Instinto e inteligencia. Intuición o presentimiento








INSTINTO e INTELIGENCIA

INTUICIÓN o PRESENTIMIENTO





INSTINTO e INTELIGENCIA
Instinto (WordReference)
1. m. Conjunto de pautas de conducta que se transmiten genéticamente, y que contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie:
instinto de conservación.
2. Impulso indeliberado que mueve la voluntad de una persona:
actuó por instinto cuando arriesgó su vida por salvar la del niño.
3. Facultad innata para captar ciertas impresiones o para desenvolverse en ámbitos determinados:
instinto para los negocios.

Inteligencia ((WordReference)
1. f. Facultad de conocer, analizar y comprender:
destacaba por su inteligencia superior a la media.
2. Habilidad, destreza y experiencia:
sí actúas con inteligencia conseguirás de él lo que te propongas.



El Génesis de Allan Kardec
CAPÍTULO I
Caracteres de la revelación espírita
Con la preexistencia, sabemos que el hombre trae consigo al renacer el germen de las imperfecciones y defectos que no ha corregido y que se traducen en instintos innatos y tendencias determinadas hacia tal o cual vicio.


CAPÍTULO III
Origen del bien y del mal
Si hacemos un estudio de las pasiones, e incluso de los vicios, veremos que su origen común está en el instinto de conservación. Ese instinto predomina en los animales y los seres primitivos más próximos a la animalidad. Domina en ellos porque no poseen el contrapeso del sentido moral: el espíritu no llegó aún a la vida intelectual. El instinto se debilita a medida que la inteligencia se desarrolla, ya que ésta domina a la materia.


El instinto y la inteligencia
El instinto es la fuerza oculta que impulsa a los seres orgánicos a actos espontáneos e involuntarios, con vistas a su conservación.
La inteligencia se revela a través de los actos voluntarios, reflexivos, premeditados, combinados, según la oportunidad de las circunstancias. Es indudablemente un atributo exclusivo del alma.
Todos los actos mecánicos son instintivos. El acto que denota reflexión y combinación es inteligente. Uno es libre, el otro no lo es.



El Cielo y el Infierno de Allan Kardec
CAPÍTULO II
Causas del temor a la muerte
2. El temor a la muerte es un efecto de la sabiduría de la Providencia y una consecuencia del instinto de conservación, común a todos los seres vivientes.  


CAPÍTULO VII
Las penas futuras según el Espiritismo
La carne es débil
Excusarse de sus defectos por la debilidad de la carne no es más que un subterfugio para eludir la responsabilidad. La carne sólo es débil porque el espíritu es débil, lo cual destruye la excusa y deja al espíritu la responsabilidad de sus actos. La carne no tiene pensamiento ni voluntad. No prevalece jamás sobre el espíritu, que es el ser pensante y voluntario. El espíritu es quien da a la carne las cualidades correspondientes a sus instintos, como un artista imprime a su obra material el sello de su genio. 

Así pues, sobre el espíritu recae la responsabilidad moral de sus propios actos. Pero la razón manifiesta que las consecuencias de esta responsabilidad deben estar en relación con el desarrollo intelectual del espíritu. Cuanto más ilustrado es, menos excusa tiene, porque con la inteligencia y el sentido moral nacen las nociones del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto.



El Evangelio según el Espiritismo de Allan Kardec
CAPÍTULO XI
INSTRUCCIONES DE LOS ESPÍRITUS
La ley de amor
8. El amor resume toda la doctrina de Jesús, porque es el sentimiento por excelencia, y los sentimientos son los instintos elevados a la altura del progreso realizado. El hombre en su origen sólo tiene instintos; más adelantado y corrompido, sólo tiene sensaciones; pero instruido y purificado, tiene sentimientos, y el punto exquisito del sentimiento es el amor; no el amor en el sentido vulgar de la palabra, sino ese sol interior que condensa y reúne en su ardiente foco todas las aspiraciones y todas las revelaciones sobrehumanas.
He dicho que el hombre en su principio sólo tiene instintos; aquel, pues, en quien dominan los instintos está más próximo al punto de partida que al fin. Para adelantar hacia éste, es preciso vencer los instintos en provecho de los sentimientos, es decir, perfeccionar éstos sofocando los gérmenes latentes de la materia. Los instintos son la germinación y los embriones del sentimiento; llevan consigo el progreso, como la bellota encierra la encina; y los seres menos avanzados son los que permanecen avasallados por sus instintos. El espíritu debe ser cultivado como un campo: toda la riqueza futura depende del trabajo presente, y más que bienes terrestres os traerá la gloriosa elevación; entonces será cuando, comprendiendo la ley de amor que une a todos los seres, buscaréis en ella los suaves goces del alma, que son los preludios de los goces celestes. (Lázaro. París, 1862).



El Libro de los Espíritus de Allan Kardec
CAPÍTULO IV
PRINCIPIO VITAL
III.- Inteligencia e instinto
71.La inteligencia ¿es un atributo del principio vital?
- No, puesto que las plantas viven y no piensan: no poseen sino vida orgánica. Inteligencia y materia son independientes, ya que un cuerpo puede vivir sin la inteligencia, pero ésta a su vez sólo puede manifestarse mediante órganos materiales. Es menester la unión del espíritu para comunicar actividad inteligente a la materia “animalizada”.

La inteligencia es una facultad especial propia de ciertas clases de seres orgánicos, que les da, con el pensamiento, voluntad de obrar, conciencia de su existencia y de su individualidad, así como los medios para establecer relaciones con el mundo exterior y proveer a sus necesidades.

Así pues, podemos distinguir: 
Primero, los seres inanimados, formados sólo de materia, sin vitalidad ni inteligencia: éstos son los cuerpos inertes. 
Segundo: los seres animados no pensantes, formados de materia y dotados de vitalidad, pero desprovistos de inteligencia. 
Y tercero: los seres animados y pensantes, formados de materia, dotados de vitalidad y que poseen, además, un principio inteligente que les otorga la facultad de pensar.

72. ¿Cuál es la fuente de la inteligencia?
- Ya lo hemos dicho: la inteligencia universal.

72 a. ¿Se podría afirmar, entonces, que cada ser toma una porción de inteligencia de la fuente universal y se la asimila, de la manera que se asimila el principio de la vida material?
- Esto es sólo una comparación, pero no exacta, por cuanto la inteligencia es una facultad propia de cada ser y constituye su individualidad moral. Por lo demás, ya sabéis vosotros que existen cosas que no es dado al hombre penetrar, y ésta se incluye entre ellas, por el momento…

73. El instinto ¿es independiente de la inteligencia?
- No precisamente, porque es una especie de inteligencia. El instinto constituye una inteligencia no racional, y mediante él todos los seres proveen a sus necesidades.

74. ¿Podemos establecer un límite entre instinto e inteligencia, esto es, precisar dónde termina aquél y empieza ésta?
-No, pues a menudo se confunden. Pero se puede distinguir muy bien los actos que pertenecen al instinto de aquellos otros que corresponden a la inteligencia.

75. ¿Es exacto afirmar que las facultades instintivas disminuyen conforme van creciendo las facultades del intelecto?
-No. El instinto sigue existiendo, pero el hombre lo descuida.
El instinto puede también inducir al bien. Casi siempre nos guía, y en ocasiones lo hace con más seguridad que la razón. No se extravía jamás.

75 a. ¿Por qué la razón no es siempre una guía infalible?
- Sería infalible si no fuese falseada por una educación deficiente y por el orgullo y el egoísmo. El instinto no razona. La razón deja al hombre escoger, dándole el libre arbitrio.

El instinto es una inteligencia rudimentaria que difiere de la inteligencia propiamente dicha, en que sus manifestaciones son casi siempre espontáneas, en tanto que las de la inteligencia constituyen el resultado de una combinación y de un acto volitivo o deliberado.

Las manifestaciones del instinto varían según las especies y sus necesidades. En los seres que poseen conciencia y percepción de las cosas exteriores el instinto se alía a la inteligencia, vale expresar, a la voluntad y a la libertad.


CAPÍTULO XI
LOS TRES REINOS
I.- Los minerales y las plantas
589. Ciertas plantas, tales como la sensitiva y la dionea, por ejemplo, tienen movimientos que denotan gran sensibilidad, y en ciertos casos una especie de voluntad, como sucede con la segunda de las nombradas, cuyas hojas aprisionan al insecto que acude a posarse en ellas para libar su zumo, y al cual la dionea parece tender una trampa para después matarlo. Esas plantas ¿están dotadas de la facultad de pensar? ¿Poseen voluntad? ¿Constituyen una clase intermedia entre los reinos vegetal y animal? ¿Son una transición de uno a otro de esos reinos?
- En la Naturaleza todo es transición, por el hecho mismo de que nada es semejante y, sin embargo, todo se relaciona. Las plantas no piensan y, por consiguiente, carecen de voluntad. La ostra que se abre, así como todos los zoófitos, están desprovistos de pensamiento. Sólo hay en ellos un instinto ciego y natural.

El organismo humano nos provee ejemplos de movimientos análogos sin participación de la voluntad, como en las funciones digestivas y circulatorias. El píloro se contrae al contacto de ciertos cuerpos para impedir su paso. Lo propio tiene que suceder con la sensitiva, cuyos movimientos no implican en manera alguna la necesidad de una percepción, y menos todavía de una voluntad.

590. ¿No hay en las plantas, como en los animales, un instinto de conservación que las mueva a buscar lo que pueda serles útil y a sustraerse de lo que sea capaz de dañarlas?
- Es, si así se quiere, una especie de instinto. Depende de la extensión que se conceda a este vocablo. Pero es puramente mecánico. Cuando en las operaciones químicas veis unirse dos cuerpos, es porque son compatibles, vale decir que hay entre ellos afinidad. Pero no denominéis instinto a esto.

II.- Los animales y el hombre
593. ¿Se puede afirmar que los animales sólo obran por instinto?
- También en esto hay un prejuicio. Bien es verdad que el instinto predomina en la mayoría de los animales, pero ¿no estás viendo que actúan con una voluntad determinada? Eso es inteligencia, aunque sea limitada.

Además del instinto, no se podría negar a ciertos animales el hecho de que realizan actos deliberados que denotan una voluntad de obrar en determinado sentido y conforme a las circunstancias. Hay en ellos, pues, una especie de inteligencia, pero cuyo ejercicio se concentra con más exclusividad en los medios de satisfacer sus necesidades físicas y de proveer a su conservación. No existe en ellos ninguna creación ni mejora alguna. Por mucho que sea el arte que admiramos en sus trabajos, lo mismo que hacían antaño siguen haciéndolo en la actualidad, ni mejor ni peor, según formas y proporciones constantes e invariables. El pequeñuelo, al que se aísla de su especie a muy temprana edad no deja por eso, cuando llega a adulto, de construir su nido con arreglo al mismo patrón, sin haber recibido al respecto enseñanza ninguna. Si algunos de entre ellos son susceptibles de cierta educación, su desarrollo intelectual, confinado en todos los casos dentro de estrechos límites, se debe a la acción del hombre sobre una naturaleza flexible, porque no hay ningún progreso que realicen por sí mismos. Pero ese adelanto será efímero y meramente individual, por cuanto el animal librado a sus propios recursos no tarda en volver a colocarse dentro de los lindes trazados por la Naturaleza.

596. ¿A qué se debe la aptitud de ciertos animales de imitar el lenguaje humano, y por qué esa facultad se encuentra más bien en las aves que en el mono, por ejemplo, cuya conformación posee más analogía con la del hombre?
- Conformación particular de los órganos vocales, secundada por el instinto imitativo. El nomo imita los gestos; algunos pájaros imitan la voz.

605. Si se consideran todos los puntos de contacto existentes entre el hombre y los irracionales, ¿no cabría pensar que el ser humano posea dos almas, a saber: el alma animal y el alma espírita, ¿y que si no tuviera esta última podría vivir igual que las bestias? Dicho de otro modo: ¿no se puede pensar que el animal es un ser semejante al hombre, excepto que no posee el alma espírita? De lo cual ¿no resultaría que los instintos buenos y malos del hombre serían el efecto del predominio, en él, de una de esas dos almas…?
- No, no tiene el hombre dos almas. Pero el cuerpo posee sus instintos, que son el resultado de las sensaciones de los órganos. Sólo hay en él una doble naturaleza: la naturaleza animal y la espiritual. Por su cuerpo, participa de la naturaleza de los animales y de los instintos que a éstos caracterizan. Por su alma, participa de la naturaleza de los Espíritus.

605 a. De manera que, además de sus propias imperfecciones, de las que debe el Espíritu despojarse, ¿tiene que luchar también contra la influencia de la materia?
- Así es. Y cuanto más imperfecto sea el estado en que se encuentre, tanto más estrechos serán los lazos existentes entre el Espíritu y la materia. ¿Acaso no lo veis? No, el hombre no tiene dos almas, puesto que el alma es en todos los casos única en cada ser. El alma del irracional y la del hombre son distintas una de otra, de modo que el alma de uno no puede animar el cuerpo creado para la otra. Pero, si el ser humano no posee un alma animal que lo ponga, por sus pasiones, al nivel de los irracionales, tiene en cambio su cuerpo, que lo rebaja a menudo hasta ellos, por cuanto su cuerpo es un ser dotado de vitalidad y provisto de instintos, pero instintos no inteligentes y limitados a cuidar de su propia conservación.

El Espíritu, al encarnar en el cuerpo del hombre, aporta a él el principio intelectivo y moral que lo torna superior a los animales. Las dos naturalezas que coexisten en el hombre hacen que sus pasiones tengan dos orígenes diversos: unas proceden de los instintos de la naturaleza animal; otras, de las impurezas del Espíritu encarnado en él, y que simpatizan en mayor o menor grado con los groseros apetitos animales. Al purificarse, el Espíritu se va liberando poco a poco de la influencia de la materia. Hallándose bajo este influjo, se acerca al irracional. Una vez desembarazado de él, se eleva a su verdadero destino.


CAPÍTULO V
4.- LEY DE CONSERVACIÓN
I.- Instinto de conservación
702. ¿Es una ley natural el instinto de conservación?
- A no dudarlo. Es dado a todos los seres vivientes, sea cual fuere su grado de inteligencia. En unos es puramente mecánico; en otros, racional.

703. ¿Con qué objeto otorgó Dios a todo ser vivo el instinto de conservación?
- Porque todos ellos deben cooperar a los designios de la Providencia. Por eso Dios les dio la necesidad de vivir. Además, la vida es necesaria para el perfeccionamiento de los seres. Éstos lo sienten por instinto, sin caer en la cuenta de ello.




INTUICIÓN o PRESENTIMIENTO
Intuición (WordReference)
1. f. Percepción clara e inmediata de una idea o situación, sin necesidad de razonamiento lógico:
no lo pensé, lo hice por intuición.

Presentimiento (WordReference)
1. m. Intuición, sensación de saber que algo va a suceder:
tuvo el presentimiento de que iba a morir joven.



El Libro de los Espíritus de Allan Kardec
LIBRO SEGUNDO
CAPÍTULO IV
Ideas innatas
219. ¿Cuál es el origen de las facultades extraordinarias de los individuos que, sin estudios previos, parecen tener la intuición de determinados conocimientos, como los idiomas, el cálculo, etc.?
“Recuerdo del pasado. Progreso anterior del alma, pero acerca del cual el propio individuo no tiene conciencia. ¿De dónde quieres que procedan? El cuerpo cambia, pero el Espíritu no, aunque cambie de vestimenta.”


CAPÍTULO IX
INTERVENCIÓN DE LOS ESPÍRITUS EN EL MUNDO CORPORAL
VII.- Presentimientos

522. ¿Es siempre el presentimiento una advertencia del Espíritu protector?
- El presentimiento es el consejo íntimo y oculto de un Espíritu que os quiere bien. Está asimismo en la intuición de la elección que se ha hecho. Es la voz del instinto. Antes de encarnar, el Espíritu tiene conocimiento de las principales fases de su existencia, esto es, del género de pruebas a las que se compromete. Cuando éstas poseen un carácter evidente, guarda de ellas en su fuero interno una especie de impresión, y esa impresión, que constituye la voz del instinto, al revelarse cuando se acerca el instante, se convierte en presentimiento.

523. Los presentimientos y la voz del instinto presentan siempre cierta vaguedad: ¿qué debemos hacer, pues, ante la incertidumbre?
- Cuando estés incierto, invoca a tu Espíritu bueno, o ruega a Dios, Nuestro Señor, que te envíe uno de sus mensajeros, uno de nosotros.

524. Las advertencias de nuestros Espíritus protectores ¿tienen por único objeto el comportamiento moral, o se relacionan también con la conducta a seguir en las cosas de la vida privada?
- Ellos procuran que viváis lo mejor posible. Pero a menudo cerráis los oídos a las advertencias saludables y sois infortunados por vuestra propia culpa.

Los Espíritus protectores nos ayudan con sus consejos mediante la voz de la conciencia, a la que hacen hablar en nosotros. Pero, como no siempre le concedemos la importancia precisa, los Espíritus nos proporcionan consejos más directos, sirviéndose para ello de las personas que nos rodean. Examine cada cual las diversas circunstancias, dichosas o desgraciadas, de su vida, y verá que en muchas ocasiones ha recibido consejos que no siempre aprovechó y que le hubiesen ahorrado bastantes disgustos si los hubiera atendido.


LIBRO IV
CAPÍTULO II
Intuición de las penas y de los goces futuros
960. ¿De dónde procede la creencia en las penas y en las recompensas venideras, que se encuentra en todos los pueblos?
“Es siempre lo mismo: presentimiento de la realidad, que el hombre recibe del Espíritu encarnado en él. Porque, sabedlo bien, no en vano os habla una voz interior. vuestro error es no escucharla lo suficiente. Si pensarais en eso más a menudo, seríais mejores.”

La idea que Dios nos da de su justicia y de su bondad mediante la sabiduría de sus leyes no nos permite creer que el justo y el malo se encuentren ante Él en la misma categoría. Tampoco nos permite dudar de que algún día habrán de recibir, el uno la recompensa, y el otro el castigo, por el bien y el mal que hayan hecho. Por eso, el sentimiento innato que tenemos de la justicia nos da la intuición de las penas y de las recompensas futuras.



El Libro de los Médiums de Allan Kardec
SEGUNDA PARTE
CAPÍTULO XV
Médiums de presentimientos
184. El presentimiento es una vaga intuición de las cosas futuras. Algunas personas tienen esa facultad más o menos desarrollada. Su causa puede ser una especie de doble vista, que les permite entrever las consecuencias de las cosas del presente, así como la conexión que existe entre los acontecimientos. No obstante, muchas veces también es el resultado de comunicaciones ocultas. En este caso, principalmente, quienes están dotados de ella pueden recibir el nombre de médiums de presentimientos, que constituyen una variedad de los médiums inspirados.



AMOR, CARIDAD y TRABAJO







Castigos







CASTIGOS




El Cielo y el Infierno de Allan Kardec
PRIMERA PARTE
CAPÍTULO VII
Las penas futuras según el espiritismo
Código penal de la vida futura
Dios, que es justo, sólo castiga el mal mientras el mal existe, y suprime el castigo cuando el mal no existe más.


SEGUNDA PARTE
CAPÍTULO II
Espíritus felices
Samuel Philipe
P. Ese mundo tan nuevo para vos, y al lado del cual el nuestro tiene tan poca importancia, y quizá los numerosos amigos que habéis vuelto a encontrar en él. ¿os han hecho perder de vista a vuestra familia y a vuestros amigos de la Tierra?

R. Si les hubiera olvidado, sería indigno de la dicha que gozo. Dios no recompensa el egoísmo, sino que, por el contrario, lo castiga. El mundo en que estoy puede hacerme desdeñar la Tierra, pero no los espíritus que están encarnados en ella. Sólo los hombres que se hallan en la prosperidad olvidan a los compañeros de infortunio. Voy a ver muchas veces a los míos, y la buena memoria que de mí conservan me hace feliz. Su pensamiento me atrae, asisto a sus conversaciones, gozo con sus alegrías, sus penas me entristecen, pero no con esa tristeza ansiosa de la vida humana, porque comprendo que no son más que pasajeras y para su bien


CAPÍTULO V
Suicidas
El padre y el quinto
A san Luis:
P. ¿Queréis darnos vuestra apreciación personal sobre el acto del espíritu que acabamos de evocar?

R. Este espíritu sufre justamente, porque no ha tenido confianza en Dios, lo cual es una falta siempre punible. El castigo sería terrible y muy largo si no tuviese en su favor un motivo laudable, que era el de impedir a su hijo que fuese a buscar la muerte.
Dios, que ve el fondo de los corazones y que es justo. no le castiga sino según sus obras.


Una madre y su hijo
Vuestro hijo no está perdido para siempre, creedme, lo volveréis a ver, ciertamente, pero es preciso merecerlo con vuestra sumisión a la voluntad de Dios. Mientras que rebelándoos podéis retardar este momento indefinidamente. Escuchadme, Dios es infinitamente bueno, pero es infinitamente justo. No castiga jamás sin causa, y si os ha impuesto grandes dolores en la Tierra, es porque los habéis merecido.


CAPÍTULO VII
Espíritus endurecidos
III
La justicia humana no hace excepción de la individualidad de los seres que castiga, midiendo el crimen por el mismo crimen. Hiere indistintamente a los que lo han cometido, y la misma pena alcanza al culpable sin distinción de sexo y cualquiera que sea su educación. La justicia divina procede de otra manera. Los castigos corresponden al grado de adelanto de los seres a los cuales son impuestos.


CAPÍTULO VIII
Expiaciones terrestres
Clara Rivier
P. ¿Tendríais que encargar algo para vuestros padres?

R. A petición de un médium, han hecho mis padres mucha caridad. Razón han tenido en no rogar siempre con los labios: es preciso hacerlo con la mano y el corazón. Dar a los que sufren es orar, ser espiritista.
Dios ha dado a todas las almas el libre albedrío, esto es, la facultad de progresar. Ha dado a todas, la misma aspiración, y por esta razón, la ropa de paño burdo está más cerca de la ropa de oro de lo que generalmente pensáis. Por lo tanto, estrechad las distancias por la caridad. Introducid al pobre en vuestra casa, animadle, levantadle, no le humilléis. Si se supiese practicar por todas partes esta gran ley de la conciencia, no se tendría en épocas determinadas esas grandes miserias que deshonran a los pueblos civilizados, y que Dios envía para castigarles y abrirles los ojos.

¡Qué hermoso pensamiento es éste: “La ropa de paño burdo está más cerca de la ropa recamada de oro de lo que generalmente pensáis!” Es una alusión a los espíritus que, de una existencia a otra, pasan de una posición brillante a otra posición humilde o miserable, porque muchas veces expían en un centro ínfimo el abuso que han hecho de los dones que Dios les había concedido. Es una justicia que todo el mundo comprende.

Otro pensamiento no menos profundo es el que atribuye las calamidades de los pueblos a la infracción de la ley de Dios, porque Dios castiga a los pueblos como castiga a los individuos. Es cierto que, si practicasen la ley de caridad, no habría guerras ni grandes miserias. El Espiritismo conduce a la práctica de esta ley, ¿será por esto que encuentra enemigos tan encarnizados? Las palabras de esta joven a sus padres, ¿son acaso las de un demonio?



El Libro de los Médiums de Allan Kardec
CAPÍTULO XXVII
DE LAS CONTRADICCIONES Y DE LAS MIXTIFICACIONES
De las mixtificaciones
P. ¿Por qué permite Dios que personas sinceras que aceptan el Espiritismo de buena fe sean mixtificadas? ¿no podría esto tener por inconveniente el hacerles vacilar en su creencia?

R. "Si esto hiciera vacilar su creencia, su fe no sería muy sólida; las que renunciasen al Espiritismo por una simple contrariedad, probarían que no lo comprenden y que no se dedican a la parte formal. Dios permite las mixtificaciones para probar la perseverancia de los verdaderos adeptos, y castigar a aquellos que hacen de él un objeto de diversión.
El Espíritu de Verdad".


CAPÍTULO XXXI
DISERTACIONES ESPIRITISTAS
Sobre los médiums
XII
Dios me ha encargado de una misión que debo cumplir con los creyentes a quienes favorece con la mediumnidad. Cuantas más gracias reciben del Altísimo, más peligros corren, y estos peligros son tanto más grandes porque toman origen en los mismos favores que Dios les concede. Las facultades de que gozan los médiums les atraen los elogios de los hombres, las felicitaciones, las adulaciones: aquí está su escollo. Estos mismos médiums que deberían tener siempre presente en la memoria su incapacidad primitiva lo olvidan; hacen más: lo que sólo deben a Dios lo atribuyen a su propio mérito.

¿Qué sucede entonces? Los buenos Espíritus les abandonan, vienen a ser el juguete de los malos, y no tienen brújula para guiarse; cuanto más capaces se hacen, más inclinados están en atribuirse un mérito que no les pertenece, hasta que por fin Dios les castiga retirándoles una facultad que sólo pudo serles fatal.

No sabría cómo recomendaros a vuestro ángel guardián, para que os ayude a estar siempre preparados contra vuestro más cruel enemigo que es el orgullo. Acordaos mucho los que tenéis la dicha de ser los intérpretes entre los Espíritus y los hombres, que sin el apoyo de nuestro divino maestro seréis castigados con más severidad, porque habréis sido más favorecidos.

Espero que esta comunicación dará sus frutos y deseo que pueda ayudar a los médiums a mantenerse en guardia contra el escollo que les estrellaría; este escollo ya os lo he dicho, es el orgullo.
Juana de Arco.



El Libro de los Espíritus de Allan Kardec
LIBRO SEGUNDO
CAPÍTULO I - DE LOS ESPÍRITUS
VII.- Tercer orden: Espíritus imperfectos
Conservan el recuerdo y la percepción de los sufrimientos de la vida corporal y esa impresión es muchas veces más penosa que la realidad misma. Así pues, sufren de veras los males que han soportado y los que infligieron a los demás; y, como los padecen durante mucho tiempo, creen que han de experimentarlos siempre. Dios, para castigarlos, quiere que así lo crean.


CAPÍTULO VI – VIDA ESPÍRITA
V.- Elección de las pruebas
258. En estado errante, y antes de iniciar una nueva existencia corporal, ¿tiene el Espíritu conciencia y previsión de lo que le sucederá durante la vida?

- Él mismo escoge el tipo de pruebas a que quiere ser sometido, y en esto consiste su libre albedrío.


258 a. ¿No es entonces Dios quien le impone las tribulaciones de la vida como castigo?

- Nada acontece sin permiso de Dios, por cuanto es Él quien ha establecido todas las leyes que rigen el Universo. ¡Preguntaréis por qué ha hecho tal ley en lugar de otra! Al dar al Espíritu la libertad de elegir, Él le deja toda la responsabilidad de sus actos y de sus consecuencias, sin obstruir para nada su porvenir. Suya puede ser la senda del bien, así como la del mal. Pero si cae derrotado le quedará un consuelo: el de que todo no terminó para él, y que Dios, en su bondad, le deja libre para reiniciar lo que hizo mal. Además, es menester distinguir lo que es obra de la voluntad de Dios, de aquello otro que es obra del hombre. Si un peligro os amenaza, no seréis vosotros quienes lo hayáis creado, sino Dios. Pero podéis exponeros voluntariamente a él, porque habéis visto en él un medio para vuestro propio adelanto, y Dios lo permite.


LIBRO TERCERO
CAPÍTULO VI - V. LEY DE DESTRUCCIÓN
II.- Plagas destructoras
737. ¿Con qué objeto castiga Dios a la humanidad con calamidades destructoras?

- Para que progrese más rápido. ¿No hemos dicho ya que la destrucción es necesaria para la regeneración moral de los Espíritus, que adquieren en cada nueva vida un grado más de perfección? Hay que ver el final para evaluar los resultados. Vosotros los juzgáis sólo desde vuestro punto de vista personal, y los llamáis plagas debido al perjuicio que os ocasionan. Pero tales trastornos son a menudo necesarios para acelerar el advenimiento de un orden de cosas mejor, trayendo en unos pocos años lo que hubiera demandado muchos siglos para producirse.


CAPÍTULO VIII - VII. LEY DEL PROGRESO
Marcha del progreso
781.– ¿Qué pensar de los hombres que intentan detener la marcha del progreso y hacer que la humanidad retrograde?

“Pobres seres, a quienes Dios castigará. Serán arrastrados por el torrente que pretenden detener.”


LIBRO CUARTO
ESPERANZAS Y CONSUELOS
CAPÍTULO II - PENAS Y GOCES FUTUROS
Intervención de Dios en las penas y en las recompensas
964. ¿Tiene Dios necesidad de ocuparse de cada uno de nuestros actos para recompensarnos o castigarnos? La mayoría de esos actos, ¿no son insignificantes para Él?

“Dios tiene sus leyes, que rigen todas vuestras acciones: si las violáis, la culpa es vuestra. No cabe duda de que, cuando un hombre comete un exceso, Dios no emite un juicio en contra suyo para decirle, por ejemplo: Has sido glotón, voy a castigarte. Sino que ha trazado un límite. Las enfermedades, y a menudo la muerte, son la consecuencia de los excesos. Este es el castigo: el resultado de la infracción a la ley. Así sucede en todo.”

Todas nuestras acciones se encuentran sometidas a las leyes de Dios. No hay ninguna, por insignificante que nos parezca, que no pueda llegar a ser una violación de esas leyes. Si sufrimos las consecuencias de esa violación, sólo debemos quejarnos de nosotros mismos, que así nos convertimos en los artífices de nuestra felicidad o de nuestras desdichas venideras. 


Reflexión sobre si Dios impone, premia, castiga, etc.
No es que Dios personalmente imponga, premie, castigue, etc., no, son figuras alegóricas. Él tiene sus leyes, y si las incumplimos, la culpa es nuestra. Por consiguiente, las imposiciones, premios, castigos, etc. son el resultado de infringir sus leyes, sirviéndose de diversos instrumentos para que suframos su incumplimiento. Las enfermedades, y a menudo la muerte, son la consecuencia de las infracciones que cometemos contra las leyes de Dios, ya que toda acción tiene su reacción por la Ley de Causa y Efecto.


Y como dicen nuestros hermanos elevados de la espiritualidad:
“Dios, al crear un alma, sabe, en efecto, si, en virtud de su libre albedrío, tomará el buen o el mal camino. Sabe que será castigada, si obra mal, pero sabe también que este castigo temporal es un medio de hacerle comprender su error y de hacerla entrar en la buena senda, a donde llegará tarde o temprano”.

AMOR, CARIDAD y TRABAJO








Indulgencia








INDULGENCIA









José, espíritu protector, Bordeaux 1863:
Espiritistas, hoy queremos hablaros de la indulgencia, de este sentimiento tan dulce, tan fraternal que todo hombre debe tener para con sus hermanos, pero que muy pocos practican.

La indulgencia no ve los defectos de los otros, o si los ve se guarda de hablar de ellos o de divulgarlos; por el contrario, los oculta con el fin de que sólo él los conozca; y si la malevolencia los descubre, siempre tiene a mano una excusa para paliarlos, es decir, una excusa plausible, formal y nada tiene de aquellas que queriendo atenuar la falta, la hacen resaltar con pérfida maestría.

La indulgencia nunca se ocupa de los actos malos de los demás a menos que no sea para hacer un favor, y aun así tiene cuidado de atenuarlos tanto como le es posible.

No hace observaciones que choquen; ni tiene reproches a mano, sino consejos, lo más a menudo disfrazados. Cuando criticáis, ¿qué consecuencias deben sacarse de vuestras palabras? Vosotros los que vituperáis, ¿no habréis hecho tal vez lo que reprocháis, valdréis, acaso, más que el culpable? ¡Oh, hombres! ¿cuándo juzgaréis por vuestros propios corazones, vuestros propios pensamientos, vuestros propios actos, sin ocuparos de lo que hacen vuestros hermanos? ¿Cuándo no abriréis vuestros ojos severos sino para vosotros mismos?

Sed, pues, severos para con vosotros e indulgentes para con los demás. Pensad en el que juzga sin apelación que ve los pensamientos secretos de cada corazón y que, por consiguiente, excusa muy a menudo las faltas que vosotros vituperáis, o condena lo que excusáis, porque conoce el móvil de todos los actos y porque vosotros, que gritáis tan alto ¡anatema! (maldición), quizás habéis cometido faltas más graves. 

Sed indulgentes, amigos míos, porque la indulgencia atrae, calma, corrige; mientras que el rigor desalienta, aleja e irrita. 


Juan, obispo de Bordeaux, 1862:
Sed indulgentes para con las faltas de los otros, cualesquiera que sean; sólo debéis juzgar con severidad vuestras acciones, y el Señor usará de indulgencia con vosotros, así como vosotros la habréis usado para con los demás.

Sostened a los fuertes animándolos a la perseverancia; fortificad a los débiles enseñándoles la bondad de Dios, que toma en cuenta el menor arrepentimiento; mostrad a todos el ángel del arrepentimiento extendiendo sus blancas alas sobre las faltas de los humanos, velándolas de este modo a los ojos de aquél que no puede ver lo que es impuro. Comprended toda la misericordia infinita de vuestro Padre, y no os olvidéis jamás de decirle con vuestro pensamiento; y sobre todo con vuestros actos: "Perdonad nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido". Comprended bien el valor de esas sublimes palabras: no sólo su letra es admirable, sí que también la enseñanza que encierra. ¿Qué solicitáis del Señor cuando le pedís que os perdone? Es sólo el olvido de vuestras ofensas, olvido que os deja en la nada, porque Dios se contenta con olvidar vuestras faltas, no castiga, "pero tampoco recompensa". La recompensa no puede ser el precio del bien que no se ha hecho y aún menos del mal causado, aun cuando este mal fuese olvidado. Pidiéndole el perdón de vuestras infracciones, me pedís el favor de sus gracias para no volver a caer en la falta y la fuerza necesaria para entrar en el buen camino, camino de sumisión y de amor en el que podéis añadir la reparación al arrepentimiento.

Cuando perdonéis a vuestros hermanos, no os contentéis con correr el velo del olvido sobre sus faltas; este velo es a menudo muy transparente a vuestros ojos; cuando les perdonéis, ofrecedles al mismo tiempo vuestro amor; haced por ellos lo que quisierais que vuestro Padre celeste hiciere por vosotros. Reemplazad la cólera que mancha por el amor que purifica. Predicad con vuestro ejemplo esa caridad activa, infatigable, que Jesús os ha enseñado: predicadla como Él mismo lo hizo todo el tiempo que vivió en la tierra visible a los ojos del cuerpo, y como la ha predicado también sin cesar desde que sólo es visible a los ojos del espíritu. Seguid a ese divino modelo; no os apartéis de sus pasos; ellos os conducirán al lugar de refugio en donde encontraréis el reposo después de la lucha. Cargaos, como él, con vuestra cruz, y subid penosamente, pero con ánimo, vuestro calvario; en la cumbre está la glorificación. 


Dufétre, obispo de Nevers, Bordeaux:
Queridos amigos, sed severos para con vosotros mismos e indulgentes para con las debilidades de los otros; también esto es una práctica de la santa caridad que muy pocas personas observan. Todos vosotros tenéis malas inclinaciones que vencer, defectos que corregir, costumbres que modificar, todos vosotros tenéis una carga más o menos pesada que depositar para subir a la cumbre de la montaña del progreso. ¿Por qué, pues, veis tanto para el prójimo, y sois tan ciegos para vosotros mismos? ¿Cuándo, pues, cesaréis de advertir en el ojo de vuestro hermano una arista de paja que le hiere, sin mirar en el vuestro la viga que os ciega, y os hace marchar de precipicio en precipicio? Creed en vuestros hermanos los espíritus: Todo hombre bastante orgulloso para creerse superior en virtud y en mérito a sus hermanos encarnados es insensato y culpable, y Dios le castigará en el día de su justicia. El verdadero carácter de la caridad, es la modestia y la humildad que consiste en no ver superficialmente los defectos para dedicarse a hacer volver lo que hay en el bueno y virtuoso; porque si el corazón humano es un abismo de corrupción, existe siempre en algunos de sus pliegues más escondidos, el germen de buenos sentimientos, chispa brillante de la esencia espiritual.

¡Espiritismo, doctrina consoladora y bendita; felices los que te conocen y se aprovechan de las saludables enseñanzas de los espíritus del Señor! Para ellos el camino es claro, y durante todo el viaje pueden leer estas palabras que les indican el medio de llegar al fin: caridad práctica, caridad de corazón, caridad para el prójimo como para sí mismo, en una palabra, caridad para todos y amor de Dios sobre todas las cosas, porque el amor de Dios resume todos los deberes y porque realmente es imposible amar a Dios sin practicar la caridad, de la que hace una ley para con todas sus criaturas.


San Luis. París, 1860:
"Si nadie es perfecto, ¿se sigue de esto que nadie tiene el derecho de corregir a su vecino?
Seguramente que no, puesto que cada uno de vosotros debe trabajar para el progreso de todos, y sobre todo de aquellos cuya tutela se os ha confiado; pero hay una razón para hacerlo con moderación, con un fin útil, y no como se hace la mayor parte de las veces por el placer de denigrar (calumniar). En este último caso la censura es una maldad; en el primero es un deber que la caridad manda cumplir con toda prudencia posible, y aun la censura que se quiere hacer a otro, debe uno hacérsela a sí mismo al propio tiempo y preguntarse si también la merece. 


"¿Es uno reprensible por observar las imperfecciones de los otros cuando no puede resultar ningún provecho para ellos, aun cuando no las divulgue?"
Todo depende de la intención; ciertamente no está prohibido ver el mal cuando el mal existe, y aun habría inconveniente en ver por todas partes el bien; esta ilusión perjudicaría al progreso. Lo malo es hacer recaer esta observación en detrimento del prójimo, desacreditándole, sin necesidad, en la opinión. Sería también reprensible haciéndolo para complacerse a sí mismo en sus sentimientos de malevolencia y de alegría al encontrar a los otros en falta. Lo contrario sucede cuando echando un velo sobre el mal para el público, se limita uno a observarlo para su provecho personal, es decir, para estudiarse y evitar lo que se censura en los otros. Por lo demás, esta observación, ¿no es acaso, útil, al moralista? ¿Cómo pintaría los males de la humanidad si no estudiase los modelos?


"¿Hay casos en que sea útil el descubrir el mal de otro?"
Esta pregunta es muy delicada, y aquí es cuando debe recurrirse a la caridad bien comprendida. Si las imperfecciones de una persona sólo dañan a ella misma, nunca hay utilidad en hacerlas conocer; pero si pueden ocasionar perjuicio a otro es menester preferir el interés del mayor número al interés de uno solo. Según las circunstancias, descubrir la hipocresía y la mentira, puede ser un deber, porque vale más que un hombre caiga que no que muchos vengan a ser su ludibrio (desprecio) y sus víctimas. En tal caso, se han de pesar las ventajas y los inconvenientes. 



Ítem 886 y 903 de El libro de los Espíritus:
¿Cuál es el verdadero sentido de la palabra caridad, tal como Jesús la entendía?
“Benevolencia para con todos, indulgencia para con las imperfecciones de los demás, perdón de las ofensas.”

El amor y la caridad son el complemento de la ley de justicia, porque amar al prójimo es hacerle todo el bien que nos es posible y que querríamos que se nos hiciese a nosotros mismos. Ese es el sentido de las palabras de Jesús: Amaos los unos a los otros como hermanos. 

La caridad, según Jesús, no se limita a la limosna: abarca todas las relaciones con nuestros semejantes, sean ellos inferiores, iguales o superiores a nosotros. La caridad nos ordena ser indulgentes, porque también nosotros necesitamos la indulgencia de los demás. La caridad nos prohíbe humillar a los desdichados, contrariamente a lo que se hace tan a menudo. Si ante nosotros se presentara una persona rica, le dispensaríamos mil consideraciones y deferencias. Si fuera pobre, no nos parecería necesario preocuparnos por ella. Por el contrario, cuanto más digna de lástima sea su situación, tanto más debemos precavernos de no aumentar su desdicha con un trato humillante. El hombre verdaderamente bueno se esfuerza por elevar al inferior a su propio nivel, para disminuir de ese modo la distancia que existe entre ambos.


¿Somos culpables si estudiamos los defectos de los demás?
“Si lo hacéis para criticar y divulgar esos defectos sois muy culpables, pues eso implica falta de caridad. En cambio, si se trata de aprovechar ese estudio para evitarlos en vosotros mismos, en ocasiones puede ser útil. Con todo, no hay que olvidar que la indulgencia para con los defectos del prójimo es una de las virtudes que forman parte de la caridad. Antes de hacer un reproche a los demás por sus imperfecciones, ved si no se puede decir lo mismo de vosotros. Tratad, pues, de cultivar las cualidades opuestas a los defectos que criticáis en el prójimo, pues ese es el modo de haceros superiores. Si le reprocháis su avaricia, sed generosos. Si le echáis en cara su orgullo, sed humildes y modestos. Si lo culpáis por su rudeza, sed tiernos. Si lo acusáis de obrar con mezquindad, sed generosos en todas vuestras acciones. En una palabra, procurad que no se pueda aplicaros esta frase de Jesús: Ve una paja en el ojo de su prójimo, pero no ve una viga en el suyo.”


Bibliografía:
El Evangelio según el Espiritismo de Allan Kardec
El Libro de los Espíritus de Allan Kardec

AMOR, CARIDAD y TRABAJO







NUESTRO HOGAR y la DOCTRINA ESPÍRITA, INCOHERENCIAS





NUESTRO HOGAR
y la 
DOCTRINA ESPÍRITA,

INCOHERENCIAS





Veamos en primer lugar lo que dicen los libros de la codificación espírita de Allan Kardec, dictados por espíritus superiores, y que son la base de la Doctrina Espírita, en relación con: los espíritus errantes, los mundos transitorios y los animales una vez que mueren.

ESPÍRITUS ERRANTES:
223. ¿El alma se encarna inmediatamente después de su separación del cuerpo?
«A veces inmediatamente, pero con más frecuencia después de intervalos más o menos largos. En los mundos superiores la reencarnación es casi siempre inmediata. Siendo menos grosera la materia corporal, el espíritu en ella encarnado goza de casi todas sus facultades de espíritu, y su estado normal es el de vuestros sonámbulos lúcidos».

224. ¿Qué es el alma en el intervalo de las encarnaciones?
«Espíritu errante que aspira a su nuevo destino; espera».
- ¿Cuál puede ser la duración de esos intervalos?
«Desde algunas horas a algunos miles de siglos. Por lo demás, hablando con exactitud, no hay límite extremo señalado al estado errante, que puede prolongarse mucho tiempo; pero nunca es perpetuo, pues el espíritu puede siempre tarde o temprano, volver a empezar una existencia que sirve para purificar sus existencias anteriores».
- ¿Esa duración está subordinada a la voluntad del espíritu, o puede serle impuesta como expiación?
«Es consecuencia del libre albedrío. Los espíritus saben perfectamente lo que hacen; pero los hay también para quienes aquélla es un castigo impuesto por Dios. Otros piden la prolongación de semejante estado para proseguir ciertos estudios que sólo los espíritus errantes pueden hacer con provecho».

225. ¿La erraticidad es en sí misma señal de inferioridad del espíritu?
» No; porque hay espíritus errantes de todos los grados. La encarnación es un estado transitorio, como tenemos dicho, y en estado normal el espíritu está desprendido de la materia».

226. ¿Puede decirse que todos los espíritus que no están encarnados están errantes?
«Los que se han de reencarnar, sí; pero los espíritus puros que han llegado a la perfección no están errantes: su estado es definitivo».

Bajo el aspecto de las cualidades intimas, los espíritus son de diferentes órdenes o grados que sucesivamente recorren, a medida que se purifican. Por su estado, pueden estar: encarnados, es decir, unidos a un cuerpo; errantes, es decir, separados del cuerpo material y esperando una nueva encarnación para mejorarse, y pueden ser espíritus puros, es decir, perfectos y sin necesidad de nuevas encarnaciones.

227. ¿De qué modo se instruyen los espíritus errantes, pues sin duda no lo hacen de la misma manera que nosotros?
«Estudian su pasado e inquieren los medios de elevarse. Miran y observan lo que ocurre en los lugares que recorren; oyen los discursos de los hombres ilustres y las advertencias de los espíritus más elevados, y todo esto les proporciona ideas de que carecían».

228. ¿Los espíritus conservan algunas de las pasiones humanas?
«Los espíritus elevados, al dejar su envoltura, dejan las malas pasiones y no conservan más que las buenas; pero los espíritus inferiores no se desprenden de aquéllas, pues de otro modo pertenecerían al primer orden».

229. ¿Por qué los espíritus, al dejar la tierra, no abandonan todas sus malas pasiones, puesto que ven sus inconvenientes?
«En este mundo hay personas excesivamente celosas, ¿crees que al abandonarlo se desprenden de ese defecto? Después de salir de la tierra, les queda, sobre todo a los que han tenido pasiones dominantes, una especie de atmósfera que les rodea y les conserva todas esas cosas malas; porque el espíritu no está completamente desprendido de ellas, y sólo en ciertos momentos entrevé la verdad, como para enseñarle el buen camino».

230. ¿Progresa el espíritu en estado errante?
«Puede mejorarse mucho, siempre según su voluntad y su deseo; pero en la existencia corporal es donde practica las nuevas ideas que ha adquirido».

231. ¿Son felices o desgraciados los espíritus errantes?
«Más o menos, según su mérito. Sufren las consecuencias de las pasiones cuyo principio han conservado, o bien son felices según están más o menos desmaterializados. En estado errante, el espíritu entrevé lo que le falta para ser más dichoso, y entonces busca los medios para conseguirlo; pero no siempre le es permitido reencarnarse a su gusto, lo que entonces constituye un castigo».

232. En estado errante, ¿pueden los espíritus ir a todos los mundos?
«Según y cómo. Separado el espíritu del cuerpo no está por ello completamente desprendido de la materia, y pertenece aún al mundo en que ha vivido, o a otro del mismo grado, a menos que, durante la vida, se haya elevado, y este es el fin a que debe dirigirse, pues sin él no se perfeccionaría nunca. Puede, sin embargo, ir a ciertos mundos superiores; pero estará en ellos como un extraño. Por decirlo así, no hace más que entreverlos, lo que le despierta el deseo de mejorarse, para ser digno de la felicidad que en ellos se goza y poder habitarlos más tarde».

233. ¿Los espíritus purificados vienen a los mundos inferiores?
«Vienen a menudo para ayudarles a progresar, pues, a no ser así, semejantes mundos estarían abandonados a sí mismos, sin guías que los dirigiese».



MUNDOS TRANSITORIOS:
234. ¿Existen, como se ha dicho, mundos que sirven a los espíritus errantes de estaciones y lugares de reposo?
«Sí; hay mundos particularmente consagrados a los seres errantes, mundos en que pueden habitar temporalmente, especies de vivaques o campamentos(1) para descansar de una prolongada erraticidad, que siempre es algo penosa. Son posiciones intermedias entre los otros mundos, graduadas según la naturaleza de los espíritus que pueden ir a ellas, los cuales gozan de mayor o menor bienestar».
-Los espíritus que habitan en esos mundos, ¿pueden dejarlos a su antojo?
«Sí, los espíritus que están en esos mundos pueden separarse de ellos para ir a donde deben dirigirse. Imaginadlos como aves de paso que se detienen en una isla, esperando recobrar fuerzas para dirigirse al término de su viaje».

(1) Campamento es la acción de acampar (detenerse y permanecer en una zona despoblada, alojándose en tiendas o carpas). Se trata de la instalación eventual en terreno abierto de personas que se reúnen para un fin especial o que van de camino hacia otra parte.

235. ¿Progresan los espíritus durante su permanencia en los mundos transitorios?
«Indudablemente, pues los que de tal modo se reúnen lo hacen con objeto de instruirse y de poder obtener más fácilmente permiso para trasladarse a mejores lugares, y llegar a la posición de los elegidos».

236. ¿Los mundos transitorios están por su naturaleza especial perpetuamente consagrados a los espíritus errantes?
«No; su posición es temporal únicamente».
- ¿Están habitados al mismo tiempo por seres corporales?
«No: pues su superficie es estéril. Los que los habitan no sienten necesidades».
- ¿Esta esterilidad es permanente y procede de su naturaleza especial?
«No; son estériles por transición».
- ¿Esos mundos deben, pues, carecer de bellezas naturales?
«La naturaleza se traduce en las bellezas de la inmensidad, que no son menos admirables que las que llamáis naturales».
-Puesto que el estado de estos mundos es transitorio, ¿pertenecerá el nuestro algún día a ellos?
«Ha pertenecido ya».
- ¿En qué época?
«Durante su formación».

Nada hay inútil en la naturaleza; todo tiene su objeto y su destino: nada está desocupado; todo está habitado, y en todas partes reina la vida. Así pues, durante la larga serie de siglos que transcurrieron, antes de que apareciese el hombre en la tierra, durante aquellos lentos períodos de transición, atestiguados por las capas geológicas antes aun de la formación de los primeros seres orgánicos, no faltaba vida en aquella masa informe, en aquel árido caos donde estaban confundidos los elementos, pues en él encontraban refugio seres que no tenían ni nuestras necesidades, ni nuestras sensaciones físicas. Dios quiso que aun en semejante estado de imperfección, sirviese para algo. ¿Quién, pues, se atreverá a decir que, entre esos miles de mundos que circulan por la inmensidad, tiene el privilegio de estar habitado uno solo, uno de los más pequeños, confundido con la multitud?  ¿Cuál sería la utilidad de los otros?

¿Los habría creado Dios sólo para recreo de nuestros ojos? suposición absurda, incompatible con la sabiduría que en todas sus obras se revela, e inadmisible, cuando se consideran todos los que no podemos distinguir. Nadie negará que en la idea de que existen mundos impropios todavía para la vida material, pero poblados, sin embargo, de seres vivientes apropiados a semejante medio, haya algo de grande y de sublime, en lo cual encontraremos quizá solución a más de un problema.



ANIMALES:
283. Evocación de animales
36. ¿Se puede evocar al Espíritu de un animal?
Después de la muerte del animal, el principio inteligente que residía en él permanece en estado latente, y es utilizado de inmediato por ciertos Espíritus encargados de la tarea de animar a nuevos seres, en los cuales ese principio inteligente continúa el proceso de su elaboración. Así pues, en el mundo de los Espíritus no existen Espíritus errantes de animales, sino tan sólo Espíritus humanos. Esto responde a vuestra pregunta.”



A continuación, se exponen fragmentos extraídos del libro titulado “NUESTRO HOGAR” de Francisco Cándido Xavier, dictado por el espíritu André Luiz, en donde se aprecian incoherencias con lo expuesto anteriormente de la Doctrina Espírita:

2.- CLARENCIO
Creciérame la barba, la ropa comenzaba a romperse con los esfuerzos de la resistencia, en aquella región desconocida.


3.- LA ORACIÓN COLECTIVA
A medida que avanzábamos, conseguía identificar preciosas construcciones situadas en extensos jardines.

A esa altura me sirvieron un caldo reconfortante, seguido de agua muy fresca, que me pareció portadora de fluidos divinos. Aquella reducida porción de líquido me reanimaba inesperadamente. No sabría decir qué clase de sopa era aquella: si una alimentación sedativa o si un remedio saludable.


7.- EXPLICACIONES DE LISIAS
El suelo estaba cubierto de vegetación. Grandes árboles, abundantes pomares (Tierra plantada de árboles frutales) y jardines deliciosos. Todos los departamentos aparecían cultivados con esmero. A pequeña distancia, se elevaban graciosos edificios. Se alineaban en espacios regulares exhibiendo diversas formas. Ninguno sin flores a la entrada, destacándose algunas casitas encantadoras, cercadas por muros de hiedra, donde diferentes rosas se abrían aquí y allá adornando el verde de variados cambiantes. Aves de plumajes policromos cruzaban los aires y, de cuando en cuando, se posaban agrupadas en las torres blancas que se levantaban rectilíneas, recordando lirios gigantescos elevándose al cielo.

Desde las grandes ventanas observaba lleno de curiosidad el movimiento del parque. Extremadamente sorprendido, identificaba animales domésticos, entre los frondosos árboles alineados al fondo.


10.- EN EL BOSQUE DE LAS AGUAS
Llegados a extenso ángulo de la plaza, el generoso amigo agregó:

–Esperemos el aerobús. (Carro aéreo, que sería en la Tierra algo parecido a un gran funicular)

Aún no me había repuesto de la sorpresa, cuando surgió un gran carro, suspendido del suelo a una altura de cinco metros, poco más o menos, repleto de pasajeros. Al descender hasta nosotros, a la manera de un elevador terrestre, lo examiné con atención. No era máquina conocida en la Tierra. Construida de material muy flexible, era de gran extensión, pareciendo estar unida a hilos invisibles por el gran número de antenas que tenía en el techo. Más tarde, confirmé mis suposiciones visitando los grandes talleres del Servicio de Tránsito y Transporte.


33.- CURIOSAS REFLEXIONES
De repente oí ladrar perros a gran distancia.

–¿Qué es eso? –interrogué asombrado.

–Los perros –dijo Narcisa– son auxiliares preciosos en las regiones obscuras del Umbral, donde se encuentran no solamente los hombres desencarnados, sino también verdaderos monstruos que no corresponde ahora describir.

La enfermera con voz activa, llamó a los servidores que se hallaban a distancia, enviando uno de ellos al interior, transmitiendo avisos.

Miré atentamente aquel grupo extraño que se acercaba despacio.

Seis grandes carretas, formato diligencia, precedidas de cuadrillas de perros alegres y alborotadores, eran tiradas por animales que, de lejos, me parecían iguales a los mulos terrestres. Pero la nota más interesante era la de las grandes bandadas de aves de cuerpo voluminoso que volaban a corta distancia, por encima de las carretas, produciendo singulares ruidos.


REFLEXIÓN:
Considerando que “Nuestro Hogar” está ubicado en un mundo transitorio, destinado a espíritus errantes, como así se define en el propio libro en el capítulo 37, en donde dice: “Nuestro Hogar es, una especie de ciudad espiritual transitoria…”, y después de leer lo que dice la codificación espírita, estimo que lo reseñado por André Luiz no concuerda con la naturaleza de los espíritus desencarnados que han dejado atrás su cuerpo físico.

Además, y como bien manifiestan claramente los espíritus superiores en el Libro de los Espíritus en relación con el tema de los mundos transitorios, estos mundos son inmateriales y su superficie estéril, por lo que y como dice textualmente la guía 18 del programa II del Estudio sistematizado de la Doctrina Espírita, editado por el Consejo Espírita Internacional: “En relación con esas afirmaciones y la comprensión de que los Espíritus de las regiones espirituales limítrofes con la Tierra necesitan volver, nuevamente, o encarnar por primera vez en nuestro planeta, las colonias espirituales descritas por André Luiz no parecen ser los mismos mundos transitorios mencionados en «El Libro de los Espíritus»”.


Bibliografía:
-El Libro de los Espíritus de Allan Kardec
-El Libro de los Médiums de Allan Kardec
-Nuestro Hogar de Francisco Cándido Xavier, dictado por el espíritu de André Luiz

AMOR, TRABAJO y CARIDAD