Educación para la muerte







EDUCACIÓN PARA LA MUERTE





Prepararse para la vida es educarse para la muerte. Porque la vida es una espera constante de la muerte. Todos sabemos que tendremos que morir y que la muerte puede sobrevenir en cualquier instante. Esta certeza absoluta e irrevocable no podrá ser colocada al margen de la vida. Quien se atreva a decir: “La muerte no importa, lo que importa es la vida”, no sabe lo que dice, habla con insensatez. Pero también los que solo piensan en la muerte y se descuidan de la vida son insensatos. Nuestra muerte es nuestro rescate de la materia. No somos materiales, sino espirituales. Estamos en la materia porque ella es el campo en el que fuimos plantados, y como las simientes deben germinar, crecer, florecer y fructificar. Cuando cumplimos toda la tarea, tengamos la edad que tuviéramos, la muerte nos viene a buscar para reintegrarnos en la condición espiritual. Basta este hecho, que es incontestable, para demostrarnos que de nuestra vida depende nuestra muerte. Cada pensamiento, cada emoción, cada gesto y cada paso en la vida nos aproximan a la muerte. Y como no sabemos cuál es la extensión del tiempo que nos fue marcado o concedido para prepararnos para la muerte, conviene que iniciemos cuanto antes nuestra preparación, a través de una educación según el concepto de existencia. Cuanto antes nos preparemos para la vida en términos de educación para la muerte, más fácil y benigna se tornará nuestra muerte, a menos que pesen sobre ella compromisos agravantes de un pasado perverso.

La Educación para la Muerte solo podrá basarse en la Verdad Única, probada con exclusión total de las verdades fabricadas por los intereses humanos o por el comodismo de los que nada buscan y por esto nada saben.

La muerte no es un esqueleto, con su calavera de ojos agujereados y una guadaña siniestra en los hombros, como se la figuraran dibujantes y pintores de otros tiempos. Su imagen real, líricamente cantada por lo poeta Rabindranath Taggore, es la de una novia espiritual, coronada de flores, que nos recibe en los portales de la Eternidad para las nupcias del Infinito.

“Ven, oh Muerte, cuando llegare mi hora, a envolverme en tus guirnaldas floridas” – exclamaba Tagore en uno de sus poemas-canciones, ya viejo y cansado, mas con sus ojos serenos reflejando entre las inquietudes humanas la luz de las estrellas distantes.

Si consiguiéramos encarar a la muerte con esta comprensión y este lirismo puro, desprovisto de los excesos mundanos, sabremos también transmitir a los otros, y especialmente a quienes nos aman, la verdadera Educación para la Muerte.



¿Qué es la muerte?
¿Cuál es la causa de la muerte en los seres orgánicos?
- Agotamiento de los órganos.

¿Por qué una lesión del corazón, más bien que la de otros órganos, ocasiona la muerte?
- El corazón es una máquina de vida. Pero no es el único órgano cuya lesión produzca la muerte. Sólo constituye uno de los engranajes esenciales.

¿En qué se convierten la materia y el principio vital de los seres orgánicos cuando éstos mueren?
- La materia inerte se descompone y forma nuevos cuerpos. El principio vital retorna a la masa.

Una vez muerto el ser orgánico, los elementos que lo integran sufren nuevas combinaciones que forman seres nuevos. Éstos extraen de la fuente universal el principio de la vida y de la actividad, lo absorben y lo asimilan, para devolverlo a esa fuente cuando cesan ellos de existir.

Los órganos están, si así vale decirlo, impregnados de fluido vital. Dicho fluido da a todas las partes del organismo una actividad que les permite a éstas el comunicarse entre sí, tal el caso de ciertas lesiones, y restablecer funciones temporariamente suspendidas. Pero, cuando los elementos esenciales al funcionamiento de los órganos son destruidos, o su alteración es demasiado profunda, el fluido vital resulta impotente para transmitirles el movimiento de la vida, y entonces el ser muere.

Los órganos reaccionan más o menos necesariamente unos sobre otros. De la armonía del conjunto que integran resulta su acción recíproca. Cuando cualquier causa destruye esa armonía sus funciones se detienen, como el movimiento de un mecanismo cuyos engranajes esenciales se han averiado. 

La cantidad de fluido vital no es idéntica en todos los seres orgánicos. Varía según las especies, y tampoco es constante, ya sea en un mismo individuo o bien en los individuos de determinada especie. Los hay que se hallan –por así decirlo- saturados de fluido vital, al paso que otros tienen apenas la cantidad suficiente. De ahí que algunos lleven una vida más activa y energética, y en cierta manera superabundante.

Por otra parte, la reserva de fluido vital también se agota. El que tiene más puede darlo al que posee menos y, en ciertos casos, reanimar una vida pronta a extinguirse.



¿Por qué el temor a la muerte?
El temor a la muerte es para muchas personas un motivo de incertidumbre. ¿A qué se debe tal aprensión, ya que tiene ante ellas el porvenir?
- Es un temor equivocado. Pero ¡qué quieres! Tratan de persuadirlas, desde sus primeros años, de que hay un infierno y un paraíso, pero que es más seguro irán al infierno, porque les afirman que aquello que está en la Naturaleza es para el alma un pecado mortal. Así pues, al avanzar en edad, si tienen algo de juicio no pueden ya seguir admitiendo eso y se tornan ateas o materialistas. De esta manera se les lleva a creer que aparte de la vida actual no existe otra cosa. En cuanto a los otros, los que han persistido en sus creencias infantiles, temen ese fuego eterno que ha de quemarlos sin consumirlos.
La muerte no inspira al justo temor alguno. Porque con la fe tiene certeza del futuro. La esperanza le hace aguardar una vida mejor. Y la caridad, cuya ley ha puesto en práctica, le otorga la certidumbre de que en el mundo al que va a ingresar no encontrará ningún Ser cuya mirada deba temer. 

El hombre carnal, más apegado a la vida corpórea que a la espiritual, tiene en la Tierra penas y placeres materiales. Su dicha reside en la satisfacción efímera de todos sus deseos. Su alma, preocupada de continuo y afectada por las vicisitudes de la vida, se halla en una ansiedad y una tortura perpetuas. La muerte le espanta, pues duda de su porvenir y cree que dejará en este mundo todos sus afectos y esperanzas.

El hombre moral, en cambio, que se ha elevado por sobre las necesidades ficticias que las pasiones crean, obtiene ya en la Tierra disfrutes que el hombre material desconoce. La moderación de sus deseos confiere a su Espíritu calma y serenidad. Feliz con el bien que realiza, no hay para él desilusiones, y las contrariedades resbalan sobre su alma sin dejar en ésta huellas dolorosas.

El hombre, sea cual fuere el grado de la escala al que pertenezca, desde el estado salvaje tiene el sentimiento innato del porvenir. Su intuición le dice que la muerte no es el fin de la existencia, y que aquellos cuya pérdida lamentamos no están perdidos para siempre. La creencia en el porvenir es intuitiva, y muchísimo más generalizada que la de la nada. Así pues, ¿a qué se debe que, entre quienes creen en la inmortalidad del alma, todavía haya tantos que se encuentran apegados a las cosas de la Tierra y sienten tan grande temor a la muerte?

El miedo a la muerte es un efecto de la sabiduría de la Providencia y una consecuencia del instinto de conservación común a todos los seres vivos. Ese miedo es necesario mientras el hombre no está suficientemente esclarecido acerca de las condiciones de la vida futura, como contrapeso al impulso que, sin ese freno, lo llevaría a dejar prematuramente la vida terrenal, así como a descuidar el trabajo que debe servirle para su propio progreso.

A eso se debe que, en los pueblos primitivos, el porvenir sea apenas una vaga intuición; con posterioridad se convierte en una simple esperanza y, por último, en una certeza, aunque siga neutralizada por un secreto apego a la vida corporal.

A medida que el hombre comprende mejor la vida futura, el miedo a la muerte disminuye. Asimismo, cuando comprende mejor su misión en la Tierra, aguarda su fin con más calma, con resignación y sin temor. La certeza en la vida futura le da otro curso a sus ideas, otro objetivo a sus actividades. Antes de que tuviera esa certeza, sólo se ocupaba de la vida actual. Luego de haberla adquirido, trabaja con vistas al porvenir, pero sin descuidar el presente, porque sabe que su porvenir depende de la buena o mala dirección que imprima a su vida actual. La certeza de que volverá a encontrar a sus amigos después de la muerte, de que reanudará las relaciones que tuvo en la Tierra, de que no perderá un solo fruto de su trabajo, de que crecerá sin cesar tanto en inteligencia como en perfección, le da paciencia para esperar y valor para soportar las fatigas momentáneas de la vida terrenal. La solidaridad que ve establecerse entre los vivos y los muertos le hace comprender la que debe existir en la Tierra, entre los vivos. A partir de entonces, la fraternidad adquiere una razón de ser, y la caridad encuentra su objetivo, tanto en el presente como en el porvenir.

Para liberarse del miedo a la muerte es necesario que el hombre la encare desde su verdadero punto de vista, es decir, que haya penetrado con el pensamiento en el mundo espiritual y que se haya formado de él una idea tan exacta como le sea posible, lo que denota de parte del Espíritu encarnado un cierto desarrollo y la aptitud para desprenderse de la materia.



¿La muerte es el fin?
La pérdida de seres queridos, entendiendo como tal el regreso de esos seres a la patria espiritual, es motivo de sufrimiento para muchos. Aunque sea comprensible tal situación en el estado actual de evolución de la humanidad, es necesario hacer notar que volver al mundo de la verdadera vida es motivo de alegría, de trayectoria cumplida, y por lo tanto, de etapa vencida. Permanecer en el plano material es una fase de prueba, sede de obstáculos y luchas. Volver por los caminos normales es señal del final de una jornada, y por lo tanto, muestra de esperanza en un futuro mejor.

La vida reposa en el espíritu y es un proceso continuo de existencias que se alternan a la vez en el mundo material y en el mundo de los espíritus. León Denis en su libro Después de la Muerte establece: “No hay mejor analogía para el fenómeno de la muerte que el de la metamorfosis de la oruga (gusano) a la mariposa. El hombre reside en la crisálida que la muerte desintegra. El espíritu después de la muerte regresa a la vida espiritual, que se sigue a la vida corpórea como el día después de la noche.”

Esa analogía es también utilizada en el libro Evolución en Dos Mundos, (por el espíritu André Luiz, psicografiado por Francisco Cándido Xavier y Waldo Vieira, 1958). En el proceso de completa metamorfosis típico en insectos como la mariposa, la oruga sale del huevo, crece y luego de haber alcanzado madurez disminuye su actividad progresivamente y se detiene de ingerir alimento. Los intestinos y los músculos se inactivan y la oruga, ahora pupa, busca protección en el suelo o en una planta. La secreción de sus glándulas salivales como hilos de seda mezclados con partículas del suelo o de plantas forman una crisálida que protege la pupa a medida que sus órganos pasan por una transformación completa y adaptación a una nueva forma de vida. Cuando el proceso de metamorfosis es completado, una elegante y vibrante mariposa emerge de la crisálida y emprende vuelo.

Pero en la pregunta número 158 del Libro de los Espíritus, Kardec pregunta si el ejemplo de la oruga que se encierra en la crisálida, y que finalmente emerge para una existencia radiante nos provee una idea adecuada de lo que es nuestra vida terrestre, de la vida que se sigue a nuestra muerte y de nuestra nueva existencia en nueva reencarnación. Los espíritus responden: “Una pequeña idea. La figura es buena; pero no debe, sin embargo, tomarse literalmente, como soléis hacerlo con frecuencia” La imagen de una mariposa nos da un sentido de belleza, ligereza y alegría y nosotros hemos aprendido que eso no es siempre el caso. Por medio de todo tipo de comunicaciones, los espíritus manifiestan una amplia gama de felicidad e infelicidad. Hemos aprendido que felicidad e infelicidad en el mundo espiritual es una mera consecuencia del grado de adelantamiento o de imperfección de ese espíritu, y que no existe el castigo eterno. Mediante sus propias observaciones, algunos científicos que han sido escépticos ahora han llegado a la conclusión que nuestro futuro en la vida espiritual es consecuencia de nuestros propios actos en la vida material — un tópico extensamente estudiado por Kardec y compilado en su libro El Cielo y el Infierno.

La Muerte, de acuerdo a la Doctrina Espirita, es solo un proceso de transición del mundo material al mundo espiritual, cuando la vida orgánica termina en el cuerpo humano. El espíritu continua cargando todas las experiencias y conocimientos hasta el momento adquiridos, porque la verdadera vida reside en el espíritu y no en el cuerpo.

El conocimiento del Espiritismo ¿ejerce influencia sobre la duración más o menos prolongada de la turbación que sigue a la muerte?
- Una influencia muy grande, por cuanto el Espíritu comprende de antemano su situación. Pero, lo que más influye es la práctica del bien y la conciencia pura.

En el momento de la muerte todo es al principio confuso. Hace falta al alma algún tiempo para recobrarse. Se halla como aturdida, al igual que el estado de un hombre que saliera de un sueño profundo y que tratara de darse cuenta de su situación. La lucidez de las ideas y el recuerdo del pasado le vuelven conforme se va borrando el influjo de la materia de que acaba de desembarazarse, y a medida que se disipa la especie de niebla que oscurece sus pensamientos.

La duración de la turbación que sigue a la muerte es muy variable. Puede ser de unas pocas horas como de varios meses, y hasta de muchos años. Aquellos en quienes es más breve son los que se han identificado en vida con su estado futuro, por cuanto comprenden de inmediato su situación.

La turbación presenta circunstancias particulares, de acuerdo con el carácter de cada individuo y, sobre todo, según el tipo de muerte experimentada. En las violentas, producidas por suicidio o suplicio, accidente, apoplejía o heridas, etcétera, el Espíritu se encuentra sorprendido, asombrado, y no cree haber muerto. Así lo sostiene con terquedad. No obstante, ve su cuerpo, sabe que ese cuerpo es el suyo, y no comprende que se haya separado de él. Acude junto a las personas a quienes profesaba afecto, les habla y no comprende por qué ellas no le oyen. Esa ilusión dura hasta que el desprendimiento del periespíritu se ha consumado. Sólo entonces el Espíritu se recobra y comprende que ya no forma parte de los vivientes. Este fenómeno se explica con facilidad. Sorprendido de improviso por la muerte, el Espíritu está aturdido por el brusco cambio que en él se ha operado. Para él, la muerte sigue siendo sinónimo de destrucción, de aniquilamiento. Ahora bien, como quiera que piense, ve y entiende, en su opinión no está muerto. Lo que aumenta su ilusión es que se ve dueño de un cuerpo similar al anterior, por su forma, pero cuya etérea naturaleza no ha tenido todavía tiempo de estudiar. Lo cree sólido y compacto como lo era el primero, y cuando se le llama la atención sobre este punto se asombra de no poder palparlo. Este fenómeno es análogo al de los sonámbulos noveles, que no creen estar dormidos. Para ellos, el sueño es sinónimo de suspensión de las facultades. Y puesto que piensan libremente y ven, en su concepto no se hallan dormidos. Algunos Espíritus presentan esta particularidad, aun cuando la muerte no los haya sorprendido en forma imprevista. Pero sigue siendo una particularidad más general en aquellos que, aunque enfermos, no pensaban que morirían. Se ve entonces el singular espectáculo de un Espíritu que asiste a su funeral como si se tratara del de un extraño, y hablando de él como de una cosa que no le concierne, hasta el momento en que comprende la verdad.

La turbación que sigue a la muerte no tiene nada de penoso para el hombre de bien. Es tranquila y semejante en todo a la que acompaña a un despertar apacible. En cambio, para aquel cuya conciencia no es pura, está llena de ansiedad y de angustias, que aumentan a medida que va comprendiendo su situación.


BIBLIOGRAFÍA:
El libro de los espíritus de Allan Kardec
El cielo y el infierno de Allan Kardec
Fundamentos de la reforma interior de Abel Glaser
Educación para la muerte de J. Herculano Pires
Centro Espí¬rita León Denis

AMOR, CARIDAD y TRABAJO







Adolescencia






ADOLESCENCIA





La adolescencia es la fase más difícil y peligrosa de la vida, más también la más bella.

Todo es esperanzas y sueños, incluso para los espíritus más prácticos. Más existen adolescencias torpes, cargadas de pruebas quebrantadoras. Es en esta fase – entre los 13 y los 14 años hasta los 18 o 20 –, que el joven toma consciencia de sus nuevas responsabilidades, en su nueva residencia en la Tierra, para recordar el título de uno de los más bellos libros de poemas de Pablo Neruda. En este período las lecciones y los ejemplos de la infancia maduran lentamente y precisan, más que nunca, ser aumentados de nuevos y vigorosos estímulos. Porque, en esta primavera de la vida se avivan el perfume de las flores, el estupendo olor del polen y las condiciones de vagos recuerdos del pasado. El adolescente se siente atraído por sectores diversos de actividades y arrastrado hacia comportamientos anteriores casi siempre peligrosos. El se muestra rebelde, insatisfecho, se enfrenta a los padres y pretende corregirlos. Se torna crítico, irónico, generalmente burlón, pretencioso, creyendo saber más que los otros, especialmente que los más viejos. Será el momento de la reelaboración de las experiencias de las generaciones anteriores, muy acentuado en la obra de Dewey. El tiene la razón y sabe que la tiene, mas no sabe cómo definirla, exponerla y orientar su pensamiento aún sin forma y ya ansioso por exteriorizarse e imponerse al mundo. No se le puede contrariar frontalmente ni aprobarlo sin restricciones. Cualquiera de estas actitudes podrá exasperarlo. Se debe tratar con cuidado, evitando excesos, y darle ejemplos positivos sin alardes, sin propaganda. Él, solo él será quien deberá percibir lo que se hace de bueno o de malo a su alrededor. Estímulos buenos y tentaciones peligrosas perturban su alegría, pequeñas recepciones le parecerán definitivas. Es en esta fase que se podría percibir, más o menos, cuáles fueron los tipos de experiencias por las que pasó en su última encarnación. Esta percepción ofrece indicaciones importantes para la orientación del proceso educativo, desde que sean consideradas con cautela y confrontadas con otras manifestaciones que las corroboren. De cualquier manera, no se debería hacer saber de estas observaciones al joven. Ellas sirven apenas para los padres y los familiares integrados en el trabajo de orientación. Comunicaciones de entidades serias y suficientemente conocidas podrían también auxiliar.

En las familias espíritas, bien integradas en la Doctrina, el proceso se torna más fácilmente realizable. En las familias católicas y protestantes, o integradas en sectas anti-reencarnacionistas, las dificultades serán mayores, más no insuperables. La lectura y el estudio de las obras de Kardec ayudarán mucho al desenvolvimiento del proceso educativo, desde que el adolescente se muestre interesado por el conocimiento del problema. Forzarlo a esto sería contraproducente. Todo lo que representa o parezca imposición será fatalmente rechazado. La lectura referida podrá ser sugerida por otro adolescente, sin que se deje transparentar el dedo de un adulto detrás del intento.

De manera general, la observación de la vocación y de las tendencias del adolescente es importante. Mas lo más importante será siempre el ejemplo de los más viejos, en la familia y en la escuela, pues el instinto de imitación del niño subsiste en el adolescente y se prolonga, generalmente, en la madurez, diluido más constante, lo que podemos verificar fácilmente en el medio social común. Los tiempos actuales no son favorables a los buenos ejemplos, más habrá siempre buenos libros que se pueden regalar a un adolescente en su aniversario, sin dejar percibir cualquier intención orientadora. Los libros que tratan de problemas espirituales y morales deben ser de autores brillantes, que encaren al mundo y la vida de manera objetiva, sin caer en el sermoneo o en el misticismo sentimental. O tratamos con los jóvenes en un lenguaje claro, directo y positivo o no seremos escuchados. Las nuevas generaciones son vanguardistas de un nuevo mundo y no quieren compromisos con el mundo de mentiras e hipocresías en el que vivimos hasta ahora.

No se piense, sin embargo, que todos los adolescentes son difíciles. En su excelente estudio La Crisis de la Adolescencia, Maurice Debusse tiene mucho para enseñarnos.

Las inquietudes primaverales de la adolescencia reflejan amarguras y alegrías de otras encarnaciones. Las amarguras corresponderían a fracasos dolorosos de una vida pasada, que tanto puede ser la última como también una encarnación anterior. Las alegrías reflejan acontecimientos felices, que por esto cargan también las sombras de la nostalgia, generando en el adolescente extrañas y profundas nostalgias. No se trata propiamente de remembranzas o recuerdos, mas apenas de un eco sobrecogedor que parece resonar en las profundidades de una gruta. El adolescente sufre estas repercusiones sin identificarlas, sin saber de dónde llegan a su acústica interior estos ruidos semejantes al de los disponibles en una playa desierta. Ansias indefinidas brotan de su corazón, intentando arrastrarlo hacia distancias desconocidas, mundos perdidos en el tiempo, criaturas amadas más desconocidas que lo llaman y ansían por encontrarlo. Los sueños lo embalan a veces, al dormir, en situaciones que lo confunden, pues las imágenes de otros tiempos y las del presente se barajan en el proceso onírico (de los sueños), sin permitirle identificar lugares, edificios, ciudades en que las que parece haber vivido. Los terrores nocturnos lo asaltan con visiones que muchas veces nada tienen de trágico o peligroso, mas que no obstante lo despiertan asustado y trémulo. Atrevido y audaz a la luz del día, dispuesto a enfrentar al mundo de los viejos y transformarlo heroicamente en un mundo mejor, se muestra infantil y frágil en estos momentos de resonancia imprecisa del pasado. A veces un pequeño incidente del presente, un intercambio de palabras ásperas con alguien, una joven que lo encaró distraídamente en la calle y después le volteó abruptamente el rostro, será suficiente para llevarlo a huir para su cuarto, encerrándose con llave para llorar angustiado sin saber por qué motivo llora. La crisis de la adolescencia no es fatal, obligatoria, por lo menos en esta intensidad. Varía enormemente en los grados de su manifestación y en algunos adolescentes parece nunca manifestarse. En verdad, se manifiesta atenuada, interpretándose en caprichos extraños, en una especie de esquizofrenia incipiente, que necesiten psicólogos y psiquiatras. Son las variaciones de temperamentos, de situaciones vividas, de sensibilidad más o menos aguzada, de mayor o menor integración del espíritu en la nueva encarnación, que determinan esta variedad. La resonancia existirá siempre, mas no siempre desencadena la crisis. Los temperamentos estéticos, soñadores, son los más afectados. Los espíritus prácticos se apegan más fácilmente a la nueva realidad y la resonancia se produce en ellos de manera desvanecida, sin afectar su comportamiento. 

Habrá criaturas que desde la infancia comenzarán a sentir los síntomas de la crisis. Ciertos adolescentes pasan por el período de la crisis como abobados, en estado de permanente distracción. Rechazan el mundo y al medio en que viven y desean morir. Creen que jamás se integrarán a la realidad presente. Realidad que pronto se va imponiendo a estas criaturas que acaban por adaptarse a ella. La vida tiene sus leyes y sabe domar la rebeldía humana. Algunas de estas almas rebeldes se acomodan al mundo, mas nunca lo aceptan de buen grado. Parecen exiladas en nuestro planeta. El período más difícil que atraviesan es el de la adolescencia, rechazando compañías, huyendo de las reuniones festivas, entregados a una especie de desánimo permanente. 
En la pesquisa espírita se verifica, en la mayoría de estos casos, la presencia de entidades inconformes que aumentan la inquietud de estos espíritus nostálgicos. En las reuniones mediúmnicas y a través de pases encuentran generalmente la solución de esta nostalgia aparentemente sin motivo. 

El mundo actual presiona de manera arrasadora a estas almas sensibles, que muchas veces están pasando por los rescates de privilegios que usaran y abusaran aquí mismo, en la Tierra. Los cambios de posiciones sociales, el cambio de un medio refinado por las situaciones inferiores, en el proceso reencarnatorio, causa los desajustes naturales de todos los cambios. Más cada alma viene preparada espiritualmente para superar estas dificultades de los períodos de adaptación.

 J. Herculano Pires

AMOR, CARIDAD y TRABAJO







Síntomas físicos e influencias espirituales










SÍNTOMAS FÍSICOS e INFLUENCIAS ESPIRITUALES






El espiritismo no establece relación directa causa efecto, entre malestares o sensaciones físicas concretas con influencias espirituales. Aunque puedan darse muy variadas, según cada tipo de sensibilidad mediúmnica y persona en particular. Por lo que cada persona (médium) será en el ejercicio de su facultad quien podrá ir encontrando esa relación causa y efecto, que precisamente no puede ser explicada por ejemplo en El Libro de los Médiums, porque puede ser tan variada como las personas, y sin olvidar que pueden obedecer a causas netamente físicas.

Referente a los zumbidos o silbidos en los oídos, Allan Kardec en El Libro de los Médiums aclara o desmiente sobre si dichos zumbidos o silbidos hablen de nosotros o tengan relación con alguna cuestión espiritual, según el texto que se transcribe a continuación:
Con todo, debemos ser cautelosos para no tomar por voces ocultas todos los sonidos que no tengan una causa conocida, o los zumbidos comunes en los oídos. Sobre todo, es preciso descartar cualquier fundamento en la creencia vulgar de que cuando nos zumban los oídos es señal de que alguien está hablando mal de nosotros en algún lugar. Por otra parte, esos zumbidos, cuya causa es exclusivamente fisiológica, no tienen ningún significado, mientras que los sonidos pneumatofónicos(1) expresan pensamientos, lo que nos permite reconocer que se deben a una causa inteligente y no accidental. Se puede establecer, como principio, que los efectos notoriamente inteligentes son los únicos capaces de demostrar la intervención de los Espíritus. En cuanto a los otros, existen por lo menos cien probabilidades contra una de que se deben a causas fortuitas."

(1)La Pneumatofonía es un fenómeno poco frecuente que se puede dar espontáneamente, por el cual en determinado ambiente o escenario, aparecen ruidos y voces audibles por todos los presentes, sonidos musicales, gritos, etc. Es como si desde otra dimensión conectaran con la nuestra, dándonos así una prueba directa de su existencia.

Fuentes:
El Libro de los Médiums
F.E.E.






¿Por qué y para qué nos creó Dios?








¿POR QUÉ Y PARA QUÉ NOS CREÓ DIOS?




El origen y la forma de creación de los Espíritus nos son desconocidos; sólo sabemos que fueron creados simples e ignorantes, quiere decir, sin ciencia y sin conocimiento del bien y del mal, pero, con igual aptitud para todo, porque Dios en su justicia, no podía eximir a unos del trabajo que hubiese impuesto a los otros para llegar a la perfección. En el principio, están en una especie de infancia, sin voluntad propia y sin conciencia perfecta de su existencia.


¿Hay Espíritus que fueron creados buenos y otros malos?
«Dios creó a todos los Espíritus simples e ignorantes, es decir faltos de ciencia. Dio a cada uno de ellos una misión con objeto de ilustrarlos y hacerlos llegar progresivamente a la perfección por medio del conocimiento de la verdad, para aproximarlos a él».

Los Espíritus serían como niños, los rebeldes se demoran en su ignorancia e imperfección, los dóciles aprovechan mejor las oportunidades.

Todos llegarán a la perfección (perfección relativa, sólo Dios es la perfección absoluta), pueden permanecer estacionarios, pues nadie retrocede. A medida que progresan comprenden lo que les alejaba de la perfección y terminada la prueba poseen conocimiento de ella y no la olvidan.

El libre albedrío se desarrolla a medida que el Espíritu adquiere conciencia de sí mismo, pasando por la serie de la ignorancia (no del mal), puesto que Dios los creó simples e ignorantes y no malos, es decir, igualmente aptos para el bien o el mal.

Los que llegan a ser malos lo son por su voluntad.


En las cualidades que podemos atribuir a Dios está sin duda el AMOR, al igual que cuando se engendra a un hijo, y el hecho de que nunca haya podido estar inactivo. Más allá de eso no podemos ahondar mucho en la comprensión de Dios, porque como dice León Denis:

«Definir es limitar. Frente a este gran problema, aparece la debilidad humana. Dios se impone en nuestra inteligencia, pero se escapa a todo análisis. El Ser que llena el tiempo y el espacio no será nunca medido por unos seres a quienes el tiempo y el espacio limitan. Querer definir a Dios sería circunscribirlo y casi negarlo.

Las causas secundarias de la vida universal se explican; pero la causa prima permanece inaccesible en su inmensidad.

No negaremos a poseerla sino después de haber pasado muchas veces por la muerte.

Todo lo que podemos decir para resumir es que Dios es la vida, la razón, la conciencia en su plenitud. Es la causa eterna activa de todo cuanto existe, la comunión universal en que cada ser llega a obtener la existencia, para concurrir después, en la medida de sus facultades engrandecedoras y de su elevación, a la armonía del conjunto».



REFLEXIÓN:
Vivimos en un mundo de expiación y de pruebas, por lo que y según el tipo de vicisitud por la que estemos atravesando, puede que nos venga a la mente este tipo de preguntas.
No obstante la Doctrina Espírita nos esclarece y consuela con sus enseñanzas, y por muy malo que sea el momento por el que estemos atravesando, siempre seguiremos adelante.
De nosotros dependerá el suavizar y superar el sufrimiento, según la actitud, comprensión y aceptación que pongamos, necesario para nuestra purificación.
Toda vez que de ello dependerá el avanzar más deprisa en nuestro camino espiritual hacia mundos felices, en los cuales este tipo de preguntas no se manifestarán. 


Bibliografía:
El Espiritismo en su más simple expresión. Exposiciones sumarias de las enseñanzas de los espíritus por Allan Kardec.
Doctrina espírita para principiantes.
El libro de los Espíritus de Allan Kardec.
Después de la muerta de León Denis.

AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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Adulaciones y alabanzas







ADULACIONES y ALABANZAS




Los Espíritus superiores tienen un lenguaje siempre digno, noble, elevado, sin mezcla de ninguna trivialidad; todo lo dicen con sencillez y modestia; jamás se alaban ni hacen nunca ostentación de su saber ni de su posición entre los otros. El de los Espíritus inferiores o vulgares tiene siempre algún reflejo de las pasiones humanas; toda expresión que resienta la bajeza, la suficiencia, la arrogancia, la presunción y la mordacidad, es un indicio característico de inferioridad, o de superchería, si el Espíritu se presenta bajo un nombre respetable y venerado.

Los Espíritus buenos no adulan; cuando se hace el bien lo aprueban, pero siempre con reserva; los malos hacen el elogio exagerado, estimulan el orgullo y la vanidad predicando la humildad, y procuran "exaltar la importancia personal" de aquellos cuya voluntad quieren captarse.


Los falsos profetas de la erraticidad
Rechazad sin piedad a todos esos Espíritus que se presentan como consejeros exclusivos predicando la división y el aislamiento. Casi siempre son Espíritus vanidosos y mediocres que procuran imponerse a los hombres débiles y crédulos prodigándoles alabanzas exageradas, a fin de fascinarles y tenerle bajo su dominio. Son generalmente Espíritus ávidos de poder que, siendo déspotas públicos o privados cuando vivían, quieren tener aún víctimas para tiranizar después de su muerte.


DISERTACIONES ESPIRITISTAS
Dios me ha encargado de una misión que debo cumplir con los creyentes a quienes favorece con la mediumnidad. Cuantas más gracias reciben del Altísimo, más peligros corren, y estos peligros son tanto más grandes porque toman origen en los mismos favores que Dios les concede. Las facultades de que gozan los médiums les atraen los elogios de los hombres, las felicitaciones, las adulaciones: aquí está su escollo. Estos mismos médiums que deberían tener siempre presente en la memoria su incapacidad primitiva lo olvidan; hacen más: lo que sólo deben a Dios lo atribuyen a su propio mérito. ¿Qué sucede entonces? Los buenos Espíritus les abandonan, vienen a ser el juguete de los malos, y no tienen brújula para guiarse; cuanto más capaces se hacen, más inclinados están en atribuirse un mérito que no les pertenece, hasta que por fin Dios les castiga retirándoles una facultad que sólo pudo serles fatal.

No sabría cómo recomendaros a vuestro ángel guardián, para que os ayude a estar siempre preparados contra vuestro más cruel enemigo que es el orgullo. Acordaos mucho los que tenéis la dicha de ser los intérpretes entre los Espíritus y los hombres, que sin el apoyo de nuestro divino maestro seréis castigados con más severidad, porque habréis sido más favorecidos.

Espero que esta comunicación dará sus frutos y deseo que pueda ayudar a los médiums a mantenerse en guardia contra el escollo que les estrellaría; este escollo ya os lo he dicho, es el orgullo.

Juana de Arco.


Extraído de: (Cuentos y Apólogos, por el Hermano Espíritu X) - Xico Xavier
Se cuenta en el plano espiritual, que Vicente de Paúl oficiaba en un templo aristocrático de Francia, en una ceremonia de gran gala, al frente de ricos señores coloniales, capitanes de mar, guerreros condecorados, políticos ociosos y avarientos sórdidos, cuando, a cierta altura de la solemnidad, se vio al frente del altar una inesperada alabanza pública.

Un viejo corsario se acercó a la sagrada mesa de la eucaristía y grito:
Señor, te agradezco los navíos preciosos que colocaste en mi ruta. Mis negocios son prósperos, gracias a ti, que me designaste buena presa. No permitas, ¡Oh Señor!, que tu siervo fiel se pierda en la miseria. Te daré valiosos décimos. Erigiré una nueva iglesia en tu honor, y tomo a los presentes por testigo de mi voto espontáneo.

Otro devoto se adelantó y habló en voz alta:
Señor, mi alma se estremece de júbilo por la herencia que enviaste a mi casa por la muerte de mi abuelo, que en otro tiempo, te sirvió gloriosamente en el campo de batalla. Ahora podemos, por fin, descansar bajo tu protección, olvidando el trabajo y la fatiga.

Un caballero maduro exhibiendo el rostro caprichosamente arrugado, agradeció:
Maestro Divino, te traigo mi gratitud ardiente por la victoria en la demanda provincial. Yo sabía que tu bondad no me despreciaría. Gracias a tu poder, mis tierras aumentaron. Construiré, por eso, un santuario en tu memoria bendita, para conmemorar el triunfo que me conferiste por justicia.

Una adornada señora tomó posición y exclamó:
Divino Salvador, mis campos en la colonia lejana, con tu auxilio, están produciendo ahora satisfactoriamente. Agradezco a los negros saludables y obedientes que me mandaste y, en señal de mi sincera contrición, cederé a tu iglesia buena parte de mis ganancias.

Un hombre viejo, de uniforme engalanado, se acercó al altar y clamó con fuerte voz:
A ti, maestro de la Infinita Bondad, mi regocijo por las gratificaciones con las que me hiciste participe. Mis latifundios proceden de tu bendición. Es verdad que para preservarlos sustenté una lucha en la que muchos miserables murieron, pero, ¿quién sino tú mismo colocaría la fuerza en mis manos para defender lo indispensable? De ahora en adelante, no necesitaré pensar en el futuro? en la calma de mi sillón, haré oraciones fervorosas, huyendo al inmundo intercambio con los pecadores. Para retribuirte, ¡oh! ¡Eterno Redentor, haré edificar, en el pueblo donde mi fortuna domina, un templo digno de tu invocación, recordando tus sacrificios en la cruz!

Los agradecimientos continuaban, cuando Vicente de Paúl, asombrado, reparó en que la imagen del Nazareno adquiría vida y movimiento.

Estático, se vio al frente justo del Señor, que descendió del altar florido, en llanto.

El abnegado sacerdote observó que Jesús se alejaba a paso rápido; mientras, sintiéndose junto a él, cobró ánimo y le preguntó, igualmente con lágrimas:
Señor, ¿por qué te apartas de nosotros?

El Celestial Amigo irguió hacia el clérigo la cara melancólica y explicó:
Vicente, me siento avergonzado al recibir las alabanzas de los poderosos que desprecian a los débiles, de los hombres válidos que no trabajan, de los felices que abandonan a los infortunados.

El interlocutor sensible no oyó nada más. Con el cerebro hecho un torbellino, se desmayó allí mismo, delante de la asamblea intrigada, siendo inmediatamente sustituido, y febril, deliró por algunos días, prisionero de visiones que nadie entendió.

Cuando se levantó de la incomprendida enfermedad, se vistió con la túnica de la pobreza, trabajando incesantemente en la caridad, hasta el fin de sus días.

Los adoradores del templo, mientras, continuaban agradeciendo los trofeos de sangre, oro y mentira, delante del mismo altar, y afirmaron que Vicente de Paúl, había enloquecido.


REFLEXIÓN:
¿Somos todos médiums?

Digamos que potencialmente sí, es decir que en todo espíritu está el germen de la mediumnidad en mayor o menor grado de desarrollo.

En los más solo está la semilla, esperando el momento de brotar, circunstancia que no hay que provocar como nos dice el espíritu EMMANUEL: “Nadie deberá provocar el desarrollo de esa o de aquella facultad, porque, en ese terreno, toda la espontaneidad es necesaria.”

En los que ha germinado normalmente es como prueba, y en menor escala como complemento a una misión.

¿Cuál es el peor escollo?

Sin duda el orgullo. Por ejemplo si pensamos que somos médiums cuando realmente no ha florecido en nosotros una evidente mediumnidad, o habiendo florecido nos dejamos llevar por las alabanzas y adulaciones.

Bibliografía:
El libro de los médiums de Allan Kardec
El evangelio según el espiritismo de Allan Kardec
Cuentos y Apólogos, obra psicografiada por Francisco Cándido Xavier


AMOR, CARIDAD y TRABAJO

Comprensión y aceptación de las pruebas o expiaciones





COMPRENSIÓN y ACEPTACIÓN
de las
PRUEBAS o EXPIACIONES




¿No podría Dios eximir a los Espíritus de las pruebas que han de sufrir para llegar al primer orden?

- Si hubieran sido creados perfectos no tendrían méritos para disfrutar de los beneficios de esa perfección. ¿Dónde residiría el mérito, de no existir la lucha? Por otra parte, la desigualdad que entre ellos existe es necesaria a su personalidad. Además, la misión que cumplen en los diferentes grados está dentro de las miras de la Providencia, a los fines de mantener la armonía del Universo.

Puesto que en la vida social todos los hombres pueden llegar a los primeros puestos de la función pública, cabría preguntar por qué el soberano de un país no asciende a general a cada soldado raso, por qué todos los empleados subalternos de la administración no pasan a ser funcionarios superiores y por qué, en suma, todos los escolares no se convierten en maestros. Ahora bien, una diferencia existe entre la vida social y la espiritual, y es que la primera es limitada y no permite siempre al individuo ascender todos los peldaños, al paso que la segunda no tiene límites, ofreciendo a cada cual la posibilidad de elevarse hasta el primer rango.


¿No parece natural que se elijan las pruebas menos penosas?

- A vosotros sí os parece, pero no al Espíritu. Cuando está despojado de la materia cesa la ilusión y piensa de otro modo.

El hombre en la Tierra, colocado bajo el influjo de las ideas carnales, no ve en esas pruebas más que su lado penoso. De ahí que se le ocurra natural optar por aquellas que desde su punto de vista pueden conjugarse con los placeres materiales. Pero en la vida espiritual compara los goces efímeros y groseros con la felicidad inalterable que entrevé, y por tanto, ¿qué significan para él algunos sufrimientos pasajeros? Puede el Espíritu, pues, decidirse por la más ruda de las pruebas y, consecuentemente, por la vida más angustiosa, con la esperanza de alcanzar más pronto un estado mejor.



Pruebas voluntarias. - El verdadero silicio
Preguntáis si os es permitido aligerar vuestras propias pruebas; esta pregunta tiene relación con esta otra: Al que se ahoga, ¿le es permitido el que procure salvarse? Al que se clave una espina, ¿sacársela? Al que está enfermo, ¿llamar al médico? Las pruebas tienen por objeto ejercitar la inteligencia, del mismo modo que la paciencia y la resignación; un hombre puede nacer en una posición penosa y embarazosa, precisamente para obligarle a buscar los medios de vencer las dificultades. El mérito consiste en soportar sin murmurar las consecuencias de los males que no se pueden evitar, en perseverar en la lucha, en no desesperarse si no se sale bien de la prueba; pero no en el abandono, que sería más bien pereza que virtud.

Naturalmente esta pregunta conduce a esta otra. Puesto que Jesús dijo: "Bienaventurados los afligidos", ¿hay mérito en proporcionarse aflicciones agravando sus pruebas con sufrimientos voluntarios? A esto contestaré muy claro. Si hay un gran mérito cuando los sufrimientos y las privaciones tienen por objeto el bien del prójimo, porque es la caridad por el sacrificio; no, cuando no tienen otro objeto que uno mismo, porque eso es un egoísmo fanático. Aquí debe hacerse una gran distinción; en cuanto a vosotros, personalmente, contentaos con las pruebas que Dios os envía, y no aumentéis la carga, ya de por sí muy pesada a veces: aceptadlas sin murmurar y con fe; es todo lo que Él os pide. No debilitéis vuestro cuerpo con privaciones inútiles y maceraciones sin objeto porque tenéis necesidad de todas vuestras fuerzas para cumplir vuestra misión de trabajo en la tierra. Torturar y martirizar voluntariamente vuestro cuerpo, es contravenir a la ley de Dios, que os da los medios de sostenerle y fortificarle; debilitarlo sin necesidad, es un verdadero suicidio. Usad, pero no abuséis, tal es la ley; el abuso de las mejores cosas, lleva consigo mismo el castigo en sus consecuencias inevitables.

Otra cosa es con respecto a los sufrimientos que uno se impone para el alivio del prójimo. Si sufrís frío y hambre para calentar y alimentar al que tiene necesidad y por lo cual vuestro cuerpo padece, este es un sacrificio que Dios bendice. Vosotros, los que dejáis vuestros perfumados tocadores para ir a las infectadas bohardillas a llevar el consuelo; vosotros, los que ensuciáis vuestras delicadas manos curando llagas; vosotros, los que os priváis del sueño para velar a la cabecera del enfermo que es vuestro hermano en Dios; vosotros en fin, los que gastáis vuestra salud en la práctica de las buenas obras, ya tenéis vuestro silicio, verdadero silicio de bendición, porque los goces del mundo no han secado vuestro corazón, no os habéis dormido en el seno de las voluptuosidades enervadoras de la fortuna, sino que os habéis hecho los ángeles consoladores de los pobres desheredados.

Más vosotros, los que os retiráis del mundo para evitar sus seducciones y vivir en el aislamiento ¿para qué servís en la tierra? ¿En dónde está vuestro valor en las pruebas, puesto que huis de la lucha y evitáis el combate? Si queréis un silicio, aplicadlo a vuestra alma y no a vuestro cuerpo; mortificad vuestro espíritu y no vuestra carne; azotad vuestro orgullo, recibid las humillaciones sin quejaros, martirizad vuestro amor propio; sed fuertes contra el dolor de la injuria y de la calumnia, más punzante que el dolor corporal. Ese es el verdadero silicio cuyas heridas os serán tomadas en cuenta, porque atestiguarán vuestro valor y vuestra sumisión a la voluntad de Dios. (Un Ángel Guardián. París, 1863).


"Las grandes pruebas, escuchadme bien, son casi siempre indicio de un fin de sufrimientos y de un perfeccionamiento del espíritu, cuando son aceptadas por amor a Dios".

Este es un momento supremo, y entonces es cuando sobre todo conviene no desfallecer murmurando, si no se quiere perder el fruto y tener que empezar otra vez. En lugar de quejaros, dad gracias a Dios, que os ofrece la ocasión de vencer para daros el premio de la victoria.


No debe creerse que todo sufrimiento en la tierra sea necesariamente indicio de una falta determinada; a menudo son simples pruebas elegidas por el espíritu para acabar su purificación y activar su adelantamiento. Así es que la expiación sirve siempre de pruebas, pero la prueba no es siempre una expiación; pruebas o expiaciones son siempre señales de una inferioridad relativa, porque el que es perfecto no tiene necesidad de ser probado. Un espíritu puede, pues, haber adquirido cierto grado de elevación, pero queriendo aún adelantar más, solicita una misión, una tarea que cumplir, por lo que será tanto más recompensado si sale victorioso, cuanto más penosa haya sido la lucha.


La Tierra es un lugar expiación y de pruebas, a menudo muy grandes, a veces sembradas de dolores muy punzantes. Resignaos a todo, si ellas os alcanzan, resignaos a todas ante la bondad suprema de Dios, que es Todopoderoso. Si os da una carga pesada para que la llevéis, si os llama a Él después de grandes sufrimientos, veréis en la otra vida, en la vida feliz, de cuán poca importancia son estos dolores y estas penas de la Tierra, cuando juzguéis de la recompensa que Dios os reserva, si vuestro corazón no ha pronunciado ninguna queja, ningún murmullo.


El alma debe conquistar uno por uno, todos los elementos, todos los atributos de su grandeza, de su poder, de su felicidad y para eso, precisa del obstáculo de la naturaleza resistente, bien hostil, de la materia adversa, cuyas exigencias y rudas lecciones provocan sus esfuerzos y forman su experiencia. De ahí, también en los estadios inferiores de la vida, la necesidad de las pruebas y del dolor, a fin de que se inicie su sensibilidad y al mismo tiempo, se ejerza su libre albedrío y crezcan su voluntad y su conciencia.


Respuesta del espíritu de Samuel Philipe a su evocación una vez desencarnado.
Vosotros sabéis cuántas tribulaciones envolvieron mi vida terrestre. No tuve jamás falta de valor en la adversidad, ¡gracias a Dios!, y hoy día me felicito de esto. ¡Cuánto hubiera perdido si me hubiese desanimado! Tiemblo sólo al pensar que por mi cobardía, lo que he sufrido hubiera sido sin provecho y tendría que volver a empezar. ¡Oh, amigos míos! Si pudieseis penetraros bien de esta verdad, veríais que en ello va vuestra vida futura. Ciertamente no es comprar esta dicha demasiado cara, pagándola sólo con algunos años de sufrimientos. ¡Si supieseis cuán poca cosa son algunos años en presencia de lo infinito!

Para borrar los últimos restos de mis faltas anteriores, me ha sido preciso sufrir todavía estas últimas pruebas, que he aceptado voluntariamente. He sacado de la firmeza de mis resoluciones la fuerza de soportarlo sin murmurar. Yo bendigo hoy estas pruebas. Por ellas he roto con el pasado.

¡Oh, vosotros que me habéis hecho sufrir en la Tierra, que habéis sido duros y malévolos para mí, que me habéis humillado y llenado de amargura, cuya mala fe me ha reducido muchas veces a las más duras privaciones, no solamente os perdono, sino que os doy las gracias!

Queriendo hacer mal, no pensabais que me hacíais tanto bien. Sin embargo, es verdad que a vosotros debo en gran parte la dicha que gozo, porque me habéis dado la ocasión de perdonar y de devolver bien por mal. Dios ha permitido que me salierais al paso para probar mi paciencia, y ejercitarme en la práctica de la caridad más difícil, la del amor a los enemigos.



REFLEXIÓN:
El origen de muchas enfermedades está en no comprender y no aceptar ciertas circunstancias, algunas muy duras, que se tienen que vivir para ser superadas, para aprender y para crecer,  por no verse uno mismo como un humilde alumno aprendiendo las lecciones de la vida, y creer, equivocadamente, que sencillamente uno no es más que el asno que recibe los golpes, al que la vida le da la espalda, al que todo le sale mal, cuando es todo lo contrario, pues las situaciones complicadas y difíciles son las que nos traen crecimiento y progreso, a pesar del dolor y sufrimiento intenso y las dificultades del camino.

Para tod@s, especialmente para los que sufren y padecen sin tener una respuesta a sus dolores y sufrimientos,  leer  y estudiar con el corazón y la mente libres de todo prejuicio los cinco libros de la codificación espírita de Allan Kardec, que son la base de la esclarecedora y consoladora Doctrina Espírita, ya que como dos dicen nuestros hermanos elevados de la espiritualidad:

"Estudiad, comparad, profundizad; os lo decimos sin cesar, el conocimiento de la verdad se adquiere a este precio. ¿Cómo queréis llegar a la verdad cuando lo interpretáis todo según vuestras ideas limitadas que vosotros tomáis por grandes? Pero no está lejos el día en que la enseñanza de los Espíritus será uniforme por todas partes, así en los detalles como en las cosas principales. Su misión es de destruir el error, pero esto no puede venir sino sucesivamente."


Bibliografía:
El libro de los espíritus
El evangelio según el espiritismo
El cielo y el infierno
El problema del ser, del destino y del dolor de León Denis


AMOR, CARIDAD y TRABAJO.



Tipos de vicisitudes de los encarnados en el planeta Tierra:
Expiaciones:
-Pena que sufren los Espíritus como punición de las faltas cometidas durante la vida corporal. La expiación, como sufrimiento moral, tiene lugar en el estado de erraticidad; como sufrimiento físico, en el estado corpóreo.
Las vicisitudes y los tormentos de la vida corporal son a la vez pruebas para el futuro y expiación del pasado. Estas pruebas pueden ser elegidas o impuestas según el grado de adelantamiento del espíritu.

Pruebas:
-Vicisitudes de la vida corporal mediante las cuales los Espíritus se depuran, según la manera de enfrentarlas. De acuerdo con la Doctrina Espírita, el Espíritu desprendido del cuerpo, al reconocer su imperfección, puede elegir por sí mismo –por un acto de su libre albedrío– el género de pruebas que cree más adecuado para su adelanto y que ha de enfrentar en una nueva existencia. Si ha elegido una prueba que está por encima de sus fuerzas, sucumbe y retarda su adelanto. También puede ser impuesta, todo según el grado de adelanto del espíritu.
-Vicisitud que elige el espíritu para acrecentar su purificación y adelantamiento espiritual, o sea que elige pasar una prueba no para purificar una falta, si no para mejorar su adelantamiento espiritual.


Misiones:
-Espíritus que no tienen que encarnar para sufrir expiaciones ni pruebas pero que deciden encarnar para ayudar al progreso de la humanidad, aunque al mismo tiempo esto les sirva para mejorar ellos mismos espiritualmente.






Donante y Beneficiario del pase e irradiación. Receptividad







DONANTE Y BENEFICIARIO
DEL PASE E IRRADIACIÓN

RECEPTIVIDAD






El donante:
El trabajo constante para vencer las imperfecciones morales debe ser la meta prioritaria de todo individuo que llega a la Casa Espírita.

¿Qué hacer, entonces, para empezar a trabajar esas heridas del alma y dar la partida a la conquista de las virtudes que nos conducirá a la felicidad plena, determinismo que a todos nos aguarda? Primeramente, hacer un viaje hacia dentro de nosotros mismos, estudiar las deficiencias de que somos portadores, colocarlas según el orden de valor, e iniciar la gran jornada de regreso, con las dificultades naturales de toda reconstrucción.

Al inicio las dificultades son enormes. El egoísmo es todavía muy fuerte en nosotros, porque, evolutivamente, estamos mucho más próximos del comienzo, que de la plenitud de felicidad que todavía no merecemos. En ese punto, tenemos que recurrir a la voluntad, una de las fuerzas actuantes del Espíritu, con el fin de alcanzar la meta ideada.

La meditación continuada en torno de los postulados de la Doctrina Espírita nos dará la base cultural necesaria que, juntamente con los sentimientos fortalecidos en la práctica del evangelio de Jesús, servirán de base para la salud moral, indispensable para aquel que se encamina al trabajo del pase. Colocar sus enseñanzas en la práctica de nuestra convivencia diaria, aprendiendo a callar en los momentos en que fuimos instigados a la alteración; a escuchar cuando la aflicción y la desesperación de nuestros interlocutores hubieran llegado al auge; y a perdonar, cuando la insensatez descontrolada de la criatura humana nos alcanza.

“Indiscutiblemente no prescindimos del corazón noble y de la mente pura, en el ejercicio del amor, de la humildad y de la fe viva, para que los rayos del poder divino encuentren acceso y paso a través nuestro a beneficio de los otros”.

El agente donante debe estar físico, psíquica y emocionalmente saludable. Por lo tanto, equilibrado. En el campo físico, tener cuidado con la alimentación que debe ser frutal, rica en elementos nutrientes y desprovista de toxinas, porque el exceso produce olores desagradables, teniendo influencia directa sobre el paciente que, sintiendo el mal olor, se perturba, se desconcentra, influenciando directamente en el resultado, además de dificultar la emisión de las energías propias o las canalizadas del mundo espiritual.

El uso del alcohol y del tabaco debe ser abolido, porque esos tóxicos actúan sobre los centros nerviosos influenciando directamente las funciones psíquicas, atrayendo, junto a nosotros, los dependientes de esos vicios que ya se encuentran en el mundo espiritual. Para el paciente, los fluidos que transitan por el organismo del donante viciado, saldrán imantados de elementos negativos, causándole malestar.

Ponemos como destacado el sexo sin disciplina como factor responsable por el agotamiento del sistema nervioso y barrera a sombrear las posibilidades irradiantes del médium, además de dificultar la absorción de las energías de los Buenos Espíritus.

El reposo debe ser lo bastante para ofrecer a la organización física el equilibrio necesario para el buen desempeño de las funciones que se propone, contribuyendo a la normalidad del psíquico y de lo emocional.

La mente debe estar siempre dirigida hacia las cosas elevadas de la vida, a través del pensamiento y de la voluntad, dirigiendo a los sentimientos afectivos hacia las realizaciones nobles.

El amor-donación debe ser plantado y cultivado en el suelo de nuestras relaciones; la paciencia, trabajada incesantemente para la superación de los conflictos e inquietudes íntimas; la benevolencia, vivida plenamente en la relación humana, tolerándose las imperfecciones ajenas; la fe razonada se fortalecerá al punto de transportar montañas; y la calma, finalmente, coronará nuestro actuar de una tranquilidad incorruptible a pesar de todo problema o desafío.



El Beneficiario:
Para aquellos que buscan la ayuda de los pases, es necesario su esclarecimiento sobre esa terapia alternativa, su acción y las condiciones influyentes para la obtención de buenos resultados.

Ellos deben ser esclarecidos sobre la necesidad de tener fe; primeramente en Dios, fuente generadora de las energías; después, en la persona que le aplicará pases, abriéndose de una forma confiada, y al final en sí mismo, fortaleciendo la voluntad de curarse.

Esa búsqueda señala el camino, y por ende al donante de energías. Ese esfuerzo condiciona al paciente a la receptividad, creando las condiciones de sintonía para la perfecta acción reciproca magnética, que abrirá los canales por donde fluirán las energías del Psiquismo Divino, del Benefactor Espiritual, del agente donante hasta alcanzarlo.

Es imprescindible que se esfuerce para vencer las imperfecciones morales, combatiendo el orgullo y el egoísmo, dejando que en sí desabroche el amor, centella divina que está en la individualidad de todos, aguardando el momento propicio para brotar y expandirse. Combatir los sentimientos de odio, venganza, celos y los vicios de toda orden es meta prioritaria, porque esas fragilidades impiden la penetración de las energías curativas.

El hábito de la oración y de la lectura edificante es un bálsamo para el alma y ayuda en el condicionamiento de la mente a direccional el pensamiento hacia los sentimientos nobles, conduciéndonos a la acción del bien.



– ¿Será indispensable la fe, entonces, para que reciban el socorro que precisan?

– ¡Ah, sí! En fotografía precisamos de una placa impresionable para retener la imagen, como en electricidad necesitamos del hilo para la transmisión de la corriente eléctrica. En el terreno de las obras de ayuda espiritual es imprescindible que el necesitado presente una cierta “tensión favorable”. Esa tensión procede de la fe. Cierto es que no nos referimos al fanatismo religioso o a la ceguera de la ignorancia, pero sí a la actitud de seguridad íntima que se afirma, con reverencia y sumisión, en el conocimiento de las Leyes Divinas, bajo cuya sabiduría y amor procuramos protegernos. Sin recogimiento y respeto en la receptividad no conseguiremos aprovechar los recursos imponderables que se nos brindan para nuestro bien, dado que el escarnio y la dureza de corazón pueden ser comparados con espesas capas de hielo que cubren el templó del alma.


Cuando proyectamos nuestros pensamientos y sentimientos por intermedio de la bondad, creamos una imagen fluídica que puede alcanzar el blanco apuntado, si éste presenta condiciones de receptividad.


-La transmisión y la recepción del pase guardan relación con el poder de la voluntad de quien dona las energías benéficas y de quien las recibe.

-La verdadera curación de las enfermedades está relacionada al proceso de reajuste del Espíritu, siendo el pase apenas un instrumento de auxilio.

-Para evitar reincidencias de enfermedades o perturbaciones, es necesario que la persona defina y siga una programación de mejoramiento moral y de esclarecimiento espiritual.

-Allan Kardec aclara que la “curación se opera por la sustitución de una molécula enferma por otra molécula sana. El poder curativo dependerá de la pureza de la sustancia inoculada y también de la energía de la voluntad, que provoca una emisión fluídica más abundante y otorga una fuerza de penetración.”

-Todos los pasistas deben ser considerados médiums. La capacidad de absorción de energías espirituales sumada a la de donación fluídica, varía de persona a persona, en función de las condiciones individuales, propias de cada persona, así como del nivel de sintonía mental que el pasista mantiene con los bienhechores espirituales.


Para que la irradiación sea eficaz, la persona que va a ser ayudada debe estar receptiva (favorable al recibimiento de la ayuda para mejor absorber el recurso espiritual). Además de eso, es fundamental estar dispuesta a mejorar espiritualmente. La ayuda de la irradiación es pasajera y tales recursos tienden a fijarse y a crecer, cuando el individuo pase a tener una vida moralmente equilibrada.


En lo tocante a la receptividad o refractariedad de las personas, en el momento del pase, tenemos:
a) - Fe, más recogimiento, más respeto, suman RECEPTIVIDAD;
b) - Ironía, más incredulidad, más dureza de corazón, suman REFRACTARIEDAD.




BIBLIOGRAFÍA:
amanecerespírita
En los dominios de la mediumnidad de Francisco Cándido Xavier por el espíritu André Luiz
Curso de estudio y educación de la mediumnidad. Programa I
Estudio sobre el pase, F.E.B.
Revista Cristiana de Espiritismo, ed. 46
Estudiando la mediumnidad de Martins Peralva

AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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