Ocupaciones y misiones de los espíritus

 





OCUPACIONES y MISIONES  de los ESPÍRITUS







El libro de los Espíritus de Allan Kardec
CAPÍTULO X
Ocupaciones y Misiones de los Espíritus

558. Los Espíritus, ¿tienen alguna otra cosa que hacer, además de mejorar personalmente?
“Cooperan en la armonía del universo al ejecutar los designios de Dios, del que son ministros. La vida espírita es una ocupación ininterrumpida, pero no es penosa como la de la Tierra, porque en aquella no existen el cansancio corporal ni las angustias de la necesidad.”


559. Los Espíritus inferiores e imperfectos, ¿desempeñan también un papel útil en el universo?
“Todos tienen deberes que cumplir. ¿Acaso el último de los albañiles no coopera en la construcción del edificio tanto como el arquitecto?”


560. Cada Espíritu, ¿tiene atribuciones especiales?
“Lo cierto es que cada uno de nosotros debe vivir en todas partes y adquirir el conocimiento de todas las cosas, presidiendo sucesivamente los diversos proyectos del universo. No obstante, tal como se ha dicho en el Eclesiastés, hay un tiempo para todo. Así, este Espíritu cumple hoy su destino en este mundo, aquel lo cumplirá o ya lo cumplió en otra época, en la tierra, el agua, el aire, etc.”


561. Las funciones que desempeñan los Espíritus en el orden de las cosas, ¿son permanentes para cada uno de ellos y se hallan dentro de las atribuciones exclusivas de determinadas clases?
“Todos deben recorrer los diferentes grados de la escala para perfeccionarse. Dios, que es justo, no ha querido dar a algunos la ciencia sin trabajo, mientras que otros sólo la conquistan con esfuerzo.”

Del mismo modo, entre los hombres, nadie llega al grado supremo de habilidad en algún arte, sin haber obtenido antes los conocimientos necesarios en la práctica de los pormenores de ese arte.


562. Dado que los Espíritu del orden más elevado ya no tienen nada más que adquirir, ¿se mantienen en reposo absoluto o también tienen ocupaciones?
“¿Qué querrías que hiciesen durante la eternidad? El ocio eterno sería un suplicio eterno.”


[562a] – ¿Cuál es la naturaleza de sus ocupaciones?
“Recibir directamente las órdenes de Dios, transmitirlas a todo el universo y velar por su ejecución.”


563. Las ocupaciones de los Espíritus, ¿son incesantes?
“Incesantes, sí, si se entiende que su pensamiento está siempre activo, porque ellos viven por el pensamiento. Pero no hay que equiparar las ocupaciones de los Espíritus con las ocupaciones materiales de los hombres. La actividad de los Espíritus es de por sí un goce, debido a la conciencia que tienen de ser útiles.”


[563a] – Podemos comprender eso en relación con los Espíritus buenos. Pero ¿sucede lo mismo con los Espíritus inferiores?
“Los Espíritus inferiores tienen ocupaciones apropiadas a su naturaleza. ¿Confiáis vosotros al peón y al ignorante las tareas del hombre inteligente?”


564. Entre los Espíritus, ¿los hay ociosos o que no se ocupan de nada útil?
“Sí, pero ese estado es temporario y se encuentra subordinado al desarrollo de su inteligencia. Es cierto que, tal como sucede entre los hombres, hay Espíritus que sólo viven para sí mismos. Con todo, esa ociosidad les pesa, y tarde o temprano el deseo de adelantar les hace experimentar la necesidad de estar en actividad, en cuyo caso se sienten dichosos de poder ser útiles. Nos referimos a los Espíritus que han llegado al punto de tener conciencia de sí mismos y libre albedrío. Porque en su origen son como niños recién nacidos, que obran más por instinto que por una voluntad determinada.”


565. Los Espíritus, ¿examinan nuestros trabajos artísticos y se interesan por ellos?
“Examinan lo que puede probar la elevación de los Espíritus y su progreso.”


566. Un Espíritu que en la Tierra se dedicó a una especialidad –un pintor o un arquitecto, por ejemplo–, ¿se interesa preferentemente por los trabajos que fueron objeto de su predilección durante su vida?
“Todo se confunde en un objetivo general. Si el Espíritu es bueno, se interesa por esos trabajos tanto como se lo permita la ocupación de ayudar a las almas a elevarse hacia Dios. Por otra parte, olvidáis que un Espíritu que practicó un arte en la existencia de la que tenéis conocimiento, pudo haber practicado otro arte en otra existencia, porque es necesario que lo sepa todo para ser perfecto. Por consiguiente, conforme a su grado de adelanto, es posible que no tenga ninguna especialidad. Eso entiendo cuando digo que todo se confunde en un objetivo general. Además, notad esto: lo que es sublime para vosotros en vuestro mundo atrasado, no es sino una puerilidad en los mundos más adelantados. ¿Cómo queréis que los Espíritus que habitan en esos mundos, donde existen artes desconocidas para vosotros, admiren lo que para ellos es sólo la obra de un aprendiz? Ya lo he dicho: examinan lo que pueda probar el progreso.”


[566a] – Comprendemos que debe ser así en el caso de los Espíritus muy adelantados, pero nos referimos a los Espíritus más vulgares, que todavía no se han elevado por encima de las ideas terrenales.
“La situación de esos Espíritus es diferente. Su punto de vista es más limitado, de modo que pueden admirar lo mismo que admiráis vosotros.”


567. Los Espíritus, ¿se inmiscuyen a veces en nuestras ocupaciones y en nuestros placeres?
“Los Espíritus vulgares, como tú dices, sí. Permanecen sin cesar alrededor vuestro y toman parte en lo que hacéis, a veces de manera muy activa, según su naturaleza. Eso es necesario para impulsar a los hombres en los diferentes caminos de la vida y estimular o moderar sus pasiones.”

Los Espíritus se ocupan de las cosas de este mundo conforme a su elevación o su inferioridad. Los Espíritus superiores tienen, sin duda, la facultad de considerarlas en sus más pequeños detalles, pero sólo lo hacen cuando eso resulta útil al progreso. Únicamente los Espíritus inferiores conceden importancia a las cosas de este mundo, de acuerdo con los recuerdos que siguen presentes en su memoria y con las ideas materiales que aún no se han extinguido.


568. Los Espíritus que deben cumplir misiones, ¿lo hacen en el estado errante o en el de encarnación?
“Pueden cumplirlas en ambos estados. Para algunos Espíritus errantes las misiones son una gran ocupación.”


569. ¿En qué consisten las misiones que se pueden encomendar a los Espíritus errantes?
“Son tan variadas que sería imposible describirlas. Además, hay algunas que vosotros no podéis comprender. Los Espíritus ejecutan la voluntad de Dios y vosotros no podéis penetrar todos sus designios.”

Las misiones de los Espíritus siempre tienen por objeto el bien. Ya sea como Espíritus, o como hombres, están encargados de contribuir al progreso de la humanidad, de los pueblos o de los individuos, dentro de un orden de ideas más o menos amplio y especial. También preparan el curso de algunos acontecimientos y velan por el cumplimiento de determinadas cosas. Algunos tienen misiones más restringidas y en cierto modo personales o por completo locales, tales como asistir a los enfermos, a los moribundos y afligidos, velar por aquellos de los cuales se convierten en guías y protectores, y orientarlos con sus consejos o mediante los pensamientos buenos que les sugieren. Podemos decir que hay tantas clases de misiones como tipos de intereses que cuidar, ya sea en el mundo físico o en el moral. El Espíritu adelanta conforme a la manera como cumple su tarea.


570. Los Espíritus, ¿comprenden siempre los designios que están encargados de ejecutar?
“No. Algunos son instrumentos ciegos. Otros, en cambio, saben muy bien con qué fin actúan.”


571. ¿Sólo los Espíritus elevados cumplen misiones?
“La importancia de las misiones depende de las capacidades y de la elevación del Espíritu. El mensajero que lleva un despacho también cumple una misión, pero no es la misión de un general.”


572. La misión de un Espíritu, ¿le es impuesta o depende de su voluntad?
“El Espíritu la solicita y se siente dichoso de obtenerla.”


[572a] – Una misma misión, ¿puede ser solicitada por muchos Espíritus?
“Sí. Con frecuencia hay varios candidatos, pero no todos son aceptados.”


573. ¿En qué consiste la misión de los Espíritus encarnados?
“Instruir a los hombres, contribuir a su adelanto, mejorar sus instituciones por medios directos y materiales. Sin embargo, las misiones son más o menos generales e importantes, pues el que cultiva la tierra cumple una misión, así como el que gobierna o el que instruye. Todo se eslabona en la naturaleza. Mientras el Espíritu se purifica mediante la encarnación, coopera, de ese modo, en la realización de los designios de la Providencia. Cada cual tiene su misión en la Tierra, porque todos pueden ser útiles en algo.”


574. ¿Cuál puede ser la misión de las personas voluntariamente inútiles en la Tierra?
“Hay, en efecto, personas que sólo viven para sí mismas y no saben ser útiles en nada. Son pobres seres de quienes hay que compadecerse, pues habrán de expiar dificultosamente su inutilidad voluntaria. Su castigo suele comenzar en la propia Tierra, por el tedio y el disgusto que la vida les causa.”


[574a] – Dado que tenían la posibilidad de elegir, ¿por qué prefirieron una vida de la que no habrán de sacar provecho alguno?
“Entre los Espíritus los hay también perezosos, que retroceden ante la posibilidad de una vida de trabajo. Dios los deja hacer. Más tarde, y a expensas de sí mismos, comprenderán los inconvenientes de su inutilidad y serán los primeros en solicitar que se les permita recuperar el tiempo perdido. También puede ser que hayan elegido una vida más útil, pero al poner manos a la obra retrocedieron y se dejaron llevar por las sugestiones de los Espíritus que los incitaban a permanecer en la ociosidad.”


575. Las ocupaciones comunes más nos parecen deberes que misiones propiamente dichas. La misión, según el sentido que se le atribuye a esta palabra, tiene un carácter de importancia menos exclusiva y, sobre todo, menos personal. Desde ese punto de vista, ¿cómo se puede reconocer cuando un hombre tiene realmente una misión en este mundo?
“Por las grandes cosas que realiza; por los progresos que sus semejantes logran con su ayuda.”


576. Los hombres que tienen una misión importante, ¿estaban predestinados a ella antes de su nacimiento? Además, ¿tienen conocimiento de dicha misión?
“A veces, sí. Pero casi siempre lo ignoran. Cuando van a la Tierra apenas tienen un vago objetivo. Su misión se diseña después de su nacimiento, y de acuerdo con las circunstancias. Dios los impulsa hacia el camino en el que deben cumplir sus designios.”


577. Cuando un hombre hace algo útil, ¿lo hace siempre en virtud de una misión anterior y predestinada o, por el contrario, puede recibir una misión que no estaba prevista?
“No todo lo que hace un hombre es el resultado de una misión predestinada. A menudo él es el instrumento del que un Espíritu se sirve para ejecutar algo que considera útil. Por ejemplo, un Espíritu piensa que sería bueno escribir un libro que él mismo escribiría si estuviera encarnado. Busca, pues, al escritor más apto para comprender su pensamiento y transmitirlo. Le da la idea del libro y lo dirige en su ejecución. En este caso, el hombre no fue a la Tierra con la misión de escribir esa obra. Lo mismo sucede con determinados trabajos artísticos o descubrimientos. Hay que decir, además, que mientras su cuerpo duerme, el Espíritu encarnado se comunica directamente con el Espíritu errante, y ambos se ponen de acuerdo para ejecutar la obra.”


578. El Espíritu, ¿puede fracasar en su misión, por su propia culpa?
“Sí, en caso de que no sea un Espíritu superior.”


[578a] – ¿Cuáles son para él las consecuencias de ese fracaso?
“Tendrá que recomenzar su tarea. Ese es su castigo. Además, sufrirá las consecuencias del mal que haya causado.”


579. Dado que el Espíritu recibe su misión de Dios, ¿por qué Dios confía una misión importante y de interés general a un Espíritu que podría fracasar en ella?
“¿Acaso Dios no sabe si su general alcanzará la victoria o será vencido? No os quepa duda de que lo sabe. Sus planes, cuando son importantes, no dependen de los que habrán de abandonar su obra en la mitad del trabajo. Para vosotros, el problema radica en el conocimiento del porvenir que Dios posee, pero que no os es dado adquirir.”


580. El Espíritu que encarna para cumplir una misión, ¿tiene el mismo temor que el que lo hace como prueba?
“No, porque tiene experiencia.”


581. Los hombres que son el faro del género humano, al que iluminan con su genio, sin duda tienen una misión. Sin embargo, algunos de ellos se equivocan y, al lado de grandes verdades, difunden grandes errores. ¿Cómo debemos considerar su misión?
“Como falseada por ellos mismos. No están a la altura de la tarea que han emprendido. Con todo, hay que tener en cuenta las circunstancias: los hombres de genio han tenido que hablar conforme a la época en que vivieron. Por esa razón, su enseñanza, que parece errónea o pueril en una época más adelantada, era suficiente para su tiempo.”


582. ¿Se puede considerar a la paternidad como una misión?
“Sin ninguna duda, es una misión. Al mismo tiempo, es un deber muy grande que compromete, más de lo que el hombre cree, su responsabilidad para el porvenir. Dios ha puesto al niño bajo la tutela de sus padres para que estos lo orienten en el camino del bien. Además, facilitó su tarea dándole al niño una organización frágil y delicada, que lo hace sensible a todas las impresiones. No obstante, algunos padres se ocupan más de enderezar los árboles de su jardín para que den muchos y buenos frutos, que de corregir el carácter de su hijo. Si este sucumbe por su culpa, ellos sufrirán la pena. Los padecimientos del niño en la vida futura también recaerán sobre los padres, porque no han hecho lo que de ellos dependía para su adelanto en el camino del bien.”


583. Si un niño se vuelve malo a pesar de los cuidados de sus padres, ¿son estos los responsables?
“No, pero cuanto peores sean las disposiciones del niño, más pesada resultará la tarea de los padres y mayor será su mérito si consiguen apartarlo del camino del mal.”


[583a] – Si un niño se convierte en un hombre de bien a pesar de la negligencia o los malos ejemplos de sus padres, ¿obtienen estos algunos beneficios?
“Dios es justo.”


584. ¿De qué naturaleza es la misión del conquistador que sólo pretende satisfacer su ambición, y que para alcanzar ese objetivo no retrocede ante ninguna de las calamidades que genera a su paso?
“La mayoría de las veces no es sino un instrumento del que Dios se sirve para el cumplimiento de sus designios. Por otra parte, esas calamidades constituyen un medio para hacer que un pueblo avance más rápido.”


[584a] – El hecho de que sea el instrumento de esas calamidades pasajeras es ajeno al bien que de ellas pueda resultar, puesto que sólo se propuso un objetivo personal. A pesar de ello, ¿se beneficiará con ese bien?
“Cada uno es recompensado según sus obras, así como por el bien que ha querido hacer y la rectitud de sus intenciones.”

Los Espíritus encarnados tienen ocupaciones inherentes a su existencia corporal. En el estado errante o de desmaterialización, esas ocupaciones son proporcionales a su grado de adelanto. 

Algunos recorren los mundos, se instruyen y se preparan para una nueva encarnación. 

Otros, más adelantados, se ocupan del progreso: son los que dirigen los acontecimientos y sugieren pensamientos propicios para lograrlo. Asisten a los hombres de genio que cooperan en el adelanto de la humanidad.

Otros encarnan con una misión de progreso.

Otros toman bajo su tutela a los individuos, las familias, las comunidades, las ciudades y los pueblos, de los cuales son los ángeles de la guarda, genios protectores y Espíritus familiares.

Otros, por último, presiden los fenómenos de la naturaleza, de los que son agentes directos.

Los Espíritus vulgares se inmiscuyen en nuestras ocupaciones y diversiones.

Los Espíritus impuros o imperfectos aguardan, entre padecimientos y angustias, el momento en que a Dios le plazca procurarles los medios de adelantar. Si hacen el mal es por el despecho que les causa el bien del que aún no pueden disfrutar.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO






La felicidad

 






LA FELICIDAD










Si hay un deseo común entre los casi ocho mil millones de personas que habitamos en el planeta Tierra es, sin duda alguna, que todos y cada uno de nosotros, sin excepción, queremos ser felices. El concepto de felicidad varía tanto como existen diferentes formas de culturas, tradiciones, filosofías, religiones y sociedades, además de la manera individual de sentirla de cada persona.

La sensación de felicidad, al pertenecer al plano emocional, se ve directamente influenciada por nuestros pensamientos, puesto que el pensamiento dirige a las emociones. Dejamos de estar felices en el momento en que empezamos a pensar en algo negativo, debido a que inmediatamente nuestra mente reacciona con preocupación, tensión, ansiedad, etc., estados todos ellos emocionales incompatibles con la felicidad. Por todo ello, si queremos acceder a un estado de felicidad relativa, debemos controlar nuestros pensamientos y con ellos poder crear el hábito de la felicidad. Cuida tus ideas, tus sentimientos, tu lenguaje y tus decisiones porque ellos te modelan día a día, de forma lenta pero profunda.

La felicidad es una garantía de longevidad. Como bien explica el Dr. Daniel G. Amen, el cerebro es el hardware del espíritu. Su funcionamiento determina lo felices que somos, cómo son nuestros sentimientos o cómo interactuamos con los demás.

La felicidad es una forma de vivir en el mundo. Consiste en aprender a ver la vida con un filtro que nos aporte sentimientos de bienestar y equilibrio. Para ello es preciso haber superado los traumas, conflictos y heridas del pasado. Una persona que vive anclada en un pasado traumático no consigue ser feliz porque la felicidad consiste en tener ilusión. La felicidad viene por tener motivos por los que levantarse cada mañana.

Nuestros pensamientos y sentimientos pueden alterar nuestro mundo interior. Tienen un impacto importante en la mente y en el organismo. Los pensamientos negativos como ira, rabia, frustración, desesperanza…, alteran el riego sanguíneo en el centro del optimismo del cerebro, la corteza prefrontal izquierda. Nuestra mente no distingue realidad de ficción. Por tanto, cualquier pensamiento que nos aturda, nos obsesione, tiene un reflejo en el cuerpo. Los estados de alerta y estrés permanentes generan la hormona del cortisol, que de forma crónica induce a cambios en el cuerpo: a nivel gastrointestinal, neurológico, alteración en la tiroides, disminución del sistema inmunológico, muerte de neuronas en el hipocampo (zona de memoria y aprendizaje), cansancio, tristeza, apatía, y un largo etc. Según la Universidad de Harvard, del 60 a 80% de las enfermedades que padecemos tiene relación directa con las emociones tóxicas.

Hoy en día sabemos cómo mejorar el equilibrio hormonal y ayudar a eliminar ese exceso de cortisol que bloquea y perjudica nuestro cuerpo. Algunas de esas claves son el ejercicio físico, practicar los pensamientos positivos y eliminar los negativos, saber manejar a las personas tóxicas del entorno (acercándonos a las personas vitamina) y practicando técnicas de meditación, mindfulness, por ejemplo.

Existe un elemento fundamental en este proceso: aprender a manejar las emociones, ya que estas son las que influyen directamente en nuestro organismo. Para ello hace falta:

1- Conocerse: focalizarnos en nuestras virtudes. Quien no se conoce, no se comprende ni acepta y por tanto no puede superarse y mejorar.

2- Evitar el exceso de autocrítica y exigencia: huir del perfeccionismo excesivo, ya que el perfeccionista es el eterno insatisfecho. Cuidado con el auto boicot, es esencial aprender a dominar la voz interior. 

3- Fijarnos metas y objetivos: sueña en grande, actúa en pequeño. No tengas miedo de dejar volar tu corazón, pero, a continuación, realiza un plan de acción y una estrategia. No te quedes únicamente en el sueño. Actúa en consecuencia. Decía Aristóteles: “No hay viento favorable para quien no sabe adónde va”. Si perdemos de vista nuestros sueños, metas, acabaremos siendo esclavos de lo inmediato. Las personas con una meta o propósito en la vida tienen menor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y un menor riesgo de mortalidad.

4- Trabajar la voluntad. Esta se adquiere con aprendizaje tratando de fortalecer un sistema de control inteligente. Es la fuerza superior de la mente que nos permite alcanzar una meta, no de manera impulsiva sino cerebral.

5- Mejorar en asertividad. Es encontrar el puente intermedio entre aceptar que todo lo decidan los demás por nosotros o no ser capaz de tener un pensamiento objetivo y respetar las ideas de otros. 

6- Aprender Inteligencia emocional. Esto significa, entender y expresar mis emociones; entender y empatizar con las emociones de otros y controlar emociones, la impulsividad.

7- Educar el optimismo. Se puede. Cualquier situación puede verse en clave de problema o en clave de solución. Hay que cambiar el lenguaje y empezar a usar palabras que evoquen entusiasmo, alegría, ilusión. Desechar las palabras tóxicas que nos anulan y alteran el riego sanguíneo. El optimismo llama a la ilusión y a la pasión, y estas tienen un efecto directo sobre el cerebro y la neuro plasticidad. Se ha observado que en las personas que practican el optimismo, se produce una neurogénesis: células madre se convierten en neuronas en tres semanas y migran al hipocampo.

Como bien decía Ramón y Cajal en 1984: “El órgano del pensamiento es, dentro de ciertos límites, maleable y susceptible de ser perfeccionado mediante ejercicios mentales convenientemente dirigidos”.

«La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días».
(Benjamín Franklin (1706 – 1790) Estadista y científico estadounidense)

La felicidad está directamente relacionada con la suma de las virtudes, y no con el estado material del ambiente en que se encuentra, a mayor virtudes mayor estado de felicidad real, si bien es relativa en la Tierra.

¿Puede el hombre gozar en la Tierra de una felicidad completa? 
– No, puesto que la vida le ha sido dada como prueba o expiación. Pero depende de él dulcificar sus males y ser tan feliz cómo es posible en la Tierra.

Se concibe que el hombre será feliz en la Tierra cuando la Humanidad haya sido transformada; pero, mientras tanto, ¿puede cada uno constituirse una felicidad relativa? 
– Las más de las veces el hombre es causante de su propia desdicha. Practicando la ley de Dios, se evitan muchos males y se proporciona la mayor felicidad de que es susceptible su grosera existencia. 

El hombre que está bien compenetrado de su destino futuro no ve en la vida corporal más que una permanencia temporal. Es para él una parada momentánea en un mal hospedaje y se conforma fácilmente con algunos disgustos pasajeros de un viaje, que ha de conducirle a una posición tanto mejor cuanto mejor se haya preparado. 

Desde esta vida somos castigados por la infracción de las leyes de la existencia corporal por medio de los males, que son consecuencia de esas infracciones y de nuestros propios excesos. Si nos remontáramos gradualmente, al origen de lo que llamamos nuestras desdichas terrestres, veremos que éstas la mayor parte de las veces, son consecuencia de la primera desviación del camino recto. Por semejante desviación hemos entrado en un mal sendero y de consecuencia en consecuencia caemos en la desdicha.

La felicidad terrestre es relativa a la posición de cada uno, y lo que es suficiente para la felicidad de uno constituye la desdicha de otro. Sin embargo, ¿existe una medida común de felicidad para todos los hombres? 
– Para la vida material es la posesión de lo necesario; para la vida moral, la conciencia tranquila y la fe en el porvenir.

Lo que es superfluo para uno, ¿no resulta necesario para otro, y viceversa, conforme a la situación en que se encuentren?
“En efecto, así es conforme a vuestras ideas materiales, vuestros prejuicios, vuestra ambición y todos vuestros ridículos caprichos, por los que el porvenir habrá de juzgaros cuando comprendáis la verdad. Sin duda, el hombre que tenía cincuenta mil libras de renta y se ve reducido a diez mil, se considera muy desdichado, porque ya no podrá darse tanta importancia ni conservar lo que él llama su categoría: tener caballos, sirvientes, satisfacer sus pasiones, etc. Cree, pues, que le falta lo necesario. No obstante, ¿piensas tú, francamente, que haya que tenerle lástima, cuando alrededor suyo hay quienes se mueren de hambre y de frío y no tienen ni un refugio donde reclinar la cabeza? El sabio, para ser feliz, mira hacia abajo y nunca hacia arriba, salvo que lo haga para elevar su alma hacia lo infinito.”

Hay males que son independientes de la manera de obrar y que afectan incluso al más justo de los hombres. ¿No existe alguna manera de preservarse de ellos?
“En ese caso, si quiere progresar, el hombre debe resignarse y sufrir esos males sin quejarse. Con todo, siempre encuentra un consuelo en la conciencia, que le brinda la esperanza de un porvenir mejor, si hace lo necesario para obtenerlo.”

¿Por qué Dios favorece con los dones de la fortuna a algunos hombres que no parecen haberlos merecido?
“Se trata de un favor a los ojos de los que sólo ven el presente. No obstante, sabedlo bien, la fortuna suele ser una prueba más peligrosa que la miseria.”

Dado que el hombre suele ser el artífice de sus padecimientos materiales, ¿ocurre lo mismo con los padecimientos morales?
“Más aún, pues los padecimientos materiales son a veces independientes de la voluntad. Con todo, el orgullo herido, la ambición frustrada, la ansiedad de la avaricia, la envidia, los celos, en una palabra, todas las pasiones, son tormentos del alma.

”¡La envidia y los celos! ¡Dichosos los que no conocen esos dos gusanos devoradores! Con la envidia y los celos no hay calma ni reposo posible para quien padece ese mal. Los objetos de su codicia, de su odio, de su despecho, se yerguen ante él como fantasmas que no le dan tregua y lo persiguen incluso en sueños. El envidioso y el celoso se encuentra en un estado de fiebre continua. ¿Acaso es esa una situación deseable? ¿No comprendéis que con esas pasiones el hombre se crea suplicios voluntarios y la Tierra se convierte para él en un verdadero infierno?”

A menudo, el hombre es desgraciado debido a la importancia que atribuye a las cosas de la Tierra. La vanidad, la ambición y la codicia frustradas son la causa de su desdicha. En cambio, si se ubica por encima del estrecho círculo de la vida material y eleva sus pensamientos hacia lo infinito, que es su destino, las vicisitudes de la humanidad le parecen entonces mezquinas y pueriles, tal como la tristeza del niño que se aflige por la pérdida de un juguete que era toda su felicidad.

El que sólo ve la felicidad en la satisfacción del orgullo y de los apetitos groseros es desdichado cuando no puede satisfacerlos, mientras que el que no aspira a nada superfluo es feliz con lo que otros consideran una calamidad.

La felicidad no se encuentra, se construye. Debemos poner todo nuestro AMOR en todas las cosas que hacemos día a día.

La ley del amor es la base de la doctrina que nos enseñó Jesús para ponernos en camino de la felicidad eterna, puesto que: "Toda la moral de Jesús se resume en la caridad y en la humildad, es decir, en las dos virtudes contrarias al egoísmo y al orgullo. En todas sus enseñanzas, manifiesta que estas virtudes son el camino de la eterna felicidad"

El camino de la felicidad está abierto para todos. Todos tienen la misma meta, y poseen las mismas condiciones para alcanzarla. La ley, grabada en las conciencias, se les enseña a todos. Dios hizo que la felicidad sea el premio al trabajo y no un favor, a fin de que cada uno tenga su mérito.

La felicidad absoluta es inherente a la perfección, es decir, a la completa purificación del Espíritu. 


Bibliografía:
José Ignacio Modamio
Marian Rojas
Rosi Meneses
El cielo y el infierno de Allan Kardec
El libro de los Espíritus de Allan Kardec


AMOR, CARIDAD y TRABAJO








Intervención de los espíritus en el mundo corporal (Tercera parte)

 



INTERVENCIÓN DE LOS ESPÍRITUS
EN EL MUNDO CORPORAL
(Tercera parte)











El libro de los espíritus de Allan Kardec
CAPÍTULO IX

Presentimientos

522. El presentimiento, ¿es siempre una advertencia del Espíritu protector?
“El presentimiento es el consejo íntimo y oculto de un Espíritu que os quiere bien. No obstante, también está presente en la intuición de la elección que se ha hecho. Es la voz del instinto. Antes de encarnar, el Espíritu tiene conocimiento de las principales fases que tendrá su existencia, es decir, del género de pruebas a las que se compromete. Una vez encarnado, cuando esas pruebas poseen un carácter relevante, conserva de ellas una especie de impresión en su fuero interior. Esa impresión, que es la voz del instinto, al despertarse cuando se acerca el momento de la prueba, se convierte en presentimiento.” 


523. Los presentimientos y la voz del instinto siempre tienen cierta vaguedad. ¿Qué debemos hacer ante la incertidumbre?
“Cuando tengas dudas, invoca a tu Espíritu bueno, o ruégale a Dios, Nuestro Señor, que te envíe uno de sus mensajeros, uno de nosotros.”


524. Las advertencias de nuestros Espíritus protectores, ¿tienen como único objeto la conducta moral, o también la conducta a observar en los asuntos de la vida privada?
“Todo. Ellos tratan de haceros vivir lo mejor posible. No obstante, muchas veces cerráis los oídos a las advertencias saludables y sois desdichados por vuestra culpa.”

Los Espíritus protectores nos ayudan con sus consejos mediante la voz de la conciencia, a la que hacen hablar en nosotros. Sin embargo, como no siempre concedemos a la conciencia la importancia necesaria, los Espíritus nos dan esos consejos de modo más directo, para lo cual se sirven de las personas que nos rodean. Examine cada uno las diversas circunstancias, felices o desdichadas, de su vida, y verá que en muchas ocasiones ha recibido consejos que no siempre aprovechó, y que le habrían evitado bastantes disgustos si los hubiese escuchado.



Influencia de los Espíritus en los acontecimientos de la vida

525. Los Espíritus, ¿ejercen alguna influencia sobre los acontecimientos de la vida?
“Con toda seguridad, puesto que te aconsejan.”


525a. ¿Ejercen esa influencia de otro modo que por medio de los pensamientos que sugieren? Es decir, ¿tienen una acción directa en el cumplimiento de las cosas?
“Sí, pero nunca obran fuera de las leyes de la naturaleza.”

Nos imaginamos, sin motivo alguno, que la acción de los Espíritus sólo debe manifestarse mediante fenómenos extraordinarios. Querríamos que acudiesen en nuestra ayuda por medio de milagros, y siempre nos los representamos como provistos de una varita mágica. No es así. Por eso su intervención nos parece oculta y lo que se hace con su concurso nos resulta absolutamente natural. Así, por ejemplo, ellos provocarán la reunión de dos personas, que aparentemente se encontrarán por casualidad. Inspirarán a alguien la idea de pasar por un lugar determinado; llamarán su atención hacia ese punto, si eso les permite obtener el resultado que desean. El hombre, de ese modo, al creer que sólo sigue su propio impulso, conserva siempre su libre albedrío.


526. Dado que los Espíritus ejercen una acción sobre la materia, ¿pueden provocar determinados efectos con la finalidad de lograr que se cumpla un acontecimiento? Por ejemplo: un hombre debe morir. Se sube a una escalera, esta se rompe y el hombre muere. ¿Son los Espíritus los que han hecho que la escalera se rompa, para que se cumpla el destino de ese hombre? 
“Es verdad que los Espíritus ejercen una acción sobre la materia, pero lo hacen para dar cumplimiento a las leyes de la naturaleza, y no para derogarlas provocando en un momento dado un hecho inesperado y contrario a esas leyes. En el ejemplo que mencionas, la escalera se rompió porque estaba carcomida o no era suficientemente fuerte para soportar el peso del hombre. Si estaba en el destino de ese hombre perecer de esa manera, los Espíritus le inspiraron la idea de subirse a la escalera, que se rompió bajo su peso, de modo que su muerte se produjo por un efecto natural, sin que fuera preciso hacer un milagro para lograrlo.”


527. Tomemos otro ejemplo, en el que el estado natural de la materia no intervenga para nada: un hombre debe perecer alcanzado por un rayo. Se refugia bajo un árbol, el rayo cae y lo mata. ¿Han podido los Espíritus provocar el rayo y dirigirlo hacia él?
“Es el mismo caso que el anterior. El rayo cayó sobre ese árbol y en ese instante porque tal acontecimiento formaba parte de las leyes de la naturaleza. No cayó sobre el árbol porque el hombre se encontraba debajo, sino que se inspiró al hombre la idea de refugiarse bajo el árbol donde el rayo caería. El árbol habría sido alcanzado, aunque el hombre no hubiese estado debajo.”


528. Un hombre malintencionado arroja contra alguien un proyectil que lo roza sin lastimarlo. ¿Pudo un Espíritu benévolo haber desviado el proyectil?
“Si el individuo no debe ser lastimado, el Espíritu benévolo le inspirará la idea de hacerse a un lado, o podrá influir en el agresor para que apunte mal. El proyectil, una vez arrojado, sigue la trayectoria que debe recorrer.” 


529. ¿Qué debemos pensar acerca de las balas encantadas que son el tema de algunas leyendas, y que alcanzan fatalmente el blanco?
“Pura imaginación. El hombre admira lo maravilloso, pero no se contenta con las maravillas de la naturaleza.” 


529a. Los Espíritus que dirigen los acontecimientos de la vida, ¿pueden ser contrarrestados por Espíritus que quieran lo opuesto?
“Debe ser lo que Dios quiera. Si hay un retraso o un impedimento, es por su voluntad.”


530. Los Espíritus frívolos y burlones, ¿pueden provocar esos pequeños inconvenientes que se oponen a nuestros proyectos y nos hacen cambiar el rumbo? En una palabra, ¿son ellos los autores de lo que comúnmente se denomina las pequeñas miserias de la vida humana?
“Ellos se complacen en esas interferencias, que para vosotros son pruebas, a fin de haceros ejercitar la paciencia. Pero se cansan cuando descubren que no tienen éxito. Con todo, no sería justo ni correcto hacerlos responsables de vuestras equivocaciones, cuyos principales artífices sois vosotros mismos, a causa de vuestra precipitación. Créeme que, si se te rompe la vajilla, eso se debe más a tu descuido que a la acción de los Espíritus.”


530a. Los Espíritus que provocan interferencias, ¿obran como consecuencia de una animosidad personal, o bien agreden al primero que aparece, sin un motivo determinado y sólo por malicia?
“Ambas cosas. A veces son enemigos que habéis hecho en esta vida o en otra y que os persiguen. Otras veces no hay ningún motivo.”


531. La malevolencia de los seres que nos han hecho mal en la Tierra, ¿se extingue junto con su vida corporal?
“A menudo esos seres reconocen su injusticia y el mal que os han hecho. Aunque muchas veces también os persiguen con su animosidad, si Dios lo permite, para continuar poniéndoos a prueba.”


531a. ¿Se puede poner término a esa persecución? ¿De qué modo?
“Sí, se puede orar por ellos. Al devolverles bien por mal, terminan por comprender sus errores. Además, si sabéis poneros por encima de sus maquinaciones, dejan de perseguiros, pues descubren que con eso no ganan nada.”

La experiencia demuestra que algunos Espíritus os persiguen con su venganza de una existencia a otra, y que de ese modo el hombre expía, tarde o temprano, los errores que ha podido cometer en perjuicio de otro.


532. Los Espíritus, ¿tienen el poder de apartar los males que acosan a algunas personas, así como de atraer hacia ellas la prosperidad?
“No del todo, porque hay males que forman parte de los designios de la Providencia. No obstante, los Espíritus alivian vuestros dolores dándoos paciencia y resignación.

”Sabed, además, que con frecuencia depende de vosotros el apartar esos males, o al menos atenuarlos. Dios os ha dado la inteligencia para que os sirváis de ella, y principalmente por esa vía los Espíritus acuden en vuestro auxilio, pues os sugieren pensamientos propicios. Con todo, sólo ayudan a los que saben ayudarse a sí mismos. Tal es el sentido de estas palabras: Buscad y encontraréis. Llamad y se os abrirá. 

”Sabed más aún: lo que os parece un mal, no siempre lo es. Muchas veces de ese mal habrá de resultar un bien mayor. Esto es algo que vosotros no comprendéis, porque sólo pensáis en el momento presente o en vuestra propia persona.”


533. Los Espíritus, ¿pueden hacer que obtengamos los dones de la fortuna, si se los pedimos?
“A veces, como prueba. Aunque casi siempre se niegan, así como se le niega a un niño un pedido imprudente.”


533a. Los que conceden ese tipo de favores, ¿son los Espíritus buenos o los malos?
“Ambos. Depende de la intención. No obstante, con más frecuencia son los Espíritus que quieren arrastraros al mal, pues para lograrlo encuentran un medio fácil en los goces que proporciona la fortuna.”


534. Cuando parece que los obstáculos se oponen fatalmente a nuestros proyectos, ¿se debe a la influencia de algún Espíritu?
“A veces se debe a los Espíritus. Pero con mucha mayor frecuencia es porque vosotros mismos os equivocáis. La posición y el carácter influyen mucho. Si os obstináis en seguir un camino que no es el vuestro, los Espíritus no intervienen allí para nada. Vosotros sois vuestros propios genios malos.”


535. Cuando nos sucede algo dichoso, ¿debemos dar gracias a nuestro Espíritu protector?
“Agradeced sobre todo a Dios, sin cuyo permiso nada sucede. A continuación, dad gracias a los Espíritus buenos que han sido sus agentes.”


535a. ¿Qué nos sucedería si nos olvidáramos de agradecer?
“Lo que sucede a los ingratos.”


535b. No obstante, hay personas que no oran ni agradecen, pero todo les sale bien.
“Sí, pero hay que ver el final. Pagarán muy cara esa dicha pasajera que no se merecen, pues cuanto más hayan recibido, tanto más tendrán que devolver.”



Acción de los Espíritus en los fenómenos de la naturaleza

536. Los grandes fenómenos de la naturaleza, aquellos que se consideran una perturbación de los elementos, ¿se deben a causas fortuitas o tienen un objetivo providencial?
“Todo tiene su razón de ser. Nada ocurre sin el permiso de Dios.”


536a. Esos fenómenos, ¿siempre tienen al hombre por objeto?
“A veces tienen una razón de ser directa para el hombre, pero su único objeto también suele ser el restablecimiento del equilibrio y de la armonía de las fuerzas físicas de la naturaleza.”


536b. Comprendemos plenamente que la voluntad de Dios sea la causa primera, en esta como en todas las cosas. Sin embargo, como sabemos que los Espíritus ejercen una acción sobre la materia y son los agentes de la voluntad de Dios, preguntamos si algunos de ellos no ejercerán una influencia sobre los elementos para agitarlos, calmarlos o dirigirlos.
“Es evidente; no puede ser de otro modo. Dios no se entrega a una acción directa sobre la materia. Sus agentes se dedican a eso, en todos los grados de la escala de los mundos.”


537. La mitología de los antiguos se basa por completo en las ideas espíritas, con la diferencia de que ellos consideraban a los Espíritus como divinidades. Ahora bien, representaban a esos dioses o Espíritus con atribuciones especiales. Así, algunos estaban encargados de los vientos, otros del rayo, otros de presidir la vegetación, etc. Esa creencia, ¿se halla desprovista de fundamento?
“Se halla tan desprovista de fundamento como lejos aún de la verdad.”


537a. Por esa misma razón, pues, ¿podría haber Espíritus que habiten en el interior de la Tierra y presidan los fenómenos geológicos?
“Esos Espíritus no habitan precisamente en la Tierra, pero presiden y dirigen los fenómenos, conforme a sus atribuciones. Algún día tendréis la explicación de todos esos fenómenos y los comprenderéis mejor.”


538. Los Espíritus que presiden los fenómenos de la naturaleza, ¿constituyen una categoría especial dentro del mundo espírita? ¿Son seres aparte, o Espíritus que han estado encarnados, como nosotros?
“Que lo estarán o lo han estado.”


538a. Esos Espíritus, ¿pertenecen a los órdenes superiores o inferiores de la jerarquía espírita?
“Depende del papel más o menos material o inteligente que desempeñen. Algunos dan órdenes, otros las ejecutan. Los que llevan a cabo las cosas materiales son siempre de un orden inferior, ya sea entre los Espíritus como entre los hombres.”


539. En la producción de determinados fenómenos –las tempestades, por ejemplo-, ¿actúa un solo Espíritu, o ellos se reúnen en masa?
“En masas innumerables.”


540. Los Espíritus que ejercen una acción sobre los fenómenos de la naturaleza, ¿obran con conocimiento de causa, en virtud de su libre albedrío, o por un impulso instintivo e irreflexivo?
“Algunos sí, otros no. Haré una comparación: figúrate esas miríadas de animales que poco a poco hacen salir del mar islas y archipiélagos(1). ¿Crees que no hay en eso un objetivo providencial, y que esa transformación de la superficie del globo no es necesaria para la armonía general? Con todo, no son más que animales del último grado los que llevan a cabo esas cosas, mientras proveen a sus necesidades, y sin sospechar que son instrumentos de Dios. Pues bien, del mismo modo, los Espíritus más atrasados son útiles al conjunto. Mientras se ejercitan para la vida, antes de tener plena conciencia de sus actos y de su libre albedrío, obran sobre determinados fenómenos, cuyos agentes son sin saberlo. Primero, ejecutan. Más tarde, cuando su inteligencia se encuentre más desarrollada, darán órdenes y dirigirán las cosas del mundo material. Más tarde aún, podrán dirigir las cosas del mundo moral. Así, todo sirve, todo se eslabona en la naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, pues él mismo comenzó en un átomo. Admirable ley de armonía cuyo conjunto no puede apreciar vuestro espíritu limitado.

(1)  Se hace referencia aquí a los zoófitos (animales con aspecto de plasma), productores de secreciones calizas de forma arborescente que les sirve de habitáculo, como, por ejemplo, las formaciones coralíferas. [N. de Alberto Giordano 1981.]



Los Espíritus durante los combates

541. En una batalla, ¿hay Espíritus que asisten y sostienen a cada bando?
“Sí, y estimulan su valor.”

Así, en otros tiempos, los antiguos representaban a sus dioses a favor de tal o cual pueblo. Esos dioses no eran otra cosa que Espíritus representados mediante figuras alegóricas.


542. En una guerra, la justicia siempre está de un solo lado. ¿Cómo puede ser que haya Espíritus a favor del bando que no tiene razón?
“Sabéis que hay Espíritus que sólo buscan la discordia y la destrucción. Para ellos, la guerra es la guerra. La justicia de la causa les afecta poco.”


543. Algunos Espíritus, ¿pueden influir en un general cuando éste concibe los planes de campaña?
“Sin ninguna duda. Los Espíritus pueden influir en esa concepción, así como en cualquier otra.”


544. Los Espíritus malos, ¿podrían sugerirle planes equivocados para que sea derrotado?
“Sí; pero ¿acaso el general no tiene libre albedrío? Si su juicio no le permite distinguir una idea acertada de otra falsa, sufrirá las consecuencias de ello. En vez de dar órdenes, sería mejor que obedeciera.”


545. El general, ¿puede ser guiado a veces por una especie de doble vista, una vista intuitiva que le muestre por anticipado el resultado de sus planes?
“Eso ocurre con frecuencia en el hombre de genio. Es lo que él llama inspiración, y hace que obre con una especie de certeza. Esa inspiración le llega de los Espíritus que lo dirigen y que aprovechan las facultades de que está dotado.”


546. En el tumulto del combate, ¿qué sucede con los Espíritus de los que sucumben? ¿Siguen interesados en la batalla, aun después de la muerte?
“Algunos se interesan, otros se alejan.”

En los combates ocurre lo mismo que en todos los casos de muerte violenta. En el primer momento, el Espíritu está sorprendido y como aturdido; no cree haber muerto. Le parece que todavía participa en la acción. Sólo poco a poco se le presenta la realidad.


547. Los Espíritus que combatían unos contra otros cuando estaban vivos, una vez muertos, ¿se reconocen como enemigos y continúan batiéndose con furor?
“El Espíritu, en esos momentos, nunca se mantiene sereno. Al principio sigue resentido, e incluso puede querer perseguir a su enemigo. No obstante, cuando sus ideas se aclaran comprende que su animosidad ya no tiene objeto, aunque todavía podrá conservar vestigios de ella, cuya intensidad dependerá de su carácter.”


547a. ¿Percibe aún el fragor de las armas?
“Sí, perfectamente.


548. El Espíritu que asiste con serenidad a un combate, como espectador, ¿es testigo de la separación del alma y el cuerpo? ¿Cómo se le presenta ese fenómeno?
“Hay pocas muertes completamente instantáneas. La mayoría de las veces, el Espíritu, cuyo cuerpo acaba de ser herido mortalmente, no tiene al principio conciencia de lo que le sucedió. Sólo cuando el Espíritu comienza a reconocerse podemos distinguir que se mueve junto al cadáver. Eso parece tan natural, que la vista del cuerpo muerto no produce ningún efecto desagradable. Dado que toda la vida se traslada hacia el Espíritu, sólo él llama la atención. Con él conversamos o a él le damos órdenes.”



Acerca de los pactos

549. ¿Hay algo de cierto en los pactos con los Espíritus malos?
“No, esos pactos no existen, sino una naturaleza maligna que simpatiza con Espíritus malos. Por ejemplo: tú quieres atormentar a tu vecino y no sabes cómo hacerlo. Entonces llamas a Espíritus inferiores que, al igual que tú, sólo quieren el mal. De ese modo, para ayudarte, ellos pretenden que tú les sirvas en sus malos propósitos. Sin embargo, no se sigue de ahí que tu vecino no pueda desembarazarse de esos Espíritus mediante una conjuración contraria y por medio de su voluntad. Cuando alguien quiere cometer una mala acción, por el solo hecho de desearla llama a los Espíritus malos para que lo ayuden. De ese modo, queda obligado a servirlos, tal como ellos lo hacen con él, porque ellos también lo necesitan para el mal que quieren hacer. El pacto sólo consiste en eso.”

La dependencia en que a veces se encuentra el hombre en relación con los Espíritus inferiores proviene de su confianza en los pensamientos malos que ellos le sugieren, y no de alguna estipulación entre ellos y él. El pacto, en el sentido vulgar que se atribuye a esa palabra, constituye una alegoría que describe a una naturaleza maligna que simpatiza con Espíritus malos.


550. ¿Qué sentido tienen las leyendas fantásticas según las cuales determinados individuos habrían vendido su alma a Satán, para obtener de él ciertos favores?
“Todas las fábulas contienen una enseñanza y un sentido moral. Vuestro error consiste en tomarlas al pie de la letra. La que nos ocupa es una alegoría que puede explicarse así: quien llama en su ayuda a los Espíritus para obtener de ellos los dones de la fortuna o cualquier otro favor, manifiesta sus quejas a la Providencia y renuncia a la misión que ha recibido y a las pruebas que debe sufrir en la Tierra. Además, padecerá las consecuencias de ello en la vida futura. Esto no quiere decir que su alma quede para siempre condenada a la desdicha, pero dado que en lugar de desprenderse de la materia se hunde en ella cada vez más, las alegrías de que haya gozado en la Tierra no habrá de tenerlas en el mundo de los Espíritus. Así será hasta que se haya redimido mediante nuevas pruebas, tal vez mayores y aún más penosas. A través de su apego a los goces materiales el hombre se pone bajo la dependencia de los Espíritus impuros. Se trata de un pacto tácito entre ellos y él, que lo conduce a la perdición, aunque siempre le resulta fácil de romper con la asistencia de los Espíritus buenos, si tiene la firme voluntad de hacerlo.”



Poder oculto. Talismanes. Hechiceros

551. Un hombre malvado, con la ayuda de un Espíritu malo que lo sirva, ¿puede hacer mal a su prójimo?
“No. Dios no lo permitiría.”


552. ¿Qué pensar de la creencia en el poder que tendrían algunas personas para hechizar?
“Algunas personas tienen un poder magnético muy grande, del que pueden hacer mal uso si su propio Espíritu es malo. En ese caso, otros Espíritus malos pueden secundarlas. Sin embargo, no creáis en ese supuesto poder mágico, que sólo se encuentra en la imaginación de los supersticiosos, los cuales ignoran las verdaderas leyes de la naturaleza. Los hechos que se citan son hechos naturales mal observados y, principalmente, mal comprendidos.”


553. ¿Cuál puede ser el efecto de las fórmulas y prácticas con cuya ayuda algunas personas pretenden disponer de la voluntad de los Espíritus?
“El efecto consiste en hacer el ridículo, si obran de buena fe. En caso contrario, se trata de bribones que merecen un castigo. Todas las fórmulas son un engaño. No existe ninguna palabra sacramental, ningún signo cabalístico o talismán que ejerza algún tipo de acción sobre los Espíritus, pues estos sólo son atraídos por el pensamiento y no por las cosas materiales.”


553a. Algunos Espíritus, ¿no han dictado a veces fórmulas cabalísticas?
“Sí, tenéis Espíritus que os indican signos o palabras extravagantes, o que os prescriben determinados actos con cuya ayuda hacéis lo que llamáis conjuros. Con todo, no os quepa la menor duda de que son Espíritus que se burlan de vosotros y abusan de vuestra credulidad.”


554. Aquel que, con razón o sin ella, tiene confianza en lo que denomina la virtud de un talismán, ¿puede, mediante esa misma confianza, atraer a un Espíritu? Porque en ese caso es el pensamiento el que obra, y el talismán no es más que un signo que ayuda a dirigir el pensamiento.
“Es cierto. Pero la naturaleza del Espíritu atraído depende de la pureza de la intención y de la elevación de los sentimientos. Ahora bien, es raro que, quien sea tan simple para creer en la virtud de un talismán, no tenga un objetivo más material que moral. En todos los casos, esa creencia pone de manifiesto una mezquindad y una estrechez de ideas que dan pie a los Espíritus imperfectos y burlones.”


555. ¿Qué sentido debemos atribuir a la calificación de hechicero?
“Los que vosotros llamáis hechiceros son personas que, cuando obran de buena fe, están dotadas de ciertas facultades, como el poder magnético o la doble vista. En ese caso, como hacen cosas que no comprendéis, las creéis dotadas de un poder sobrenatural. ¿Acaso vuestros científicos no han pasado con frecuencia por hechiceros ante los ignorantes?”

El espiritismo y el magnetismo nos dan la clave de una multitud de fenómenos acerca de los cuales la ignorancia ha tejido una infinidad de fábulas, en las que la imaginación exagera los hechos. El conocimiento pleno de ambas ciencias -que son sólo una, por decirlo así-, al mostrar la realidad de las cosas y su verdadera causa, es la mejor prevención contra las ideas supersticiosas, porque revela lo que es posible y lo imposible, lo que se halla conforme a las leyes de la naturaleza y lo que sólo es una creencia ridícula.


556. Algunas personas, ¿poseen realmente el don de curar mediante el simple toque?
“El poder magnético puede llegar a eso cuando es secundado por la pureza de sentimientos y un ardiente deseo de hacer el bien, pues en ese caso los Espíritus buenos acuden para ayudar. No obstante, hay que desconfiar del modo como cuentan las cosas algunas personas demasiado crédulas o entusiastas, siempre dispuestas a ver lo maravilloso en las cosas más simples y naturales. También hay que desconfiar de los relatos interesados de quienes explotan la credulidad en beneficio propio.”



Bendición y maldición

557. La bendición y la maldición, ¿pueden atraer el bien y el mal hacia aquellos a quienes van dirigidas?
“Dios no escucha una maldición injusta, y quien la echa comete una falta ante Él. Como tenemos las dos tendencias opuestas -el bien y el mal-, la maldición puede ejercer una influencia momentánea, incluso sobre la materia. Pero esa influencia siempre se ejerce mediante la voluntad de Dios, y como una prueba adicional para el que la sufre. Además, por lo general se maldice a los malos y se bendice a los buenos. La bendición y la maldición nunca apartan a la Providencia del camino de la justicia, que sólo hiere a aquel a quien se echa la maldición cuando es malo, y su protección sólo cubre al que se la merece.(2) ”

(2) Este problema de la bendición y la maldición, así como el de lo maravilloso, que consta en los Ítems 528 y 529, ejemplifica de manera positiva la naturaleza racional del Espiritismo, generalmente acusado de supersticioso por los que ignoran la Doctrina. Pero uno de los puntos más importantes de este capítulo es el que se refiere al instinto, en el Ítem 522. Vemos allí que el concepto espírita de instinto se refiere al recuerdo inconsciente de las pruebas que hemos escogido antes de encarnar. Así pues, la voz del instinto es el presentimiento de los sucesos destacados de la actual existencia. El Espíritu encarnado recibe el aviso interior, mas puede atenderlo o no, según su libre arbitrio. Pero no se confunda este concepto espírita de instinto con el concepto psico-biológico de instinto como necesidad orgánica. [N. de J. H. Pires 1981.]


AMOR, CARIDAD y TRABAJO








Intervención de los espíritus en el mundo corporal (Segunda parte)

 






INTERVENCIÓN DE LOS ESPÍRITUS
EN EL MUNDO CORPORAL
(Segunda parte)






El libro de los espíritus de Allan Kardec
CAPÍTULO IX

Ángeles de la guarda. 
Espíritus protectores, familiares o simpáticos

489. ¿Hay Espíritus que se apegan a un individuo en particular, para protegerlo?
“Sí, el hermano espiritual. Es el que llamáis Espíritu bueno o genio bueno.”


490. ¿Qué se debe entender por ángel de la guarda?
“El Espíritu protector de un orden elevado.”


491. ¿Cuál es la misión del Espíritu protector?
“La de un padre para con sus hijos: conducir a su protegido por el camino del bien, ayudarlo con sus consejos, consolarlo en las aflicciones, sostener su valor en las pruebas de la vida.”


492. El Espíritu protector, ¿está apegado al individuo desde el nacimiento de este?
“Desde el nacimiento hasta la muerte, y con frecuencia lo sigue después de la muerte en la vida espírita, e incluso durante muchas existencias corporales, porque esas existencias no son más que fases muy cortas en relación con la vida del Espíritu.”


493. La misión del Espíritu protector, ¿es voluntaria u obligatoria?
“El Espíritu está obligado a velar por vosotros porque aceptó esa tarea, pero puede elegir a los seres que le son simpáticos. Para algunos es un placer. Para otros, una misión o un deber.”


493a. Al dedicarse a una sola persona, ¿renuncia el Espíritu a proteger a otros individuos?
“No, pero lo hace de una manera menos exclusiva.”


494. El Espíritu protector, ¿está fatalmente apegado al ser cuya guarda se le confió?
“Suele suceder que determinados Espíritus abandonan su posición para cumplir diversas misiones. Sin embargo, en ese caso, otros los sustituyen.”


495. El Espíritu protector, ¿abandona a veces a su protegido, cuando este se muestra rebelde a sus advertencias?
“Se aleja cuando ve en su protegido que los consejos que le da son inútiles, y que es más fuerte la voluntad de sufrir la influencia de los Espíritus inferiores. Pero nunca lo abandona por completo y siempre se hace escuchar. En ese caso es el hombre quien cierra sus oídos. El Espíritu protector vuelve tan pronto como se lo llama.

”Hay una doctrina que, por su encanto y su dulzura, debería convertir a los más incrédulos: la doctrina de los ángeles de la guarda. Pensar que siempre tenéis cerca a seres que son superiores a vosotros; que siempre están allí para aconsejaros y sosteneros, para ayudaros a escalar la escarpada montaña del bien; que son amigos más seguros y abnegados que las amistades más íntimas que alguien podría tener en esta Tierra, ¿no es esa una idea muy consoladora? Esos seres se encuentran allí por orden de Dios. Él los ha puesto cerca de vosotros y allí permanecen por amor a Él, cumpliendo a vuestro lado una bella, aunque penosa misión. En efecto, dondequiera que estéis, el ángel de la guarda estará con vosotros. Cárceles, hospitales, antros del vicio, soledad: nada os separa de ese amigo al que no podéis ver, pero cuyos más tiernos impulsos y sabios consejos siente y escucha vuestra alma.

”¡Por qué no conocéis mejor esta verdad! ¡Cuántas veces os ayudaría en los momentos de crisis! ¡Cuántas veces os salvaría de los Espíritus malos! Con todo, en el día supremo, este ángel del bien tendrá que deciros con frecuencia: ‘¿Acaso no te lo aconsejé? Pero no lo hiciste. ¿No te señalé el abismo? Pero te precipitaste en él. ¿No te hice escuchar en tu conciencia la voz de la verdad? Pero preferiste seguir los consejos de la mentira’. ¡Ah! Interrogad a vuestros ángeles de la guarda. Estableced entre ellos y vosotros esa tierna intimidad que reina entre los mejores amigos. No penséis en ocultarles nada, pues ellos tienen la vista de Dios y no podéis engañarlos. Pensad en el porvenir, tratad de avanzar en esta vida, y así vuestras pruebas serán más cortas, y vuestras existencias más dichosas. ¡Vamos, hombres, tened valor! Arrojad lejos, de una vez por todas, los prejuicios y las segundas intenciones. Emprended el nuevo camino que se abre ante vosotros. ¡Adelante, adelante! Tenéis guías: seguidlos… No os faltará la meta, pues esa meta es el propio Dios.

”A los que crean que es imposible para Espíritus realmente elevados entregarse a una tarea tan laboriosa e incesante, les diremos que nosotros influimos en vuestras almas aunque nos encontremos a muchos millones de leguas de vosotros. Para nosotros el espacio no es nada; y aunque vivamos en otro mundo, nuestros Espíritus mantienen su relación con el vuestro. Gozamos de cualidades que vosotros no podéis comprender. No obstante, tened la certeza de que Dios no nos ha impuesto una tarea que exceda nuestras fuerzas, y que no os ha dejado solos en la Tierra sin amigos ni sostén. Cada ángel de la guarda tiene su protegido por el cual vela, como un padre vela por su hijo. Se alegra cuando lo ve en el camino del bien. En cambio, se lamenta cuando desprecia sus consejos.

”No temáis cansarnos con vuestras preguntas. Por el contrario, permaneced siempre en relación con nosotros. De ese modo seréis más fuertes y dichosos. Son esas comunicaciones de cada hombre con su Espíritu familiar las que convierten en médiums a todos los hombres, médiums ignorados en la actualidad, pero que se manifestarán más tarde y se derramarán como un océano sin límites, para rechazar la incredulidad y la ignorancia. Hombres instruidos: instruid. Hombres talentosos: educad a vuestros hermanos. No os imagináis la obra que realizáis de ese modo: la obra de Cristo, la que Dios os impone. ¿Para qué Dios os ha concedido la inteligencia y la ciencia, si no es para que hagáis partícipes de ellas a vuestros hermanos, a fin de hacerlos avanzar en la senda de la felicidad y de la dicha eterna?”

SAN LUIS. SAN AGUSTÍN


La doctrina de los ángeles de la guarda, que velan por sus protegidos a pesar de la distancia que separa los mundos, no tiene nada que deba sorprender. Por el contrario, es grande y sublime. ¿Acaso no vemos en la Tierra a un padre que vela por su hijo y, aunque esté lejos de él, lo ayuda con sus consejos por correspondencia? Así pues, ¿qué habría de asombroso en el hecho de que los Espíritus pudieran guiar a aquellos a quienes toman bajo su protección, de un mundo a otro, puesto que para ellos la distancia que separa los mundos es menor que la que, en la Tierra, separa los continentes? ¿No disponen ellos, además, del fluido universal que entrelaza todos los mundos y los vuelve solidarios, vehículo inmenso de la transmisión de los pensamientos, así como el aire es para nosotros el vehículo de la transmisión del sonido?


496. Dado que el Espíritu que abandona a su protegido ya no le hace bien, ¿puede hacerle mal?
“Los Espíritus buenos nunca hacen mal. Dejan que lo hagan los que toman su lugar. En ese caso, vosotros acusáis a la suerte por las desgracias que os agobian, cuando en realidad la falta es vuestra.”


497. El Espíritu protector, ¿puede dejar a su protegido a merced de un Espíritu que quiera hacerle mal?
“Los Espíritus malos se unen para neutralizar la acción de los buenos. No obstante, si el protegido lo quiere, contará con toda la fuerza de su Espíritu bueno. Tal vez el Espíritu bueno encuentre a alguien de buena voluntad en otra parte, de modo que aprovechará esa oportunidad para ayudarlo, mientras aguarda el momento de regresar junto a su protegido.”


498. Cuando el Espíritu protector permite que su protegido se extravíe en la vida, ¿sucede eso porque es impotente para luchar contra Espíritus malévolos?
“No es porque no puede, sino porque no quiere. De ese modo, su protegido sale de las pruebas más perfecto he instruido. Lo asiste con sus consejos mediante los pensamientos buenos que le sugiere, pero que lamentablemente no siempre son escuchados. La debilidad, la indiferencia o el orgullo del hombre son los que dan fortaleza a los Espíritus malos. Su poder sobre vosotros procede tan sólo del hecho de que no les oponéis resistencia.”


499. El Espíritu protector, ¿está constantemente con su protegido? ¿No hay alguna circunstancia en que, sin abandonarlo, lo pierda de vista?
“Hay circunstancias en que la presencia del Espíritu protector junto a su protegido no es necesaria.”


500. ¿Llega un momento en que el Espíritu ya no tiene necesidad del ángel de la guarda?
“Sí, cuando ha alcanzado el grado en que puede guiarse a sí mismo, así como llega un momento en que el escolar ya no tiene necesidad del maestro. Con todo, eso no ocurre en vuestra Tierra.”


501. ¿Por qué la acción de los Espíritu sobre nuestra existencia es oculta? Además, cuando nos protegen, ¿por qué no lo hacen de una manera ostensible?
“Si contaseis con su apoyo, no obraríais por vosotros mismos y vuestro Espíritu no progresaría. Para que pueda adelantar, el Espíritu necesita experiencia, y a menudo es preciso que la adquiera a expensas de sí mismo. Tiene que ejercitar sus fuerzas, sin lo cual sería como un niño al que no le permiten que camine solo. La acción de los Espíritus que os quieren bien siempre está regulada de modo tal que no afecte a vuestro libre albedrío, pues si no tuvierais responsabilidad no avanzaríais en el camino que debe conduciros a Dios. El hombre, dado que no ve su sostén, se entrega a sus propias fuerzas. Sin embargo, su guía vela por él y de vez en cuando le advierte que desconfíe del peligro.”


502. El Espíritu protector que consigue llevar a su protegido por el camino del bien, ¿experimenta por eso algún bien para sí mismo?
“Es un mérito que se le toma en cuenta, ya sea para su propio adelanto o para su felicidad. Es dichoso cuando ve que el éxito corona sus cuidados. Triunfa tal como un preceptor lo hace con el éxito de su discípulo.”


502a. Si no consigue un buen resultado, ¿es responsable de ello?
“No, puesto que hizo lo que dependía de él.”


503. El Espíritu protector que ve a su protegido en el camino del mal a pesar de sus advertencias, ¿siente pena por eso? ¿No le resulta ese hecho un motivo de perturbación para su felicidad?
“Sufre por esos errores, y los lamenta. No obstante, esa aflicción no tiene las angustias de la paternidad terrestre, porque él sabe que el mal tiene remedio y que lo que no se hace hoy se hará mañana.”


504. ¿Podemos saber siempre el nombre de nuestro Espíritu protector o ángel de la guarda?
“¿Cómo queréis saber nombres que no existen para vosotros? ¿Acaso creéis que sólo existen los Espíritus que vosotros conocéis?”


504a. ¿Cómo habremos de invocarlo, entonces, si no lo conocemos?
“Dadle el nombre que queráis. Puede ser el de un Espíritu superior, al que profeséis simpatía o veneración. Vuestro Espíritu protector acudirá a ese llamado, porque todos los Espíritus buenos son hermanos y se asisten mutuamente.”


505. Los Espíritus protectores que adoptan nombres conocidos, ¿son siempre realmente los de las personas que llevaban esos nombres?
“No, sino Espíritus que les son simpáticos y que suelen venir por orden suya. Os hacen falta nombres, de modo que ellos toman uno que os inspire confianza. Vosotros, cuando no podéis cumplir una misión en persona, enviáis a otro que actúe en vuestro nombre.”


506. Cuando estemos en la vida espírita, ¿reconoceremos a nuestro Espíritu protector?
“Sí, porque con frecuencia ya lo conocíais antes de encarnar.”


507. Los Espíritus protectores, ¿pertenecen en su totalidad a la clase de los Espíritus superiores? ¿Puede haber entre ellos algunos que pertenezcan a grados intermedios? Un padre, por ejemplo, ¿puede llegar a ser el Espíritu protector de su hijo?
“Es posible, pero la protección supone cierto grado de elevación, y un poder o una virtud suplementarios otorgados por Dios. El padre que protege a su hijo puede ser asistido a su vez por un Espíritu más elevado.”


508. Los Espíritus que han dejado la Tierra en buenas condiciones, ¿pueden siempre proteger a aquellos a quienes aman y que les sobreviven?
“Su poder está restringido en mayor o menor medida. La posición en que se encuentran no siempre los deja en completa libertad de acción.”


509. Los hombres que se hallan en estado salvaje o de inferioridad moral, ¿poseen también sus Espíritus protectores? En ese caso, ¿son esos Espíritus de un orden tan elevado como el de los que protegen a los hombres muy adelantados?
“Cada hombre tiene un Espíritu que vela por él, pero las misiones son conformes a su objeto. Así, para que un niño aprenda a leer, vosotros no le asignáis un profesor de filosofía. El progreso del Espíritu familiar precede al del Espíritu protegido. Aunque tengáis un Espíritu superior que vele por vosotros, podéis por vuestra parte llegar a ser el protector de un Espíritu inferior a vosotros, y los progresos que le ayudéis a lograr contribuirán a vuestro propio adelanto. Dios no le pide al Espíritu más de lo que le permite su naturaleza y el grado de progreso al que ha llegado.”


510. Cuando el padre que vela por su hijo reencarna, ¿sigue haciéndolo en ese nuevo estado?
“Es más difícil. Con todo, en un instante de desprendimiento, ruega a un Espíritu simpático que lo asista en esa misión. Por otra parte, los Espíritus sólo aceptan misiones que puedan cumplir hasta el final.

”El Espíritu encarnado, sobre todo en los mundos en que la existencia es material, se halla demasiado sujeto a su cuerpo como para dedicarse por completo a otro, es decir, para asistirlo personalmente. Por eso, los que no son tan elevados reciben la asistencia de Espíritus superiores a ellos, de manera que, si uno falta por cualquier causa, es sustituido por otro.”


511. Además del Espíritu protector, ¿hay un Espíritu malo apegado a cada individuo, con miras a incitarlo al mal y darle oportunidad de luchar entre el bien y el mal?
“Apegado no es la palabra. Es verdad que los Espíritus malos intentan desviar al hombre del camino del bien cuando se les presenta la oportunidad. No obstante, cuando uno de ellos se apega a un individuo, lo hace por iniciativa propia, porque espera ser escuchado. En ese caso, se traba una lucha entre el bueno y el malo, que habrá de ganar aquel a cuyo dominio el hombre se entregue.”


512. ¿Podemos tener muchos Espíritus protectores?
“Cada hombre tiene siempre Espíritus simpáticos más o menos elevados que lo aprecian y se interesan por él, así como también hay otros que lo asisten en el mal.”


513. Los Espíritus simpáticos, ¿obran en virtud de una misión?
“A veces pueden cumplir una misión temporaria, pero la mayoría de las veces son incitados tan sólo por la similitud de pensamientos y de sentimientos, ya sea en el bien o en mal.”


513a. De ahí parece resultar que los Espíritus simpáticos pueden ser buenos o malos.
“En efecto, el hombre siempre encuentra Espíritus que simpatizan con él, sea cual fuere su carácter.”


514. Los Espíritus familiares, ¿son los mismos que los Espíritus simpáticos o protectores?
“Hay muchos matices en la protección y en la simpatía. Dadles los nombres que queráis. El Espíritu familiar es más bien el amigo de la casa.”

De estas explicaciones y de las observaciones realizadas en torno a la naturaleza de los Espíritus que se apegan al hombre, podemos deducir lo que sigue: El Espíritu protector, ángel de la guarda o genio bueno, es aquel cuya misión consiste en seguir al hombre en la vida y ayudarlo a progresar. Su naturaleza siempre es superior comparada con la de su protegido.

Los Espíritus familiares se apegan a algunas personas mediante vínculos más o menos duraderos, con miras a serles útiles en la medida de sus posibilidades, a menudo bastante limitadas. Son buenos, aunque a veces poco adelantados e incluso un tanto frívolos. Se ocupan de buen grado de los detalles de la vida íntima y sólo obran por orden o con permiso de los Espíritus protectores.

Los Espíritus simpáticos son aquellos que se sienten atraídos por nosotros con motivo de afectos particulares y de cierta semejanza de gustos y sentimientos, ya sea en el bien o en el mal. La duración de sus relaciones casi siempre se encuentra subordinada a las circunstancias. El genio malo es un Espíritu imperfecto o perverso, que se apega al hombre con miras a desviarlo del bien. Sin embargo, obra por iniciativa propia y no en virtud de una misión. Su tenacidad depende de la mayor o menor facilidad de acceso que encuentre. El hombre siempre es libre de escuchar su voz o de rechazarla.

515. ¿Qué debemos pensar de esas personas que parecen apegarse a ciertos individuos para llevarlos fatalmente a la perdición, o bien para guiarlos por el camino del bien?
“De hecho, algunas personas ejercen sobre otras una especie de fascinación que parece irresistible. Cuando eso sucede para el mal, se trata de Espíritus malos que se sirven de otros Espíritus malos para subyugar mejor. Dios puede permitirlo para probaros.”


516. Nuestro genio bueno y nuestro genio malo, ¿podrían encarnar para acompañarnos en la vida de una manera más directa?
“Eso sucede a veces. Pero a menudo también encargan esa misión a otros Espíritus encarnados que les son simpáticos.”


517. ¿Hay Espíritus que se apegan a una familia entera para protegerla?
“Algunos Espíritus se apegan a los miembros de una misma familia que viven juntos y se hallan unidos por el afecto. Con todo, no creáis en la existencia de Espíritus protectores del orgullo de las razas.”


518. Dado que los Espíritus son atraídos hacia los individuos por sus simpatías, ¿lo son también hacia las reuniones de individuos por causas particulares?
“Los Espíritus acuden de preferencia a los lugares donde están sus semejantes. Allí se sienten más cómodos y están más seguros de que se les escuchará. El hombre atrae hacia sí a los Espíritus en virtud de sus tendencias, ya sea solo o como parte de un todo colectivo: una sociedad, una ciudad o un pueblo. Por consiguiente, hay sociedades, ciudades y pueblos que son asistidos por Espíritus más o menos elevados, conforme al carácter y las pasiones que imperen allí. Los Espíritus imperfectos se alejan de aquellos que los rechazan. De ahí resulta que el perfeccionamiento moral de un todo colectivo, así como el de los individuos, tiende a alejar a los Espíritus malos y a atraer a los buenos. Estos estimulan y mantienen el sentimiento del bien en las masas, así como los otros pueden inspirar en ellas las pasiones malas.”


519. Las aglomeraciones de individuos, tales como las sociedades, las ciudades y las naciones, ¿tienen sus Espíritus protectores especiales?
“Sí, porque esas reuniones son individualidades colectivas que avanzan con un objetivo común y que tienen necesidad de una dirección superior.”


520. Los Espíritus protectores de las masas, ¿son de una naturaleza más elevada que los Espíritus que se apegan a los individuos?
“Todo es conforme al grado de adelanto, tanto de las masas como de los individuos.”


521. Algunos Espíritus, ¿pueden contribuir al progreso de las artes mediante la protección de quienes se ocupan de ellas?
“Hay Espíritus protectores especiales que asisten a quienes los invocan, cuando los juzgan dignos de recibir esa asistencia. No obstante, ¿qué queréis que hagan con los que creen ser lo que no son? No pueden hacer que los ciegos vean, ni que los sordos oigan.”

Los antiguos habían hecho de esos Espíritus divinidades especiales. Las musas no eran otras que la personificación alegórica de los Espíritus protectores de las ciencias y las artes. Del mismo modo, los antiguos designaban con los nombres de lares y penates(1) a los Espíritus protectores de la familia. Entre los modernos, las artes, las distintas industrias, las ciudades y las regiones tienen también sus patronos o protectores, que sólo son Espíritus superiores, aunque con otros nombres.

(1) Dioses domésticos a los que rendían culto los antiguos romanos [RAE].

Dado que cada hombre tiene sus Espíritus simpáticos, resulta de ahí que en todos los colectivos la generalidad de los Espíritus simpáticos está en relación con la generalidad de los individuos; que los Espíritus extraños son atraídos hacia allí por la identidad de los gustos y de los pensamientos; en una palabra, que esas reuniones –así como los individuos- se encuentran rodeadas, asistidas e influenciadas en mayor o menor medida, según la naturaleza de los pensamientos de la multitud. 

En los pueblos, las causas de atracción de los Espíritus son las costumbres, los hábitos, el carácter dominante y, sobre todo, las leyes, porque el carácter de una nación se refleja en sus leyes. Los hombres que hacen que entre ellos reine la justicia combaten la influencia de los Espíritus malos. En cualquier parte donde las leyes consagran las cosas injustas, contrarias a la humanidad, los Espíritus buenos están en minoría. De ese modo, el conjunto de los malos que afluyen hacia ese lugar someten a la nación con sus ideas y paralizan las buenas influencias, parciales, que quedan perdidas en la multitud como una espiga aislada en medio de las zarzas. Por consiguiente, al estudiar las costumbres de los pueblos, o de cualquier reunión de hombres, es fácil formarse una idea de la población oculta que se inmiscuye en sus pensamientos y en sus acciones.(2)

(2) En este comentario a las respuestas de los Espíritus nos ofrece Kardec dos indicaciones importantes: la primera de ellas se refiere a la interpretación espírita de la mitología, que modifica cuanto hasta hoy han afirmado al respecto los estudios de la cuestión puramente humanos, pues muestra que los dioses mitológicos existían en realidad, como Espíritus. La segunda es, relativa a la sociología, que a la luz del Espiritismo se reviste también de un nuevo aspecto, exigiendo el estudio de la interacción de las colectividades espirituales y humanas, para la buena comprensión de los procesos sociales. [N. de J. H. Pires 1981.]   


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