Pruebas del alma







PRUEBAS DEL ALMA

(De “El libro de los Espíritus” de Allan Kardec)




Los espíritus no pertenecen perpetuamente al mismo orden, sino que todos se perfeccionan pasando por los diferentes grados de la jerarquía espiritista. Este perfeccionamiento se realiza por medio de la encarnación, impuesta como expiación a unos, y como misión a otros. La vida material es una prueba que deben sufrir repetidas veces, hasta que alcanzan la pureza; una especie de tamiz o depuratorio del que salen más o menos purificados.

Las relaciones de los espíritus con los hombres son constantes. Los espíritus buenos nos excitan al bien, nos fortalecen en las pruebas de la vida y nos ayudan a sobrellevarlas con valor y resignación. Los espíritus malos nos excitan al mal, y les es placentero vernos sucumbir y equipararnos a ellos.


115. Los Espíritus, ¿han sido creados unos buenos y otros malos?
“Dios creó a todos los Espíritus simples e ignorantes, es decir, desprovistos de ciencia. A cada uno le dio una misión con el objetivo de instruirlos y de hacerlos llegar progresivamente a la perfección mediante el conocimiento de la verdad, y para aproximarlos a Él. Para ellos la dicha eterna e imperturbable reside en esa perfección. Los Espíritus adquieren esos conocimientos al pasar por las pruebas que Dios les impone. Algunos aceptan esas pruebas con sumisión y llegan más pronto al objetivo que se les asignó. Otros sólo las sufren con quejas, y así, por su culpa, quedan alejados de la perfección y de la felicidad prometida.”

[115a] - Según esto, en su origen los Espíritus parecen ser como los niños: ignorantes y sin experiencia, aunque poco a poco adquieren los conocimientos que les faltan a medida que recorren las diferentes fases de la vida.
“Sí, la comparación es exacta. El niño rebelde permanece ignorante e imperfecto. Aprende más o menos según su docilidad. Sin embargo, la vida del hombre tiene un término, mientras que la de los Espíritus se extiende hasta lo infinito.”


119. ¿No podría Dios eximir a los Espíritus de las pruebas que deben sufrir para llegar a la primera categoría?
“Si hubiesen sido creados perfectos no tendrían el mérito para gozar de los beneficios de esa perfección. ¿Cuál sería el mérito si no hubiera lucha? Por otra parte, la desigualdad que existe entre ellos es necesaria para su personalidad. Además, la misión que cumplen en los diferentes grados está dentro de los designios de la Providencia en relación con la armonía del universo.”

Puesto que en la vida social todos los hombres pueden llegar a los primeros puestos, valdría preguntarse por qué el soberano de un país no asciende a general a cada uno de sus soldados, por qué todos los empleados subalternos no llegan a ser funcionarios superiores, o por qué todos los escolares no se convierten en maestros. Ahora bien, hay una diferencia entre la vida social y la vida espiritual: la primera es limitada y no siempre permite ascender todos los grados, mientras que la segunda es ilimitada y deja a cada uno la posibilidad de elevarse al grado supremo.


125. Los Espíritus que han seguido el camino del mal, ¿podrán llegar al mismo grado de superioridad que los otros?
“Sí, pero las eternidades serán más largas para ellos.” 

Por la expresión las eternidades debemos entender la idea que tienen los Espíritus inferiores acerca de la perpetuidad de sus padecimientos, porque no les es dado ver el término de los mismos. Esa idea se renueva con cada una de las pruebas ante las que sucumben.


168. El número de existencias corporales, ¿es limitado, o el Espíritu reencarna perpetuamente?
“Con cada nueva existencia, el Espíritu da un paso en la senda del progreso. Cuando se ha despojado de todas sus impurezas, ya no tiene necesidad de las pruebas de la vida corporal.” 


199. ¿Por qué la vida suele interrumpirse en la infancia?
“La duración de la vida del niño puede ser, para el Espíritu que está encarnado en él, el complemento de una existencia interrumpida antes del término debido, y su muerte suele ser una prueba o una expiación para los padres.”

[199a] - ¿En qué se convierte el Espíritu de un niño que muere a temprana edad?
“Recomienza una nueva existencia.”

Si el hombre tuviese una sola existencia, y si después de ella su suerte futura estuviera fijada definitivamente, ¿cuál sería el mérito de la mitad de la especie humana que muere a temprana edad, para disfrutar sin esfuerzo de la dicha eterna? ¿Con qué derecho sería eximida de las condiciones, a menudo tan duras, impuestas a la otra mitad? Semejante orden de cosas no podría estar de acuerdo con la justicia de Dios. Mediante la reencarnación, la igualdad es para todos. El porvenir pertenece a todos sin excepción y sin favorecer a nadie. Los que llegan últimos sólo pueden quejarse de sí mismos. El hombre debe tener el mérito de sus actos, así como tiene la responsabilidad de ellos.
Por otra parte, no es racional considerar a la infancia como un estado normal de inocencia. ¿No vemos niños dotados de los peores instintos a una edad en que la educación aún no ha ejercido su influencia? ¿No vemos que al nacer parecen traer consigo la astucia, la falsedad, la perfidia y hasta el instinto del robo y del homicidio, pese a los buenos ejemplos que los rodean? La ley civil absuelve sus malas acciones porque, según establece, obraron sin discernimiento. Tiene razón, porque, en efecto, obran más por instinto que con un propósito deliberado. Sin embargo, ¿de dónde provienen esos instintos tan diferentes en niños de la misma edad, educados en las mismas condiciones y sometidos a las mismas influencias? ¿De dónde viene esa perversidad precoz, si no es de la inferioridad del Espíritu, puesto que la educación no influyó en eso para nada? Los viciosos, lo son porque sus Espíritus han progresado menos. Entonces sufren las consecuencias, no por sus actos de la infancia, sino por los de sus existencias anteriores. Así pues, la ley es la misma para todos y la justicia de Dios alcanza a todo el mundo.


210. ¿Pueden los padres, con sus pensamientos y plegarias, atraer hacia el cuerpo de su hijo a un Espíritu bueno antes que a un Espíritu inferior?
“No, pero pueden mejorar al Espíritu del hijo que han procreado y que les ha sido confiado: ese es su deber. Los hijos malos son una prueba para los padres.”


258. En el estado errante, antes de comenzar una nueva existencia corporal, ¿tiene el Espíritu conciencia y previsión de lo que habrá de sucederle durante la vida?
“Él mismo escoge la clase de pruebas que quiere sufrir. En eso consiste su libre albedrío.”

[258a] - Entonces, ¿no es Dios quien le impone las tribulaciones de la vida como castigo?
“Nada sucede sin el permiso de Dios, pues es Él quien ha establecido las leyes que rigen el universo. ¡Preguntad, pues, por qué ha hecho tal ley en vez de otra! Al dar al Espíritu la libertad de elegir, Dios le deja la responsabilidad completa de sus actos y de las consecuencias de estos. Nada obstaculiza su porvenir. Puede optar por seguir el camino del bien o el del mal. Pero si sucumbe, le queda un consuelo: no todo terminó para él, pues Dios, en su bondad, le deja la libertad para que recomience lo que hizo mal. Por otra parte, es necesario distinguir lo que es obra de la voluntad de Dios, de lo que es obra de la voluntad del hombre. Si un peligro os amenaza, no habréis sido vosotros quienes lo crearon, sino Dios. No obstante, vuestra fue la voluntad de exponeros a ese peligro, porque habéis visto en él un medio para vuestro progreso, y Dios lo ha permitido.”


259. Si el Espíritu elige la clase de pruebas que deberá sufrir, ¿se sigue de ahí que todas las tribulaciones que experimentamos en la vida fueron previstas y elegidas por nosotros?
“Todas no es la palabra, porque no se puede decir que vosotros habéis elegido y previsto todo lo que os sucede en el mundo, hasta las más mínimas cosas. Elegisteis la clase de pruebas; los detalles son consecuencia de la posición en que os encontráis y, a menudo, de vuestras propias acciones. Si el Espíritu, por ejemplo, quiso nacer entre malhechores, sabía a qué tentaciones se exponía, pero ignoraba cada uno de los actos que llevaría a cabo. Esos actos son el efecto de su voluntad y de su libre albedrío. El Espíritu sabe que al elegir un camino tendrá que sufrir determinado tipo de lucha. Conoce, pues, la naturaleza de las vicisitudes con las que se encontrará, pero ignora si un acontecimiento se producirá antes que otro. Los pormenores nacen de las circunstancias y de la fuerza de las cosas. Sólo se pueden prever los acontecimientos importantes, aquellos que influyen en el destino. Si sigues un camino escarpado, sabes que habrás de tomar grandes precauciones, porque tienes posibilidades de caer. No obstante, no sabes en qué punto caerás, y existe la posibilidad de que no caigas si eres suficientemente prudente. Si al pasar por la calle te cae una teja en la cabeza, no creas que estaba escrito, como vulgarmente se dice.”


261. El Espíritu, en las pruebas que debe sufrir para alcanzar la perfección, ¿debe experimentar las diversas clases de tentaciones; debe pasar por todas las circunstancias que pueden excitar en él el orgullo, la envidia, los celos, la avaricia, la sensualidad, etc.?
 “Por cierto que no, pues sabéis que hay Espíritus que siguen, desde el comienzo, un camino que los exime de muchas pruebas. Con todo, el que se deja llevar por el camino del mal corre todos los peligros que hay en él. Si un Espíritu, por ejemplo, pide riqueza, se le podrá conceder. Entonces, conforme a su carácter, podrá volverse avaro o pródigo, egoísta o generoso, o bien se entregará a todos los goces de la sensualidad. Sin embargo, eso no quiere decir que deba pasar forzosamente por toda esa serie de inclinaciones.”


262. ¿De qué modo el Espíritu, que en su origen es simple, ignorante y carece de experiencia, puede elegir una existencia con conocimiento de causa, y ser responsable de esa elección?
“Dios suple su inexperiencia al señalarle el camino que debe seguir, como haces tú con un niño desde la cuna. No obstante, poco a poco lo deja ser dueño de elegir, a medida que su libre albedrío se desarrolla. En ese caso, si no escucha los consejos de los Espíritus buenos, suele extraviarse y seguir el camino del mal. A esto se lo puede llamar la caída del hombre.”

[262a] - Cuando el Espíritu goza de su libre albedrío, la elección de la existencia corporal, ¿depende siempre, en forma exclusiva, de su voluntad, o bien la voluntad de Dios puede imponerle esa existencia como expiación?
“Dios sabe esperar; no apresura la expiación. Sin embargo, Él puede imponerle una existencia a un Espíritu cuando este, por su inferioridad o su mala voluntad, no es apto para comprender lo que sería más saludable para sí mismo, y cuando ve que esa existencia puede servir para que el Espíritu se purifique y progrese, al mismo tiempo que encuentra en ella una expiación.”


264. ¿Qué es lo que dirige al Espíritu en la elección de las pruebas que desea sufrir?
“El Espíritu elige las pruebas que pueden ser para él una expiación -por la naturaleza de sus faltas- y que lo hacen adelantar más deprisa. Así pues, algunos se imponen una vida de miseria y privaciones para tratar de soportarla con valor. Otros quieren probarse mediante las tentaciones de la fortuna y el poder, mucho más peligrosas, por el abuso y el mal uso que se puede hacer de ellos, así como por las pasiones malas que fomentan. Otros, por último, quieren probarse mediante las luchas que habrán de sostener en contacto con el vicio.”

Hay algunos que eligen una vida fácil; pero cuando la terminan, se aperciben que no les ha servido para progresar, y entonces, como el perezoso, sienten el tiempo que han perdido.


266. ¿No parece natural que se elijan las pruebas menos penosas? 
“A vosotros sí os parece natural; al Espíritu, no. Cuando está desprendido de la materia, cesa la ilusión y piensa de otro modo.”

El hombre, en la Tierra y bajo la influencia de las ideas carnales, sólo ve el lado penoso de esas pruebas. Por eso le parece natural elegir las que desde su punto de vista pueden combinarse con los goces materiales. En cambio, en la vida espiritual compara esos goces fugaces y groseros con la felicidad inalterable que entrevé y, a partir de ese momento, ¿qué le hacen algunos dolores pasajeros? De ese modo, el Espíritu puede elegir la más ruda de las pruebas y, por consiguiente, la existencia más penosa, con la esperanza de llegar más rápido a un estado mejor, así como el enfermo suele elegir el remedio más desagradable para curarse lo antes posible. Quien pretende vincular su nombre al descubrimiento de un país desconocido, no elige un camino lleno de flores. Conoce los peligros que corre, pero también sabe que lo aguarda la gloria en caso de que tenga éxito.
La doctrina de la libertad en la elección de nuestras existencias y de las pruebas que debemos sufrir deja de parecer extraordinaria si consideramos que los Espíritus, desprendidos de la materia, evalúan las cosas de una manera diferente a como nosotros lo hacemos. Divisan el objetivo, que para ellos es mucho más serio que los goces fugaces del mundo. Después de cada existencia, al ver el paso que han dado, comprenden cuánto les falta purificarse aún para alcanzar dicho objetivo. Por ese motivo, se someten de manera voluntaria a las vicisitudes de la vida corporal, y piden por sí mismos las que puedan hacerlos llegar más rápidamente. Así pues, no hay razón para el asombro cuando se ve que el Espíritu no prefiere la existencia más placentera. En su estado de imperfección, no podría disfrutar esa vida exenta de amarguras. Como la entrevé, procura mejorar para alcanzarla.
Por otra parte, ¿no tenemos a diario, ante nuestros ojos, ejemplos de elecciones semejantes? El hombre que trabaja durante parte de su vida, sin tregua ni descanso, para reunir aquello que le proporcione bienestar, ¿qué hace sino imponerse una tarea con miras a un porvenir mejor? El militar que se ofrece para una misión peligrosa, el viajero que enfrenta desafíos no menos difíciles en interés de la ciencia o de su propia fortuna, ¿qué hacen sino someterse a pruebas voluntarias que deben proporcionarles honor y ganancias si logran superarlas? ¿A cuántas cosas no se somete o se expone el hombre con miras a su interés o su gloria? Los concursos, ¿no son también pruebas voluntarias a las que se somete para avanzar en la carrera que eligió? No se alcanza una posición social importante en las ciencias, las artes o la industria, si no se pasa por la serie de posiciones inferiores que son otras tantas pruebas. En ese sentido, la vida humana es el calco de la vida espiritual, pues en esta vida encontramos, en pequeño, las mismas peripecias que en la otra. Así pues, si en la vida solemos elegir las más rudas pruebas con miras a un objetivo más elevado, ¿por qué el Espíritu, que ve más lejos que el cuerpo y para el cual la vida corporal no es más que un incidente fugaz, no habría de elegir una existencia penosa y difícil si ella lo conducirá a la felicidad eterna? Los que dicen que -si el hombre pudiera elegir su existencia- pedirían ser príncipes o millonarios, son como los miopes que sólo ven lo que tocan, o como esos niños golosos que, cuando se les pregunta qué profesión les gusta más, responden: pastelero o confitero.
El viajero que se encuentra en medio del valle oscurecido por la niebla no ve la extensión ni los extremos del sendero. En cambio, cuando llega a la cima de la montaña, abarca el camino recorrido y el que le queda por recorrer. Divisa su objetivo, los obstáculos que aún no superó, y planea con mayor seguridad los medios necesarios para llegar a la meta. El Espíritu encarnado es como el viajero al pie de la montaña. Pero una vez liberado de los lazos terrenales, domina el paisaje como quien se encuentra en la cúspide. Para el viajero, el objetivo es el reposo después del cansancio. Para el Espíritu, es la dicha suprema después de las tribulaciones y las pruebas. 
Los Espíritus manifiestan que en el estado errante buscan, estudian, observan para hacer su elección. ¿Acaso no tenemos un ejemplo de ese hecho en la vida corporal? ¿No solemos buscar durante años la carrera que luego elegimos libremente, porque consideramos que es la más adecuada para hacernos avanzar en nuestro camino? Si fracasamos en una, buscamos otra. Cada carrera que emprendemos constituye una etapa, un período de la vida. ¿No empleamos cada día para planear lo que haremos al día siguiente? Ahora bien, ¿qué son para el Espíritu las diversas existencias corporales, sino etapas, períodos, días de su vida espírita que, como sabemos, es su vida normal, puesto que la vida corporal sólo es transitoria y pasajera?


268. Hasta que llega al estado de pureza perfecta, ¿debe el Espíritu sufrir pruebas de modo constante?
“Sí, pero no son pruebas tal como vosotros las entendéis. Vosotros llamáis pruebas a las tribulaciones materiales. Ahora bien, cuando el Espíritu llega a cierto grado -aunque todavía no sea perfecto- ya no tiene que sufrir esas pruebas. No obstante, siempre tiene deberes que lo ayudan a perfeccionarse y no le resultan penosos en modo alguno, aunque más no sea el de ayudar a otros a perfeccionarse.” 


269. El Espíritu, ¿puede equivocarse respecto a la eficacia de la prueba que ha elegido?
“Puede elegir una que sea superior a sus fuerzas, en cuyo caso sucumbe. También puede elegir una que no le aproveche en absoluto, como, por ejemplo, si busca un género de vida ociosa e inútil. Sin embargo, en ese caso, cuando vuelve al mundo de los Espíritus, se percata de que no ganó nada y pide recuperar el tiempo perdido.”


335. El Espíritu, ¿elige el cuerpo en el que habrá de entrar, o sólo el género de vida que debe servirle de prueba?
“También puede elegir el cuerpo, pues las imperfecciones de ese cuerpo son para el Espíritu pruebas que lo ayudarán a su adelanto en caso de que supere los obstáculos que en él encontrará. No obstante, si bien el Espíritu puede pedirlo, la elección del cuerpo no siempre depende de él.”

[335a] - El Espíritu, ¿podría a último momento negarse a entrar en el cuerpo que eligió?
“Si se negara, sufriría mucho más que aquel que no hubiese intentado ninguna prueba.”


663. Las oraciones que hacemos por nosotros mismos, ¿pueden cambiar la naturaleza de nuestras pruebas y desviar su curso?
“Vuestras pruebas están en manos de Dios, y las hay que debéis sufrirlas hasta el final. Sin embargo, en ese caso, Dios siempre toma en cuenta la resignación. La oración atrae hacia vosotros a los Espíritus buenos, quienes os dan fuerza para soportar esas pruebas con valor, y así os parecen menos duras. Ya lo hemos dicho: la oración nunca es inútil cuando está bien hecha, porque da fuerza, lo cual es de por sí un gran resultado. Ya lo sabes: ayúdate, que el Cielo te ayudará. Por otra parte, Dios no puede cambiar el orden de la naturaleza conforme al capricho de cada uno, porque lo que es un gran mal desde vuestro mezquino punto de vista y desde el de vuestra vida efímera, suele ser un gran bien en el orden general del universo. Además, ¡cuántos males hay cuyo autor es el propio hombre, a causa de su imprevisión o de sus faltas! El hombre es castigado por donde pecó. No obstante, los pedidos justos son satisfechos con más frecuencia de lo que pensáis. Creéis que Dios no os ha escuchado porque no ha hecho un milagro para vosotros, mientras que Él os asiste por medios tan naturales que os parecen un efecto del acaso o de la fuerza de las circunstancias. Muchas veces, también, incluso la mayoría de las veces, Dios os sugiere la idea necesaria para que vosotros mismos superéis la dificultad.”


998. La expiación, ¿se lleva a cabo en el estado corporal o en el estado de Espíritu?
“La expiación se lleva a cabo, durante la existencia corporal, mediante las pruebas a que el Espíritu se encuentra sometido; y en la vida espiritual, mediante los padecimientos morales inherentes al estado de inferioridad del Espíritu.”


REFLEXIÓN:
Aunque nos equivoquemos al elegir la prueba por la que hemos de pasar porque sea superior a nuestras fuerzas, al volver al mundo de los espíritus lo reconoceremos y solicitaremos enmendar el tiempo perdido.

Una de las claves para ayudarnos y ayudar en las tribulaciones y pruebas, es la oración sincera hecha con sentimiento y amor desde el corazón. Oración no para pedir que nos aparten los sinsabores y las lecciones provechosas de la amargura, si no, para cultivarla en lo íntimo, como la luz que se enciende para el camino tenebroso y a fin de solicitar la ayuda necesaria para sobrellevarlas.

Antes, nuestro corazón ha de estar limpio de todo posible rencor y odio hacia cualquier hermano por mucho que nos haya herido, mediante el amor y el perdón. Sentimientos  que hemos de irradiar a la otra parte a fin de que no guarden amargura, ira ni malos recuerdos y que puedan olvidar, perdonar y amar igualmente a pesar del sufrimiento.

Como quiera que en los momentos de prueba nuestra alma se pueda debilitar, es importante que tengamos el hábito de la lectura del Evangelio según el Espiritismo,  ya que su lectura nos va a reconfortar y va a ser el alimento indispensable de nuestro espíritu, lo que nos dará la fuerza necesaria para afrontar las pruebas más escabrosas y más rudas. 

El conocimiento del Espiritismo nos da el consuelo y la esperanza de saber que por muy duras que sean las pruebas siempre seguiremos adelante, pero dependiendo de cómo usemos nuestro libre albedrío, estas pruebas se acortarán o se prolongarán.

Y por último recordar lo que nuestros hermanos de la espiritualidad nos repiten sin cesar:
"Estudiad antes de practicar, porque ese es el único medio para que no adquiráis la experiencia a costa de vosotros mismos". 

AMOR, CARIDAD y TRABAJO






Retroceder o retrogradar espiritual y materialmente.








RETROCEDER O RETROGRADAR 
ESPIRITUAL Y MATERIALMENTE:








De “El libros de los Espíritus” de Allan Kardec.

118. ¿Pueden los Espíritus degenerar?
- No, ya que conforme avanzan van comprendiendo lo que les alejaba de la perfección. Cuando el Espíritu ha superado una prueba, adquiere el conocimiento de ella y no lo echa al olvido. Puede permanecer estacionario, mas no retrocede.


178. ¿Pueden los Espíritus volver a vivir corporalmente en un mundo relativamente inferior a aquel en que han residido ya?
- Sí, cuando deben realizar una misión para ayudar al progreso, y en tal caso aceptan con alegría las tribulaciones de esa existencia, porque les proporcionan un medio para adelantar.


178 a. ¿No puede ocurrir esto también por expiación, y no es posible que Dios envíe a Espíritus rebeldes a mundos inferiores?
- Los Espíritus pueden permanecer estacionarios, pero no retroceden, y entonces su castigo consiste en no seguir adelantando y en recomenzar las existencias mal empleadas en el medio que a su naturaleza conviene.


194. El alma de un hombre de bien ¿puede, en una nueva encarnación, animar el cuerpo de un malhechor?
- No, puesto que no le es posible degenerar.


194 a. El alma de un perverso ¿podría convertirse en la de un hombre de bien?
- Sí, si se ha arrepentido, y en tal caso se trata de una recompensa.


La marcha de los Espíritus es progresiva y jamás retrocede. Se elevan ellos de manera gradual en la jerarquía y no descienden del rango que han alcanzado. En sus diversas existencias corporales pueden descender en su condición humana, pero no como Espíritus. Así, el alma de un poderoso de la Tierra podrá más tarde animar el cuerpo del más humilde de los artesanos, y viceversa. Porque las categorías entre los humanos están, a menudo, en razón inversa de la elevación de los sentimientos morales. Herodes era rey, y Jesús, carpintero.


398. Siendo una reminiscencia del pasado las tendencias instintivas del hombre, ¿se deduce que, por medio del estudio de esas tendencias, puede conocer las faltas que ha cometido?
«Indudablemente hasta cierto punto; pero es preciso tener en cuenta el mejoramiento que ha podido operarse en el espíritu, y las resoluciones que ha tomado en estado errante, pues la existencia actual puede ser mucho mejor que la precedente».

-¿Puede ser más mala, es decir, puede cometer el hombre en una existencia faltas que no ha cometido en la precedente?
«Depende de su adelanto. Si no sabe resistir las pruebas, puede ser arrastrado a nuevas faltas que son consecuencia de la posición que ha elegido; pero en general semejantes faltas acusan un estado antes estacionario que retrógrado; porque el espíritu puede adelantar o detenerse, pero no retroceder».


778. ¿Puede el hombre retroceder al estado natural?
«No; el hombre debe progresar incesantemente, y no puede volver al estado de infancia. Si progresa es porque Dios así lo quiere, y creer que pueda retrogradar hacia su condición primitiva, sería negar la ley del progreso».



REFLEXIÓN:
En relación con el comentario que hice en la reunión del día 10/01/2015, ante la posibilidad de que en este milenio, el planeta Tierra pase de ser un mundo de EXPIACIÓN a ser un mundo de REGENERACIÓN, y de que según el nivel de progreso de los seres que habiten en ese momento, unos se mantendrían en este planeta que pasaría a ser de regeneración, otros tendrían que reencarnar en otros mundos de expiación como es ahora la Tierra y otros por estar animalizados tendrían que reencarnar en mundos primitivos, sobre que no se podía retroceder, reconozco que me equivoqué, ya que en ese momento estaba pensando como materialista, toda vez que me imaginaba estar en un mundo primitivo sabiendo que venía de un mundo más avanzado, lo cual no es posible ya que al renacer no recordamos nuestras vidas pasadas. Visto así, si sería un retroceso, pero materialista.

Desde el punto de vista espiritual el reencarnar en mundos más atrasados no es un retroceso espiritual, toda vez que nuestro bagaje intelectual y moral no se pierde al renacer, lo llevamos innato.

Un ejemplo sobre la reencarnación en mundos más atrasados lo tenemos en el libro titulado “Los exiliados de Capela” de Edgar Armond. 



AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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Irradiación





Irradiación:

 

Irradiación, radiación o vibración es la emisión de rayos de energía (vital y mental) que se desplazan en ondas electromagnéticas a través del fluido universal, dirigidos por el pensamiento (mente), impulsados por la voluntad e impregnados por el sentimiento (corazón).



(Del libro titulado: “Pases y Radiaciones” de Edgard Armond)
Todos los Espíritus, encarnados o desencarnados, poseen la facultad de emitir y proyectar irradiaciones a cualquier distancia, por mayores que sean; entre los desencarnados, como es obvio, tal facultad es ejercida libremente y en sentido amplio, por ausencia de la traba natural, que es el cuerpo físico.


Tales proyecciones, como también ocurre con los pensamientos, son tan rápidas que ultrapasan la velocidad de la luz y esa condición es lo que hace suponer que los Espíritus posean el don de la ubicuidad, o sea, estar al mismo tiempo, en dos lugares diferentes, cosa que, en realidad, jamás ocurre.


Las irradiaciones pueden ser mentales y fluídicas.




1) IRRADIACIONES MENTALES
La irradiación mental es un proceso intelectual mediante el cual se emite y se proyecta a determinado punto pensamientos concordantes con el motivo que determinó la proyección.


Un individuo colocado en A mentalmente visualiza a otro individuo colocado en B y sobre él proyecta, por ejemplo, pensamientos de fuerza, coraje y confianza.


El individuo elegido, colocado en B, aun no poseyendo la sensibilidad necesaria para sentir las irradiaciones que le están siendo enviadas, las recibe en su mente y se beneficia de los efectos correspondientes.


Si estaba debilitado, sin coraje, desanimado, se siente ahora estimulado, dotado de nueva energía y confianza.


Esta irradiación como se ve, en el fondo no pasa de ser una transmisión telepática y el proceso se realiza de mente para mente, una funcionando como emisora, la otra como receptora.




2) IRRADIACIONES FLUÍDICAS
La irradiación fluídica es una acción de orden mística, que consiste en emitir, por el corazón, vibraciones amorosas destinadas, normalmente a beneficiar necesitados.


En una se emiten pensamientos y en la otra, sentimientos, cosas cualitativamente bastante diferentes.


Un individuo en A, se halla enfermo, perturbado y pide auxilio.


El operador en B se concentra, formula una oración, mentalmente mira al necesitado en A, establece en su propio íntimo el deseo sincero de auxiliarlo, y enseguida, deja que de su corazón fluyan las ondulaciones vibratorias de reconforto.




3) CORAZÓN Y MENTE
Si se trata de molestias, esas ondulaciones serán fluidos de equilibrio, vida y salud, si se trata de perturbaciones psíquicas, esos fluidos serán luz y pureza, capaces de destruir las vibraciones pesadas, provenientes de obsesores; si se trata, en fin, de depresión física o moral, esos fluidos serán fuerza y optimismo, capaces de restablecer la tonalidad vital del necesitado.


En todos los casos, el corazón actúa como una emisora de ondas, cuya potencia fundamental es el sentimiento amoroso, el deseo sincero de servir, auxiliar, socorrer.


En los casos de irradiaciones mentales, la eficiencia depende del poder de la voluntad del emisor, de su capacidad de proyectar ondas telepáticas más o menos poderosas; pero, en los casos de irradiaciones fluídicas, la fuerza está en el sentimiento, en la capacidad del emisor de sentir la necesidad del prójimo, en el deseo ardiente de beneficiarlo y en la capacidad de producir en sí mismo y, enseguida, proyectar al punto elegido ondas de luz, de vida y de amor.


En las sesiones de cura, por medio de irradiaciones a distancia, el proceso es siempre aumentado, crecido, por la fuerza de las vibraciones en conjunto y por la formación de una poderosa corriente emisora de base.


Los participantes deben llegar antes del comienzo de la preparación, conservándose en silencio, en sus lugares, en meditación, preparándose para el trabajo.


Cada uno de esos orientadores recibe la lista de los hermanos a ser beneficiados y sus respectivas direcciones, los cuales son atendidos individualmente.






REFLEXIÓN PERSONAL:
Sobre la forma de irradiar.


Considero que cada orientador ha de hacer una petición inicial conforme le dicte el corazón para los hermanos necesitados que va a nombrar y según el tipo de ayuda que necesiten. Y otra al finalizar, para tratar de mentalizarlos a fin de que se sientan reconfortados.


Personalmente comprendo que es natural que no todos necesitemos de la misma técnica a la hora de aplicar la irradiación individualizada a cada hermano necesitado que se nombre, por lo que hemos de aplicarla mental e individualmente en el espacio en qué quedamos en silencio después de nombrar al hermano necesitado de ayuda. La forma puede variar de uno a otro pero el fondo ha de ser la misma.


Por lo tanto y teniendo en cuenta la definición de irradiación dada al principio, personalmente entiendo que el verdadero trabajo de irradiación, no es tanto lo que diga de palabra el hermano que dirige o el hermano que hace la petición, si no, lo que hacemos todos juntos y entre los dos planos. Una vez nombrado al hermano por el que se pide ayuda, al guardar silencio, es cuando todos unidos debemos emitir la energía vital y mental, dirigida por el pensamiento, impulsada por la voluntad e impregnada por el sentimiento desde el corazón. Además, para que sea efectiva, el hermano que recibe la ayuda ha de estar receptivo. 

Esto no quita para que el orientador que esté leyendo las fichas en ese momento, al nombrar algún familiar o conocido, o no conocido, y sienta desde el corazón que debe hacer una petición especial, que lo haga.


La duración del tiempo que podríamos dejar para guardar silencio, una vez leída la ficha del hermano necesitado de ayuda, a fin de realizar el verdadero trabajo de irradiación, podría ser por ejemplo, el equivalente al proceso que mentalmente podríamos utilizar para hacer un pase con detención en la zona más afectada.

Resumiendo, basta apenas unas pequeñas palabras y referencias para después guardar silencio y realizar la actividad de irradiación.

Para que la irradiación sea eficaz, la persona que va a ser ayudada debe estar receptiva (favorable al recibimiento de la ayuda para mejor absorber el recurso espiritual). Además de eso, es fundamental estar dispuesta a mejorar espiritualmente. La ayuda de la irradiación es pasajera y tales recursos tienden a fijarse y a crecer, cuando el individuo pase a tener una vida moralmente equilibrada.


Comentar también, la necesidad de procurar estar reunidos todos en silencio, desde unos quince minutos antes de comenzar el trabajo de irradiación, a fin de poder realizar el trabajo de armonización previa junto con nuestros hermanos de la espiritualidad que nos asisten.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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Oración espírita







ORACIÓN ESPÍRITA






Personalmente y de una forma sintetizada es como una reunión sincera con un buen Padre y/o con unos buenos Amigos, a la que hay que tratar de ir con el corazón desprovisto de todo resentimiento hacia cualquiera de nuestros hermanos, sean encarnados o desencarnados. Para esto hemos de hacer previamente un análisis del día y desde el corazón pedir perdón sinceramente por las posibles faltas de amor hacia nuestros hermanos. A continuación exponer nuestro agradecimiento y súplicas. Todo ello a fin de tratar de avanzar en nuestra reforma interior y por consiguiente en nuestro progreso espiritual.

A continuación transcribo lo que nos dicen nuestros hermanos de la espiritualidad al respecto en el libro titulado "El Evangelio según el Espiritismo" de Allan Kardec, capítulo XXII titulado "Pedid y se os dará":

CUALIDADES DE LA ORACIÓN:
Las cualidades de la oración están claramente definidas por Jesús; cuando oremos dice Él, no nos pongamos en evidencia; oremos en secreto y no nos enfaticemos rogando mucho, porque no será por la multitud de palabras que seremos escuchados, sino por nuestra sinceridad.

Antes de orar, si tenemos alguna cosa contra alguien, perdonémosla, porque la oración no podría ser agradable a Dios si no sale de un corazón purificado de todo sentimiento contrario a la caridad; en fin, oremos con humildad.

Examinemos nuestros defectos y no nuestras cualidades, y si nos comparamos con otros, busquemos lo que hay de malo en nosotros.


EFICACIA DE LA ORACIÓN:

Hay leyes naturales e inmutables que Dios no puede derogar a capricho de cada uno; pero de esto a creer que todas las circunstancias de la vida están sometidas a la fatalidad, es grande la distancia. Si fuese así, el hombre sólo sería un instrumento pasivo, sin libre albedrío y sin iniciativa.

Dios puede acceder a ciertas súplicas sin derogar la inmutabilidad de las leyes que rigen el conjunto, quedando siempre su acción subordinada a su voluntad.

Sería ilógico deducir de esta máxima: “Todas las cosas que pidiereis orando, creed que las recibiréis”, que basta pedir para obtener y sería injusto acusar a la Providencia porque no concede todo pedido que le es hecho, pues ella sabe, mejor que nosotros, lo que es para nuestro bien. Hace lo mismo que un padre prudente que rehúsa a su hijo las cosas contrarias al interés de éste. Generalmente el hombre sólo ve el presente; más si el sufrimiento es útil para su futura felicidad, Dios le dejará que sufra, como el cirujano deja sufrir al enfermo en la operación que debe conducirle a la curación.

Lo que Dios le concederá, si se dirige a Él con confianza, es valor, paciencia y resignación. También le concederá los medios para que él mismo salga del conflicto, con ayuda de las ideas que le sugiere por medio de los buenos Espíritus, dejándoles de este modo todo el mérito; Dios asiste a los que se ayudan a sí mismos, según esta máxima: “Ayúdate y el cielo te ayudará”, y no a aquellos que todo esperan de un socorro extraño, sin hacer uso de sus propias facultades.


ACCIÓN DE LA ORACIÓN.

TRANSMISIÓN DEL PENSAMIENTO:

La oración es una invocación. Puede tener por objeto hacer un pedido, dar gracias o glorificar. Se puede orar para sí mismo, para otro, para los encarnados y para los desencarnados. Las oraciones dirigidas a Dios son oídas por los espíritus encargados de la ejecución de su voluntad, y las que se dirigen a los buenos espíritus son transmitidas a Dios. 

El Espiritismo hace comprender la acción de la oración, explicando el modo de transmisión del pensamiento, ya sea cuando el ser a quien se ruega venga a nuestro llamamiento, o cuando nuestro pensamiento llega a él. Para formarse una idea de lo que sucede en esta circunstancia, es necesario imaginarse que todos los seres, encarnados y desencarnados, sumergidos en el fluido universal que ocupa el espacio, como aquí en este mundo lo estamos en la atmósfera. Ese fluido recibe el impulso de la voluntad; es el vehículo del pensamiento, como el aire lo es del sonido, con la diferencia de que las vibraciones del aire están circunscriptas, mientras que las del fluido universal se extienden al infinito.


Luego, cuando el pensamiento se dirige hacia un ser cualquiera que está en la Tierra o en el espacio, de encarnado a desencarnado, o de desencarnado a encarnado, se establece una corriente fluídica entre los dos, la cual trasmite el pensamiento como el aire trasmite el sonido.


La energía de la corriente está en razón del vigor del pensamiento y de la voluntad. Por eso, la oración es oída por los Espíritus, en cualquier lugar que se encuentren, como los Espíritus se comunican entre sí, como nos transmiten sus inspiraciones y como se establecen relaciones a distancia entre los encarnados.


Por la oración, el hombre llama el concurso de los buenos Espíritus, que vienen a sostenerle en sus buenas resoluciones y a inspirarle buenos pensamientos; adquiere de esta forma, la fuerza moral necesaria para vencer las dificultades y volver a entrar en el camino recto si se apartó de él, así como también puede desviar de sí los males que se atrae con sus propias faltas.


El poder de la oración está en el pensamiento; no se concreta a las palabras, ni al lugar, ni al momento que se hace. Se puede, pues, orar en todas partes y a todas horas, estando solo o acompañado. La influencia del lugar o del tiempo está en relación de las circunstancias que pueden favorecer el recogimiento. La oración en común, tiene una acción más poderosa, cuando todos aquellos que oran se asocian de corazón a un mismo pensamiento y tienen un mismo objeto, porque es como si muchos levantasen la voz junta y unísona; pero, ¡qué importaría estar reunidos en gran número, si cada uno obrase aisladamente y por su propia cuenta personal! Cien personas reunidas pueden orar como egoístas, mientras que dos o tres, unidas en común aspiración, orarán como verdaderos hermanos en Dios y su oración tendrá más fuerza que la de los otras cien.



REFLEXIÓN:

Sobre nuestros sentimientos faltos de caridad hacia nuestros hermanos.

Supongamos un caso sencillo de orar:


Un matrimonio se dispone  por la noche previa oración a practicar el Evangelio en el Hogar a través de la lectura e interpretación de "El Evangelio según el Espiritismo".


Dicho matrimonio durante la mañana ha tenido una discusión y se encuentran con sentimientos encontrados.


¿Con que sentimientos van hacer tanto la oración previa como el Evangelio en el Hogar?


¿No sería mejor antes de empezar pedirse perdón y darse un abrazo?


Y como nos dicen, antes de orar si tuviéramos algo contra algún hermano, perdonémosle desde el corazón.



AMOR, CARIDAD y TRABAJO











¿Perfección espiritual?







¿PERFECCIÓN ESPIRITUAL?

La plenitud absoluta de la perfección en la vida espiritual, no está a nuestro alcance, porque Dios es el señor soberano, y nadie puede igualársele. 


Desde el punto de vista material y según la Real Academia Española de la lengua:
-Perfección: Cualidad de perfecto. 
-Perfecto: Que posee el grado máximo de una determinada cualidad.
-Puro: Libre y exento de imperfecciones morales.



De “El evangelio según el espiritismo” de Allan Kardec:
“Sed vosotros, pues, perfectos, como es perfecto vuestro Padre, que está en los cielos” (Mateo, 5:48).

Puesto que Dios posee la perfección infinita en todas las cosas, esta máxima:

"Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto", tomada literalmente supondría la posibilidad de alcanzar la perfección absoluta. Si le fuese posible al hombre ser también perfecto como el Creador, sería igual a Él, lo que es inadmisible. Pero los hombres a quienes se dirigía Jesús no hubieran comprendido esta diferencia, y por eso se limita a presentarles un modelo y les dice que se esfuercen en conseguirlo.

Es, pues, preciso entender por estas palabras la perfección relativa de la que la Humanidad es susceptible y que más la aproxima a la Divinidad. ¿En qué consiste esta perfección? Jesús lo dijo: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, rogad por los que os persiguen y calumnian". Él enseña con esto que la esencia de la perfección es la caridad en su más alta acepción, porque abraza la práctica de todas las demás virtudes.

En efecto, si se observan los resultados de todos los vicios y aun los simples efectos, se reconocerá que no hay uno siquiera que no altere más o menos el sentimiento de la caridad, porque todos tienen su principio en el egoísmo y en el orgullo, que son su negación, porque todo aquello que excita el sentimiento de la personalidad, destruye, o al menos debilita, los elementos de la verdadera caridad, que son la benevolencia, la indulgencia, la abnegación, y el afecto.


De “El libro de los médiums” de Allan Kardec:
¿Cuál es el médium que podríamos llamar perfecto?

"¡Perfecto! ¡Ah! vosotros sabéis que la perfección no está sobre la Tierra; de otro modo no estaríais en ella; di, pues, médium bueno, y esto será ya mucho, porque son raros. El médium perfecto seria aquel a quien los malos Espíritus no se hubieran 'atrevido' jamás a hacer una tentativa para engañarle; el mejor es aquel que, no simpatizando, sino con buenos Espíritus, ha sido engañado menos veces."


De “El libro de los Espíritus” de Allan Kardec:
192. ¿Se puede desde esta vida, observando una conducta perfecta franquear todos los grados y llegar a ser espíritu puro, sin pasar por otros intermediarios? 

«No; porque lo que el hombre cree perfecto está muy lejos de la perfección, y hay cualidades que le son desconocidas y no puede comprender. Puede ser tan perfecto como lo permita su naturaleza terrestre; pero ésta no es la perfección absoluta. Así como el niño, por mucha que sea su precocidad, ha de pasar por la juventud antes de llegar a la madurez, así también el enfermo pasa por la convalecencia antes de recobrar toda la salud. Y además, el espíritu ha de progresar en ciencia y moralidad, y si sólo en un sentido ha progresado, es preciso que progrese en el otro para llegar a lo alto de la escala. Pero mientras más adelanta el hombre en la vida presente, menos largas y penosas son las pruebas siguientes».


REFLEXIÓN:
Personalmente y por lo manifestado por nuestros hermanos elevados de la espiritualidad, cuando dicen claramente que la perfección espiritual no está sobre este planeta Tierra y que la plenitud de la perfección  solo es atribuible a Dios, no usaría la expresión perfección para nuestras reflexiones o planteamientos, si no los vocablos Puros, Buenos e Imperfectos, según la Codificación dada a Allan Kardec en 1857 para clasificar a los Espíritus.


Para tener noción de la citada clasificación de los espíritus, pulsar en el siguiente enlace:
EscalaEspírita.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO 


Escala espírita




ESCALA ESPÍRITA





La Codificación dada por los hermanos elevados de la espiritualidad según el Libro de los Espíritus a Allan Kardec en 1857, clasifica a los espíritus como Puros, Buenos e Imperfectos o Impuros.

A continuación veamos los diferentes Grados según el siguiente resumen:




100. Observaciones preliminares. La clasificación de los espíritus está basada en su grado de progreso, en las cualidades que han adquirido y en las imperfecciones de que han de despojarse aún. Esta clasificación, además, no es absoluta; cada categoría no ofrece en su conjunto más que un carácter saliente; pero la transición es insensible de un grado a otro, y en los límites desaparece el matiz como en los reinos de la naturaleza, en los colores del arco iris y también como en los diferentes períodos de la vida del hombre. Se puede, pues, formar un número mayor o menor de clases, según el aspecto que se elija para considerar esta cuestión.

Los espíritus admiten generalmente tres categorías principales o tres grandes divisiones.

En la última que está al principio de la escala, vienen comprendidos los espíritus imperfectos, caracterizados por el predominio de la materia sobre el espíritu y la propensión al mal. Los de la segunda están caracterizados por el predominio del espíritu sobre la materia y por el deseo del bien, y comprende los espíritus buenos. La primera, en fin, comprende los espíritus puros, que han alcanzado el grado máximo de perfección (posible como espíritu).


Tercer orden. Espíritus imperfectos
101. Caracteres generales. Predominio de la materia sobre el espíritu, propensión al mal, ignorancia, orgullo, egoísmo y todas las malas pasiones que de él derivan.

Tienen intuición de Dios; pero no lo comprenden.

Todos no son esencialmente malos, y en algunos abunda más la ligereza, la inconsecuencia y la malicia que la verdadera perversidad. Unos no hacen bien ni mal; pero por lo mismo que no practican el bien, demuestran su inferioridad. Otros, por el contrario, se complacen en el mal, y están satisfechos cuando hallan ocasión de hacerlo.

Pueden reunir la inteligencia a la perversidad y a la malicia; pero, cualquiera que sea su desarrollo intelectual, sus ideas son poco elevadas y sus sentimientos más o menos abyectos.

Sus conocimientos sobre las cosas del mundo espiritista son limitados, y lo poco que de ellas saben lo confunden con las ideas y preocupaciones de la vida corporal, no pudiendo darnos sobre el particular más que nociones falsas e incompletas; pero el observador atento encuentra con frecuencia en sus comunicaciones, aunque imperfectas, confirmadas las grandes verdades que nos enseñan los espíritus superiores.

Su carácter se revela en su lenguaje, y todo espíritu que deje escapar en sus comunicaciones un pensamiento malo, puede ser incluido en el tercer orden, y por lo tanto, todo pensamiento malo que se nos sugiera, procede de un espíritu de este orden.

Semejantes espíritus ven la dicha de los buenos, siéndoles este espectáculo un tormento incesante, puesto que experimentan todas las angustias que pueden producir la envidia y los celos.

Conservan el recuerdo y la percepción de los sufrimientos de la vida corporal, impresión que es a menudo más penosa que la realidad. Sufren, pues, verdaderamente no sólo por los males que han experimentado, sino que también por los que han ocasionado a otros, y como sufren por largo tiempo, creen que sufrirán siempre, permitiendo Dios, para castigarlos, que conserven esa creencia.

Puede dividírseles en cinco clases principales.


102. Décima clase. ESPÍRITUS IMPUROS. Son propensos al mal y lo hacen objeto de sus maquinaciones. Como espíritus dan consejos pérfidos; promueven la discordia y la desconfianza, y, para engañar mejor, toman todas las apariencias. Se apoderan de los caracteres bastante débiles para seguir sus excitaciones, a fin de arrastrarles a su perdición, y están satisfechos cuando consiguen retardar su progreso, haciéndoles sucumbir en las pruebas que sufren.

En las manifestaciones se les conoce por su lenguaje, pues la trivialidad y la bajeza de las expresiones, así en los espíritus como en los hombres, son siempre indicio de inferioridad moral, si no intelectual. Sus comunicaciones descubren la bajeza de sus inclinaciones, y si intentan desorientar hablando sensatamente, no pueden sostener el ardid por mucho tiempo y concluyen por poner en claro su origen.

Ciertos pueblos los han considerado como divinidades maléficas, y otros los designan con los nombres de demonios genios malos y espíritus del mal.

Los seres vivientes a quienes animan, durante la encarnación, son dados a todos los vicios que engendran las pasiones viles y degradantes, tales como: el sensualismo, la crueldad, la maulería, la hipocresía, la codicia y la sórdida avaricia. Hacen el mal por el placer de hacerlo, sin motivo la mayor parte de las veces, y por aversión al bien escogen casi siempre sus víctimas entre las personas honradas. Cualquiera que sea el lugar social que ocupen, son azote de la humanidad, y el barniz de la civilización no los libra del oprobio y de la ignominia.


103. Novena clase. ESPÍRITUS LIGEROS. Son ignorantes, malignos, inconsecuentes y burlones, y en todo se entrometen, y responden a todo sin cuidarse de la verdad. Se complacen en ocasionar pequeños pesares y alegrías, en chismear, en inducir maliciosamente en error por medio de engaños y en hacer travesurillas. A esta clase pertenecen los espíritus llamados vulgarmente duendes, trasgos, gnomos y diablillos, todos los cuales dependen de los espíritus superiores, que frecuentemente les ocupan, como nosotros a nuestros criados.

En las comunicaciones con los hombres, su lenguaje es a veces Ingenioso, y chistoso, pero casi siempre superficial, y aprovechan las extravagancias y las ridiculeces que exponen en frases mordaces y satíricas. Cuando usurpan algún nombre, lo hacen más por malicia que por perversidad.


104. Octava clase. ESPÍRITUS DE FALSA INSTRUCCIÓN. (Falsos sabios.) Tienen conocimientos bastantes vastos; pero creen saber más de lo que realmente saben. Habiendo progresado algo en diversos sentidos, su lenguaje tiene cierto carácter grave que puede engañar acerca de su capacidad y ciencia; pero no pasa de ser, con frecuencia, reflejo de las preocupaciones y de las ideas sistemáticas de la vida terrestre, una mezcla de verdades y errores absurdos, a cuyo través se descubren la presunción, el orgullo, los celos y la terquedad de que no han podido emanciparse.


105. Séptima clase. ESPÍRITUS NEUTROS. No son ni bastante buenos para practicar el bien, ni bastante malos para hacer el mal; se inclinan igualmente al uno y al otro, y no se sobreponen a la condición vulgar de la humanidad, ni moral ni intelectualmente. Tienen apego a las cosas de este mundo, cuyas alegrías groseras echan de menos.


106. Sexta clase. ESPÍRITUS GOLPEADORES Y PERTURBADORES. Propiamente hablando, no forman una clase distinta, si se toman en consideración sus cualidades personales, y pueden pertenecer a todas las clases del tercer orden. A menudo anuncian su presencia por efectos sensibles y físicos, como golpes, movimiento y desarreglo anormal de los cuerpos sólidos, agitación del aire, etc. Parece que están más apegados a la materia que los otros y que son los principales agentes de las vicisitudes de los elementos del globo, ya obren en el aire, en el agua, en el fuego, ya en los cuerpos duros, ya en las entrañas de la tierra. Cuando estos fenómenos tienen un carácter intencional e inteligente, se conoce que no son debidos a una causa fortuita y física. Todos los espíritus pueden producirlos; pero los elevados los confían por punto general a los espíritus subalternos, más aptos para las cosas materiales que para las inteligentes, y cuando los primeros creen oportunas las manifestaciones de este género, se sirven de los segundos como de auxiliares.



Segundo orden. Espíritus buenos
107. Caracteres generales. Predominio del espíritu sobre la materia y deseo de hacer bien. Sus cualidades y poder para practicarlo están en proporción del grado a que han llegado poseyendo unos la ciencia, otros la prudencia y la bondad, y reuniendo los más adelantados el saber y las cualidades morales. No estando aún completamente desmaterializados, conservan más o menos, según su jerarquía, los vestigios de la existencia corporal, ora en la forma del lenguaje, ora en sus costumbres, en las que se llega a descubrir algunas de sus manías, y a no ser así, serían espíritus perfectos.

Comprenden a Dios y el infinito, y gozan ya de la felicidad de los buenos; son dichosos cuando hacen el bien e impiden el mal, y el amor que los une es para ellos origen de una dicha inefable no alterada por la envidia, por los remordimientos ni por ninguna de las malas pasiones, que atormentan a los espíritus imperfectos; pero todos han de sufrir pruebas hasta que alcancen la perfección absoluta.

Como espíritus, suscitan buenos pensamientos, alejan a los hombres del camino del mal, protegen, durante la vida, a los que se hacen merecedores de protección y neutralizan la influencia de los espíritus imperfectos en aquellos individuos que no se complacen en tolerarla.

Las personas en quienes se encarnan son buenas y benévolas para con sus semejantes no ceden al orgullo, al egoísmo y a la ambición, y no sienten odio, rencor, envidia ni celos, practicando el bien, porque es el bien.

A este orden pertenecen los espíritus conocidos en las creencias vulgares con los nombres de genios buenos, genios protectores y espíritus del bien; En tiempo de superstición y de ignorancia se les ha elevado a la categoría de divinidades bienhechoras.

Se les puede dividir en cuatro grupos principales.


108. Quinta clase. ESPÍRITUS BENÉVOLOS. Su cualidad dominante es la bondad; se complacen en prestar servicios a los hombres y protegerlos; pero su saber es limitado, pues han progresado más moral que intelectualmente.


109. Cuarta clase. ESPÍRITUS SABIOS. Lo que principalmente los distingue es la extensión de sus conocimientos. Se ocupan menos de las cuestiones morales que de las científicas, para las cuales tienen más aptitud, pero sólo consideran la ciencia utilitariamente, y no obedecen, al hacerlo, a ninguna de las pasiones propias de los espíritus imperfectos.


110. Tercera clase. ESPÍRITUS PRUDENTES. Las más elevadas cualidades morales son su carácter distintivo. Sin que sus conocimientos sean limitados, están dotados de aquella capacidad que proporciona un juicio recto de los hombres y de las cosas.


111. Segunda clase. ESPÍRITUS SUPERIORES. Reúnen la ciencia, la prudencia y la bondad. Su lenguaje, que sólo benevolencia respira, es constantemente digno, elevado y a menudo sublime. Su superioridad los hace más aptos que los otros para darnos las nociones más exactas acerca de las cosas del mundo incorporal, dentro de los límites de aquello que es lícito saber al hombre. Se comunican voluntariamente con los que de buena fe buscan la verdad y cuya alma está bastante emancipada de los lazos terrestres para comprenderla; pero se separan de los que sólo obran por curiosidad, o a quienes la influencia de la materia distrae de la práctica del bien.

Cuando, por excepción, se encarnan en la tierra, es para realizar una misión de progreso y nos ofrecen el tipo de perfección, a que puede aspirar la humanidad en este mundo.



Primer orden. Espíritus puros
112. Caracteres generales. Influencia de la materia, nula; superioridad intelectual y moral, absoluta con respecto a los espíritus de los otros órdenes.


113. Primera y única clase. Han recorrido todos los grados de la escala y se han despojado de todas las impurezas de la materia. Habiendo alcanzado la suma de perfección de que es susceptible la criatura, no han de sufrir pruebas ni expiaciones, y no estando obligados a la reencarnación en cuerpos perecederos viven la vida eterna en el seno de Dios.

Gozan de una dicha inalterable, porque no sienten las necesidades ni están expuestos a las vicisitudes de la vida material; pero aquella dicha no consiste en la ociosidad monótona de una contemplación perpetua. Son mensajeros y ministros de Dios, cuyas órdenes, acerca de la conservación de la armonía universal, ejecutan; mandan a todos los espíritus que les son inferiores, les ayudan a perfeccionarse y les señalan su misión. Para ellos, es ocupación agradable la de asistir a los hombres en sus apuros y excitarlos al bien o a la expiación de las faltas que les alejan de la felicidad suprema. Se les designa a veces con los nombres de ángeles, arcángeles o serafines.

Los hombres pueden comunicarse con ellos, pero sería muy presuntuoso el que pretendiese tenerlos constantemente a sus órdenes.

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