ESPÍRITUS PROTECTORES







ESPÍRITU PROTECTOR, ÁNGEL GUARDIÁN o GENIO BUENO.
ESPÍRITUS FAMILIARES.
ESPÍRITUS SIMPÁTICOS.
ESPÍRITU IMPERFECTO o PERVERSO.




A continuación transcribo las preguntas y respuestas de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec sobre este tema:

489. ¿Hay espíritus que se unen particularmente a un individuo para protegerle?
«Sí; el hermano espiritual, al que vosotros llamáis el espíritu bueno, o el buen genio».


490. ¿Qué debe entenderse por ángel guardián?
«El espíritu protector de un orden elevado».


491. ¿Cuál es la misión del espíritu protector?
«La de un padre respecto a sus hijos; llevar a su protegido al buen camino, ayudarle con sus consejos, consolarle en sus aflicciones y sostenerle en las pruebas de la vida».


492. ¿El espíritu protector está unido al individuo desde el nacimiento de éste?
«Desde el nacimiento hasta la muerte, y a menudo aun después de ésta, le sigue en la vida espiritista y hasta en muchas existencias corporales; porque éstas no son más que fases muy breves, comparadas con la vida del espíritu».


493. ¿Es voluntaria u obligatoria la misión del espíritu protector?
«El espíritu está obligado a cuidar de vosotros; porque ha aceptado esta tarea; pero elige los seres que le son simpáticos. Para unos es un placer, para otros una misión o un deber».

493a. Uniéndose a una persona, ¿el espíritu renuncia a proteger a otros individuos?
«No; pero lo hace menos exclusivamente».


494. ¿El espíritu protector está fatalmente unido al ser a quien guarda?
«Sucede a menudo que ciertos espíritus abandonan su posición para cumplir diversas misiones; pero entonces se verifica un cambio».


495. ¿El espíritu protector abandona a veces a su protegido cuando se muestra rebelde a sus avisos?
«Se aleja cuando ve que son inútiles sus consejos, y que es más imperante el deseo de sufrir la influencia de los espíritus inferiores; pero jamás le abandona del todo y siempre le deja oír su voz. El hombre es quien entonces cierra el oído; pero el espíritu protector vuelve apenas se le llama.

»Hay una doctrina que por su encanto y su dulzura, debiera convertir hasta a los más incrédulos. Esta doctrina es la de los ángeles guardianes. ¿No es acaso una idea muy consoladora la de pensar que siempre tenéis a vuestro lado seres que os son superiores, que allí están siempre para aconsejaros, fortaleceros y ayudaros a gravitar la áspera montaña del bien, seres que son amigos más firmes que los más íntimos que podéis tener en la tierra? Allí están por orden de Dios que los ha puesto a vuestro lado, y lo están por amor suyo, cumpliendo respecto de vosotros una bella, pero penosa misión. Sí dondequiera que estéis está vuestro ángel guardián: las cárceles, los hospitales, los lugares de depravación, la soledad, nada os separa de ese amigo a quien no podéis ver, pero cuyos más dulces impulsos siente vuestra alma y cuyos sabios consejos oye.

»¡Lástima que no conozcáis mejor esta verdad! Cuántas veces os ayudaría en vuestros momentos de crisis y cuántas os libraría de los espíritus malos. Pero en el día supremo este ángel de bien os habrá de decir con frecuencia: "¿No te dije tal cosa, y no la hiciste? ¿No te enseñé el abismo y te hundiste en él? ¿No dejé oír en tu conciencia la voz de la verdad, y tú seguiste los consejos de la mentira?" ¡Ah!, interrogad a vuestros ángeles guardianes y estableced entre ellos y vosotros la tierna intimidad que entre los mejores amigos existe. No intentéis ocultarles nada; porque tienen la mirada de Dios, y no podéis engañarlos. Pensad en el porvenir; procurad adelantar en esta vida y vuestras pruebas serán más cortas y más felices vuestras existencias. Adelante, ¡oh!, hombres; desechad de una vez para siempre preocupaciones y segundas intenciones; penetrad en el nuevo camino que se os abre.

¡Adelante! ¡Adelante! Tenéis guías, seguidlos; el objeto final no se os escapará, porque ese objeto es el mismo Dios.

»A los que creen que es imposible que espíritus verdaderamente elevados se entreguen a tan laboriosa y tan incesante tarea, les diremos que influimos en vuestras almas, a pesar de que nos separen de vosotros millones de leguas; nada es para nosotros el espacio, y aunque vivan en otros mundos, nuestros espíritus mantienen sus relaciones con los vuestros.

Gozamos de cualidades que no podéis comprender; pero sabed que Dios no os ha abandonado solos en la tierra sin amigos y sostén. Cada ángel guardián tiene su protegido a quién vigila como un padre a su hijo. Es feliz, cuando le ve seguir el buen camino, y gime cuando ve despreciados sus consejos.

»No temáis cansarnos con preguntas, sino que debéis estar, por el contrario, en continua relación con nosotros y así seréis más fuertes y felices. Estas comunicaciones del hombre con su espíritu familiar son las que hacen a todos los hombres médiums, médiums desconocidos hoy; pero que manifestándose más tarde, se extenderán como el océano sin límites para anonadar la incredulidad y la ignorancia. Instruid, hombres instruidos; educad a vuestros hermanos, hombres de talento. No sabéis la obra que realizáis haciéndolo; realizáis la obra de Cristo, la que Dios os impone. ¿Para qué os dio la inteligencia y la ciencia, sino para que hagáis participes de ella a vuestros hermanos, a fin de que progresen en el camino de la dicha y de la felicidad eterna? 
SAN LUIS, SAN AGUSTÍN».

La doctrina de los ángeles guardianes que vigilan a sus protegidos, a pesar de la distancia que separa los mundos, nada tiene que deba sorprendernos y es, por el contrario, grande y sublime. ¿Acaso no vemos en la tierra a un padre vigilar a su hijo, aunque esté de él alejado, y ayudarle con sus consejos por medio de la correspondencia? ¿Qué habría, pues, de admirable en que los espíritus pudiesen guiar a los que toman bajo su protección desde uno a otro mundo, dado que la distancia que separa a los mundos es menor para ellos que la que separa a los continentes de la Tierra? ¿Y no tienen además el fluido universal que enlaza a todos los mundos y los hace solidarios; inmenso vehículo de la transmisión del pensamiento, como, lo es para nosotros el, aire de la transmisión del sonido?


496. El espíritu que abandona a su protegido, ya que no le hace bien, ¿puede hacerle mal?
«Los espíritus buenos nunca hacen mal, dejan que lo hagan los que ocupan su puesto, y entonces acusáis de vuestras desgracias a la suerte, siendo así que vosotros tenéis la culpa».


497. ¿El espíritu protector puede dejar a su protegido a merced de un espíritu que podría tenerle mala voluntad?
«Los espíritus malos se unen para neutralizar la acción de los buenos; pero si el protegido lo quiere, devolverá toda su fuerza a su espíritu bueno. El espíritu bueno quizá ve en otra parte una buena voluntad a quien ayudar, y aprovecha la ocasión esperando el momento de regresar al lado de su protegido».


498. Cuando el espíritu protector deja que su protegido se extravíe en la vida, ¿es por impotencia para luchar con los espíritus malévolos?
«No es porque no puede, sino porque no quiere; su protegido sale entonces de las pruebas más perfecto e instruido, y el espíritu protector le asiste con sus consejos y con los buenos pensamientos que le sugiere, los cuales por desgracia no siempre son oídos. Sólo la debilidad, la incuria o el orgullo del hombre dan fuerza a los espíritus malos, y sólo procede su poder sobre vosotros de que no les oponéis resistencia».


499. ¿El espíritu protector está constantemente con su protegido? ¿No hay circunstancias en que, sin abandonarle, le pierde de vista?
«Las hay en que la presencia del espíritu protector no es necesaria a su protegido».


500. ¿Llega un momento en que el espíritu no ha menester de ángel guardián?
«Si; cuando llega al grado de poder conducirse por sí mismo, cuando llega un momento en que el discípulo no ha menester de maestro; pero no acontece esto en vuestro planeta».


501. ¿Por qué la acción de los espíritus en nuestra existencia es oculta, y por qué cuando nos protegen, no lo hacen de un modo ostensible?
«Si contaseis con su apoyo, no obraríais por vosotros mismos y vuestro espíritu no progresaría. Para que pueda adelantar necesita experiencia, y preciso es que a menudo la adquiera a su costa. Es necesario que ejercite sus fuerzas, sin lo cual vendría a ser como el niño a quien no se deja andar solo. La acción de los espíritus que os quieren bien, está dispuesta de modo que deje siempre a salvo vuestro libre albedrío; porque, si no fueseis responsables, no adelantaríais en el camino que ha de conduciros a Dios. No viendo el hombre a su sostenedor, se entrega a sus propias fuerzas; pero su guía le vigila empero, y de vez en cuando le avisa que desconfíe del peligro».


502. El espíritu protector que consigue llevar a su protegido al buen camino, ¿experimenta algún bien para sí mismo?
«Es un mérito que se le tiene en cuenta, ya para su propio adelanto, ya para su felicidad. Es feliz cuando el éxito corona sus esfuerzos, y triunfa como un profesor con los progresos de su discípulo».

502a. ¿Es responsable si no triunfa?
«No; porque ha hecho todo lo que de él dependía».


503. El espíritu protector que ve que su protegido sigue un mal camino a pesar de sus avisos, ¿experimenta sufrimiento y encuentra en ello una causa de turbación en su felicidad?
«Deplora sus errores y le compadece; pero semejante aflicción no tiene las angustias de la paternidad terrestre, porque sabe que el mal tiene remedio y que lo que no hace hoy lo hará mañana».


504. ¿Podemos saber siempre el nombre de nuestro espíritu protector o ángel guardián?
« ¿Cómo queréis saber nombres que no existen para vosotros? ¿Creéis que no existen entre los espíritus más que los que vosotros conocéis?»

504a. ¿Cómo, pues, lo invocaremos, si no lo conocemos?
«Dadle el nombre que queráis, el de un espíritu superior a quien tengáis simpatía y veneración. El espíritu protector acudirá al llamamiento; porque todos los espíritus buenos son hermanos y se auxilian».


505. Los espíritus protectores que toman nombres conocidos, ¿son siempre realmente los de las personas que tenían aquellos nombres?
«No; pero espíritus que les son simpáticos y que vienen a menudo por orden suya. Necesitáis nombres, y entonces toman uno que os inspire confianza. Cuando vosotros no podéis cumplir personalmente una misión, enviáis un comisionado que haga vuestras veces».


506. Cuando estemos en la vida espiritista, ¿reconoceremos a nuestro espíritu protector?
«Sí; porque a menudo le conocíais antes de encarnaros».


507. ¿Todos los espíritus protectores pertenecen a la clase de espíritus superiores? ¿Pueden ser de los grados intermedios? Un padre, por ejemplo, ¿puede llegar a ser el espíritu protector de su hijo?
«Puede serlo; pero la protección supone cierto grado de elevación y además un poder y una virtud concedida por Dios. Un padre que protege a su hijo puede a su vez estar asistido por un espíritu más elevado».


508. Los espíritus que han abandonado en buenas condiciones la tierra, ¿pueden siempre proteger a los que aman y les sobreviven?
«Su poder es más o menos restringido, y la posición en que se encuentran no siempre los deja en completa libertad de obrar».


509. Los hombres en estado salvaje o de inferioridad moral, ¿tienen igualmente sus espíritus protectores, y en este caso son de orden tan elevado como los de los hombres muy adelantados?
«Todo hombre tiene un espíritu que vela por él; pero las misiones son relativas a su objeto. Vosotros no confiáis un niño que aprende a leer a un profesor de filosofía. El progreso del espíritu familiar corresponde al del espíritu protegido. Teniendo un espíritu protector que os vigila, podéis a vuestra vez llegar a ser el protector de un espíritu que os es inferior, y los progresos que le ayudéis a realizar contribuirán a vuestro adelanto. Dios no pide al espíritu más de lo que le permiten sus fuerzas y el grado a que ha llegado».


510. Cuando el padre que vela por su hijo se reencarna, ¿continúa velando por él?
«Es más difícil; pero suplica, en un momento de emancipación, a un espíritu simpático que le asista en semejante misión. Por otra parte, los espíritus no admiten más misiones que las que pueden cumplir hasta el fin.

»El espíritu encarnado, sobre todo en los mundos en que es material la existencia, está demasiado ligado a su cuerpo para poderse consagrar del todo, es decir, asistirle personalmente. Por esto los que no son bastante elevados están asistidos a su vez por espíritus que les son superiores, de modo, que si uno falta por una causa cualquiera, es suplido por otro».


511. Además del espíritu protector, ¿está unido un espíritu malo a cada individuo para impelerle al mal y proporcionarle ocasión de luchar entre el bien y el mal?
«Unido no es la palabra. Es cierto que los espíritus malos procuran separar del buen camino, cuando se les presenta ocasión, pero cuando uno de ellos se aficiona a un individuo, lo hace por sí mismo; porque espera que se le escuchará. Entonces se traba lucha entre el bueno y el malo, y vence aquél a quien e1 hombre deja que le domine».


512. ¿Podemos tener muchos espíritus protectores?
«Todo hombre tiene siempre espíritus simpáticos más o menos elevados que le aprecian y se interesan por él, como también los hay que le asisten en el mal».


513. ¿Los espíritus simpáticos obran en virtud de una misión?
«A veces pueden tener una misión temporal; pero lo más frecuente es que son solicitados únicamente por la semejanza de pensamientos y de sentimientos, así en el bien como en el mal».

513a. ¿Parece resultar de esto que los espíritus simpáticos pueden ser buenos o malos?
«Sí; el hombre encuentra siempre espíritus que simpatizan con él, cualquiera que sea su carácter».


514. ¿Los espíritus familiares son los mismos que los simpáticos y protectores?
«Hay muchos matices en la protección y en la simpatía. Dadles el nombre que queráis. El espíritu familiar corresponde más bien al amigo del hogar».

De las anteriores explicaciones y de las observaciones hechas sobre la naturaleza de los espíritus que se unen al hombre, puede deducirse lo siguiente:

El espíritu protector, ángel guardián o genio bueno es el que tiene la misión de seguir al hombre durante la vida y ayudarle a progresar. Siempre es de naturaleza relativamente superior a la del protegido.

Los espíritus familiares se unen a ciertas personas por lazos más o menos duraderos con objeto de serles útiles dentro de los límites de su poder, con frecuencia bastante limitado. Son buenos; pero a veces poco adelantados y hasta un poco ligeros. Se ocupan gustosos de los pormenores de la vida íntima, y sólo obran con permiso de los espíritus protectores o por orden suya.
Los espíritus simpáticos son aquellos que nos atraen afectos particulares y cierta semejanza de gustos y sentimientos, así en el bien como en el mal. La duración de sus relaciones está siempre subordinada a las circunstancias.

El mal genio es un espíritu imperfecto o perverso que se une al hombre con la mira de alejarle del bien; pero obra por voluntad propia y no en virtud de una misión. Su tenacidad está en relación del acceso más o menos fácil que halla. El hombre es libre siempre de escuchar su voz o de rechazarla.


515. ¿Qué pensar de esas personas que parecen unirse a ciertos individuos para arrastrarlos fatalmente a su perdición, o para guiarlos por el buen camino?
«Ciertas personas ejercen, en efecto, en otras una especie de fascinación que parece irresistible. Cuando esto se verifica para el mal, es que los espíritus malos se sirven de otros malos para subyugar mejor. Dios puede permitirlo para probaros».


516. Nuestros espíritus, bueno y malo, ¿podrían encarnarse para acompañarnos durante la vida de una manera más directa?
«Así sucede a veces; pero a menudo también encargan esta misión a otros espíritus encarnados que les son simpáticos».


517. ¿Hay espíritus que se unen a toda una familia para protegerla?
«Ciertos espíritus se unen a los miembros de una misma familia que viven juntos y unidos por el afecto; pero no creáis en espíritus protectores del orgullo de razas».


518. Siendo atraídos los espíritus por sus simpatías hacia los hombres, ¿lo son igualmente hacia las reuniones de individuos por causas particulares?
«Los espíritus acuden con preferencia a donde están sus semejantes, pues allí están más a sus anchas y más seguros de ser escuchados. El hombre atrae a los espíritus en razón de sus tendencias, ya esté solo, ya forme un todo colectivo, como una sociedad, una ciudad o un pueblo. Hay, pues, sociedades, ciudades y pueblos que están asistidos por espíritus más o menos elevados, según el carácter y las pasiones que en ellos dominan. Los espíritus imperfectos se alejan de los que los rechazan y resulta que el perfeccionamiento moral de los todos colectivos, como el de los individuos, tiende a descartar a los espíritus malos y a atraer a los buenos, que excitan y mantienen el sentimiento del bien de las masas, como pueden otros atizar las malas pasiones».


519. Las aglomeraciones de individuos, como las sociedades, ciudades y naciones, ¿tienen sus espíritus protectores especiales?
«Sí; porque esas reuniones son individualidades colectivas que caminan hacia un fin común y que han menester de una dirección superior».


520. Los espíritus protectores de las masas, ¿son de naturaleza más elevada que los que se unen a los individuos?
«Todo es relativo al grado de adelanto de las masas como al de los individuos».


521. ¿Pueden ciertos individuos cooperar al progreso de las artes, protegiendo a los que las cultivan?
«Hay espíritus protectores especiales, y que asisten a los que los invocan, cuando los consideran dignos; pero, ¿qué queréis que hagan por los que se creen ser lo que no son? No hacen que los ciegos vean, ni que oigan los sordos».


Los antiguos habían hecho de los espíritus protectores divinidades especiales; las musas no eran más que la personificación alegórica de aquéllos respecto de las ciencias y de las artes, como designaban bajo el nombre de lares y penates (Dioses domésticos) a los espíritus protectores de la familia. Entre los modernos, las artes, las diferentes industrias, las ciudades y comarcas tienen también sus patronos protectores, que no son más que espíritus superiores; pero bajo otros nombres.

Teniendo cada hombre sus espíritus simpáticos, resulta que en los todos colectivos la generalidad de los espíritus simpáticos está en relación con la generalidad de los individuos; que los espíritus extraños son atraídos por la identidad de gustos y de pensamientos, en una palabra, que esas reuniones, lo mismo que los individuos, están mejor o peor rodeadas, asistidas e influidas según la naturaleza de los sentimientos de la multitud.


En los pueblos las causas de atracción de los espíritus son las costumbres, los hábitos, el carácter dominante y sobre todo las leyes; porque el carácter de la nación se refleja en sus leyes. Los hombres que hacen imperar entre ellos la justicia, combaten la influencia de los malos espíritus. Donde quiera que las leyes consagran cosas injustas, contrarias a la humanidad, están en minoría los espíritus buenos, y la masa de los malos que afluyen mantiene a las naciones en semejantes ideas, y paraliza las buenas influencias parciales que se pierden entre la multitud, como la espiga aislada entre las ortigas. Estudiando las costumbres de los pueblos o de toda reunión de hombres, es, pues, fácil formarse una idea de la población oculta que se inmiscuye en sus pensamientos y acciones.



PRESENTIMIENTOS

 522. El presentimiento, ¿es siempre una advertencia del espíritu protector?
«El presentimiento es el consejo íntimo y oculto de un espíritu que os quiere bien. Se halla también en la intuición de la elección que se ha hecho; es la voz del instinto. El espíritu antes de encarnarse, tiene conocimiento de las principales fases de su existencia, es decir, de la clase de pruebas a que se compromete. Cuando tiene un carácter predominante, el espíritu conserva una especie de impresión en su fuero interno, y esta impresión, que es la voz del instinto, acentuándose cuando se aproxima el momento, se convierte en presentimiento».


523. El presentimiento y la voz del instinto tienen siempre algo de vago, ¿qué debemos hacer en la incertidumbre?
«Cuando estés incierto, invoca a tu espíritu bueno, o suplica al Señor de todo, a Dios, que te envíe a uno de sus mensajeros, a uno de nosotros».


524. Las advertencias de nuestros espíritus protectores, ¿tienen por objeto único la dirección moral, o también la conducta que debemos observar en las cosas de la vida privada?
«Todo, pues procuran haceros vivir lo mejor posible; pero a menudo vosotros cerráis el oído a las buenas advertencias, y sois infelices por culpa vuestra».

Los espíritus protectores nos ayudan con sus consejos por medio de la voz de la conciencia, que hacen hablar dentro de nosotros; pero como no siempre le damos la necesaria importancia, nos los dan más directos, valiéndose de las personas que nos rodean. Examine cada cual las diversas circunstancias felices o desgraciadas de su vida, y verá cómo en muchas ocasiones ha recibido consejos que no siempre ha puesto en práctica y que, de haberlos escuchado, le hubieran evitado muchas desazones.


REFLEXIÓN
Teniendo en cuenta tanto el comentario de Allan Kardec tras la respuesta a la pregunta 514, como la respuesta a la pregunta 493a, deduzco que un mismo Espíritu protector hace las veces de:

-Protector principal de una persona, a fin de orientarla y conducirla siempre por el buen camino, desde el momento en que nace hasta su desencarnación física, incluso le puede seguir durante varias existencias físicas. También puede acudir temporalmente a colonias espirituales para pedir orientación, inspiración, consejos, etc., si la vida de su protegido lo requiere. Además, si tuviera que reencarnar o cumplir alguna misión, sería sustituido.

-Protector auxiliar de otras personas, al objeto de ayudarlas, por ejemplo en la mediumnidad y/o sanación, asistiendo a la preparación y desarrollo de la facultad, protegiéndole de entidades burlonas y engañosas, realizando el trabajo de intercambio mediúmnico, etc.



Bibliografía:
El Libro de los Espíritus de Allan Kardec


AMOR, CARIDAD y TRABAJO







MATRIMONIO








DISERTACIÓN SOBRE EL MATRIMONIO








Desde el punto de vista espiritual, un espíritu puro no tiene sexo, entiendo que en su perfección es un conjunto de ambos sexos, toda vez que hombre y mujer posee cualidades distintas.

Hasta llegar a ese estado de pureza, tenemos que ir perfeccionándonos moral e intelectualmente a través de las diversas existencias, conviviendo y complementándonos en pareja.

Cuando digo que nos complementamos no quiero decir que cada uno sea el complemento perfecto del otro, si no que mutuamente nos tenemos que valer el uno del otro para ir aprendiendo a avanzar en nuestro progreso espiritual, a través de las dificultades o pruebas que nos depara cada existencia.

Según el grado de conocimientos intelectuales y morales o espirituales que tengamos y según nuestra reacción en ese momento, así vamos a responder ante esas dificultades o pruebas,  de ahí nuestra responsabilidad en dichas pruebas a fin de ir progresando.  Porque en una dificultad o prueba de pareja, si anteponemos el egoísmo y orgullo al AMOR, no me refiero al amor carnal si no al amor fraternal, no pasaremos la prueba.

Por lo expuesto entiendo que es primordial y fundamental conocerse uno así mismo, pero también lo es conocer a nuestra pareja, o sea a la otra parte que nos falta.


A continuación, transcribo lo manifestado por Allan Kardec, codificador de la Doctrina Espírita, en su libro titulado “El Evangelio según el Espiritismo”, capítulo XXII, sobre el matrimonio y el divorcio:


Indisolubilidad del matrimonio.

1. Y se llegaron a él los fariseos tentándole, y diciendo:
¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
- El respondió y les dijo: ¿No habéis leído, que el que hizo al hombre desde el principio, macho y hembra los hizo? y dijo: - Por esto dejará el hombre padre y madre, y se ayuntará a su mujer, y serán dos de una carne. - Así que ya no son dos, sino una carne. Por tanto lo que Dios juntó, el hombre no lo separe.
Dícenle: ¿Pues por qué mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?
- Les dijo: porque Moisés, por la dureza de vuestros corazones os permitió repudiar a vuestras mujeres: más al principio no fue así. - Y os digo que todo aquel que repudiase a su mujer, sino por la fornicación, y tomare otra, comete adulterio; y el que se casare con la que otro repudió, comete adulterio. (San Mateo, cap. XIX, v. de 3 a 9).

2. Nada hay inmutable sino lo que viene de Dios; todo lo que es obra de los hombres está sujeto a cambios. Las leyes de la naturaleza son las mismas en todos los tiempos y en todos los países; las leyes humanas cambian según los tiempos, los lugares y el progreso de la inteligencia. En el matrimonio, lo que es de orden divino es la unión de los sexos para realizar la renovación de los seres que mueren; pero las condiciones que arreglan esta unión son de un orden de tal modo humano, que no hay en todo el mundo, ni aun en la misma cristiandad, dos países en los que sean absolutamente las mismas, y que ni siquiera hay uno en que no hayan sufrido cambio con el tiempo; resulta de esto que para la ley civil lo que es legítimo en una parte y en una época, es adulterio en otra parte y en otro tiempo; y esto porque la ley civil tiene por objeto el arreglar los intereses de la familia, y porque estos intereses varían según las costumbres y las necesidades locales; así es, por ejemplo, que en ciertos países el matrimonio religioso es el sólo legítimo; en otros es menester, además, el matrimonio civil, y en otros, en fin el matrimonio civil basta.

3. Pero en la unión de los sexos, al lado de la ley divina material, común a todos los seres vivientes, hay otra ley divina, inmutable como todas las leyes de Dios, exclusivamente moral, es la ley de amor. Dios ha querido que los seres estuviesen unidos, no sólo por los lazos de la carne, sino por los del alma, a fin de que el afecto mutuo de los esposos se transmitiese a sus hijos, y que fuesen dos en vez de uno, para amarles, cuidarles y hacerles progresar. En las condiciones ordinarias del matrimonio, ¿se ha tomado siempre en cuenta esta ley de amor? De ningún modo; lo que se consulta no es el afecto de los dos seres que un mutuo sentimiento atrae el uno hacia el otro, puesto que muy a menudo se rompe este afecto; lo que se busca no es la satisfacción del corazón, sino la del orgullo, de la vanidad, de la ambición, en una palabra, de todos los intereses materiales; cuando todo es bueno según sus intereses, se dice que conviene el matrimonio, y cuando los bolsillos están llenos se dice que los esposos se corresponden y deben ser muy felices.

Pero ni la ley civil, ni las obligaciones que impone, pueden suplir la ley de amor, si esta ley no preside a semejante unión; resulta de esto que muchas veces "lo que se ha unido por el cálculo, se separa por sí mismo; que el juramento que se pronuncia al pie del altar viene a ser un perjurio si se dice como una fórmula banal"; de aquí las uniones desgraciadas que concluyen por ser criminales; doble desgracia que se evitaría si en las condiciones del matrimonio no se hiciese abstracción de la sola que lo sanciona a los ojos de Dios: la ley de amor. Cuando Dios dijo:
"Vosotros no haréis sino una sola carne", y cuando Jesús dijo: "No separéis lo que Dios ha unido", debe entenderse de la unión según la ley inmutable de Dios, y no según la ley de los hombres, sujeta a cambios.

4. ¿Es, pues, superflua la ley civil, y es menester volver a los matrimonios según la naturaleza? Ciertamente que no; la ley civil tiene por objeto arreglar las relaciones sociales y los intereses de las familias, según las exigencias de la civilización, y por esto es útil, necesaria, pero variable; debe ser previsora; porque el hombre civilizado no puede vivir como un salvaje, pero nada, absolutamente nada se opone a que sea el corolario (consecuencia) de la ley de Dios; los obstáculos para el cumplimiento de la ley divina dimanan de las preocupaciones y no de la ley civil. Estas preocupaciones, bien que estén en vigor, han perdido ya su fuerza en los pueblos civilizados; pero desaparecerán con el progreso moral, que abrirá, en fin, los ojos sobre el sinnúmero de males, faltas y aun crímenes que resultan de las uniones contratadas con la sola mira de intereses materiales. Entonces se preguntará si no es más humano, más caritativo y más moral unir dos seres que no pueden vivir juntos, que darles la libertad, y si la perspectiva de una cadena indisoluble acaso no aumenta el número de las uniones irregulares.

5. El divorcio es una ley humana que tiene por objeto separar legalmente a los que estaban separados de hecho; no es contraria a la ley de Dios, puesto que sólo reforma lo que los hombres han hecho, y puesto que sólo es aplicable en los casos en que no se ha tomado en cuenta la ley divina; si fuese contraria a esta ley, la misma Iglesia se vería obligada a mirar como a prevaricadores a aquellos de sus jefes que de su propia autoridad y en nombre de la religión, en más de una circunstancia han impuesto el divorcio; doble prevaricación entonces, puesto que era con la mira sólo de intereses temporales y no para satisfacer la ley de amor. 

Por el mismo Jesús no consagra la indisolubilidad absoluta del matrimonio. ¿No dijo que: "¿A causa de la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres"? Lo que significa que, desde el tiempo de Moisés, no siendo el afecto mutuo el único objeto del matrimonio, la separación podría ser necesaria. Pero añadió: "esto no ha sucedido desde el principio"; es decir, que, en el origen de la humanidad, cuando los hombres aun no estaban pervertidos por el egoísmo y el orgullo y vivían según la ley de Dios, las uniones fundadas en la simpatía y no en la vanidad y la ambición, no darían lugar a repudiación.

Aun va más lejos: especifica el caso en que el repudio pueda tener lugar, que es el adulterio; pero el adulterio no existe en donde reina un afecto recíproco y sincero. Es verdad que prohíbe a todo hombre el casarse con la mujer repudiada; pero es preciso tomar en cuenta las costumbres y el carácter de los hombres de su tiempo. La ley Mosaica, en este caso, prescribía la lapidación; queriendo abolir un uso bárbaro y como era preciso un castigo, lo encontró en la vergüenza que debía imprimir la interdicción de un segundo matrimonio. De algún modo era una ley civil sustituida a otra ley civil, pero que, como todas las leyes de esta naturaleza, debía sufrir la prueba del tiempo.


En una reunión presidida por Francisco Cândido Xavier en donde se dialogó sobre el tema que nos ocupa, el Espíritu de Emmanuel relató el siguiente mensaje, titulándolo:

UNIR A DOS
La unión de dos, en el culto de la afinidad o en la ejecución de tareas más amplias de la familia, es un encargo honroso, como sucede con tantas obligaciones dignas. No por eso deja de ser un trabajo a realizar. Y trabajo tan importante que, no siendo posible a un solo corazón, es preciso dos para realizarlo.

Entre los cónyuges es imperativo que cada uno aprenda a comprender al otro, como modo de desarrollar las cualidades nobles que el otro posee, transformándole consecuentemente las posibles tendencias menos felices en aspiraciones de Vida mejor.

Claramente, todos tenemos vinculaciones profundas, idiosincrasias o peculiaridades, frustraciones y dificultades. La reencarnación nos informa con seguridad en cuanto a esto, indicando para qué lado gravitamos (nos decantamos) en familia, según los mecanismos de la vida que la experiencia terrestre nos induce al reequilibrio.

En razón de esto, toda pareja y toda organización doméstica revelan regiones neurálgicas entre-tejidas de problemas que es preciso saber salvar o penetrar, a fin de que el futuro nos traiga soluciones de armonía irreversible.

Si te encuentras al lado de alguien, bajo régimen de compromiso afectivo, no exijas de inmediato a ese alguien la presentación de recursos de que aún necesite para ser a tus ojos la compañía perfecta que esperabas encontrar entre las paredes domésticas.

Ni quieras que ese alguien piense con tus pensamientos, porque a nadie le es lícito reclamar de otro aquello que aún no consigues hacer.

Si no deseas recibir en tus propios hombros la cabeza de quien abrazó contigo las responsabilidades de la unión a dos, es más que natural que no puedas imponer la propia cabeza a los hombros de la criatura a quien prometiste cariño y dedicación.

El matrimonio es obligación, que los interesados asumen libremente y que prestarán justa cuenta uno al otro. En cuanto a eso, el casamiento no funde a las personas que lo integran. Por esto mismo la unión de dos, más allá de complementación realizada, recuerda la labor y la construcción: cada cónyuge recoge lo que plantó, tanto en cuanto dispone de lo que hizo.


En esta misma reunión  el hermano Saulo (seudónimo que utiliza José Herculano Pires), comenta sobre:

LAS LEYES DEL CASAMIENTO
Son dos las leyes básicas del casamiento, según la apreciación de Kardec, en los textos citados al inicio; la ley material y divina de unión sexual para la reproducción de la especie y la ley moral o divina del amor para la evolución espiritual de los seres. Ambas son divinas, pues todas las leyes de la Naturaleza provienen de Dios. Pero los hombres, en el abuso de su libre albedrío, falsean la ley Biológica de reproducción y defraudan o confunden la ley del Amor con los intereses inferiores de la animalidad.

Son esas actitudes negativas las que crean las dificultades, los dramas y las tragedias del matrimonio. De las dos leyes básicas mencionadas por Kardec en el orden en que las obedecemos _ primero la material y después la moral_ la que debe prevalecer es la segunda, pues nuestra esencia es espiritual, nuestra naturaleza es moral y no material. Como damos prioridad a la primera, la ley de acción y reacción (causa y efecto), que determina nuestros destinos, nos aplican  mecanismos de reparación que nos llevan a los matrimonios sacrificios.

Saber soportarlos es el medio de reparar los abusos del pasado y predisponernos a las compensaciones futuras. Toda fuga a la reparación de la vida constituye postergación de sacrificios, pues las leyes naturales se cumplen a lo largo del tiempo.

Las responsabilidades del matrimonio no se refieren apenas a los esposos, mas también a los hijos y familiares de lado a lado. Por eso el divorcio es permitido, como enseñó Jesús, en virtud de la dureza de nuestros corazones, pero aquellos que pudieron evitarla avanzarán más deprisa en la senda de la evolución espiritual.

La unión de dos es siempre un encargo honroso, como acentúa Emmanuel, y feliz aquel que sabe mostrarse digno de ese encargo.


Quisiera terminar esta disertación tomando un fragmento de la obra “Entre la Tierra y el Cielo”, Cap. XXXVIII (Boda Feliz), del espíritu André Luiz y psicografiada por Chico Xavier, que nos permite comprender cuan necesaria es la vida en pareja, amparada por el vínculo matrimonial en nuestra amada Tierra:

“A medida que me aumenta la experiencia en el tiempo, reconozco que el matrimonio, por encima de todo es unión de alma con alma”…. “La amistad pura es la verdadera garantía de la ventura conyugal. Sin los cimientos de la comunión fraterna y del respeto mutuo, el matrimonio pronto se transforma en pesadas cadenas de condenados de la cárcel social”.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO

Padres e hijos y viceversa



PADRES E HIJOS y VICEVERSA







El libro de los Espíritus de Allan Kardec, nos dice en las siguientes preguntas:

208. ¿No tiene influencia el espíritu de los padres en el del hijo, después de haber nacido éste?

«La tiene, y muy grande, pues, como dejamos dicho, los espíritus deben contribuir a su progreso recíproco. Pues bien: el espíritu de los padres tiene la misión de desarrollar, por medio de la educación, el de sus hijos, lo que les impone una tarea. Si falta en ella, se hace culpable».



209. ¿Por qué los padres buenos y virtuosos tienen hijos de naturaleza perversa? O, de otro modo, ¿por qué las buenas cualidades de los padres no atraen siempre en virtud de la simpatía, a un buen espíritu que anime al hijo?

«Un espíritu malo puede pedir buenos padres con la esperanza de que sus consejos le llevarán por mejor camino, y a menudo Dios se lo concede».



582. ¿Puede considerarse la paternidad como una misión?

«Sin duda es una misión y al mismo tiempo un deber muy grande que compromete para el porvenir la responsabilidad más de lo que el hombre se imagina. Dios ha puesto al niño bajo la tutela de sus padres para que estos le guíen en la senda del bien, y les ha facilitado la tarea dando a aquél una organización endeble y delicada, que le hace accesible a todas las impresiones. Pero padres hay que se ocupan más de enderezar los árboles de su jardín y en hacerlos dar mucho fruto, que en enderezar el carácter de su hijo. Si este sucumbe por falta de aquéllos, sufrirán la pena y los padecimientos del hijo en la vida futura recaerán sobre ellos; porque no hicieron lo que estaba en sus manos por su adelanto en el camino del bien».



583. Si un niño es malo, a pesar de los cuidados de sus padres, ¿son responsables estos?

«No; pero mientras más malas sean las disposiciones del hijo, más pesada es la tarea, y mayor será el mérito si consiguen separarle del mal camino».



385. ¿De dónde procede el cambio que se opera en el carácter a cierta edad, particularmente al salir de la adolescencia? ¿Es el espíritu el que se modifica?

«Es el espíritu que recupera su naturaleza y se muestra como era.

»Vosotros no sabéis el secreto que en su inocencia ocultan los niños; no sabéis lo que son, lo que han sido, lo que serán, y los amáis sin embargo, los queréis como si fuesen parte de vosotros mismos, de modo que el amor de una madre hacia sus hijos se reputa como el mayor que puede un ser sentir por otro ser. ¿De dónde procede tan dulce afecto, esa tierna benevolencia (bondad) que hasta los mismos extraños experimentan respecto del niño? ¿Lo sabéis? No. Yo voy a explicároslo.

»Los niños son seres que Dios envía a nuevas existencias, y para que no puedan acusarle de severidad demasiado grande, les concede todas las apariencias de la inocencia. Hasta en un niño de mala índole, se cubren sus maldades con la inocencia de sus actos. Semejante inocencia no es una superioridad real sobre lo que era antes, no; es la imagen de lo que debiera ser, y si no lo son, sobre ellos únicamente recae la culpa.

»Pero no solamente por ellos les da Dios este aspecto, dáselo también, y sobre todo, por sus padres, cuyo amor es necesario a la debilidad de aquéllos, amor que se amenguaría notablemente a la vista de un carácter áspero y acerbo (desagradable), al paso que, creyendo a sus hijos buenos y afables, les profesan todo su afecto y les rodean de los más exquisitos cuidados.

»Pero cuando los hijos no han menester ya de esta protección, de esta asistencia que se les ha otorgado, durante quince o veinte años, aparece su carácter real e individual en toda su desnudez, y continúa siendo bueno, si esencialmente era bueno; pero se matiza siempre de los colores que estaban ocultos por la primera infancia.

»Ya veis que las miras de Dios son siempre las mejores y que cuando se tiene un corazón puro, la explicación es fácil de concebir.

»Figuraos, en efecto, que el espíritu de los niños que nacen entre vosotros, puede venir de un mundo donde ha tomado hábitos diferentes, ¿cómo queréis que existiese en medio de vosotros ese nuevo ser, que viene con pasiones esencialmente distintas de las que tenéis vosotros, con inclinaciones y gustos enteramente opuestos a los vuestros, ¿cómo queréis que se uniese a vuestras filas de otro modo que como Dios lo ha querido, es decir, por el tamiz (filtro) de la infancia? En ella se confunden todos los pensamientos, todos los caracteres y las variedades de seres engendrados por esa multitud de mundos en los que crecen las criaturas. Y vosotros mismos, al morir, os encontráis en una especie de infancia en medio de nuevos hermanos, y en vuestra nueva existencia no terrestre, ignoráis los hábitos, las costumbres y las relaciones de ese mundo nuevo para vosotros, y hablaríais con dificultad una lengua que no estáis acostumbrados a hablar, lengua más viva aún que vuestro pensamiento actual.

»La infancia tiene otra utilidad. Sólo entran los espíritus en la vida corporal para perfeccionarse, para mejorarse, y la debilidad de la edad primera les hace flexibles, accesibles a los consejos de la experiencia y de los que deben hacerles progresar. Entonces es cuando puede reformarse su carácter y reprimir sus malas inclinaciones, y esta es la misión que Dios ha confiado a los padres, misión sagrada de la que habrán de rendir cuentas.

»Así es como la infancia es no sólo útil, necesaria e indispensable, sino que también consecuencia natural de las leyes que Dios ha establecido y que rigen el universo».



En el libro El Evangelio según el Espiritismo de Allan Kardec, nos dice sobre:

La ingratitud de los hijos y los lazos de familia (CAPÍTULO XIV, página 224):

¡Oh, espiritistas! comprended hoy el gran papel de la Humanidad; comprended que cuando producís un cuerpo, el alma que se encarna en él viene del espacio para progresar; sabed vuestros deberes; y poned todo vuestro amor en aproximar esta alma a Dios; esta es la misión que os está confiada, y por la que recibiréis la recompensa si la cumplís fielmente. Vuestros cuidados, la educación que la daréis, ayudarán a su perfeccionamiento y a su bienestar futuro. Pensad que a cada padre y a cada madre, Dios preguntará: ¿Qué habéis hecho del niño confiado a vuestro cuidado? Si se ha quedado atrasado por vuestra falta, vuestro castigo será el verle entre los espíritus que sufren, dependiendo de vosotros el que hubiese sido feliz. Entonces vosotros mismos, abatidos por los remordimientos, procuraréis reparar vuestra falta, solicitaréis una nueva encarnación para vosotros y para él, en la cual le rodearéis de mejores cuidados, y él, lleno de reconocimiento, os rodeará con su amor.

No desechéis, pues al hijo que en la cuna rechaza a su madre, ni al que paga con ingratitudes; no es la casualidad la que os ha hecho así, ni la que os lo ha dado. Una intuición imperfecta del pasado se revela, y de esto podéis juzgar que el uno o el otro ha aborrecido mucho o ha sido muy ofendido: que el uno o el otro ha venido para perdonar o expiar. ¡Madres! abrazad, pues, al hijo que os causa tristeza, y decíos: Uno de nosotros dos es culpable. Mereced los goces divinos que Dios concede a la maternidad, enseñando a este niño, que está en la tierra para perfeccionarse, a amar y bendecir.

Mas ¡ay! muchos de entre vosotros, en lugar de echar fuera los malos principios innatos de las existencias anteriores por medio de la educación, entretenéis y desarrolláis estos mismos principios por una culpable debilidad o por indolencia; pero más tarde vuestro corazón ulcerado por la ingratitud de vuestros hilos, será para vosotros, desde esta vida, el principio de vuestra expiación.

La tarea no es tan difícil como podríais creerlo, no exige la ciencia del mundo; lo mismo puede cumplirla el sabio que el ignorante, y el Espiritismo viene a facilitarla, haciendo conocer la causa de las imperfecciones del corazón humano.

Desde la cuna, el hijo manifiesta los instintos buenos o malos que trae de su existencia anterior; es preciso aplicarse a estudiarlos; todos los males tienen su principio en el egoísmo y en el orgullo; vigilad pues, las menores señales que revelan el germen de estos vicios, y dedicaos a combatirlos sin esperar que echen raíces profundas; haced como el buen jardinero que arranca los malos vástagos a medida que los ve apuntar en el árbol. Si dejáis desarrollar el egoísmo y el orgullo, no os admiréis si más tarde os pagan con ingratitudes. Cuando los padres han hecho todo cuanto han podido para el adelantamiento moral de sus hijos, si no pueden conseguir su objeto, no pueden hacerse cargos, y su conciencia puede estar tranquila; pero al pesar muy natural que experimentan por el mal éxito de sus esfuerzos, Dios reserva un grande, un inmenso consuelo, por la "certeza" de que sólo es un atraso, y que les será permitido acabar en otra existencia la obra empezada en ésta, y que un día el hijo ingrato les recompensara con su amor.

Dios no ha hecho las pruebas superiores a las fuerzas del que las pide; no permite sino las que se puedan cumplir; si no se llena el objeto, no es la posibilidad la que le falta, sino la voluntad, porque ¿cuántos hay que en lugar de resistir a las malas tentaciones, se entregan y complacen en ellas? Para estos están reservados los llantos y el crujir de dientes en sus existencias posteriores; pero admirad la bondad de Dios, que nunca cierra la puerta al arrepentimiento. Llega un día en que el culpable se cansa de sufrir o en que su orgullo al fin se ha dominado, y entonces es cuando Dios abre sus brazos paternales al hijo pródigo que se echa a sus pies. "Las grandes pruebas, escuchadme bien, son casi siempre indicio de un fin de sufrimientos y de un perfeccionamiento del espíritu, cuando son aceptadas por amor a Dios".

Este es un momento supremo, y entonces es cuando sobre todo conviene no desfallecer murmurando, si no se quiere perder el fruto y tener que empezar otra vez. En lugar de quejaros, dad gracias a Dios, que os ofrece la ocasión de vencer para daros el premio de la victoria. Entonces, cuando al salir del torbellino del mundo terrestre entréis en el de los espíritus, seréis allí aclamados como el soldado que sale victorioso de la pelea.

De todas las pruebas, las más poderosas son las que afectan al corazón; hay quien soporta con valor la miseria y las privaciones materiales y sucumbe bajo el peso de la tristeza doméstica, mortificado por la ingratitud de los suyos. ¡Oh! esto es una aguda agonía! Pero, ¿quién puede mejor, en estas circunstancias, reanimar el valor moral, sino el conocimiento de las causas del mal y la certeza de que, si hay grandes trastornos, no hay desesperaciones eternas, porque Dios no puede querer que su criatura sufra siempre? ¿Qué cosa hay más consoladora y que dé más valor, que el pensamiento de que depende de sí mismo y de sus propios esfuerzos abreviar el sufrimiento, destruyendo en sí las causas del mal? Pero, para esto, es preciso no concretar las miradas a la Tierra y no ver sólo una existencia; es preciso elevarse, dominar el infinito del pasado y del porvenir; entonces la gran justicia de Dios se revela a vuestras miradas y esperáis con paciencia, porque os explicáis lo que os parecen monstruosidades en la Tierra; las heridas que recibís en ella sólo os parecen rasguños. Con este golpe de vista echado al conjunto, los lazos de familia aparecen bajo su verdadera luz; éstos no son ya los lazos frágiles de la materia que reúnen sus miembros, sino lazos duraderos del espíritu que se perpetúan y consolidan purificándose, en lugar de romperse con la encarnación.

Los espíritus a quienes la semejanza de gustos, la identidad del progreso moral y el afecto conducen a reunirse, forman familias; estos mismos espíritus en sus emigraciones terrestres, se buscan para agruparse como lo hacen en el espacio; de aquí nacen las familias unidas y homogéneas, y si en sus peregrinaciones se separan momentáneamente, se encuentran después felices por su nuevo progreso. Pero como no deben trabajar sólo para sí, Dios permite que los espíritus menos adelantados vengan a encarnarse entre ellos, para tomar consejos y buenos ejemplos en provecho de su adelantamiento; algunas veces ponen la disensión entre ellos; pero esta es la prueba, esta es la tarea. Acogedles, pues, como a hermanos, ayudadles, y más tarde, en el mundo de los espíritus, la familia se felicitará por haber salvado del naufragio a los que a su vez podrán salvar a otros. (San Agustín. París, 1862).



En este mismo libro de El Evangelio según el Espiritismo de Allan Kardec, nos dice lo siguiente sobre la:

Piedad filial (CAPÍTULO XIV, página 219):

Honrar a su padre y a su madre no es sólo respetarles; es también asistirles en sus necesidades, procurarles el descanso en su vejez y rodearles de solicitud como lo han hecho con nosotros en nuestra infancia.

Sobre todo con respecto a los padres sin recursos es como se demuestra la verdadera piedad filial. ¿Cumplen, acaso, este mandamiento aquellos que creen hacer un gran esfuerzo dándoles lo justo para que no se mueran de hambre, cuando ellos no se privan de nada, relegándoles en la peor habitación de la casa por no dejarles en la calle, cuando ellos reservan para sí lo mejor y más cómodo? Gracias aun si no lo hacen de mal grado y no les obliguen a comprar el tiempo que les queda de vida, cargándoles con las fatigas domésticas. ¿Está bien que los padres viejos y débiles sean los servidores de los hijos jóvenes y fuertes? ¿Acaso su madre les regateó su leche cuando estaban en la cuna? ¿Ha escaseado sus vigilias cuando estaban enfermos, y sus pasos para procurarles aquello que les faltaba? No; no es sólo lo estrictamente necesario lo que los hijos deben a sus padres pobres; deben también darles las pequeñas dulzuras de lo superfluo, los agasajos, los cuidados exquisitos que sólo son el interés de lo que ellos han recibido y el pago de una deuda sagrada. Esta es la verdadera piedad filial aceptada por Dios.

Desgraciado, pues, aquél que olvida lo que debe a los que le han sostenido en su debilidad, a los que con la vida material le dieron la vida moral, a los que muchas veces se impusieron duras privaciones para asegurar su bienestar; desgraciado el ingrato, porque será castigado con la ingratitud y el abandono; será herido en sus más caros afectos, "algunas veces desde la vida presente", y más ciertamente en otra existencia, en la que sufrirá lo que ha hecho sufrir a los otros.

Es verdad que ciertos padres olvidan sus deberes y no son para sus hijos lo que deben ser; pero a Dios corresponde castigarlos y no a sus hijos; éstos no deben reprocharles, porque ellos mismos han merecido que así sucediera. Si la caridad eleva a ley el devolver bien por mal, ser indulgente con las imperfecciones de otro, no maldecir a su prójimo, olvidar y perdonar los agravios, y hasta amar a los enemigos, ¡cuánto mayor es esta obligación con respecto a los padres! Los hijos, pues, deben tomar por regla de conducta para con estos últimos, todos los preceptos de Jesús concernientes al prójimo, y decir que todo proceder vituperable (reprobable) con los extraños, lo es más con los allegados, y lo que sólo puede ser una falta en el primer caso, puede llegar a ser un crimen en el segundo, porque entonces a la falta de caridad se agrega la ingratitud.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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El alma y los seres orgánicos






EL ALMA Y LOS SERES ORGÁNICOS





Como ya comenté en la última reunión, quisiera aportar lo que he indagado a través de los libros de la codificación espírita, que es la base de la doctrina espírita que estamos estudiando, en relación con la discrepancia de opiniones que tuvimos sobre si los animales tienen alma, a fin de tratar de esclarecerlo, como nos aconsejan que hagamos nuestros hermanos superiores, estudiando, comparando y ahondando.


Antes de nada quiero manifestar mi amor por los animales, pero como voy a tratar de exponer, una cosa es que tengan un principio independiente de la materia como nosotros y otra muy diferente es comparar ese principio con el nuestro.


Bien, en el libro titulado El Génesis, en el capítulo XI, Génesis espiritual, Unión del principio espiritual con la materia, páginas 94 y 95, dice textualmente:
14. El cuerpo sólo es una envoltura destinada a alojar al espíritu. Poco importa su origen o los elementos que lo conforman. Aunque el cuerpo del hombre sea una creación especial, está constituido por los mismos que integran los cuerpos de los animales y es animado por el mismo principio vital, es decir, activado por idéntico fuego, así como es iluminado por la misma luz y está sujeto a vicisitudes de igual tenor (contenido) e idénticas necesidades: estas aseveraciones nadie las pone en duda.


Si consideramos únicamente a la materia, haciendo abstracción del espíritu, no hay nada en el hombre que lo distinga del animal. Pero si hacemos la distinción entre el habitante y la habitación, todo cambia fundamentalmente.
Aunque un noble viva en la choza del campesino o vista el sayal del pastor, seguirá siendo un gran señor. Lo mismo sucede con el hombre. No es su vestido de carne el que lo eleva por sobre la bestia y lo convierte en un ser especial, sino su ser espiritual, su espíritu.


En El Libro de los Espíritus,  en la pregunta 597 de la página 240, dice textualmente:
Puesto que los animales tienen una inteligencia que les da cierta libertad de acción, ¿existe en ellos un principio independiente de la materia?
«Sí, y sobrevive al cuerpo».
-¿Este principio es un alma semejante a la del hombre?
«Si así lo queréis, también es un alma, esto depende del sentido que se dé a esta palabra; pero es inferior a la del hombre. Y oíd bien lo que añade: Del alma de los animales a la del hombre, va tanta diferencia como del alma humana a Dios».


En este mismo libro, en el apartado II de la INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA DOCTRINA ESPIRITISTA, páginas 8 a 10, dice textualmente:
Existe otra palabra sobre la cual es igualmente importante que nos entendamos, porque es una de las llaves maestras de toda doctrina moral y porque es causa de muchas controversias por carecer de una acepción (1)  bien deslindada; tal es la palabra alma. La divergencia de opiniones acerca de la naturaleza del alma procede de la aplicación particular que de esta palabra hace cada uno. Un idioma perfecto, en el que cada idea estuviese representada por su palabra peculiar, evitaría muchas discusiones, y con un término para cada cosa, todos nos entenderíamos.


Según unos, el alma es el principio de la vida material orgánica no tiene existencia propia y cesa cuando la vida cesa. Así piensa el materialismo puro. En este sentido, y por comparación, dicen los materialistas que no tiene alma el instrumento que, por estar rajado, no suena. En esta hipótesis, el alma es efecto y no causa.


Otros creen que el alma es el principio de la inteligencia, agente universal del que cada ser absorbe una parte. Según éstos, todo el universo no tiene más que una sola alma que distribuye partículas a los diversos seres inteligentes, durante la vida, volviendo, después de la muerte, cada partícula al origen común donde se confunde con el todo, como los arroyos y ríos vuelven al mar de donde salieron. Difiere esta opinión de la precedente en que, en la hipótesis que nos ocupa, existe en nosotros algo más que materia y algo subsiste después de la muerte; pero es casi como si nada sobreviviese; porque, desapareciendo la individualidad, no tendríamos conciencia de nosotros mismos. Siguiendo esta opinión el alma universal sería Dios, y todo ser, parte de la Divinidad.

Semejante sistema es una de las variaciones del panteísmo. (Sistema de quienes creen que la totalidad del universo es el único Dios. Idea de que todas las cosas son Dios)

Según otros, en fin, el alma es un ser moral distinto, independiente de la materia, que conserva su individualidad después de la muerte. Esta acepción (1) es, sin contradicción, la más general, porque, con uno u otro nombre, la idea de este ser que sobrevive al cuerpo se encuentra en estado de creencia instintiva e independiente de toda enseñanza, en todos los pueblos, cualquiera que sea su grado de civilización. Esta doctrina, según la cual el alma es causa y no efecto, es la de los espiritualistas.

Sin discutir el mérito de estas opiniones, y concretándonos únicamente a la cuestión lingüística, diremos que esas tres aplicaciones de la palabra alma constituyen tres distintas ideas, para cada una de las cuales sería necesario un término especial. La palabra que nos ocupa tiene, pues, una triple acepción (1), y los partidarios de los citados sistemas tienen razón en las definiciones que dan de ella, teniendo en cuenta el punto de vista en que se colocan. La culpa de la confusión es del lenguaje, que sólo tiene una palabra para tres ideas distintas. Para evitar las anfibologías (doble sentido), preciso sería emplear la palabra alma para una sola de las tres indicadas ideas, y siendo la cuestión principal la de que nos entendamos perfectamente, es indiferente la elección, dado que este es un punto convencional. Creemos que lo más lógico es tomarla en su acepción (1) más vulgar, y por este motivo llamamos alma al ser inmaterial e individual que reside en nosotros y sobrevive al cuerpo.

En defecto de esta palabra especial para cada una de las otras dos acepciones, llamamos: Principio vital, al principio de la vida material y orgánica, cualquiera que sea su origen; principio común a todos los seres vivientes, desde las plantas hasta el hombre. El principio vital es distinto e independiente porque puede existir la vida, aun haciendo abstracción de la facultad de pensar. 

Se evitaría igualmente la confusión empleando la palabra alma en aquellos tres casos, pero añadiéndole un calificativo que especificase el aspecto en que se la toma, o la acepción (1) que quiere dársele. Sería entonces un vocablo genérico, que representaría simultáneamente el principio de la vida material, el de la inteligencia y el del sentido moral, y que se distinguiría por medio de un atributo, como distinguimos los gases, añadiendo a la palabra gas los calificativos hidrógeno, oxígeno o ázoe. Pudiera, pues, decirse, y esto sería lo más acertado, el alma vital por el principio de la vida material, el alma intelectual por el principio inteligente y el alma espiritista por el principio de nuestra individualidad después de la muerte. Según se ve, todo esto se reduce a una cuestión de suma importancia para entendernos. Conformándonos con aquella clasificación, el alma vital seria común a todos los seres orgánicos: las plantas, los animales y los hombres; el alma intelectual propia de los animales y de los hombres, perteneciendo el alma espiritista al hombre únicamente.

Hemos creído deber nuestro insistir tanto más en estas explicaciones, por cuanto la doctrina espiritista está naturalmente basada en la existencia en nosotros mismos de un ser independiente de la materia que sobrevive al cuerpo. Debiendo repetir frecuentemente la palabra alma en el curso de esta obra, importaba fijar el sentido que le damos para evitar así las equivocaciones.

Y como nos dicen, todos nos entenderíamos mejor y evitaríamos interpretaciones erróneas, si tuviéramos un idioma perfecto, en el que cada idea estuviese representada por su palabra peculiar.

Por último comentar, a mí el primero, lo que nos dice el Espíritu de la Verdad (que Fue el espíritu coordinador a nivel espiritual de la obra de Allan Kardec, hasta en el más mínimo detalle):
"Estudiad, comparad, profundizad; os lo decimos sin cesar, el conocimiento de la verdad se adquiere a este precio. ¿Cómo queréis llegar a la verdad cuando lo interpretáis todo según vuestras ideas limitadas que vosotros tomáis por grandes? Pero no está lejos el día en que la enseñanza de los Espíritus será uniforme por todas partes, así en los detalles como en las cosas principales. Su misión es de destruir el error, pero esto no puede venir sino sucesivamente."


(1) Acepción: Cada uno de los significados que puede tener la palabra alma según el contexto.

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Principio 90/10




¿Has tenido alguna mala reacción ante algún problema, contigo mismo, tu pareja, tus hijos, tus compañeros, etc.?

Te aconsejo que dediques unos pocos minutos a leer el principio 90/10 que a continuación transcribo, léelo hasta la última palabra, estoy seguro que si lo lees con una mente abierta te ayudará. Si tienes pareja leerlo juntos. Si ya sabías de este principio, volver a leerlo nos ayudará.


El principio 90/10


Descubre el principio 90/10. Cambiará tu vida (al menos la forma en como reaccionas a situaciones) ¿Cuál es este principio? El 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa, el 90% de la vida está relacionado por lo forma en como reaccionas. ¿Qué quiere decir esto? Nosotros realmente no tenemos control sobre el 10% de lo que nos sucede.

No podemos evitar que el automóvil se averíe, que el avión llegue tarde, lo cual tirará por la borda todo nuestro plan. Un automovilista puede obstaculizarnos en el tráfico.

No tenemos control de este 10%. El otro 90% es diferente. Tú determinas el otro 90%. ¿Cómo?…Con tu reacción. 

Tú no puedes controlar el semáforo en rojo, pero puedes controlar tu reacción. No dejes que la gente se aproveche de ti. Tú puedes controlar como reaccionas.

Usemos un ejemplo.

Estás desayunando con tu familia. Tu hija tira una taza de café y chispea tu camisa de trabajo. Tú no tienes control sobre lo que acaba de pasar. Lo siguiente que suceda será determinado por tu reacción. Tú maldices. Regañas severamente a tu hija por que te tiró la taza encima. Ella rompe a llorar. Después de regañarla, regañas a tu esposa y la criticas por colocar la taza demasiado cerca de la orilla de la mesa. Y sigue una batalla verbal. Tú vociferando subes arriba a cambiarte la camisa. Cuando bajas de regreso, encuentras a tu hija demasiado ocupada llorando terminándose el desayuno y estar lista para la escuela. Ella pierde el autobús. Tu esposa debe irse inmediatamente para el trabajo. Tú te apresuras al automóvil y llevas a tu hija a la escuela. Debido a que tú ya estas atrasado, circulas a 40 km por hora en una velocidad máxima de 30 km por hora. Después de 15 minutos de retraso y obtener una multa de tráfico por 60.00 €, llegas a la escuela. Tu hija corre hacia la escuela sin decirte adiós. Después de llegar a la oficina 20 minutos tarde, te das cuenta que se te olvidó el maletín. Tu día empezó terrible. Y parece que se pondrá cada vez peor. Ansías llegar a tu casa. Cuando llegas a tu casa, encuentras un pequeño distanciamiento en tu relación con tu esposa y tu hija.

¿Por qué? Debido a como reaccionaste en la mañana.

¿Por qué tuviste un mal día?

a)      ¿el café lo causó?
b)      ¿tu hija lo causó?
c)      ¿el policía lo causó?
d)     ¿tú lo causaste?

La respuesta es la “d”.

Tú no tenías control sobre lo que pasó con el café. La forma en como reaccionaste esos 5 segundos fue lo que causó tu mal día.

Te presento lo que debió haber sucedido.

El café te chispea. Tú hija está a punto de llorar. Tú gentilmente le dices, “esta bien cariño, solo necesitas tener más cuidado la próxima vez. Después de agarrar una camisa nueva y tu maletín, regresas abajo y miras a través de la ventana, ves a tu hija tomando el autobús. Ella se da la vuelta y te dice adiós con la mano. ¿Notas la diferencia?

Dos escenarios diferentes. Ambos empezaron igual. Ambos terminaron diferente.

¿Por qué?

Tú realmente no tienes control sobre el 10% de lo que sucede. El otro 90% se determinó por tu reacción. Aquí están algunas formas de aplicar el principio 90/10. Si alguien te dice algo negativo acerca de ti. No lo tomes muy apecho. Deja que el ataque caiga como el agua sobre el aceite. No dejes que los comentarios negativos te afecten. Reacciona apropiadamente y no arruinará tu día. Una reacción equivocada podría ocasionar la pérdida de un amigo, ser despedido, te puedes estresar, etc. ¿Cómo reaccionar si alguien te interrumpe en el tráfico? ¿Pierdes tu carácter? ¿Golpeas sobre el volante? (a un amigo mío se le desprendió el volante) ¿maldices? ¿Te sube la presión? ¿A quien le preocupa que llegues 10 segundos tarde al trabajo? ¿Por qué dejar que los automóviles te arruinen el viaje? Recuerda el principio 90/10 y no te preocupes de eso.

Tú has dicho que perdiste el empleo. ¿Porque perder el sueño y ponerte enojado? No funcionará. Usa la energía de preocupación y el tiempo para encontrar otro trabajo. El avión está atrasado. Va a arruinar la programación de tu día. Por que manifestar frustración con el encargado de la aerolínea? Ella no tiene control de lo que está pasando. Usa tu tiempo para estudiar, conocer a otros pasajeros, ¿por qué estresarse? Eso hará que las cosas se pongan peor. Ahora ya conoces el principio 90/10. Aplícalo y quedarás maravillado con los resultados. No perderás nada si lo intentas. El principio 90/10 es increíble. Muy pocos lo conocen y aplican este principio.

¿El resultado?

Millones de gente están sufriendo de un estrés que no vale la pena, sufrimientos, problemas y dolores de cabeza. Todos debemos entender y aplicar el principio 90/10.

¡Puede cambiar tu vida!
Disfruta…Stephen Covey


Recordar también que según cómo pensamos, así somos. Si la mente percibe algo, ese algo existe para nosotros. Si la mente desecha algo, ese algo no existe para nosotros.

“Cuida tus pensamientos porque ellos se convertirán en palabras…
Cuida tus palabras porque estas se traducen en acciones…
Cuida tus acciones porque ellas, con el paso del tiempo devienen en hábitos…
Cuida tus hábitos porque ellos forjarán tu carácter…
Cuida tu carácter, ya que él crea tu destino.”

Si unimos el principio con el final del párrafo, el pensamiento crea el destino.


Como ya decía Epíteto en el siglo I d.C. que no nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede.

Fuente:escritor estadounidense Stephen R. Covey 

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