El tiempo y la espiritualidad









EL TIEMPO Y LA ESPIRITUALIDAD






Del libro: En los dominios de la Mediumnidad de Francisco Cándido Xavier.


A) El tiempo de expiación:
Volviendo la atención hacia el enfermo adormecido, Áulus prosiguió:

Nuestro amigo está oprimido por una importante cantidad de deudas que trae del pasado, y nadie puede avanzar libremente hacia el porvenir sin saldar los compromisos del ayer. Por ese motivo, Pedro trae consigo una aflictiva mediumnidad de prueba, pues es de ley que nadie se emancipe sin pagar lo que debe. En rigor debe ser tratado como un enfermo que necesita de cariño y asistencia adecuada.

–A pesar de todo, ¿se curará en poco tiempo? –indagué a mi vez.

¿Quién lo puede saber? –respondió Áulus serenamente.

Y con la grave entonación de quien mide la expresión de sus propias palabras, prosiguió:

Eso dependerá mucho de él y de su víctima del ayer con quien se encuentra endeudado. La asimilación de principios mentales renovadores determina más altas visiones de la vida. Todos los dramas oscuros de la obsesión se generan en mentes enfermizas. Aplicándose con devoción a las nuevas obligaciones de que se habrá investido, en el caso de que persevere en el campo de nuestra consoladora Doctrina, sin duda acortará el tiempo de expiación al que se halla sujeto, de modo que, convirtiéndose al bien, modificará el estado mental del adversario, quien se verá arrastrado a su propia renovación por los ejemplos de comprensión y renuncia, humildad y fe. Aun así, después de extinguirse los accesos de posesión, Pedro sufrirá reflejos del desequilibrio en que está sumido, los que se expresarán a través de fenómenos más suaves de epilepsia secundaria que le sobrevendrán por algún tiempo, con el simple recuerdo de las violentas luchas que sostuvo, hasta el total reajuste del cuerpo periespiritual.

– ¿Y es este un trabajo de larga duración? –inquirió Hilario algo afligido.

Nuestro interlocutor manifestó una expresión fisonómica significativa y contestó:

¿Quién podrá penetrar la conciencia de los demás? Con el esfuerzo de la voluntad es posible alcanzar la solución de muchos enigmas y reducir muchos dolores. El asunto, sin embargo, es de fuero íntimo... Estemos convencidos, sin embargo, de que las simientes de la luz jamás se pierden. Los médiums que hoy sufren tremendas pruebas, si persisten en el cultivo de mejores destinos se transformarán en valiosos trabajadores en el futuro, el que a todos nos deparará benditas reencarnaciones de engrandecimiento y progreso...

Y ante nuestra admiración, concluyó: 

El problema consiste en aprender, sin desanimarse y en servir al bien constantemente.



B) El tiempo en la espiritualidad:
Mi colega, sin disimular el espanto que causó a su alma la manifestación del estrangulador de Toscana, dijo preocupado:

–Sinceramente, por más que me esfuerce, grande es mi dificultad para resolver los enigmas de la sujeción del espíritu en torno a ciertas situaciones y afectos. ¿Cómo puede la mente detenerse con determinadas impresiones, paralizándose con ellas como si el tiempo no transcurriera? Tenemos, por ejemplo, el drama de nuestro infortunado compañero, quien desde siglos permanece inmovilizado por las ideas de venganza... ¿Habrá estado en esta lamentable situación tantos años, sin haber reencarnado?

Áulus escuchó con atención y ponderó:

Es imprescindible comprender que después de la muerte del cuerpo físico seguimos desarrollando los pensamientos que cultivábamos en la experiencia carnal. Y no podemos olvidar que la Ley determina principios universales que no podemos burlar. Subordinados a la evolución, ¿cómo avanzar sin acatar la orden de armonía y progreso? La idea fija puede operar un estancamiento indefinido de la vida mental en el tiempo.

– ¿Y el problema de la detención del tiempo en el alma? –dijo mi colega, ávido de saber.

El interpelado sonrió y dijo:

Les daré una imagen para que podamos definirla con la mayor propiedad posible. El tiempo, para nosotros, es aquello que hacemos con él. Para una mejor comprensión del problema, recordemos que las horas son invariables en el reloj, pero no son siempre las mismas en nuestra mente. Cuando somos felices, no tenemos noción del transcurrir de los minutos. Satisfaciendo nuestros ideales o intereses más queridos, los días vuelan rápidos, mientras que, acompañados por el sufrimiento o el temor, tenemos la idea de que el tiempo se ha detenido inexorablemente. Y cuando no nos esforzamos por apurar el paso lento de la angustia, la idea aflictiva u obsesiva corroe nuestra vida mental y se vuelve fija. Llegados a esta fase el tiempo parece como cristalizarse dentro de nosotros, porque pasamos a gravitar, en espíritu, en torno al punto neurálgico de nuestros errores. Cualquier perturbación interior de importancia que se llame pasión o desánimo, crueldad o venganza, envidia o desesperación, puede inmovilizarnos por un tiempo indefinido en sus redes de sombra, cuando nos rebelamos contra el imperativo de marchar incesantemente con el bien. Analicemos, además, nuestro símbolo de combate. El reloj inflexible indica el mismo horario para todos, sin embargo, el tiempo es leve para los que triunfaron y pesado para los que perdieron. Para los vencedores, los días son felicidad y honra, y para los vencidos son amargura y lágrimas. Cuando no nos liberamos de los pensamientos que nos flagelan y deprimen por medio del trabajo constante de nuestra renovación y progreso, nos transformamos en fantasmas de aflicción y desaliento, mutilados en nuestras mejores esperanzas o encerrados en nuestras llagas íntimas. Y cuando la muerte nos sorprende en estas condiciones se acentúa entonces nuestra experiencia subjetiva, puesto que si el alma no se dispone al esfuerzo heroico de la suprema renuncia, se enreda con facilidad en los problemas de la fijación, pasando años y años, y a veces siglos, reviviendo incesantemente las reminiscencias desagradables de las cuales se nutre y vive. No interesándose por otro asunto sino por su propio dolor, su propia ociosidad o su propio odio, la criatura desencarnada, ensimismándose, se asemeja al animal que permanece en el sueño letárgico de la hibernación. Se aísla del mundo externo, vibrando solamente alrededor del desequilibrio oculto en el que se complace. No oye más nada, no ve más nada y nada más siente, fuera de la idea desvariada que le preocupa.

Sí, la mente estacionaria por su violación de la Ley, sufre angustiosas pesadillas en la etapa de reposo, despertando en un estado de alienación que puede persistir por mucho tiempo si continúa cultivando con pasión las impresiones en las que cree encontrar su felicidad.

– ¿Y cuál es el remedio más adecuado para esta situación? –pregunté con interés.

Muchas de esas almas desorientadas –comentó el instructor– llegan al fin a aborrecer el mal y procuran su regeneración ellas mismas, mientras que otras despiertan, en nuestras habituales tareas de asistencia, la noción de las responsabilidades que les compete para su propio reajuste. Son los soldados heridos que tratan de corresponder a las misiones de amor que les asiste con el fin de lograr su restauración. Comprenden el imperativo de la lucha dignificante para la que fueron convocados, ayudando a quienes los ayudan, volviendo al buen combate en cuyas líneas encuentran el quehacer con el que comienzan a servir en el bien. Otras de esas almas, sin embargo, rebeldes disconformes, son dulcemente obligadas a retornar a la batalla que abandonaron por causa del abatimiento que las afectó. La experiencia que adquirimos en el cuerpo carnal en situación difícil, es semejante a un combate intenso en el que el alma tiene oportunidad de recuperarse armónicamente. Para esto contamos con la ayuda afectiva de los familiares del interesado que con él conviven en el núcleo familiar.

–Y cuando esos seres son encaminados hacia la reencarnación y se encuentran con las dificultades que son el fruto de sus errores, ¿comprenden enseguida la realidad que viven? –pregunté con interés.

No siempre. La mayoría de las veces, el progreso es lento. Podemos comprobar esto mediante el estudio de las criaturas retardadas, que son dolorosos enigmas para el mundo... Solamente el extremado amor de los padres y de los familiares consigue infundirles calor y vitalidad a esas pequeñas criaturas que, a menudo, permanecen por muchos años en la vida material y son como apéndices torturados de la sociedad terrestre, padeciendo sufrimientos que parecen injustificables y que, sin embargo, constituyen para ellos una medicación eficaz y necesaria. Es posible también reconocer esta verdad en los llamados esquizofrénicos y en los paranoicos, quienes perdieron el sentido de las proporciones y tienen un falso concepto de sí mismos. Casi todas las perturbaciones congénitas de la mente manifestadas al reencarnar el espíritu, evidencian la fijación de ideas que existían antes de su regreso a la Tierra. Y en muchos casos los espíritus que tropiezan con esos obstáculos siguen, desde la cuna a la tumba, una recuperación gradual, entablando luchas benéficas con las terapéuticas humanas y con las obligaciones del hogar, como así también con las imposiciones de las costumbres y de los conflictos sociales, extrayendo de ellos ventajas que podemos considerar por extroversión indispensables para la cura de la psicosis que padecen.

AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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El alma y el cuerpo



ALMA
 Y  SU RELACIÓN CON 
EL CUERPO HUMANO




Del libro: En los dominios de la Mediumnidad de Francisco Cándido Xavier.

El alma encarnada posee en el cerebro físico los centros especiales que gobiernan la cabeza, el rostro, los ojos, los oídos y los miembros, conjuntamente con los centros de la palabra, del lenguaje, de la visión, de la audición, de la memoria, de la escritura, del gusto, de la deglución, del tacto, del olfato, del registro del calor y del frío, del dolor, del equilibrio muscular, de la comunión con los valores internos de la mente, de la conexión con el mundo exterior, de la imaginación, del gusto estético, de los variados estímulos artísticos y tantos otros, como sean las adquisiciones de experiencia atesoradas por el ser, que conquista la propia individualidad, paso a paso y esfuerzo por esfuerzo, enalteciéndola por el trabajo constante en pro de la sublimación integral, frente a todas las vías de progreso y perfección que la Tierra le pueda ofrecer.

En el cerebro se procesan las acciones y reacciones mentales que determinan vibraciones creativas a través del pensamiento o de la palabra, considerándose al encéfalo como una poderosa estación emisora y receptora y a la boca como un valioso altavoz. Tales estímulos se expresan también a través del mecanismo de las manos y de los pies, o por las sensaciones de los sentidos y de los órganos que trabajan al igual que elevadores y conductores, transformadores y clasificadores bajo el mandato directo de la mente.

Pese a que el cerebro use las células de la corteza para seleccionar los sonidos y grabar las imágenes, quien ve y oye, en realidad, es la mente. Todos los sentidos en la esfera fisiológica pertenecen al alma, que es la que los fija en el cuerpo carnal conforme a los principios establecidos para la evolución de los espíritus reencarnados en la Tierra.



(Del libro Mediumnidad de Edgard Armond)
Es difícil localizar en el cuerpo físico la región o el órgano por intermedio del cual se ejerce la intuición. El órgano del intelecto es el cerebro, y podemos decir que la razón tiene su sede en ese órgano. Más, en cuanto a la intuición, a no ser que se ejerza por las glándulas pineal y pituitaria(1) (órganos de las manifestaciones mediúmnicas), tal vez su sede sea en el cerebelo, órgano sensorio supranormal que en el futuro deberá desarrollarse.

Amor, fe e intuición, son éstas las características sublimadas del hombre espiritual.

El hombre de intuición resuelve sus problemas con elementos que obtiene del plano divino, mientras que el de la razón los resuelve según los recursos de la propia inteligencia humana ligada a las cosas del mundo.



(1) Glándulas generadoras y controladoras de energías psíquicas que, ligadas a la mente a través del electromagnetismo del campo vital, comandan las fuerzas del subconsciente e insuflan energías psíquicas a todos los órganos vitales del organismo humano, la primera más ligada al campo espiritual, y la segunda, al campo orgánico.

AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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El poder de la irradiación



El poder de la irradiación



   

   En el proceso de la irradiación transmitimos a los demás por el mecanismo de la fuerza mental, la carga de fuerza vital que disponemos para donar. La irradiación se hace a distancia, proyectando nuestro pensamiento y sentimientos en favor de alguien, moviendo fuerzas psíquicas a través de la voluntad.

   La persona que irradia debe cultivar buenos sentimientos, buenos pensamientos y buenos actos. Esto le irá formando una "atmósfera espiritual" positiva, creando una tonalidad vibratoria y una cantidad de fluidos agradables y saludables que podrán ser dirigidos a través de la voluntad para otras personas.

   La persona que irradia debe focalizar mentalmente al paciente a quien se hace la irradiación y transmitirle a través del sentimiento, aquello que desea: paz, confort, coraje, salud, equilibrio, paciencia, etc.

   Irradiación es la proyección del pensamiento y del sentimiento, que son energías que conseguimos exteriorizar de nosotros mismos. Cada cerebro puede emitir vibraciones de alta o de baja frecuencia, de acuerdo con los pensamientos constantes.

   Irradiamos todos nosotros a través de nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y actos.

   Esa energía que emitimos continuamente, forma nuestro hálito mental y se propaga a nuestro alrededor.

   Esas energías tienen reflejo sobre nosotros mismos y sobre las personas que conviven con nosotros, los que están distanciados y todos los suyos del ambiente en que vivimos.

   En los procesos de irradiación, el sanador, por acción de su voluntad dirigida, transmite a los otros sus energías vitales, que son inmediatamente repuestas por la absorción y metabolización automática de las energías del ambiente por los centros de fuerza (chacras).

   En la irradiación, la persona, aplicando pensamiento y voluntad, acelera esta absorción - metabolización de energías vitales y espirituales, dirigiéndolas a quien las recibirá.

   Los fluidos o energía, se someten a la ley de las proporciones, esto es, cada uno pone en movimiento una cierta cantidad relativa de esas fuerzas, que pueden ser juntadas con las de los espíritus, proporcionalmente, siendo entonces encaminadas a su objetivo. Debemos focalizar nuestro pensamiento, restringiéndolo a una cierta área, persona, o grupo de personas, para que sea el sostén de esa misma fuerza. Esto quiere decir que nuestra irradiación  debe ser  focalizada a alguien o a alguna situación determinada, clientes de los pedidos hechos genéricamente en favor de los necesitados que no alcanzan objetivamente sus fines. Apenas valen por la intención. El potencial en movimiento es aplicado de acuerdo con el mérito de cada uno. Esto es, no por el hecho de pedir excesivamente en favor de alguien,  o de una situación determinada, conscientes de que los pedidos hechos genéricamente en favor de todos los necesitados, no alcanzan objetivamente sus fines. Solo valen por la intención. El potencial movido es aplicado de acuerdo con el mérito de cada uno. Esto es, no por el hecho de que alguien pida excesivamente en favor de alguien, conseguirá su fin.

  La persona que irradia debe inicialmente centrarse, orar enseguida, y después, por la voluntad, focalizar el objeto de su irradiación y transmitir aquello que desea.


Direccionando la vibración
  Todas nuestras acciones y actitudes reflejan nuestras disposiciones mentales y emocionales. Cuando escribimos o dictamos para que sea escrito, no solo dejamos en el papel nuestras ideas, sino que son grabadas también nuestras disposiciones íntimas. Eso significa que podemos escribir con la luz de los sentimientos nobles o con las tintas oscuras del negativismo. En el momento que añadimos el nombre de alguien para la irradiación, ese nombre estará impregnado de la energía de quien solicitó la irradiación, pues, ciertamente, quien desea ayudar estará con el pensamiento en quien él quiere ayudar en el momento de inscribir su nombre. Esto creará la dirección vibratoria.

   Lo importante, en el momento de escribirla, es que alguien esté mentalizando al paciente para crear la dirección vibratoria. Los espíritus que van a actuar en este proceso hacen la localización del paciente a través de la "dirección vibratoria", no siendo esencial anotar la dirección. La lectura de los nombres de necesitados y las respectivas direcciones son necesarios solamente para que los médiums creen una imagen mental.

La "dirección vibratoria" guía a los espíritus, así como los policías que entrenan al perro para seguir y encontrar al fugitivo.


Si el número de necesitados es muy grande, podemos reunirlos en grupos de diez o más y numerar esos grupos o al revés, en vez de nombres, enunciar los grupos por los respectivos números, o incluso, suprimir tales nombres, conservando solamente sobre la mesa, los correspondientes registros, conforme nos orienta Edgard Armond en el libro Pases e Irradiaciones.

   Esto quiere decir que cuando escribimos o dictamos a alguien para escribir los nombres de hermanos que necesitan ayuda, lo hagamos movidos por el sincero deseo de auxiliar y socorrer, y no con el propósito de librarnos del deber de tener que orar en beneficio del semejante. Esto le va formando una "atmósfera espiritual" positiva, creando una tonalidad vibratoria y una cantidad de fluidos agradables y saludables que podrán ser dirigidos a través de la voluntad hacia otras personas.

   Recogido  en oración, el hombre de buena voluntad recibe los recursos del Plano Superior, proyectándolos después en dirección al enfermo ausente, cuya figura mentaliza.


Superando obstáculos
   Los espíritus que trabajan en la cura enfrentan serias dificultades en el servicio de socorro a los pacientes cuyos nombres están inscritos en las listas de los centros espiritualistas. Además de las dificultades técnicas resultantes de cierto desequilibrio del ambiente donde actúan, otros impredecibles os aguardan, en virtud del estado psíquico de los propios dolientes.

   A veces el enfermo tiene la mente saturada de fluidos sombríos debidos a conversaciones maledicientes, de intrigas, calumnias y críticas. Otros, se encuentran en excitación nerviosa debido a una violenta discusión. Están aquellos que son presos del vicio de las drogas y del alcohol, dificultando aun más el trabajo socorrista.

   Otras veces, los fluidos irradiados de sesiones espíritas, penetran en los hogares enfermos, pero encuentran el ambiente cargado de fluidos agresivos provenientes de discusiones ocurridas entre sus familiares. Es evidente que los desencarnados tienen poco éxito en su tarea abnegada de socorrer a los enfermos cuando estos vibran sentimientos de odio, venganza, lujuria o cualquier otro sentimiento negativo.

   En el proceso de irradiación, se dará un  flujo de energía que se dirigirá a otra persona, llegando al perispíritu de esta, que podrá absorberla o no, de acuerdo con la ley de sintonía, afinidad, merecimiento y condiciones específicas del momento.

   Para que la irradiación sea eficaz, la persona que va a ser ayudada debe estar receptiva (favorable al recibimiento de la ayuda para mejor absorber el recurso espiritual). Además de eso, es fundamental estar dispuesta a mejorar espiritualmente. La ayuda de la irradiación es pasajera y tales recursos tienden a fijarse y a crecer, cuando el individuo pase a tener una vida moralmente equilibrada.

   Aquellos que vayan a hacer la vibración (irradiación), deberán recogerse en oración, evitar discusiones, ambientes negativos o intoxicarse con humo, alcohol, etc.

   El Evangelio en el Hogar es muy importante para ayudar a armonizar el ambiente y despertar nuestra religiosidad. Un ambiente armónico es extremadamente importante. Hogar sin armonía pasa a ser habitado por entidades inferiores, que crean desentendimientos colocando a todos hacia afuera. Uno sale de casa por eso, otro, por aquello, desmantelando así a toda la familia. Con el autoconocimiento y nuestra reforma íntima estaremos cada vez más aptos para ayudarnos y ser ayudados, incluso a través de irradiaciones energéticas.


Articulo  publicado en la Revista Cristiana de Espiritismo, ed. 46.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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Infidelidad





SÍNTESIS DE UNA INFIDELIDAD
SEGÚN EL ESPIRITISMO



En un amplio salón de un club nocturno sorprendimos a Jovino y a la mujer que conocimos en los fenómenos telepáticos, con un grupo alegre de gente y con expresiones de profunda intimidad afectiva.

Al encontrar al compañero en la situación en que se hallaba, Anesia lanzó un doloroso grito y se echó a llorar.

Seguida por nosotros, retrocedió herida de dolor y de asombro, y tan pronto como nos vimos en la vía pública acariciados por el suave aire de la noche, el asistente Áulus la abrazó paternalmente.

Notándole más dueña de sí misma, pese a que el sufrimiento transfigurara su rostro, le habló con extremado cariño:

–Hermana mía, recupérese. Usted oró pidiendo asistencia espiritual, y aquí estamos, trayéndole solidaridad. ¡Reanímese! ¡No pierda la esperanza!...

– ¿Esperanza? –clamó la pobre criatura, bañada su cara por las lágrimas. Fui traicionada, miserablemente traicionada...

Y la conversación entre los dos prosiguió en un tono conmovedor y expresivo.

– ¿Traicionada por quién?

–Por mi esposo, que faltó a los compromisos del matrimonio…

–Pero, ¿usted cree, por ventura, que el casamiento sea una simple excursión placentera en la Tierra? ¿Usted supone que el matrimonio terrestre puede ser sólo una música de ilusión que se debe eternizar en el tiempo? Amiga mía, el hogar es una escuela en la que las almas se aproximan para realizar el esfuerzo de su propia regeneración, con vista al perfeccionamiento que será nuestra adquisición en el futuro. ¿Usted ignora que en los establecimientos educativos hay profesores y alumnos? ¿No sabe que los mejores deben ayudar a los que marchan atrás?

La interlocutora llamada a recapacitar, interrumpió sus lamentos. Aun así, después de mirar a nuestro orientador con entrañable confianza, alegó con tristeza:

–Pero, Jovino...

Áulus, sin embargo, le cortó la frase, agregando:

– ¿Olvida usted que su esposo precisa mucho más ahora de su entendimiento y cariño? No siempre la mujer deberá ver en el compañero al hombre amado con ternura, y sí a un hijo espiritual necesitado de comprensión y sacrificio para erguirle, igualmente, no siempre el hombre podrá contemplar en la esposa a la flor de sus primeros sueños, pero si a una hija de su corazón que le exige de su tolerancia y bondad, a fin de llevarla de las tinieblas hacia la luz. Anesia, el amor no es sólo la felicidad rosada y dulce del sexo armoniosamente correspondido. Es una luz que brilla más alto inspirando el valor de la renuncia y del perdón incondicionales en favor del ser o de los seres que amamos. Jovino es una planta, que el Señor le confió a sus manos de jardinería. Es comprensible que la planta sea atacada por los parásitos o por los gusanos de la muerte, sin embargo, no hay motivo a temer si la jardinera está atenta y vigilante...

Al llegar a este punto de las bellas palabras pronunciadas por el instructor, Anesia se volvió hacia él, a la manera de una enferma agarrándose del médico diciéndole con tono suplicante:

–Sí, sí... Lo reconozco… Mientras, no me deje sola… Me siento atribulada. ¿Qué hacer con la mujer que le domina? En ella veo la perturbación y la amargura de nuestra casa… Se asemeja a un espíritu diabólico, fascinándole y destruyéndole…

– ¡No se refiera a ella así, con palabras tan duras! ¡Es también nuestra hermana, víctima de lastimosos engaños!...

–Pero ¿cómo aceptarla? Percibo su influencia maligna… Parece una serpiente invisible que trae consigo pavorosos monstruos a nuestro lado... Nuestro templo hogareño por ella se transformó en un infierno en el que no nos entendemos más... Todo es ahora fracaso, desarmonía e inseguridad... ¿Qué hacer con semejante criatura?

– ¡Debemos compadecernos de ella! Terrible será su despertar.

– ¿Compasión?

– Y ¿qué otra mejor represalia que esa?

– ¿No sería más justo que comenzara a reparar sus propios errores? ¿No sería más seguro relegarla en el lugar oscuro que se merece?

Áulus, sin embargo, le tomó su diestra, inquieta, y prosiguió:

–Abstengámonos de juzgar. Conforme a la lección del Maestro, el amor debe ser la única actitud para con nuestros adversarios. La venganza, Anesia, es el alma de la magia negra. Mal por mal significa el eclipse absoluto de la razón. Y bajo el imperio de las tinieblas, ¿qué podremos aguardar sino la ceguera y la muerte? Por más doloroso que sea para usted el recuerdo de esta mujer, recuérdela en sus oraciones y en sus meditaciones como a una hermana necesitada de nuestra asistencia fraterna. Todavía no hemos adquirido la memoria integral de nuestro pasado y no sabemos qué nos ocurrirá en el futuro... ¿Quién habrá sido ella en el pasado? ¿Alguien que hemos ayudado o herido? ¿Qué será de nosotros en el porvenir? ¿Nuestra madre o nuestra hija? ¡No condene! El odio es como el fuego, que todo lo consume, pero el amor sabe la manera de apagar el fuego y reconstruir. Según la Ley, el bien neutraliza al mal, el que se transforma, por fin, en un servidor del propio bien. Aunque todo parezca conspirar contra su propia felicidad, ame y ayude siempre, porque el tiempo se encargará de disipar las tinieblas que nos rodean, en la medida que aumente su mérito moral.

Anesia, asemejándose a una criatura resignada, puso en el benefactor sus ojos limpios como prometiéndole obediencia, y él acariciándole, le recomendó:

–Vuelva a su hogar y emplee la humildad y el perdón, el trabajo y la oración, la bondad y el silencio. Su madre enferma y sus hijitas reclaman su amor puro, tanto como nuestro Jovino, quien volverá con más experiencia al refugio de su corazón.

Anesia levantó la cabeza, mirando el firmamento inundado de luz, pronunciando luego una oración de alabanza, para en seguida retornar a su casa.

La vimos despertar en el cuerpo carnal con el alma casi feliz...

Enjugó las lágrimas que bañaban su rostro e intentó ansiosamente recordar, punto por punto, la entrevista que tuviera con nosotros.

En verdad, no consiguió nada más que fragmentarias reminiscencias, más se encontró reconfortada, sin rebeldía y sin amargura, como si manos intangibles hubiesen lavado su mente, confiándole una comprensión más clara de la vida.

Recordó a Jovino y a la mujer que lo fascinaba con compasión, reconociendo en ellos a personas que le solicitaban tolerancia y piedad.

Un profundo entendimiento brotaba ahora de su espíritu. La comprensión de la hermana había logrado superar el desequilibrio de la mujer.


Y pensaba: ¿De qué me serviría la rebeldía o el desánimo frente a la obligación de defender mi hogar? Haciendo justicia con sus propias manos, ¿no perjudicaría a aquellos que son la riqueza de su corazón? En cualquier parte, el, escándalo es la ruina de la felicidad... ¿No debía dar gracias a Dios por sentirse en la condición de esposa digna? Sí, seguramente, la pobre criatura que perturbaba a su marido no había despertado en su interior la responsabilidad y el discernimiento. Necesitaba, pues, compasión y amparo en lugar de crítica y aspereza…


Bibliografía:
En los dominios de la mediumnidad André Luiz


AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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ESPÍRITUS PROTECTORES







ESPÍRITU PROTECTOR, ÁNGEL GUARDIÁN o GENIO BUENO.
ESPÍRITUS FAMILIARES.
ESPÍRITUS SIMPÁTICOS.
ESPÍRITU IMPERFECTO o PERVERSO.




A continuación transcribo las preguntas y respuestas de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec sobre este tema:

489. ¿Hay espíritus que se unen particularmente a un individuo para protegerle?
«Sí; el hermano espiritual, al que vosotros llamáis el espíritu bueno, o el buen genio».


490. ¿Qué debe entenderse por ángel guardián?
«El espíritu protector de un orden elevado».


491. ¿Cuál es la misión del espíritu protector?
«La de un padre respecto a sus hijos; llevar a su protegido al buen camino, ayudarle con sus consejos, consolarle en sus aflicciones y sostenerle en las pruebas de la vida».


492. ¿El espíritu protector está unido al individuo desde el nacimiento de éste?
«Desde el nacimiento hasta la muerte, y a menudo aun después de ésta, le sigue en la vida espiritista y hasta en muchas existencias corporales; porque éstas no son más que fases muy breves, comparadas con la vida del espíritu».


493. ¿Es voluntaria u obligatoria la misión del espíritu protector?
«El espíritu está obligado a cuidar de vosotros; porque ha aceptado esta tarea; pero elige los seres que le son simpáticos. Para unos es un placer, para otros una misión o un deber».

493a. Uniéndose a una persona, ¿el espíritu renuncia a proteger a otros individuos?
«No; pero lo hace menos exclusivamente».


494. ¿El espíritu protector está fatalmente unido al ser a quien guarda?
«Sucede a menudo que ciertos espíritus abandonan su posición para cumplir diversas misiones; pero entonces se verifica un cambio».


495. ¿El espíritu protector abandona a veces a su protegido cuando se muestra rebelde a sus avisos?
«Se aleja cuando ve que son inútiles sus consejos, y que es más imperante el deseo de sufrir la influencia de los espíritus inferiores; pero jamás le abandona del todo y siempre le deja oír su voz. El hombre es quien entonces cierra el oído; pero el espíritu protector vuelve apenas se le llama.

»Hay una doctrina que por su encanto y su dulzura, debiera convertir hasta a los más incrédulos. Esta doctrina es la de los ángeles guardianes. ¿No es acaso una idea muy consoladora la de pensar que siempre tenéis a vuestro lado seres que os son superiores, que allí están siempre para aconsejaros, fortaleceros y ayudaros a gravitar la áspera montaña del bien, seres que son amigos más firmes que los más íntimos que podéis tener en la tierra? Allí están por orden de Dios que los ha puesto a vuestro lado, y lo están por amor suyo, cumpliendo respecto de vosotros una bella, pero penosa misión. Sí dondequiera que estéis está vuestro ángel guardián: las cárceles, los hospitales, los lugares de depravación, la soledad, nada os separa de ese amigo a quien no podéis ver, pero cuyos más dulces impulsos siente vuestra alma y cuyos sabios consejos oye.

»¡Lástima que no conozcáis mejor esta verdad! Cuántas veces os ayudaría en vuestros momentos de crisis y cuántas os libraría de los espíritus malos. Pero en el día supremo este ángel de bien os habrá de decir con frecuencia: "¿No te dije tal cosa, y no la hiciste? ¿No te enseñé el abismo y te hundiste en él? ¿No dejé oír en tu conciencia la voz de la verdad, y tú seguiste los consejos de la mentira?" ¡Ah!, interrogad a vuestros ángeles guardianes y estableced entre ellos y vosotros la tierna intimidad que entre los mejores amigos existe. No intentéis ocultarles nada; porque tienen la mirada de Dios, y no podéis engañarlos. Pensad en el porvenir; procurad adelantar en esta vida y vuestras pruebas serán más cortas y más felices vuestras existencias. Adelante, ¡oh!, hombres; desechad de una vez para siempre preocupaciones y segundas intenciones; penetrad en el nuevo camino que se os abre.

¡Adelante! ¡Adelante! Tenéis guías, seguidlos; el objeto final no se os escapará, porque ese objeto es el mismo Dios.

»A los que creen que es imposible que espíritus verdaderamente elevados se entreguen a tan laboriosa y tan incesante tarea, les diremos que influimos en vuestras almas, a pesar de que nos separen de vosotros millones de leguas; nada es para nosotros el espacio, y aunque vivan en otros mundos, nuestros espíritus mantienen sus relaciones con los vuestros.

Gozamos de cualidades que no podéis comprender; pero sabed que Dios no os ha abandonado solos en la tierra sin amigos y sostén. Cada ángel guardián tiene su protegido a quién vigila como un padre a su hijo. Es feliz, cuando le ve seguir el buen camino, y gime cuando ve despreciados sus consejos.

»No temáis cansarnos con preguntas, sino que debéis estar, por el contrario, en continua relación con nosotros y así seréis más fuertes y felices. Estas comunicaciones del hombre con su espíritu familiar son las que hacen a todos los hombres médiums, médiums desconocidos hoy; pero que manifestándose más tarde, se extenderán como el océano sin límites para anonadar la incredulidad y la ignorancia. Instruid, hombres instruidos; educad a vuestros hermanos, hombres de talento. No sabéis la obra que realizáis haciéndolo; realizáis la obra de Cristo, la que Dios os impone. ¿Para qué os dio la inteligencia y la ciencia, sino para que hagáis participes de ella a vuestros hermanos, a fin de que progresen en el camino de la dicha y de la felicidad eterna? 
SAN LUIS, SAN AGUSTÍN».

La doctrina de los ángeles guardianes que vigilan a sus protegidos, a pesar de la distancia que separa los mundos, nada tiene que deba sorprendernos y es, por el contrario, grande y sublime. ¿Acaso no vemos en la tierra a un padre vigilar a su hijo, aunque esté de él alejado, y ayudarle con sus consejos por medio de la correspondencia? ¿Qué habría, pues, de admirable en que los espíritus pudiesen guiar a los que toman bajo su protección desde uno a otro mundo, dado que la distancia que separa a los mundos es menor para ellos que la que separa a los continentes de la Tierra? ¿Y no tienen además el fluido universal que enlaza a todos los mundos y los hace solidarios; inmenso vehículo de la transmisión del pensamiento, como, lo es para nosotros el, aire de la transmisión del sonido?


496. El espíritu que abandona a su protegido, ya que no le hace bien, ¿puede hacerle mal?
«Los espíritus buenos nunca hacen mal, dejan que lo hagan los que ocupan su puesto, y entonces acusáis de vuestras desgracias a la suerte, siendo así que vosotros tenéis la culpa».


497. ¿El espíritu protector puede dejar a su protegido a merced de un espíritu que podría tenerle mala voluntad?
«Los espíritus malos se unen para neutralizar la acción de los buenos; pero si el protegido lo quiere, devolverá toda su fuerza a su espíritu bueno. El espíritu bueno quizá ve en otra parte una buena voluntad a quien ayudar, y aprovecha la ocasión esperando el momento de regresar al lado de su protegido».


498. Cuando el espíritu protector deja que su protegido se extravíe en la vida, ¿es por impotencia para luchar con los espíritus malévolos?
«No es porque no puede, sino porque no quiere; su protegido sale entonces de las pruebas más perfecto e instruido, y el espíritu protector le asiste con sus consejos y con los buenos pensamientos que le sugiere, los cuales por desgracia no siempre son oídos. Sólo la debilidad, la incuria o el orgullo del hombre dan fuerza a los espíritus malos, y sólo procede su poder sobre vosotros de que no les oponéis resistencia».


499. ¿El espíritu protector está constantemente con su protegido? ¿No hay circunstancias en que, sin abandonarle, le pierde de vista?
«Las hay en que la presencia del espíritu protector no es necesaria a su protegido».


500. ¿Llega un momento en que el espíritu no ha menester de ángel guardián?
«Si; cuando llega al grado de poder conducirse por sí mismo, cuando llega un momento en que el discípulo no ha menester de maestro; pero no acontece esto en vuestro planeta».


501. ¿Por qué la acción de los espíritus en nuestra existencia es oculta, y por qué cuando nos protegen, no lo hacen de un modo ostensible?
«Si contaseis con su apoyo, no obraríais por vosotros mismos y vuestro espíritu no progresaría. Para que pueda adelantar necesita experiencia, y preciso es que a menudo la adquiera a su costa. Es necesario que ejercite sus fuerzas, sin lo cual vendría a ser como el niño a quien no se deja andar solo. La acción de los espíritus que os quieren bien, está dispuesta de modo que deje siempre a salvo vuestro libre albedrío; porque, si no fueseis responsables, no adelantaríais en el camino que ha de conduciros a Dios. No viendo el hombre a su sostenedor, se entrega a sus propias fuerzas; pero su guía le vigila empero, y de vez en cuando le avisa que desconfíe del peligro».


502. El espíritu protector que consigue llevar a su protegido al buen camino, ¿experimenta algún bien para sí mismo?
«Es un mérito que se le tiene en cuenta, ya para su propio adelanto, ya para su felicidad. Es feliz cuando el éxito corona sus esfuerzos, y triunfa como un profesor con los progresos de su discípulo».

502a. ¿Es responsable si no triunfa?
«No; porque ha hecho todo lo que de él dependía».


503. El espíritu protector que ve que su protegido sigue un mal camino a pesar de sus avisos, ¿experimenta sufrimiento y encuentra en ello una causa de turbación en su felicidad?
«Deplora sus errores y le compadece; pero semejante aflicción no tiene las angustias de la paternidad terrestre, porque sabe que el mal tiene remedio y que lo que no hace hoy lo hará mañana».


504. ¿Podemos saber siempre el nombre de nuestro espíritu protector o ángel guardián?
« ¿Cómo queréis saber nombres que no existen para vosotros? ¿Creéis que no existen entre los espíritus más que los que vosotros conocéis?»

504a. ¿Cómo, pues, lo invocaremos, si no lo conocemos?
«Dadle el nombre que queráis, el de un espíritu superior a quien tengáis simpatía y veneración. El espíritu protector acudirá al llamamiento; porque todos los espíritus buenos son hermanos y se auxilian».


505. Los espíritus protectores que toman nombres conocidos, ¿son siempre realmente los de las personas que tenían aquellos nombres?
«No; pero espíritus que les son simpáticos y que vienen a menudo por orden suya. Necesitáis nombres, y entonces toman uno que os inspire confianza. Cuando vosotros no podéis cumplir personalmente una misión, enviáis un comisionado que haga vuestras veces».


506. Cuando estemos en la vida espiritista, ¿reconoceremos a nuestro espíritu protector?
«Sí; porque a menudo le conocíais antes de encarnaros».


507. ¿Todos los espíritus protectores pertenecen a la clase de espíritus superiores? ¿Pueden ser de los grados intermedios? Un padre, por ejemplo, ¿puede llegar a ser el espíritu protector de su hijo?
«Puede serlo; pero la protección supone cierto grado de elevación y además un poder y una virtud concedida por Dios. Un padre que protege a su hijo puede a su vez estar asistido por un espíritu más elevado».


508. Los espíritus que han abandonado en buenas condiciones la tierra, ¿pueden siempre proteger a los que aman y les sobreviven?
«Su poder es más o menos restringido, y la posición en que se encuentran no siempre los deja en completa libertad de obrar».


509. Los hombres en estado salvaje o de inferioridad moral, ¿tienen igualmente sus espíritus protectores, y en este caso son de orden tan elevado como los de los hombres muy adelantados?
«Todo hombre tiene un espíritu que vela por él; pero las misiones son relativas a su objeto. Vosotros no confiáis un niño que aprende a leer a un profesor de filosofía. El progreso del espíritu familiar corresponde al del espíritu protegido. Teniendo un espíritu protector que os vigila, podéis a vuestra vez llegar a ser el protector de un espíritu que os es inferior, y los progresos que le ayudéis a realizar contribuirán a vuestro adelanto. Dios no pide al espíritu más de lo que le permiten sus fuerzas y el grado a que ha llegado».


510. Cuando el padre que vela por su hijo se reencarna, ¿continúa velando por él?
«Es más difícil; pero suplica, en un momento de emancipación, a un espíritu simpático que le asista en semejante misión. Por otra parte, los espíritus no admiten más misiones que las que pueden cumplir hasta el fin.

»El espíritu encarnado, sobre todo en los mundos en que es material la existencia, está demasiado ligado a su cuerpo para poderse consagrar del todo, es decir, asistirle personalmente. Por esto los que no son bastante elevados están asistidos a su vez por espíritus que les son superiores, de modo, que si uno falta por una causa cualquiera, es suplido por otro».


511. Además del espíritu protector, ¿está unido un espíritu malo a cada individuo para impelerle al mal y proporcionarle ocasión de luchar entre el bien y el mal?
«Unido no es la palabra. Es cierto que los espíritus malos procuran separar del buen camino, cuando se les presenta ocasión, pero cuando uno de ellos se aficiona a un individuo, lo hace por sí mismo; porque espera que se le escuchará. Entonces se traba lucha entre el bueno y el malo, y vence aquél a quien e1 hombre deja que le domine».


512. ¿Podemos tener muchos espíritus protectores?
«Todo hombre tiene siempre espíritus simpáticos más o menos elevados que le aprecian y se interesan por él, como también los hay que le asisten en el mal».


513. ¿Los espíritus simpáticos obran en virtud de una misión?
«A veces pueden tener una misión temporal; pero lo más frecuente es que son solicitados únicamente por la semejanza de pensamientos y de sentimientos, así en el bien como en el mal».

513a. ¿Parece resultar de esto que los espíritus simpáticos pueden ser buenos o malos?
«Sí; el hombre encuentra siempre espíritus que simpatizan con él, cualquiera que sea su carácter».


514. ¿Los espíritus familiares son los mismos que los simpáticos y protectores?
«Hay muchos matices en la protección y en la simpatía. Dadles el nombre que queráis. El espíritu familiar corresponde más bien al amigo del hogar».

De las anteriores explicaciones y de las observaciones hechas sobre la naturaleza de los espíritus que se unen al hombre, puede deducirse lo siguiente:

El espíritu protector, ángel guardián o genio bueno es el que tiene la misión de seguir al hombre durante la vida y ayudarle a progresar. Siempre es de naturaleza relativamente superior a la del protegido.

Los espíritus familiares se unen a ciertas personas por lazos más o menos duraderos con objeto de serles útiles dentro de los límites de su poder, con frecuencia bastante limitado. Son buenos; pero a veces poco adelantados y hasta un poco ligeros. Se ocupan gustosos de los pormenores de la vida íntima, y sólo obran con permiso de los espíritus protectores o por orden suya.
Los espíritus simpáticos son aquellos que nos atraen afectos particulares y cierta semejanza de gustos y sentimientos, así en el bien como en el mal. La duración de sus relaciones está siempre subordinada a las circunstancias.

El mal genio es un espíritu imperfecto o perverso que se une al hombre con la mira de alejarle del bien; pero obra por voluntad propia y no en virtud de una misión. Su tenacidad está en relación del acceso más o menos fácil que halla. El hombre es libre siempre de escuchar su voz o de rechazarla.


515. ¿Qué pensar de esas personas que parecen unirse a ciertos individuos para arrastrarlos fatalmente a su perdición, o para guiarlos por el buen camino?
«Ciertas personas ejercen, en efecto, en otras una especie de fascinación que parece irresistible. Cuando esto se verifica para el mal, es que los espíritus malos se sirven de otros malos para subyugar mejor. Dios puede permitirlo para probaros».


516. Nuestros espíritus, bueno y malo, ¿podrían encarnarse para acompañarnos durante la vida de una manera más directa?
«Así sucede a veces; pero a menudo también encargan esta misión a otros espíritus encarnados que les son simpáticos».


517. ¿Hay espíritus que se unen a toda una familia para protegerla?
«Ciertos espíritus se unen a los miembros de una misma familia que viven juntos y unidos por el afecto; pero no creáis en espíritus protectores del orgullo de razas».


518. Siendo atraídos los espíritus por sus simpatías hacia los hombres, ¿lo son igualmente hacia las reuniones de individuos por causas particulares?
«Los espíritus acuden con preferencia a donde están sus semejantes, pues allí están más a sus anchas y más seguros de ser escuchados. El hombre atrae a los espíritus en razón de sus tendencias, ya esté solo, ya forme un todo colectivo, como una sociedad, una ciudad o un pueblo. Hay, pues, sociedades, ciudades y pueblos que están asistidos por espíritus más o menos elevados, según el carácter y las pasiones que en ellos dominan. Los espíritus imperfectos se alejan de los que los rechazan y resulta que el perfeccionamiento moral de los todos colectivos, como el de los individuos, tiende a descartar a los espíritus malos y a atraer a los buenos, que excitan y mantienen el sentimiento del bien de las masas, como pueden otros atizar las malas pasiones».


519. Las aglomeraciones de individuos, como las sociedades, ciudades y naciones, ¿tienen sus espíritus protectores especiales?
«Sí; porque esas reuniones son individualidades colectivas que caminan hacia un fin común y que han menester de una dirección superior».


520. Los espíritus protectores de las masas, ¿son de naturaleza más elevada que los que se unen a los individuos?
«Todo es relativo al grado de adelanto de las masas como al de los individuos».


521. ¿Pueden ciertos individuos cooperar al progreso de las artes, protegiendo a los que las cultivan?
«Hay espíritus protectores especiales, y que asisten a los que los invocan, cuando los consideran dignos; pero, ¿qué queréis que hagan por los que se creen ser lo que no son? No hacen que los ciegos vean, ni que oigan los sordos».


Los antiguos habían hecho de los espíritus protectores divinidades especiales; las musas no eran más que la personificación alegórica de aquéllos respecto de las ciencias y de las artes, como designaban bajo el nombre de lares y penates (Dioses domésticos) a los espíritus protectores de la familia. Entre los modernos, las artes, las diferentes industrias, las ciudades y comarcas tienen también sus patronos protectores, que no son más que espíritus superiores; pero bajo otros nombres.

Teniendo cada hombre sus espíritus simpáticos, resulta que en los todos colectivos la generalidad de los espíritus simpáticos está en relación con la generalidad de los individuos; que los espíritus extraños son atraídos por la identidad de gustos y de pensamientos, en una palabra, que esas reuniones, lo mismo que los individuos, están mejor o peor rodeadas, asistidas e influidas según la naturaleza de los sentimientos de la multitud.


En los pueblos las causas de atracción de los espíritus son las costumbres, los hábitos, el carácter dominante y sobre todo las leyes; porque el carácter de la nación se refleja en sus leyes. Los hombres que hacen imperar entre ellos la justicia, combaten la influencia de los malos espíritus. Donde quiera que las leyes consagran cosas injustas, contrarias a la humanidad, están en minoría los espíritus buenos, y la masa de los malos que afluyen mantiene a las naciones en semejantes ideas, y paraliza las buenas influencias parciales que se pierden entre la multitud, como la espiga aislada entre las ortigas. Estudiando las costumbres de los pueblos o de toda reunión de hombres, es, pues, fácil formarse una idea de la población oculta que se inmiscuye en sus pensamientos y acciones.



PRESENTIMIENTOS

 522. El presentimiento, ¿es siempre una advertencia del espíritu protector?
«El presentimiento es el consejo íntimo y oculto de un espíritu que os quiere bien. Se halla también en la intuición de la elección que se ha hecho; es la voz del instinto. El espíritu antes de encarnarse, tiene conocimiento de las principales fases de su existencia, es decir, de la clase de pruebas a que se compromete. Cuando tiene un carácter predominante, el espíritu conserva una especie de impresión en su fuero interno, y esta impresión, que es la voz del instinto, acentuándose cuando se aproxima el momento, se convierte en presentimiento».


523. El presentimiento y la voz del instinto tienen siempre algo de vago, ¿qué debemos hacer en la incertidumbre?
«Cuando estés incierto, invoca a tu espíritu bueno, o suplica al Señor de todo, a Dios, que te envíe a uno de sus mensajeros, a uno de nosotros».


524. Las advertencias de nuestros espíritus protectores, ¿tienen por objeto único la dirección moral, o también la conducta que debemos observar en las cosas de la vida privada?
«Todo, pues procuran haceros vivir lo mejor posible; pero a menudo vosotros cerráis el oído a las buenas advertencias, y sois infelices por culpa vuestra».

Los espíritus protectores nos ayudan con sus consejos por medio de la voz de la conciencia, que hacen hablar dentro de nosotros; pero como no siempre le damos la necesaria importancia, nos los dan más directos, valiéndose de las personas que nos rodean. Examine cada cual las diversas circunstancias felices o desgraciadas de su vida, y verá cómo en muchas ocasiones ha recibido consejos que no siempre ha puesto en práctica y que, de haberlos escuchado, le hubieran evitado muchas desazones.


REFLEXIÓN
Teniendo en cuenta tanto el comentario de Allan Kardec tras la respuesta a la pregunta 514, como la respuesta a la pregunta 493a, deduzco que un mismo Espíritu protector hace las veces de:

-Protector principal de una persona, a fin de orientarla y conducirla siempre por el buen camino, desde el momento en que nace hasta su desencarnación física, incluso le puede seguir durante varias existencias físicas. También puede acudir temporalmente a colonias espirituales para pedir orientación, inspiración, consejos, etc., si la vida de su protegido lo requiere. Además, si tuviera que reencarnar o cumplir alguna misión, sería sustituido.

-Protector auxiliar de otras personas, al objeto de ayudarlas, por ejemplo en la mediumnidad y/o sanación, asistiendo a la preparación y desarrollo de la facultad, protegiéndole de entidades burlonas y engañosas, realizando el trabajo de intercambio mediúmnico, etc.



Bibliografía:
El Libro de los Espíritus de Allan Kardec


AMOR, CARIDAD y TRABAJO