulcro. La pompa de sus funerales no lavará sus infamias ni hará que ascienda un solo escalón en la jerarquía espiritual.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO







Ley del progreso

 






LIBRO TERCERO
LEYES MORALES

CAPÍTULO VIII – LEY DEL PROGRESO










Estado de naturaleza

776. El estado de naturaleza y la ley natural, ¿son la misma cosa?
“No, el estado de naturaleza es el estado primitivo. La civilización es incompatible con el estado de naturaleza, mientras que la ley natural contribuye al progreso de la humanidad.”

El estado de naturaleza es la infancia de la humanidad y el punto de partida de su desarrollo intelectual y moral. Dado que el hombre es perfectible y lleva en sí el germen de su mejoramiento, no está destinado a vivir perpetuamente en el estado de naturaleza, como tampoco está destinado a vivir perpetuamente en la infancia. El estado de naturaleza es transitorio y el hombre sale de él mediante el progreso y la civilización. La ley natural, por el contrario, rige a la humanidad entera, y el hombre mejora a medida que comprende y practica mejor esa ley.


777. Dado que en el estado de naturaleza el hombre tiene menos necesidades, no padece las tribulaciones que él mismo se crea en un estado más adelantado. ¿Qué pensar de la opinión de quienes consideran a aquel estado como el de la más completa felicidad en la Tierra?
“¿Qué quieres que te diga? Es la felicidad del irracional. Hay personas que no comprenden otra. Es ser feliz a la manera de los animales. También los niños son más felices que los adultos.”


778. El hombre, ¿puede retrogradar hasta el estado de naturaleza?
“No, el hombre debe progresar sin cesar, y no puede retornar al estado de infancia. Si progresa es porque Dios así lo quiere. Pensar que pueda retrogradar hasta su condición primitiva sería negar la ley del progreso.”



Marcha del progreso

779. El hombre, ¿extrae de sí mismo la fuerza progresiva, o el progreso es sólo el producto de una enseñanza?
“El hombre se desarrolla por sí mismo, naturalmente. Sin embargo, no todos progresan al mismo tiempo y de la misma manera. De modo que los más adelantados ayudan al progreso de los otros a través del contacto social.”


780. El progreso moral, ¿sigue siempre al progreso intelectual?
“Es su consecuencia, pero no siempre lo sigue de inmediato.” 


[780a] - ¿De qué manera el progreso intelectual puede conducir al progreso moral?
“Al hacer que se comprenda el bien y el mal. El hombre puede entonces elegir. El desarrollo del libre albedrío acompaña al desarrollo de la inteligencia y aumenta la responsabilidad de los actos.”


[780b] - En ese caso, ¿cómo se explica que los pueblos más ilustrados sean a menudo los más pervertidos? 
“El objetivo es el progreso completo, pero los pueblos, como los individuos, llegan a él paso a paso. Hasta que el sentido moral se haya desarrollado en ellos, pueden incluso servirse de su inteligencia para hacer el mal. La moral y la inteligencia son dos fuerzas que sólo se equilibran a la larga.”


781. ¿Es dado al hombre detener la marcha del progreso?
“No, pero algunas veces puede obstaculizarlo.”


[781a] - ¿Qué pensar de los hombres que intentan detener la marcha del progreso y hacer que la humanidad retrograde?
“Pobres seres, a quienes Dios castigará. Serán arrastrados por el torrente que pretenden detener.”

Dado que el progreso es una condición de la naturaleza humana, nadie puede oponerse a él. Es una fuerza viva que las malas leyes pueden retardar, pero no extinguir. Cuando esas leyes se vuelven incompatibles con el progreso, este las aniquila junto con todos aquellos que intentan mantenerlas, y así será hasta que el hombre haya adaptado sus leyes a la justicia divina, que quiere el bien para todos en vez de leyes dictadas por el poderoso en perjuicio del débil.


782. ¿No hay hombres que obstaculizan el progreso de buena fe, al suponer que lo favorecen, porque lo consideran desde su punto de vista, y a menudo lo ven donde no existe?
“Se asemejan a una pequeña piedra que, colocada debajo de la rueda de un gran coche, no impide su avance.”


783. El perfeccionamiento de la humanidad, ¿sigue siempre una marcha progresiva y lenta?
“Existe el progreso regular y lento como resultado de la fuerza de las circunstancias. No obstante, cuando un pueblo no adelanta con suficiente rapidez, Dios provoca en él, cada cierto tiempo, una conmoción física o moral que lo transforma.”

El hombre no puede quedarse perpetuamente en la ignorancia, porque debe alcanzar el objetivo que la Providencia le señala. Se instruye por la fuerza de las circunstancias. Las revoluciones morales, así como las revoluciones sociales, se infiltran poco a poco en las ideas; germinan durante siglos y después estallan de repente, haciendo que se derrumbe el carcomido edificio del pasado, que ya no armoniza con las nuevas necesidades ni con las nuevas aspiraciones.

A menudo, el hombre sólo ve en esas conmociones el desorden y la confusión momentáneos que afectan a sus intereses materiales. En cambio, quien eleva el pensamiento por encima de su personalidad, admira los designios de la Providencia, que del mal hace surgir el bien. Es la tempestad, la tormenta que purifica la atmósfera después de haberla agitado. (1)

(1) Según se verá por este comentario de Kardec y por las explicaciones de los Espíritus a que el mismo se refiere, el Espiritismo reconoce la necesidad de esos movimientos periódicos de agitación natural, ora de los elementos, ora de los pueblos, para la realización del progreso. Pero los admite como hechos naturales y no como creaciones artificiales a las que los hombres deban dedicarse, obedeciendo a doctrinas revolucionarias. Lo que el Espiritismo enseña es que el hombre debe colocarse, en tales horas, por encima de sus mezquinos intereses personales, para ver en su amplitud la irresistible marcha del progreso, contribuyendo a él en la medida de lo posible. [N. de J. H. Pires. 1981]


784. La perversidad del hombre es muy grande. ¿No parecería que este retrocede en vez de avanzar, al menos desde el punto de vista moral?
“Te equivocas. Observa bien el conjunto y notarás que avanza, puesto que el hombre comprende mejor lo que está mal, y a diario corrige sus abusos. Se requiere un exceso del mal para que se comprenda la necesidad del bien y de las reformas.”


785. ¿Cuál es el mayor obstáculo para el progreso?
“El orgullo y el egoísmo. Me refiero al progreso moral, pues el progreso intelectual avanza siempre. Incluso parece, a primera vista, que el progreso intelectual confiere a esos vicios una actividad redoblada, por el desarrollo de la ambición y el apego a las riquezas que, a su vez, incitan al hombre a las investigaciones que esclarecen su espíritu. Así pues, todo está relacionado, tanto en el mundo moral como en el mundo físico, y del propio mal puede surgir el bien. Con todo, ese estado de cosas sólo durará algún tiempo: habrá de cambiar a medida que el hombre comprenda mejor que, fuera del goce de los bienes terrenales, hay una dicha infinitamente mayor e infinitamente más duradera.” 

Hay dos clases de progreso que se prestan mutuo apoyo, aunque no marchan juntos: el progreso intelectual y el progreso moral. En los pueblos civilizados, el primero de ellos recibe, en este siglo(2), todos los estímulos deseables. Por eso ha alcanzado un grado desconocido hasta nuestros días. Falta mucho para que el segundo alcance el mismo nivel. No obstante, si se lo compara con las costumbres sociales de algunos siglos atrás, habría que ser ciego para negar ese progreso. ¿Por qué, pues, esa marcha ascendente habría de detenerse de preferencia en relación con la moral que con la inteligencia? ¿Por qué no habría entre el siglo diecinueve y el veinticuatro tanta diferencia como la que hay entre el siglo catorce y el diecinueve? Dudar de eso sería pretender que la humanidad se encuentra en el apogeo de la perfección, lo cual sería absurdo; o que no es perfectible moralmente, lo que la experiencia desmiente.

(2)  El autor se está refiriendo, naturalmente, al siglo diecinueve. [N. del T. al cast.]



Pueblos degenerados

786. La historia nos muestra una cantidad de pueblos que, después de las conmociones que los trastornaron, volvieron a caer en la barbarie. En esos casos, ¿dónde está el progreso?
“Cuando tu casa anuncia la ruina, la haces demoler para construir una más sólida y cómoda. Con todo, hasta que esté terminada, habrá desorden y confusión en tu morada.
Comprende también esto: eras pobre y vivías en una casucha. Te vuelves rico y la dejas para vivir en un palacio. Después, un pobre desdichado, como lo eras tú antes, ocupa tu lugar en esa casucha e inclusive está muy contento, porque hasta entonces no tenía dónde refugiarse. Pues bien, debes saber que los Espíritus que están encarnados en ese pueblo degenerado no son los mismos que lo integraban en su época de esplendor. Los de entonces, como adelantaron, fueron a ocupar habitaciones más perfectas y progresaron, mientras otros menos adelantados tomaron su lugar, que habrán de dejar a su vez.”


787. ¿Hay razas que por su propia naturaleza son reacias al progreso?
“Sí, pero a diario esas razas se aniquilan corporalmente.”


[787a] - ¿Cuál será el destino futuro de las almas que animan a esas razas?
“Como las demás almas, llegarán a la perfección al pasar por diferentes existencias. Dios no deshereda a nadie.”


[787b] - Así pues, los hombres más civilizados, ¿han sido salvajes y antropófagos?
“Tú mismo lo has sido más de una vez, antes de ser lo que eres.”


788. Los pueblos son individualidades colectivas que, como los individuos, pasan por la infancia, la edad madura y la ancianidad. Esa verdad, que la historia constata, ¿no puede hacernos pensar que los pueblos más adelantados de este siglo tendrán su decadencia y su fin, como los de la Antigüedad?
“Los pueblos que sólo viven la vida del cuerpo, aquellos cuyo poderío sólo se basa en la fuerza y en el tamaño de su territorio, nacen, crecen y mueren, porque la fuerza de un pueblo se agota, como la de un hombre. Aquellos cuyas leyes egoístas se resisten al progreso de las luces y de la caridad, mueren; porque la luz elimina a las tinieblas; y la caridad, al egoísmo. No obstante, tanto para los pueblos como para los individuos, existe la vida del alma. Aquellos cuyas leyes se armonicen con las leyes eternas del Creador, vivirán y servirán de antorcha para los demás pueblos.”


789. El progreso, ¿reunirá algún día a todos los pueblos de la Tierra en una sola nación?
“En una sola nación, no. Eso es imposible, pues de la diversidad de las regiones nacen costumbres y necesidades diferentes, que constituyen las nacionalidades. Por eso siempre harán falta leyes apropiadas a esas costumbres y necesidades. No obstante, la caridad no sabe de latitudes y no distingue a los hombres por el color de su piel. Cuando la ley de Dios sea en todas partes la base de la ley humana, los pueblos practicarán la caridad recíprocamente, así como también lo harán los individuos. Entonces vivirán felices y en paz, porque nadie tratará de perjudicar a su vecino ni de vivir a sus expensas.”

La humanidad progresa por medio de los individuos que mejoran poco a poco y se instruyen. Entonces, cuando estos son mayoría, toman la delantera y llevan consigo a los demás. De tiempo en tiempo surgen entre ellos hombres de genio que les dan un impulso, después surgen otros que poseen autoridad. Todos ellos son instrumentos de Dios que en algunos años hacen adelantar a la humanidad muchos siglos. 

El progreso de los pueblos hace resaltar aún más la justicia de la reencarnación. Los hombres de bien realizan loables esfuerzos para que una nación adelante moral e intelectualmente. Convenimos en que esa nación, transformada, será más dichosa, así en este mundo como en el otro. No obstante, durante su lenta marcha a través de los siglos, millares de individuos mueren a diario. ¿Cuál es la suerte de aquellos que sucumben en el trayecto? Su inferioridad relativa, ¿los priva de la dicha reservada a los que llegan después? ¿O su felicidad también es relativa? La justicia divina no podría consagrar semejante injusticia. Con la pluralidad de las existencias, el derecho a la felicidad es el mismo para todos, porque nadie queda desheredado del progreso. Dado que los que han vivido en las épocas de barbarie pueden regresar en una época civilizada, sea que lo hagan en el mismo pueblo o en otro, de ahí resulta que todos se benefician con la marcha ascendente.

Pero el sistema de la unicidad de las existencias presenta aquí otra dificultad. Según ese sistema, el alma es creada en el instante del nacimiento. Por consiguiente, si un hombre está más adelantado que otro, es porque Dios creó para él un alma más adelantada. ¿A qué se debería ese favor? ¿Cuál sería el mérito de ese hombre, que no ha vivido más que otro, o que a menudo incluso vivió menos que otro, para que se lo dotara de un alma superior? Con todo, la dificultad principal no reside en ello. En mil años, una nación pasa de la barbarie a la civilización. Si los hombres vivieran mil años, se concebiría que en ese lapso tuviesen tiempo suficiente para progresar. Sin embargo, todos los días mueren muchos de ellos, sea cual fuere su edad. Se renuevan sin cesar, de modo tal que a diario se los ve que aparecen y desaparecen. Al cabo de mil años ya no quedan vestigios de los antiguos habitantes. Esa nación, de bárbara que era, se ha vuelto refinada. ¿Qué es lo que progresó? ¿Los individuos bárbaros de antaño? No, porque ellos murieron hace mucho tiempo. ¿Los que llegaron recientemente? No, porque si sus almas fueron creadas en el instante en que ellos nacieron, esas almas no existían en la época de la barbarie. Es preciso admitir, entonces, que los esfuerzos que se realizan para civilizar a un pueblo tienen el poder, no ya de mejorar almas imperfectas, sino de hacer que Dios cree almas cada vez más perfectas.

Comparemos esta teoría del progreso con la que han dado los Espíritus. Las almas que llegan en la época civilizada han tenido su infancia, como todas las demás, pero han vivido antes y están adelantadas como consecuencia de un progreso anterior. Llegan atraídas por un medio que les es simpático y que tiene relación con su estado actual. De ese modo, los esfuerzos realizados para civilizar a un pueblo no dan como resultado la creación de almas más perfectas en el porvenir, sino la atracción de las almas que ya han progresado sea porque han vivido en ese mismo pueblo en su época de barbarie, o porque vienen de otra parte. Allí está también la clave del progreso de la humanidad en su conjunto. Cuando todos los pueblos se hallen en el mismo nivel en cuanto al sentimiento del bien, la Tierra será el lugar de reunión de Espíritus buenos solamente, quienes vivirán juntos en unión fraterna. Por su parte, los Espíritus malos, al sentirse rechazados y fuera de lugar, irán a buscar en mundos inferiores el medio que más les convenga, hasta que sean dignos de volver al nuestro, que ya estará transformado. La teoría vulgar tiene además esta consecuencia: las actividades de mejoramiento social sólo benefician a las generaciones presentes y futuras; su resultado es nulo para las generaciones pasadas, que han cometido el error de venir demasiado temprano y que llegaron a ser lo que pudieron, cargadas como estaban con sus actos de barbarie. Según la doctrina de los Espíritus, en cambio, los progresos ulteriores también benefician a esas otras generaciones, que vuelven a vivir en mejores condiciones y pueden así perfeccionarse en el seno de la civilización.



Civilización

790. La civilización, ¿es un progreso, o bien, según afirman algunos filósofos, una decadencia de la humanidad?
“Progreso incompleto. El hombre no pasa súbitamente de la infancia a la edad madura.”


[790a] - ¿Es racional condenar a la civilización?
“Condenad más bien a quienes abusan de ella, y no a lo que es obra de Dios.”


791. La civilización, ¿se purificará algún día, de modo que haga desaparecer los males que ha producido?
“Sí, cuando la moral esté tan desarrollada como la inteligencia. El fruto no puede aparecer antes de la flor.”


792. ¿Por qué la civilización no realiza de inmediato todo el bien que podría producir?
“Porque los hombres todavía no están preparados ni dispuestos a obtener ese bien.”


[792a] - ¿No será también porque, al crear nuevas necesidades, la civilización excita pasiones nuevas?
“Así es, y porque las facultades del Espíritu no progresan todas a la vez. Todo requiere tiempo. No podéis esperar frutos perfectos de una civilización incompleta.”


793. ¿En cuáles signos se puede reconocer a una civilización completa?
“La reconoceréis por su desarrollo moral. Vosotros os consideráis muy adelantados porque habéis hecho importantes descubrimientos y maravillosas invenciones; porque os alojáis y os vestís mejor que los salvajes. No obstante, sólo tendréis realmente el derecho de llamaros civilizados cuando hayáis desterrado de vuestra sociedad los vicios que la deshonran, y cuando viváis como hermanos mediante la práctica de la caridad cristiana. Hasta entonces, no seréis más que pueblos instruidos, que sólo recorrieron la primera fase de la civilización.”

La civilización, como todas las cosas, tiene sus grados. Una civilización incompleta se halla en un estado de transición que engendra males especiales, que no se conocen en el estado primitivo. Pero no por eso deja de ser un progreso natural, necesario, que lleva consigo el remedio para el mal que causa. A medida que la civilización se perfecciona, hace cesar algunos de los males que ha engendrado, y todos ellos desaparecerán con el progreso moral. 

De dos pueblos que llegaron a la cima de la escala social, sólo puede llamarse más civilizado -en la verdadera acepción de la palabra- aquel donde hay menos egoísmo, codicia y orgullo; aquel cuyos hábitos son más intelectuales y morales que materiales; aquel en que la inteligencia puede desarrollarse con mayor libertad; donde hay más bondad, buena fe, benevolencia y generosidad recíprocas; donde los prejuicios de casta y de nacimiento están menos arraigados, pues esos prejuicios son incompatibles con el auténtico amor al prójimo; aquel en que las leyes no consagran ningún privilegio y son las mismas tanto para el último como para el primero; donde la justicia se administra con menos parcialidad; donde el débil encuentra siempre amparo en el fuerte; aquel donde la vida del hombre, así como sus creencias y opiniones son mejor respetadas; donde hay menos desdichados; aquel donde, por último, el hombre de buena voluntad tiene siempre la certeza de no carecer de lo necesario. (3)

(3)  Ésa habrá de ser la civilización cristiana que el Espiritismo establecerá en la Tierra. Como se ve, por las explicaciones de los Espíritus y los comentarios de Kardec, la civilización incompleta en que vivimos constituye sólo una fase de transición entre el mundo pagano de la antigüedad y el cristiano del futuro. En las costumbres y en la legislación, en la religión y en la práctica de los cultos religiosos vemos la mezcla constante de los elementos del paganismo con los principios renovadores del Cristianismo. Al Espiritismo cabe la misión de remover esos elementos paganos para hacer que brille el espíritu cristiano en toda su pureza. Véase, a este propósito, todo el Capítulo I de El Evangelio según el Espiritismo. [N. de J. H. Pires. 1981]



Progreso de la legislación humana

794. La sociedad, ¿podría estar regida únicamente por las leyes naturales, sin el auxilio de las leyes humanas?
“Podría, si se las comprendiera correctamente, y serían suficientes si hubiese voluntad de llevarlas a la práctica. Con todo, la sociedad tiene sus exigencias y necesita sus propias leyes.”


795. ¿Cuál es la causa de la inestabilidad de las leyes humanas?
“En las épocas de barbarie los que dictaban las leyes eran los más fuertes, y las hacían para ellos. Fue necesario modificarlas a medida que los hombres comprendían mejor la justicia. Las leyes humanas son más estables a medida que se acercan a la verdadera justicia, es decir, a medida que son dictadas para todos y que se identifican con la ley natural.”

La civilización ha creado en el hombre nuevas necesidades, y esas necesidades son acordes a la posición social que él se ha labrado. Ha tenido que regular los derechos y deberes de esa posición mediante las leyes humanas. No obstante, bajo la influencia de sus pasiones, a menudo ha creado derechos y deberes imaginarios, que la ley natural condena y que los pueblos suprimen de sus códigos a medida que progresan. La ley natural es inmutable y la misma para todos. La ley humana es variable y progresiva. Sólo esta ha podido consagrar, en la infancia de las sociedades, el derecho del más fuerte.


796. La severidad de las leyes penales, ¿no es una necesidad en el estado actual de la sociedad?
“Una sociedad depravada tiene, por cierto, necesidad de leyes más severas. Lamentablemente, esas leyes tienden más a castigar el mal cuando este ya fue cometido que a acabar con su origen. Sólo la educación puede reformar a los hombres. Entonces ya no tendrán necesidad de leyes tan rigurosas.”


797. ¿De qué modo el hombre será inducido a reformar sus leyes?
“Eso ocurre naturalmente, por la fuerza de las circunstancias, así como por la influencia de las personas de bien, que lo guían por el camino del progreso. El hombre ya ha reformado no pocas leyes, y reformará muchas otras. ¡Aguarda!”



Influencia del espiritismo en el progreso

798. El espiritismo, ¿llegará a ser una creencia común, o permanecerá como patrimonio de algunas personas? 
“Sin duda llegará a ser una creencia común, y señalará una nueva era en la historia de la humanidad, porque está en la naturaleza y porque ha llegado el tiempo en que debe ocupar su lugar entre los conocimientos humanos. No obstante, habrá que sostener grandes luchas, más aún contra los intereses que contra la convicción, pues no se puede ocultar que existen personas interesadas en combatirlo, algunas por amor propio y otras por causas absolutamente materiales. Con todo, dado que sus contradictores van quedando cada vez más aislados, se verán en la obligación de pensar como todo el mundo, so pena de ponerse en ridículo.”

Las ideas sólo se transforman con el tiempo, y nunca de manera súbita. Se debilitan generación tras generación y concluyen por desaparecer poco a poco junto con quienes las profesan, que serán reemplazados por otros individuos imbuidos de nuevos principios, tal como sucede con las ideas políticas. Reparad en el paganismo: no cabe duda de que en la actualidad nadie profesa las ideas religiosas de aquellos tiempos. No obstante, muchos siglos después del advenimiento del cristianismo, esas ideas han dejado huellas que sólo la renovación total de los pueblos pudo borrar. Lo mismo ocurrirá con el espiritismo. Realiza considerables progresos, pero todavía habrá, durante dos o tres generaciones, un fermento de incredulidad que sólo el tiempo habrá de disipar. Con todo, su marcha será más rápida que la del cristianismo, porque el propio cristianismo le abre camino y le sirve de apoyo. El cristianismo debía destruir. El espiritismo sólo tiene que edificar. (4)

(4) El transcurso del primer siglo del Espiritismo, cumplido el 18 de abril de 1957, vino a confirmar plenamente esta extraordinaria previsión de Kardec. En la primera centuria de su desarrollo el Cristianismo era todavía una oscura secta terriblemente perseguida. Sólo en las postrimerías del tercer siglo alcanzó el desarrollo y la universalización que el Espiritismo presenta en sus primeros cien años. La marcha del Espiritismo se ha hecho con rapidez mucho mayor y su victoria brillará más pronto de lo que se espera. [N. de J. H. Pires. 1981]

* El Espiritismo es la continuación lógica de la enseñanza moral dada por Jesús, puesto que es el Paráclito o Espíritu de Verdad que nos prometió (Juan 14:26), y que viene a esclarecer aquello que no fue bien comprendido y a restituir el sentido original de sus enseñanzas; por esto es cristiana su moral, con pleno sentido universal. [N. del copista.]  


799. ¿De qué modo el espiritismo puede contribuir al progreso?
“Al destruir al materialismo, que es una de las plagas de la sociedad, el espiritismo hace que los hombres comprendan dónde reside su verdadero interés. Dado que la vida futura ya no está velada por la duda, el hombre comprenderá mejor que puede garantizar su porvenir mediante el presente. Al destruir los prejuicios sectarios, de castas y de colores, el espiritismo enseña a los hombres la gran solidaridad que debe unirlos como hermanos.”


800. ¿No es de temer que el espiritismo no pueda triunfar sobre la indiferencia de los hombres y su apego a las cosas materiales?
“Sería conocer muy poco a los hombres si se pensara que una causa, sea cual fuere, podría transformarlos como por encanto. Las ideas se modifican poco a poco según los individuos, y se necesitan generaciones para borrar por completo las huellas de los antiguos hábitos. Así pues, la transformación sólo puede operarse con el tiempo, gradualmente, poco a poco. En cada generación, una parte del velo se disipa. El espiritismo viene a rasgarlo por completo. Con todo, aunque no produjese otro resultado más que corregir un solo defecto en un hombre, le habrá hecho dar un paso adelante, y por eso mismo le habrá hecho un gran bien, pues ese primer paso hará que los siguientes le resulten más fáciles.”


801. ¿Por qué los Espíritus no han enseñado en todos los tiempos lo que enseñan hoy?
“Vosotros no enseñáis a los niños lo mismo que a los adultos, como tampoco le dais al recién nacido un alimento que no podría digerir. Cada cosa a su tiempo. Los Espíritus han enseñado muchas cosas que los hombres no comprendieron o que desvirtuaron, pero que ahora pueden comprender. Mediante su enseñanza, aunque incompleta, prepararon el terreno para recibir la simiente que ahora va a dar fruto.”


802. Dado que el espiritismo debe señalar un progreso en la humanidad, ¿por qué los Espíritus no apresuran ese progreso por medio de manifestaciones de tal modo generalizadas y patentes, que la convicción alcance incluso a los más incrédulos?
“Querríais milagros. Dios los siembra a manos llenas a vuestro paso, pero todavía tenéis hombres que reniegan de Él. El propio Cristo, ¿convenció acaso a sus contemporáneos con los prodigios que realizaba? ¿No veis hoy a hombres que niegan los hechos más patentes que ocurren ante sus propios ojos? ¿No hay entre vosotros quienes afirman que no creerían, aunque viesen? No, Dios no quiere conducir a los hombres mediante prodigios. En su bondad, quiere dejarles el mérito de que se convenzan por medio de su propia razón.”


AMOR, CARIDAD y TRABAJO








Ley de sociedad




 


LIBRO TERCERO
LEYES MORALES

CAPÍTULO VII – LEY DE SOCIEDAD









Necesidad de la vida social

766. La vida social, ¿está en la naturaleza?
“Sin ninguna duda. Dios ha hecho al hombre para vivir en sociedad. No en vano lo ha dotado del habla y de las demás facultades necesarias para la vida de relación.”


767. El aislamiento absoluto, ¿es contrario a la ley natural?
“Sí, puesto que los hombres buscan la sociedad instintivamente, y todos deben cooperar en el progreso mediante la ayuda mutua.”


768. El hombre, al buscar la sociedad, ¿obedece sólo a un sentimiento personal, o hay en ese sentimiento un objetivo providencial más general?
“El hombre debe progresar. No puede hacerlo solo, porque no posee todas las facultades. Necesita el contacto con los otros hombres. En el aislamiento se embrutece y se debilita.”

Ningún hombre dispone de facultades completas. Mediante la unión social los hombres se complementan mutuamente para asegurar su bienestar y su progreso. Por eso, dado que se necesitan los unos a los otros, han sido hechos para vivir en sociedad y no aislados.



Vida de aislamiento. Voto de silencio

769. Se entiende que, como principio general, la vida social está en la naturaleza. No obstante, como todos los gustos también están en la naturaleza, ¿por qué el del aislamiento absoluto habría de ser condenable, si el hombre halla satisfacción en él?
“Satisfacción egoísta. También hay hombres que se complacen en embriagarse. ¿Los apruebas? Dios no puede considerar grata una vida mediante la cual el hombre se condena a no ser útil a nadie.”


770. ¿Qué pensar de los hombres que viven en una reclusión absoluta para huir del contacto pernicioso con el mundo?
“Doble egoísmo.”


[770a] - Pero si esa reclusión tiene por objetivo una expiación, que consiste en imponerse una privación penosa, ¿no es meritoria?
“La mejor expiación es hacer una mayor suma de bien que de mal. Para evitar un mal, esos hombres incurren en otro, puesto que olvidan la ley de amor y caridad.”


771. ¿Qué pensar de los que huyen del mundo para consagrarse al alivio de los desdichados?
“Esos se elevan al rebajarse. Tienen el doble mérito de colocarse por encima de los goces materiales y hacer el bien mediante el cumplimiento de la ley del trabajo.”


[771a] - ¿Y los hombres que buscan en la reclusión la tranquilidad que requieren determinados trabajos?
“Esa no es la reclusión absoluta del egoísta. Esos hombres no se aíslan de la sociedad, puesto que trabajan para ella.”


772. ¿Qué pensar del voto de silencio que prescriben algunas sectas desde la más remota antigüedad?
“Preguntaos más bien si el habla está en la naturaleza y por qué Dios os la ha concedido. Dios condena el abuso y no el uso de las facultades que ha otorgado. Sin embargo, el silencio es útil, porque en el silencio te recoges. Tu espíritu se vuelve más libre y entonces puede entrar en comunicación con nosotros. En cambio, el voto de silencio es una tontería. Sin duda, los que consideran esas privaciones voluntarias como actos de virtud tienen buena intención, pero se equivocan, porque no comprenden suficientemente las verdaderas leyes de Dios.”

El voto de silencio absoluto, así como el voto de aislamiento, priva al hombre de las relaciones sociales, que le proporcionan ocasiones de hacer el bien y de cumplir la ley del progreso.



Lazos de familia

773. ¿Por qué, entre los animales, los padres y los hijos no se reconocen más cuando estos últimos ya no tienen necesidad de cuidados?
“Los animales viven la vida material y no la vida moral. La ternura de la madre para con sus crías tiene por principio el instinto de conservación de los seres a los que dio a luz. Cuando esos seres pueden bastarse a sí mismos, la tarea de la madre está cumplida y la naturaleza no le pide nada más. Por eso los abandona, a fin de ocuparse de los que vendrán a continuación.”


774. Hay personas que, del abandono que los animales hacen de sus crías, infieren que en el hombre los lazos de familia no son más que un resultado de las costumbres sociales, y no una ley de la naturaleza. ¿Qué debemos pensar al respecto?
“El hombre tiene un destino diferente al de los animales. ¿Por qué, pues, siempre se pretende equipararlo con estos? En él hay algo más que necesidades físicas: existe la necesidad de progreso. Los lazos sociales son necesarios para el progreso, y los lazos de familia hacen más estrechos los lazos sociales. Por eso los lazos de familia constituyen una ley de la naturaleza. De ese modo, Dios ha querido que los hombres aprendan a amarse como hermanos.”


775. ¿Cuál sería, para la sociedad, el efecto de la relajación de los lazos de familia(1)?
“Un recrudecimiento del egoísmo.”


AMOR, CARIDAD y TRABAJO