El poder de la irradiación



El poder de la irradiación



   

   En el proceso de la irradiación transmitimos a los demás por el mecanismo de la fuerza mental, la carga de fuerza vital que disponemos para donar. La irradiación se hace a distancia, proyectando nuestro pensamiento y sentimientos en favor de alguien, moviendo fuerzas psíquicas a través de la voluntad.

   La persona que irradia debe cultivar buenos sentimientos, buenos pensamientos y buenos actos. Esto le irá formando una "atmósfera espiritual" positiva, creando una tonalidad vibratoria y una cantidad de fluidos agradables y saludables que podrán ser dirigidos a través de la voluntad para otras personas.

   La persona que irradia debe focalizar mentalmente al paciente a quien se hace la irradiación y transmitirle a través del sentimiento, aquello que desea: paz, confort, coraje, salud, equilibrio, paciencia, etc.

   Irradiación es la proyección del pensamiento y del sentimiento, que son energías que conseguimos exteriorizar de nosotros mismos. Cada cerebro puede emitir vibraciones de alta o de baja frecuencia, de acuerdo con los pensamientos constantes.

   Irradiamos todos nosotros a través de nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y actos.

   Esa energía que emitimos continuamente, forma nuestro hálito mental y se propaga a nuestro alrededor.

   Esas energías tienen reflejo sobre nosotros mismos y sobre las personas que conviven con nosotros, los que están distanciados y todos los suyos del ambiente en que vivimos.

   En los procesos de irradiación, el sanador, por acción de su voluntad dirigida, transmite a los otros sus energías vitales, que son inmediatamente repuestas por la absorción y metabolización automática de las energías del ambiente por los centros de fuerza (chacras).

   En la irradiación, la persona, aplicando pensamiento y voluntad, acelera esta absorción - metabolización de energías vitales y espirituales, dirigiéndolas a quien las recibirá.

   Los fluidos o energía, se someten a la ley de las proporciones, esto es, cada uno pone en movimiento una cierta cantidad relativa de esas fuerzas, que pueden ser juntadas con las de los espíritus, proporcionalmente, siendo entonces encaminadas a su objetivo. Debemos focalizar nuestro pensamiento, restringiéndolo a una cierta área, persona, o grupo de personas, para que sea el sostén de esa misma fuerza. Esto quiere decir que nuestra irradiación  debe ser  focalizada a alguien o a alguna situación determinada, clientes de los pedidos hechos genéricamente en favor de los necesitados que no alcanzan objetivamente sus fines. Apenas valen por la intención. El potencial en movimiento es aplicado de acuerdo con el mérito de cada uno. Esto es, no por el hecho de pedir excesivamente en favor de alguien,  o de una situación determinada, conscientes de que los pedidos hechos genéricamente en favor de todos los necesitados, no alcanzan objetivamente sus fines. Solo valen por la intención. El potencial movido es aplicado de acuerdo con el mérito de cada uno. Esto es, no por el hecho de que alguien pida excesivamente en favor de alguien, conseguirá su fin.

  La persona que irradia debe inicialmente centrarse, orar enseguida, y después, por la voluntad, focalizar el objeto de su irradiación y transmitir aquello que desea.


Direccionando la vibración
  Todas nuestras acciones y actitudes reflejan nuestras disposiciones mentales y emocionales. Cuando escribimos o dictamos para que sea escrito, no solo dejamos en el papel nuestras ideas, sino que son grabadas también nuestras disposiciones íntimas. Eso significa que podemos escribir con la luz de los sentimientos nobles o con las tintas oscuras del negativismo. En el momento que añadimos el nombre de alguien para la irradiación, ese nombre estará impregnado de la energía de quien solicitó la irradiación, pues, ciertamente, quien desea ayudar estará con el pensamiento en quien él quiere ayudar en el momento de inscribir su nombre. Esto creará la dirección vibratoria.

   Lo importante, en el momento de escribirla, es que alguien esté mentalizando al paciente para crear la dirección vibratoria. Los espíritus que van a actuar en este proceso hacen la localización del paciente a través de la "dirección vibratoria", no siendo esencial anotar la dirección. La lectura de los nombres de necesitados y las respectivas direcciones son necesarios solamente para que los médiums creen una imagen mental.

La "dirección vibratoria" guía a los espíritus, así como los policías que entrenan al perro para seguir y encontrar al fugitivo.


Si el número de necesitados es muy grande, podemos reunirlos en grupos de diez o más y numerar esos grupos o al revés, en vez de nombres, enunciar los grupos por los respectivos números, o incluso, suprimir tales nombres, conservando solamente sobre la mesa, los correspondientes registros, conforme nos orienta Edgard Armond en el libro Pases e Irradiaciones.

   Esto quiere decir que cuando escribimos o dictamos a alguien para escribir los nombres de hermanos que necesitan ayuda, lo hagamos movidos por el sincero deseo de auxiliar y socorrer, y no con el propósito de librarnos del deber de tener que orar en beneficio del semejante. Esto le va formando una "atmósfera espiritual" positiva, creando una tonalidad vibratoria y una cantidad de fluidos agradables y saludables que podrán ser dirigidos a través de la voluntad hacia otras personas.

   Recogido  en oración, el hombre de buena voluntad recibe los recursos del Plano Superior, proyectándolos después en dirección al enfermo ausente, cuya figura mentaliza.


Superando obstáculos
   Los espíritus que trabajan en la cura enfrentan serias dificultades en el servicio de socorro a los pacientes cuyos nombres están inscritos en las listas de los centros espiritualistas. Además de las dificultades técnicas resultantes de cierto desequilibrio del ambiente donde actúan, otros impredecibles os aguardan, en virtud del estado psíquico de los propios dolientes.

   A veces el enfermo tiene la mente saturada de fluidos sombríos debidos a conversaciones maledicientes, de intrigas, calumnias y críticas. Otros, se encuentran en excitación nerviosa debido a una violenta discusión. Están aquellos que son presos del vicio de las drogas y del alcohol, dificultando aun más el trabajo socorrista.

   Otras veces, los fluidos irradiados de sesiones espíritas, penetran en los hogares enfermos, pero encuentran el ambiente cargado de fluidos agresivos provenientes de discusiones ocurridas entre sus familiares. Es evidente que los desencarnados tienen poco éxito en su tarea abnegada de socorrer a los enfermos cuando estos vibran sentimientos de odio, venganza, lujuria o cualquier otro sentimiento negativo.

   En el proceso de irradiación, se dará un  flujo de energía que se dirigirá a otra persona, llegando al perispíritu de esta, que podrá absorberla o no, de acuerdo con la ley de sintonía, afinidad, merecimiento y condiciones específicas del momento.

   Para que la irradiación sea eficaz, la persona que va a ser ayudada debe estar receptiva (favorable al recibimiento de la ayuda para mejor absorber el recurso espiritual). Además de eso, es fundamental estar dispuesta a mejorar espiritualmente. La ayuda de la irradiación es pasajera y tales recursos tienden a fijarse y a crecer, cuando el individuo pase a tener una vida moralmente equilibrada.

   Aquellos que vayan a hacer la vibración (irradiación), deberán recogerse en oración, evitar discusiones, ambientes negativos o intoxicarse con humo, alcohol, etc.

   El Evangelio en el Hogar es muy importante para ayudar a armonizar el ambiente y despertar nuestra religiosidad. Un ambiente armónico es extremadamente importante. Hogar sin armonía pasa a ser habitado por entidades inferiores, que crean desentendimientos colocando a todos hacia afuera. Uno sale de casa por eso, otro, por aquello, desmantelando así a toda la familia. Con el autoconocimiento y nuestra reforma íntima estaremos cada vez más aptos para ayudarnos y ser ayudados, incluso a través de irradiaciones energéticas.


Articulo  publicado en la Revista Cristiana de Espiritismo, ed. 46.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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Infidelidad





SÍNTESIS DE UNA INFIDELIDAD
SEGÚN EL ESPIRITISMO



En un amplio salón de un club nocturno sorprendimos a Jovino y a la mujer que conocimos en los fenómenos telepáticos, con un grupo alegre de gente y con expresiones de profunda intimidad afectiva.

Al encontrar al compañero en la situación en que se hallaba, Anesia lanzó un doloroso grito y se echó a llorar.

Seguida por nosotros, retrocedió herida de dolor y de asombro, y tan pronto como nos vimos en la vía pública acariciados por el suave aire de la noche, el asistente Áulus la abrazó paternalmente.

Notándole más dueña de sí misma, pese a que el sufrimiento transfigurara su rostro, le habló con extremado cariño:

–Hermana mía, recupérese. Usted oró pidiendo asistencia espiritual, y aquí estamos, trayéndole solidaridad. ¡Reanímese! ¡No pierda la esperanza!...

– ¿Esperanza? –clamó la pobre criatura, bañada su cara por las lágrimas. Fui traicionada, miserablemente traicionada...

Y la conversación entre los dos prosiguió en un tono conmovedor y expresivo.

– ¿Traicionada por quién?

–Por mi esposo, que faltó a los compromisos del matrimonio…

–Pero, ¿usted cree, por ventura, que el casamiento sea una simple excursión placentera en la Tierra? ¿Usted supone que el matrimonio terrestre puede ser sólo una música de ilusión que se debe eternizar en el tiempo? Amiga mía, el hogar es una escuela en la que las almas se aproximan para realizar el esfuerzo de su propia regeneración, con vista al perfeccionamiento que será nuestra adquisición en el futuro. ¿Usted ignora que en los establecimientos educativos hay profesores y alumnos? ¿No sabe que los mejores deben ayudar a los que marchan atrás?

La interlocutora llamada a recapacitar, interrumpió sus lamentos. Aun así, después de mirar a nuestro orientador con entrañable confianza, alegó con tristeza:

–Pero, Jovino...

Áulus, sin embargo, le cortó la frase, agregando:

– ¿Olvida usted que su esposo precisa mucho más ahora de su entendimiento y cariño? No siempre la mujer deberá ver en el compañero al hombre amado con ternura, y sí a un hijo espiritual necesitado de comprensión y sacrificio para erguirle, igualmente, no siempre el hombre podrá contemplar en la esposa a la flor de sus primeros sueños, pero si a una hija de su corazón que le exige de su tolerancia y bondad, a fin de llevarla de las tinieblas hacia la luz. Anesia, el amor no es sólo la felicidad rosada y dulce del sexo armoniosamente correspondido. Es una luz que brilla más alto inspirando el valor de la renuncia y del perdón incondicionales en favor del ser o de los seres que amamos. Jovino es una planta, que el Señor le confió a sus manos de jardinería. Es comprensible que la planta sea atacada por los parásitos o por los gusanos de la muerte, sin embargo, no hay motivo a temer si la jardinera está atenta y vigilante...

Al llegar a este punto de las bellas palabras pronunciadas por el instructor, Anesia se volvió hacia él, a la manera de una enferma agarrándose del médico diciéndole con tono suplicante:

–Sí, sí... Lo reconozco… Mientras, no me deje sola… Me siento atribulada. ¿Qué hacer con la mujer que le domina? En ella veo la perturbación y la amargura de nuestra casa… Se asemeja a un espíritu diabólico, fascinándole y destruyéndole…

– ¡No se refiera a ella así, con palabras tan duras! ¡Es también nuestra hermana, víctima de lastimosos engaños!...

–Pero ¿cómo aceptarla? Percibo su influencia maligna… Parece una serpiente invisible que trae consigo pavorosos monstruos a nuestro lado... Nuestro templo hogareño por ella se transformó en un infierno en el que no nos entendemos más... Todo es ahora fracaso, desarmonía e inseguridad... ¿Qué hacer con semejante criatura?

– ¡Debemos compadecernos de ella! Terrible será su despertar.

– ¿Compasión?

– Y ¿qué otra mejor represalia que esa?

– ¿No sería más justo que comenzara a reparar sus propios errores? ¿No sería más seguro relegarla en el lugar oscuro que se merece?

Áulus, sin embargo, le tomó su diestra, inquieta, y prosiguió:

–Abstengámonos de juzgar. Conforme a la lección del Maestro, el amor debe ser la única actitud para con nuestros adversarios. La venganza, Anesia, es el alma de la magia negra. Mal por mal significa el eclipse absoluto de la razón. Y bajo el imperio de las tinieblas, ¿qué podremos aguardar sino la ceguera y la muerte? Por más doloroso que sea para usted el recuerdo de esta mujer, recuérdela en sus oraciones y en sus meditaciones como a una hermana necesitada de nuestra asistencia fraterna. Todavía no hemos adquirido la memoria integral de nuestro pasado y no sabemos qué nos ocurrirá en el futuro... ¿Quién habrá sido ella en el pasado? ¿Alguien que hemos ayudado o herido? ¿Qué será de nosotros en el porvenir? ¿Nuestra madre o nuestra hija? ¡No condene! El odio es como el fuego, que todo lo consume, pero el amor sabe la manera de apagar el fuego y reconstruir. Según la Ley, el bien neutraliza al mal, el que se transforma, por fin, en un servidor del propio bien. Aunque todo parezca conspirar contra su propia felicidad, ame y ayude siempre, porque el tiempo se encargará de disipar las tinieblas que nos rodean, en la medida que aumente su mérito moral.

Anesia, asemejándose a una criatura resignada, puso en el benefactor sus ojos limpios como prometiéndole obediencia, y él acariciándole, le recomendó:

–Vuelva a su hogar y emplee la humildad y el perdón, el trabajo y la oración, la bondad y el silencio. Su madre enferma y sus hijitas reclaman su amor puro, tanto como nuestro Jovino, quien volverá con más experiencia al refugio de su corazón.

Anesia levantó la cabeza, mirando el firmamento inundado de luz, pronunciando luego una oración de alabanza, para en seguida retornar a su casa.

La vimos despertar en el cuerpo carnal con el alma casi feliz...

Enjugó las lágrimas que bañaban su rostro e intentó ansiosamente recordar, punto por punto, la entrevista que tuviera con nosotros.

En verdad, no consiguió nada más que fragmentarias reminiscencias, más se encontró reconfortada, sin rebeldía y sin amargura, como si manos intangibles hubiesen lavado su mente, confiándole una comprensión más clara de la vida.

Recordó a Jovino y a la mujer que lo fascinaba con compasión, reconociendo en ellos a personas que le solicitaban tolerancia y piedad.

Un profundo entendimiento brotaba ahora de su espíritu. La comprensión de la hermana había logrado superar el desequilibrio de la mujer.


Y pensaba: ¿De qué me serviría la rebeldía o el desánimo frente a la obligación de defender mi hogar? Haciendo justicia con sus propias manos, ¿no perjudicaría a aquellos que son la riqueza de su corazón? En cualquier parte, el, escándalo es la ruina de la felicidad... ¿No debía dar gracias a Dios por sentirse en la condición de esposa digna? Sí, seguramente, la pobre criatura que perturbaba a su marido no había despertado en su interior la responsabilidad y el discernimiento. Necesitaba, pues, compasión y amparo en lugar de crítica y aspereza…


Bibliografía:
En los dominios de la mediumnidad André Luiz


AMOR, CARIDAD y TRABAJO

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ESPÍRITUS PROTECTORES







ESPÍRITU PROTECTOR, ÁNGEL GUARDIÁN o GENIO BUENO.
ESPÍRITUS FAMILIARES.
ESPÍRITUS SIMPÁTICOS.
ESPÍRITU IMPERFECTO o PERVERSO.




A continuación transcribo las preguntas y respuestas de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec sobre este tema:

489. ¿Hay espíritus que se unen particularmente a un individuo para protegerle?
«Sí; el hermano espiritual, al que vosotros llamáis el espíritu bueno, o el buen genio».


490. ¿Qué debe entenderse por ángel guardián?
«El espíritu protector de un orden elevado».


491. ¿Cuál es la misión del espíritu protector?
«La de un padre respecto a sus hijos; llevar a su protegido al buen camino, ayudarle con sus consejos, consolarle en sus aflicciones y sostenerle en las pruebas de la vida».


492. ¿El espíritu protector está unido al individuo desde el nacimiento de éste?
«Desde el nacimiento hasta la muerte, y a menudo aun después de ésta, le sigue en la vida espiritista y hasta en muchas existencias corporales; porque éstas no son más que fases muy breves, comparadas con la vida del espíritu».


493. ¿Es voluntaria u obligatoria la misión del espíritu protector?
«El espíritu está obligado a cuidar de vosotros; porque ha aceptado esta tarea; pero elige los seres que le son simpáticos. Para unos es un placer, para otros una misión o un deber».

493a. Uniéndose a una persona, ¿el espíritu renuncia a proteger a otros individuos?
«No; pero lo hace menos exclusivamente».


494. ¿El espíritu protector está fatalmente unido al ser a quien guarda?
«Sucede a menudo que ciertos espíritus abandonan su posición para cumplir diversas misiones; pero entonces se verifica un cambio».


495. ¿El espíritu protector abandona a veces a su protegido cuando se muestra rebelde a sus avisos?
«Se aleja cuando ve que son inútiles sus consejos, y que es más imperante el deseo de sufrir la influencia de los espíritus inferiores; pero jamás le abandona del todo y siempre le deja oír su voz. El hombre es quien entonces cierra el oído; pero el espíritu protector vuelve apenas se le llama.

»Hay una doctrina que por su encanto y su dulzura, debiera convertir hasta a los más incrédulos. Esta doctrina es la de los ángeles guardianes. ¿No es acaso una idea muy consoladora la de pensar que siempre tenéis a vuestro lado seres que os son superiores, que allí están siempre para aconsejaros, fortaleceros y ayudaros a gravitar la áspera montaña del bien, seres que son amigos más firmes que los más íntimos que podéis tener en la tierra? Allí están por orden de Dios que los ha puesto a vuestro lado, y lo están por amor suyo, cumpliendo respecto de vosotros una bella, pero penosa misión. Sí dondequiera que estéis está vuestro ángel guardián: las cárceles, los hospitales, los lugares de depravación, la soledad, nada os separa de ese amigo a quien no podéis ver, pero cuyos más dulces impulsos siente vuestra alma y cuyos sabios consejos oye.

»¡Lástima que no conozcáis mejor esta verdad! Cuántas veces os ayudaría en vuestros momentos de crisis y cuántas os libraría de los espíritus malos. Pero en el día supremo este ángel de bien os habrá de decir con frecuencia: "¿No te dije tal cosa, y no la hiciste? ¿No te enseñé el abismo y te hundiste en él? ¿No dejé oír en tu conciencia la voz de la verdad, y tú seguiste los consejos de la mentira?" ¡Ah!, interrogad a vuestros ángeles guardianes y estableced entre ellos y vosotros la tierna intimidad que entre los mejores amigos existe. No intentéis ocultarles nada; porque tienen la mirada de Dios, y no podéis engañarlos. Pensad en el porvenir; procurad adelantar en esta vida y vuestras pruebas serán más cortas y más felices vuestras existencias. Adelante, ¡oh!, hombres; desechad de una vez para siempre preocupaciones y segundas intenciones; penetrad en el nuevo camino que se os abre.

¡Adelante! ¡Adelante! Tenéis guías, seguidlos; el objeto final no se os escapará, porque ese objeto es el mismo Dios.

»A los que creen que es imposible que espíritus verdaderamente elevados se entreguen a tan laboriosa y tan incesante tarea, les diremos que influimos en vuestras almas, a pesar de que nos separen de vosotros millones de leguas; nada es para nosotros el espacio, y aunque vivan en otros mundos, nuestros espíritus mantienen sus relaciones con los vuestros.

Gozamos de cualidades que no podéis comprender; pero sabed que Dios no os ha abandonado solos en la tierra sin amigos y sostén. Cada ángel guardián tiene su protegido a quién vigila como un padre a su hijo. Es feliz, cuando le ve seguir el buen camino, y gime cuando ve despreciados sus consejos.

»No temáis cansarnos con preguntas, sino que debéis estar, por el contrario, en continua relación con nosotros y así seréis más fuertes y felices. Estas comunicaciones del hombre con su espíritu familiar son las que hacen a todos los hombres médiums, médiums desconocidos hoy; pero que manifestándose más tarde, se extenderán como el océano sin límites para anonadar la incredulidad y la ignorancia. Instruid, hombres instruidos; educad a vuestros hermanos, hombres de talento. No sabéis la obra que realizáis haciéndolo; realizáis la obra de Cristo, la que Dios os impone. ¿Para qué os dio la inteligencia y la ciencia, sino para que hagáis participes de ella a vuestros hermanos, a fin de que progresen en el camino de la dicha y de la felicidad eterna? 
SAN LUIS, SAN AGUSTÍN».

La doctrina de los ángeles guardianes que vigilan a sus protegidos, a pesar de la distancia que separa los mundos, nada tiene que deba sorprendernos y es, por el contrario, grande y sublime. ¿Acaso no vemos en la tierra a un padre vigilar a su hijo, aunque esté de él alejado, y ayudarle con sus consejos por medio de la correspondencia? ¿Qué habría, pues, de admirable en que los espíritus pudiesen guiar a los que toman bajo su protección desde uno a otro mundo, dado que la distancia que separa a los mundos es menor para ellos que la que separa a los continentes de la Tierra? ¿Y no tienen además el fluido universal que enlaza a todos los mundos y los hace solidarios; inmenso vehículo de la transmisión del pensamiento, como, lo es para nosotros el, aire de la transmisión del sonido?


496. El espíritu que abandona a su protegido, ya que no le hace bien, ¿puede hacerle mal?
«Los espíritus buenos nunca hacen mal, dejan que lo hagan los que ocupan su puesto, y entonces acusáis de vuestras desgracias a la suerte, siendo así que vosotros tenéis la culpa».


497. ¿El espíritu protector puede dejar a su protegido a merced de un espíritu que podría tenerle mala voluntad?
«Los espíritus malos se unen para neutralizar la acción de los buenos; pero si el protegido lo quiere, devolverá toda su fuerza a su espíritu bueno. El espíritu bueno quizá ve en otra parte una buena voluntad a quien ayudar, y aprovecha la ocasión esperando el momento de regresar al lado de su protegido».


498. Cuando el espíritu protector deja que su protegido se extravíe en la vida, ¿es por impotencia para luchar con los espíritus malévolos?
«No es porque no puede, sino porque no quiere; su protegido sale entonces de las pruebas más perfecto e instruido, y el espíritu protector le asiste con sus consejos y con los buenos pensamientos que le sugiere, los cuales por desgracia no siempre son oídos. Sólo la debilidad, la incuria o el orgullo del hombre dan fuerza a los espíritus malos, y sólo procede su poder sobre vosotros de que no les oponéis resistencia».


499. ¿El espíritu protector está constantemente con su protegido? ¿No hay circunstancias en que, sin abandonarle, le pierde de vista?
«Las hay en que la presencia del espíritu protector no es necesaria a su protegido».


500. ¿Llega un momento en que el espíritu no ha menester de ángel guardián?
«Si; cuando llega al grado de poder conducirse por sí mismo, cuando llega un momento en que el discípulo no ha menester de maestro; pero no acontece esto en vuestro planeta».


501. ¿Por qué la acción de los espíritus en nuestra existencia es oculta, y por qué cuando nos protegen, no lo hacen de un modo ostensible?
«Si contaseis con su apoyo, no obraríais por vosotros mismos y vuestro espíritu no progresaría. Para que pueda adelantar necesita experiencia, y preciso es que a menudo la adquiera a su costa. Es necesario que ejercite sus fuerzas, sin lo cual vendría a ser como el niño a quien no se deja andar solo. La acción de los espíritus que os quieren bien, está dispuesta de modo que deje siempre a salvo vuestro libre albedrío; porque, si no fueseis responsables, no adelantaríais en el camino que ha de conduciros a Dios. No viendo el hombre a su sostenedor, se entrega a sus propias fuerzas; pero su guía le vigila empero, y de vez en cuando le avisa que desconfíe del peligro».


502. El espíritu protector que consigue llevar a su protegido al buen camino, ¿experimenta algún bien para sí mismo?
«Es un mérito que se le tiene en cuenta, ya para su propio adelanto, ya para su felicidad. Es feliz cuando el éxito corona sus esfuerzos, y triunfa como un profesor con los progresos de su discípulo».

502a. ¿Es responsable si no triunfa?
«No; porque ha hecho todo lo que de él dependía».


503. El espíritu protector que ve que su protegido sigue un mal camino a pesar de sus avisos, ¿experimenta sufrimiento y encuentra en ello una causa de turbación en su felicidad?
«Deplora sus errores y le compadece; pero semejante aflicción no tiene las angustias de la paternidad terrestre, porque sabe que el mal tiene remedio y que lo que no hace hoy lo hará mañana».


504. ¿Podemos saber siempre el nombre de nuestro espíritu protector o ángel guardián?
« ¿Cómo queréis saber nombres que no existen para vosotros? ¿Creéis que no existen entre los espíritus más que los que vosotros conocéis?»

504a. ¿Cómo, pues, lo invocaremos, si no lo conocemos?
«Dadle el nombre que queráis, el de un espíritu superior a quien tengáis simpatía y veneración. El espíritu protector acudirá al llamamiento; porque todos los espíritus buenos son hermanos y se auxilian».


505. Los espíritus protectores que toman nombres conocidos, ¿son siempre realmente los de las personas que tenían aquellos nombres?
«No; pero espíritus que les son simpáticos y que vienen a menudo por orden suya. Necesitáis nombres, y entonces toman uno que os inspire confianza. Cuando vosotros no podéis cumplir personalmente una misión, enviáis un comisionado que haga vuestras veces».


506. Cuando estemos en la vida espiritista, ¿reconoceremos a nuestro espíritu protector?
«Sí; porque a menudo le conocíais antes de encarnaros».


507. ¿Todos los espíritus protectores pertenecen a la clase de espíritus superiores? ¿Pueden ser de los grados intermedios? Un padre, por ejemplo, ¿puede llegar a ser el espíritu protector de su hijo?
«Puede serlo; pero la protección supone cierto grado de elevación y además un poder y una virtud concedida por Dios. Un padre que protege a su hijo puede a su vez estar asistido por un espíritu más elevado».


508. Los espíritus que han abandonado en buenas condiciones la tierra, ¿pueden siempre proteger a los que aman y les sobreviven?
«Su poder es más o menos restringido, y la posición en que se encuentran no siempre los deja en completa libertad de obrar».


509. Los hombres en estado salvaje o de inferioridad moral, ¿tienen igualmente sus espíritus protectores, y en este caso son de orden tan elevado como los de los hombres muy adelantados?
«Todo hombre tiene un espíritu que vela por él; pero las misiones son relativas a su objeto. Vosotros no confiáis un niño que aprende a leer a un profesor de filosofía. El progreso del espíritu familiar corresponde al del espíritu protegido. Teniendo un espíritu protector que os vigila, podéis a vuestra vez llegar a ser el protector de un espíritu que os es inferior, y los progresos que le ayudéis a realizar contribuirán a vuestro adelanto. Dios no pide al espíritu más de lo que le permiten sus fuerzas y el grado a que ha llegado».


510. Cuando el padre que vela por su hijo se reencarna, ¿continúa velando por él?
«Es más difícil; pero suplica, en un momento de emancipación, a un espíritu simpático que le asista en semejante misión. Por otra parte, los espíritus no admiten más misiones que las que pueden cumplir hasta el fin.

»El espíritu encarnado, sobre todo en los mundos en que es material la existencia, está demasiado ligado a su cuerpo para poderse consagrar del todo, es decir, asistirle personalmente. Por esto los que no son bastante elevados están asistidos a su vez por espíritus que les son superiores, de modo, que si uno falta por una causa cualquiera, es suplido por otro».


511. Además del espíritu protector, ¿está unido un espíritu malo a cada individuo para impelerle al mal y proporcionarle ocasión de luchar entre el bien y el mal?
«Unido no es la palabra. Es cierto que los espíritus malos procuran separar del buen camino, cuando se les presenta ocasión, pero cuando uno de ellos se aficiona a un individuo, lo hace por sí mismo; porque espera que se le escuchará. Entonces se traba lucha entre el bueno y el malo, y vence aquél a quien e1 hombre deja que le domine».


512. ¿Podemos tener muchos espíritus protectores?
«Todo hombre tiene siempre espíritus simpáticos más o menos elevados que le aprecian y se interesan por él, como también los hay que le asisten en el mal».


513. ¿Los espíritus simpáticos obran en virtud de una misión?
«A veces pueden tener una misión temporal; pero lo más frecuente es que son solicitados únicamente por la semejanza de pensamientos y de sentimientos, así en el bien como en el mal».

513a. ¿Parece resultar de esto que los espíritus simpáticos pueden ser buenos o malos?
«Sí; el hombre encuentra siempre espíritus que simpatizan con él, cualquiera que sea su carácter».


514. ¿Los espíritus familiares son los mismos que los simpáticos y protectores?
«Hay muchos matices en la protección y en la simpatía. Dadles el nombre que queráis. El espíritu familiar corresponde más bien al amigo del hogar».

De las anteriores explicaciones y de las observaciones hechas sobre la naturaleza de los espíritus que se unen al hombre, puede deducirse lo siguiente:

El espíritu protector, ángel guardián o genio bueno es el que tiene la misión de seguir al hombre durante la vida y ayudarle a progresar. Siempre es de naturaleza relativamente superior a la del protegido.

Los espíritus familiares se unen a ciertas personas por lazos más o menos duraderos con objeto de serles útiles dentro de los límites de su poder, con frecuencia bastante limitado. Son buenos; pero a veces poco adelantados y hasta un poco ligeros. Se ocupan gustosos de los pormenores de la vida íntima, y sólo obran con permiso de los espíritus protectores o por orden suya.
Los espíritus simpáticos son aquellos que nos atraen afectos particulares y cierta semejanza de gustos y sentimientos, así en el bien como en el mal. La duración de sus relaciones está siempre subordinada a las circunstancias.

El mal genio es un espíritu imperfecto o perverso que se une al hombre con la mira de alejarle del bien; pero obra por voluntad propia y no en virtud de una misión. Su tenacidad está en relación del acceso más o menos fácil que halla. El hombre es libre siempre de escuchar su voz o de rechazarla.


515. ¿Qué pensar de esas personas que parecen unirse a ciertos individuos para arrastrarlos fatalmente a su perdición, o para guiarlos por el buen camino?
«Ciertas personas ejercen, en efecto, en otras una especie de fascinación que parece irresistible. Cuando esto se verifica para el mal, es que los espíritus malos se sirven de otros malos para subyugar mejor. Dios puede permitirlo para probaros».


516. Nuestros espíritus, bueno y malo, ¿podrían encarnarse para acompañarnos durante la vida de una manera más directa?
«Así sucede a veces; pero a menudo también encargan esta misión a otros espíritus encarnados que les son simpáticos».


517. ¿Hay espíritus que se unen a toda una familia para protegerla?
«Ciertos espíritus se unen a los miembros de una misma familia que viven juntos y unidos por el afecto; pero no creáis en espíritus protectores del orgullo de razas».


518. Siendo atraídos los espíritus por sus simpatías hacia los hombres, ¿lo son igualmente hacia las reuniones de individuos por causas particulares?
«Los espíritus acuden con preferencia a donde están sus semejantes, pues allí están más a sus anchas y más seguros de ser escuchados. El hombre atrae a los espíritus en razón de sus tendencias, ya esté solo, ya forme un todo colectivo, como una sociedad, una ciudad o un pueblo. Hay, pues, sociedades, ciudades y pueblos que están asistidos por espíritus más o menos elevados, según el carácter y las pasiones que en ellos dominan. Los espíritus imperfectos se alejan de los que los rechazan y resulta que el perfeccionamiento moral de los todos colectivos, como el de los individuos, tiende a descartar a los espíritus malos y a atraer a los buenos, que excitan y mantienen el sentimiento del bien de las masas, como pueden otros atizar las malas pasiones».


519. Las aglomeraciones de individuos, como las sociedades, ciudades y naciones, ¿tienen sus espíritus protectores especiales?
«Sí; porque esas reuniones son individualidades colectivas que caminan hacia un fin común y que han menester de una dirección superior».


520. Los espíritus protectores de las masas, ¿son de naturaleza más elevada que los que se unen a los individuos?
«Todo es relativo al grado de adelanto de las masas como al de los individuos».


521. ¿Pueden ciertos individuos cooperar al progreso de las artes, protegiendo a los que las cultivan?
«Hay espíritus protectores especiales, y que asisten a los que los invocan, cuando los consideran dignos; pero, ¿qué queréis que hagan por los que se creen ser lo que no son? No hacen que los ciegos vean, ni que oigan los sordos».


Los antiguos habían hecho de los espíritus protectores divinidades especiales; las musas no eran más que la personificación alegórica de aquéllos respecto de las ciencias y de las artes, como designaban bajo el nombre de lares y penates (Dioses domésticos) a los espíritus protectores de la familia. Entre los modernos, las artes, las diferentes industrias, las ciudades y comarcas tienen también sus patronos protectores, que no son más que espíritus superiores; pero bajo otros nombres.

Teniendo cada hombre sus espíritus simpáticos, resulta que en los todos colectivos la generalidad de los espíritus simpáticos está en relación con la generalidad de los individuos; que los espíritus extraños son atraídos por la identidad de gustos y de pensamientos, en una palabra, que esas reuniones, lo mismo que los individuos, están mejor o peor rodeadas, asistidas e influidas según la naturaleza de los sentimientos de la multitud.


En los pueblos las causas de atracción de los espíritus son las costumbres, los hábitos, el carácter dominante y sobre todo las leyes; porque el carácter de la nación se refleja en sus leyes. Los hombres que hacen imperar entre ellos la justicia, combaten la influencia de los malos espíritus. Donde quiera que las leyes consagran cosas injustas, contrarias a la humanidad, están en minoría los espíritus buenos, y la masa de los malos que afluyen mantiene a las naciones en semejantes ideas, y paraliza las buenas influencias parciales que se pierden entre la multitud, como la espiga aislada entre las ortigas. Estudiando las costumbres de los pueblos o de toda reunión de hombres, es, pues, fácil formarse una idea de la población oculta que se inmiscuye en sus pensamientos y acciones.



PRESENTIMIENTOS

 522. El presentimiento, ¿es siempre una advertencia del espíritu protector?
«El presentimiento es el consejo íntimo y oculto de un espíritu que os quiere bien. Se halla también en la intuición de la elección que se ha hecho; es la voz del instinto. El espíritu antes de encarnarse, tiene conocimiento de las principales fases de su existencia, es decir, de la clase de pruebas a que se compromete. Cuando tiene un carácter predominante, el espíritu conserva una especie de impresión en su fuero interno, y esta impresión, que es la voz del instinto, acentuándose cuando se aproxima el momento, se convierte en presentimiento».


523. El presentimiento y la voz del instinto tienen siempre algo de vago, ¿qué debemos hacer en la incertidumbre?
«Cuando estés incierto, invoca a tu espíritu bueno, o suplica al Señor de todo, a Dios, que te envíe a uno de sus mensajeros, a uno de nosotros».


524. Las advertencias de nuestros espíritus protectores, ¿tienen por objeto único la dirección moral, o también la conducta que debemos observar en las cosas de la vida privada?
«Todo, pues procuran haceros vivir lo mejor posible; pero a menudo vosotros cerráis el oído a las buenas advertencias, y sois infelices por culpa vuestra».

Los espíritus protectores nos ayudan con sus consejos por medio de la voz de la conciencia, que hacen hablar dentro de nosotros; pero como no siempre le damos la necesaria importancia, nos los dan más directos, valiéndose de las personas que nos rodean. Examine cada cual las diversas circunstancias felices o desgraciadas de su vida, y verá cómo en muchas ocasiones ha recibido consejos que no siempre ha puesto en práctica y que, de haberlos escuchado, le hubieran evitado muchas desazones.


REFLEXIÓN
Teniendo en cuenta tanto el comentario de Allan Kardec tras la respuesta a la pregunta 514, como la respuesta a la pregunta 493a, deduzco que un mismo Espíritu protector hace las veces de:

-Protector principal de una persona, a fin de orientarla y conducirla siempre por el buen camino, desde el momento en que nace hasta su desencarnación física, incluso le puede seguir durante varias existencias físicas. También puede acudir temporalmente a colonias espirituales para pedir orientación, inspiración, consejos, etc., si la vida de su protegido lo requiere. Además, si tuviera que reencarnar o cumplir alguna misión, sería sustituido.

-Protector auxiliar de otras personas, al objeto de ayudarlas, por ejemplo en la mediumnidad y/o sanación, asistiendo a la preparación y desarrollo de la facultad, protegiéndole de entidades burlonas y engañosas, realizando el trabajo de intercambio mediúmnico, etc.



Bibliografía:
El Libro de los Espíritus de Allan Kardec


AMOR, CARIDAD y TRABAJO







MATRIMONIO








DISERTACIÓN SOBRE EL MATRIMONIO








Desde el punto de vista espiritual, un espíritu puro no tiene sexo, entiendo que en su perfección es un conjunto de ambos sexos, toda vez que hombre y mujer posee cualidades distintas.

Hasta llegar a ese estado de pureza, tenemos que ir perfeccionándonos moral e intelectualmente a través de las diversas existencias, conviviendo y complementándonos en pareja.

Cuando digo que nos complementamos no quiero decir que cada uno sea el complemento perfecto del otro, si no que mutuamente nos tenemos que valer el uno del otro para ir aprendiendo a avanzar en nuestro progreso espiritual, a través de las dificultades o pruebas que nos depara cada existencia.

Según el grado de conocimientos intelectuales y morales o espirituales que tengamos y según nuestra reacción en ese momento, así vamos a responder ante esas dificultades o pruebas,  de ahí nuestra responsabilidad en dichas pruebas a fin de ir progresando.  Porque en una dificultad o prueba de pareja, si anteponemos el egoísmo y orgullo al AMOR, no me refiero al amor carnal si no al amor fraternal, no pasaremos la prueba.

Por lo expuesto entiendo que es primordial y fundamental conocerse uno así mismo, pero también lo es conocer a nuestra pareja, o sea a la otra parte que nos falta.


A continuación, transcribo lo manifestado por Allan Kardec, codificador de la Doctrina Espírita, en su libro titulado “El Evangelio según el Espiritismo”, capítulo XXII, sobre el matrimonio y el divorcio:


Indisolubilidad del matrimonio.

1. Y se llegaron a él los fariseos tentándole, y diciendo:
¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
- El respondió y les dijo: ¿No habéis leído, que el que hizo al hombre desde el principio, macho y hembra los hizo? y dijo: - Por esto dejará el hombre padre y madre, y se ayuntará a su mujer, y serán dos de una carne. - Así que ya no son dos, sino una carne. Por tanto lo que Dios juntó, el hombre no lo separe.
Dícenle: ¿Pues por qué mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?
- Les dijo: porque Moisés, por la dureza de vuestros corazones os permitió repudiar a vuestras mujeres: más al principio no fue así. - Y os digo que todo aquel que repudiase a su mujer, sino por la fornicación, y tomare otra, comete adulterio; y el que se casare con la que otro repudió, comete adulterio. (San Mateo, cap. XIX, v. de 3 a 9).

2. Nada hay inmutable sino lo que viene de Dios; todo lo que es obra de los hombres está sujeto a cambios. Las leyes de la naturaleza son las mismas en todos los tiempos y en todos los países; las leyes humanas cambian según los tiempos, los lugares y el progreso de la inteligencia. En el matrimonio, lo que es de orden divino es la unión de los sexos para realizar la renovación de los seres que mueren; pero las condiciones que arreglan esta unión son de un orden de tal modo humano, que no hay en todo el mundo, ni aun en la misma cristiandad, dos países en los que sean absolutamente las mismas, y que ni siquiera hay uno en que no hayan sufrido cambio con el tiempo; resulta de esto que para la ley civil lo que es legítimo en una parte y en una época, es adulterio en otra parte y en otro tiempo; y esto porque la ley civil tiene por objeto el arreglar los intereses de la familia, y porque estos intereses varían según las costumbres y las necesidades locales; así es, por ejemplo, que en ciertos países el matrimonio religioso es el sólo legítimo; en otros es menester, además, el matrimonio civil, y en otros, en fin el matrimonio civil basta.

3. Pero en la unión de los sexos, al lado de la ley divina material, común a todos los seres vivientes, hay otra ley divina, inmutable como todas las leyes de Dios, exclusivamente moral, es la ley de amor. Dios ha querido que los seres estuviesen unidos, no sólo por los lazos de la carne, sino por los del alma, a fin de que el afecto mutuo de los esposos se transmitiese a sus hijos, y que fuesen dos en vez de uno, para amarles, cuidarles y hacerles progresar. En las condiciones ordinarias del matrimonio, ¿se ha tomado siempre en cuenta esta ley de amor? De ningún modo; lo que se consulta no es el afecto de los dos seres que un mutuo sentimiento atrae el uno hacia el otro, puesto que muy a menudo se rompe este afecto; lo que se busca no es la satisfacción del corazón, sino la del orgullo, de la vanidad, de la ambición, en una palabra, de todos los intereses materiales; cuando todo es bueno según sus intereses, se dice que conviene el matrimonio, y cuando los bolsillos están llenos se dice que los esposos se corresponden y deben ser muy felices.

Pero ni la ley civil, ni las obligaciones que impone, pueden suplir la ley de amor, si esta ley no preside a semejante unión; resulta de esto que muchas veces "lo que se ha unido por el cálculo, se separa por sí mismo; que el juramento que se pronuncia al pie del altar viene a ser un perjurio si se dice como una fórmula banal"; de aquí las uniones desgraciadas que concluyen por ser criminales; doble desgracia que se evitaría si en las condiciones del matrimonio no se hiciese abstracción de la sola que lo sanciona a los ojos de Dios: la ley de amor. Cuando Dios dijo:
"Vosotros no haréis sino una sola carne", y cuando Jesús dijo: "No separéis lo que Dios ha unido", debe entenderse de la unión según la ley inmutable de Dios, y no según la ley de los hombres, sujeta a cambios.

4. ¿Es, pues, superflua la ley civil, y es menester volver a los matrimonios según la naturaleza? Ciertamente que no; la ley civil tiene por objeto arreglar las relaciones sociales y los intereses de las familias, según las exigencias de la civilización, y por esto es útil, necesaria, pero variable; debe ser previsora; porque el hombre civilizado no puede vivir como un salvaje, pero nada, absolutamente nada se opone a que sea el corolario (consecuencia) de la ley de Dios; los obstáculos para el cumplimiento de la ley divina dimanan de las preocupaciones y no de la ley civil. Estas preocupaciones, bien que estén en vigor, han perdido ya su fuerza en los pueblos civilizados; pero desaparecerán con el progreso moral, que abrirá, en fin, los ojos sobre el sinnúmero de males, faltas y aun crímenes que resultan de las uniones contratadas con la sola mira de intereses materiales. Entonces se preguntará si no es más humano, más caritativo y más moral unir dos seres que no pueden vivir juntos, que darles la libertad, y si la perspectiva de una cadena indisoluble acaso no aumenta el número de las uniones irregulares.

5. El divorcio es una ley humana que tiene por objeto separar legalmente a los que estaban separados de hecho; no es contraria a la ley de Dios, puesto que sólo reforma lo que los hombres han hecho, y puesto que sólo es aplicable en los casos en que no se ha tomado en cuenta la ley divina; si fuese contraria a esta ley, la misma Iglesia se vería obligada a mirar como a prevaricadores a aquellos de sus jefes que de su propia autoridad y en nombre de la religión, en más de una circunstancia han impuesto el divorcio; doble prevaricación entonces, puesto que era con la mira sólo de intereses temporales y no para satisfacer la ley de amor. 

Por el mismo Jesús no consagra la indisolubilidad absoluta del matrimonio. ¿No dijo que: "¿A causa de la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres"? Lo que significa que, desde el tiempo de Moisés, no siendo el afecto mutuo el único objeto del matrimonio, la separación podría ser necesaria. Pero añadió: "esto no ha sucedido desde el principio"; es decir, que, en el origen de la humanidad, cuando los hombres aun no estaban pervertidos por el egoísmo y el orgullo y vivían según la ley de Dios, las uniones fundadas en la simpatía y no en la vanidad y la ambición, no darían lugar a repudiación.

Aun va más lejos: especifica el caso en que el repudio pueda tener lugar, que es el adulterio; pero el adulterio no existe en donde reina un afecto recíproco y sincero. Es verdad que prohíbe a todo hombre el casarse con la mujer repudiada; pero es preciso tomar en cuenta las costumbres y el carácter de los hombres de su tiempo. La ley Mosaica, en este caso, prescribía la lapidación; queriendo abolir un uso bárbaro y como era preciso un castigo, lo encontró en la vergüenza que debía imprimir la interdicción de un segundo matrimonio. De algún modo era una ley civil sustituida a otra ley civil, pero que, como todas las leyes de esta naturaleza, debía sufrir la prueba del tiempo.


En una reunión presidida por Francisco Cândido Xavier en donde se dialogó sobre el tema que nos ocupa, el Espíritu de Emmanuel relató el siguiente mensaje, titulándolo:

UNIR A DOS
La unión de dos, en el culto de la afinidad o en la ejecución de tareas más amplias de la familia, es un encargo honroso, como sucede con tantas obligaciones dignas. No por eso deja de ser un trabajo a realizar. Y trabajo tan importante que, no siendo posible a un solo corazón, es preciso dos para realizarlo.

Entre los cónyuges es imperativo que cada uno aprenda a comprender al otro, como modo de desarrollar las cualidades nobles que el otro posee, transformándole consecuentemente las posibles tendencias menos felices en aspiraciones de Vida mejor.

Claramente, todos tenemos vinculaciones profundas, idiosincrasias o peculiaridades, frustraciones y dificultades. La reencarnación nos informa con seguridad en cuanto a esto, indicando para qué lado gravitamos (nos decantamos) en familia, según los mecanismos de la vida que la experiencia terrestre nos induce al reequilibrio.

En razón de esto, toda pareja y toda organización doméstica revelan regiones neurálgicas entre-tejidas de problemas que es preciso saber salvar o penetrar, a fin de que el futuro nos traiga soluciones de armonía irreversible.

Si te encuentras al lado de alguien, bajo régimen de compromiso afectivo, no exijas de inmediato a ese alguien la presentación de recursos de que aún necesite para ser a tus ojos la compañía perfecta que esperabas encontrar entre las paredes domésticas.

Ni quieras que ese alguien piense con tus pensamientos, porque a nadie le es lícito reclamar de otro aquello que aún no consigues hacer.

Si no deseas recibir en tus propios hombros la cabeza de quien abrazó contigo las responsabilidades de la unión a dos, es más que natural que no puedas imponer la propia cabeza a los hombros de la criatura a quien prometiste cariño y dedicación.

El matrimonio es obligación, que los interesados asumen libremente y que prestarán justa cuenta uno al otro. En cuanto a eso, el casamiento no funde a las personas que lo integran. Por esto mismo la unión de dos, más allá de complementación realizada, recuerda la labor y la construcción: cada cónyuge recoge lo que plantó, tanto en cuanto dispone de lo que hizo.


En esta misma reunión  el hermano Saulo (seudónimo que utiliza José Herculano Pires), comenta sobre:

LAS LEYES DEL CASAMIENTO
Son dos las leyes básicas del casamiento, según la apreciación de Kardec, en los textos citados al inicio; la ley material y divina de unión sexual para la reproducción de la especie y la ley moral o divina del amor para la evolución espiritual de los seres. Ambas son divinas, pues todas las leyes de la Naturaleza provienen de Dios. Pero los hombres, en el abuso de su libre albedrío, falsean la ley Biológica de reproducción y defraudan o confunden la ley del Amor con los intereses inferiores de la animalidad.

Son esas actitudes negativas las que crean las dificultades, los dramas y las tragedias del matrimonio. De las dos leyes básicas mencionadas por Kardec en el orden en que las obedecemos _ primero la material y después la moral_ la que debe prevalecer es la segunda, pues nuestra esencia es espiritual, nuestra naturaleza es moral y no material. Como damos prioridad a la primera, la ley de acción y reacción (causa y efecto), que determina nuestros destinos, nos aplican  mecanismos de reparación que nos llevan a los matrimonios sacrificios.

Saber soportarlos es el medio de reparar los abusos del pasado y predisponernos a las compensaciones futuras. Toda fuga a la reparación de la vida constituye postergación de sacrificios, pues las leyes naturales se cumplen a lo largo del tiempo.

Las responsabilidades del matrimonio no se refieren apenas a los esposos, mas también a los hijos y familiares de lado a lado. Por eso el divorcio es permitido, como enseñó Jesús, en virtud de la dureza de nuestros corazones, pero aquellos que pudieron evitarla avanzarán más deprisa en la senda de la evolución espiritual.

La unión de dos es siempre un encargo honroso, como acentúa Emmanuel, y feliz aquel que sabe mostrarse digno de ese encargo.


Quisiera terminar esta disertación tomando un fragmento de la obra “Entre la Tierra y el Cielo”, Cap. XXXVIII (Boda Feliz), del espíritu André Luiz y psicografiada por Chico Xavier, que nos permite comprender cuan necesaria es la vida en pareja, amparada por el vínculo matrimonial en nuestra amada Tierra:

“A medida que me aumenta la experiencia en el tiempo, reconozco que el matrimonio, por encima de todo es unión de alma con alma”…. “La amistad pura es la verdadera garantía de la ventura conyugal. Sin los cimientos de la comunión fraterna y del respeto mutuo, el matrimonio pronto se transforma en pesadas cadenas de condenados de la cárcel social”.


AMOR, CARIDAD y TRABAJO